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LIBRO "PROCESIONES DE ESPAÑA" - AÑO 1952, páginas dedicadas a Villena


Procesiones de España es un libro que se editó en Valencia en 1952  por las “Ediciones Católicas”. En sus páginas aparecen tres artículos dedicados a Villena y que son:

·         Villena y Sax en la diócesis de Murcia
·         La Virgen de las Virtudes, patrona de Villena
·         Fiestas Religiosas en Villena

El primer artículo, va ilustrado con una vista general de Villena y no figura el nombre de su realizador. Dice así:

“En la diócesis de Murcia dependen excepcionalmente, Villena y Sax. Esta última población exterioriza lo arraigado de su catolicismo, teniendo como patronos de la población a la Asunción de la Virgen y a San Blas, Obispo y mártir; y del Ayuntamiento a Santa Eulalia y Nuestra Señora de los Frutos, en honor de los cuales se celebran suntuosas fiestas, de los primeros durante los días del 1 al 4 de febrero y el 15 de agosto; y de los segundos, el 12 de febrero y el 8 de septiembre de cada año.
La diócesis de Murcia intercala en el gozo de sus festividades, las que durante los días que median entre el 5 y el 9 de septiembre de cada año, ambos inclusive, tienen lugar en Villena en honor de nuestra Señora de las Virtudes.
La prócer ciudad, que constituye un elemento de fusión entre las áridas estepas castellanas y manchegas, y las verdes fecundidades del país valenciano venera la Imagen de su excelsa Patrona en un artístico santuario, desde donde en el inicio de las Fiestas es trasladada en triunfo a la ciudad.
Cohetes coladores, armonía de fuegos artificiales, sonar de músicas, repicar de campanas y salmodias litúrgicas, señalan el instante de su arribo a las afueras de San Sebastián. Un himno de bienvenida resuena hasta que es depositada en su trono de la Iglesia Parroquial de Santiago.

Villena, junto a su Virgen, se da a conocer como al ciudad mariana por excelencia. Y el eco de la conmemoración, aumentada por el marcial estrépito de las comparsas de moros y cristianos resuena en la sosegada plaza…”



El segundo artículo está dedicado a la Virgen de las Virtudes y los textos son de Juan Mañas, en aquel entonces Arcipreste de Villena y párroco de Santiago.

            A continuación ofrecemos un resumen del contenido del mismo:

“Hay espíritus poco observadores y de inteligencia miope, que generalmente confunden lo accidental con lo sustancial y solo se detienen maravillados, en la periferia de los seres; para éstos lo principal en el árbol son las hojas, las flores y los frutos; no ven la savia, que de las raíces sube por el tronco y se extiende por las ramas, sin la cual no habría hojas, ni flores ni frutos, y el árbol moriría.
En las fiestas que celebra anualmente Villena, creen algunos que lo más bello es el desfile de sus magníficas comparsas, con sus típicos trajes policromados y sus rítmicos movimientos, o las salvas atronadoras de los arcabuceros, o los fuegos artificiales, no tienen en cuenta que esto es lo externo, lo accidental y secundario, que como dice Donoso Cortés en su discurso sobre la Biblia, pronto desaparece y pasa, como pasa y desaparece la espuma que va deshaciendo el agua.
Lo que hemos de ver en el fondo de todo aquello es la fe, el amor y la devoción a la Morenica, que nunca desaparecerá, porque tiene su raíz en el espíritu y en el alma, y el alma y el espíritu son inmortales.
Una de las cosas que más me impresionaron cuando por primera vez presencié el recibimiento de la Morenica, fue ver congregada en San Sebastián a casi toda la ciudad, esperando impaciente la llegada de su Madre. Y llegó la Virgen con un manto ceñido al cuerpo y cubierto por el polvo del camino, y tras ella, rezando y cantando, hombres, mujeres y niños; y en aquel momento supremo todas las bandas de música de las comparsas y los arcabuces la saludan con sus salvas y se oyen los aplausos de aquella masa in gente, y se elevan profusión de cohetes y voladores que parecen estrellas en el espacio, y las bengalas de luces multicolores todo lo iluminaron, y la Virgen, desde el cielo, sonríe bendiciendo a su pueblo….”


Y como tercer y último artículo el titulado Fiestas Religiosas en Villena, escrito por el entonces cronista de la ciudad don José Mª Soler García. Dado el carácter histórico del texto, hemos considerado oportuno plasmar varios de los párrafos que hemos considerado más interesantes desde el punto de vista histórico:

“En poblaciones como Villena, de fundación remotísima –recientes investigaciones arqueológicas han puesto al descubierto en su término poblados datables hacia el año 3000 antes de Cristo- han de ser forzosamente múltiples las manifestaciones externas de su sentimiento religioso…
Aparte de la iglesia parroquial de Santa María; del magnífico templo arciprestal de Santiago y de varios otros edificios conventuales, todavía en el siglo XVIII eran numerosas las ermitas erigidas en los más diversos lugares de la ciudad y su término. Recordemos de entre ellas: nuestra Señora de las Nieves, dentro de los muros del castillo; la de San Cristóbal, en la sierra que dio su nombre, llamada en otro tiempo de “La Villa”; Santa Lucía y Santa Ana, ambas en el “Rabal” de la ciudad; la de San Benito, cuyo edificio ocupa actualmente el matadero público; la de San Bartolomé, punto de descanso de la Morenica en sus visitas a la población; las de Santa Catalina y San Bernabé, en las partidas septentrionales del término, la de San Sebastián, lugar de despedida de los entierros hasta no hace muchos años, y las de San Antón y San José, aun subsistentes dentro del casco de la población. Una copla popular alude a sus emplazamientos:

Santa Bárbara en lo alto;
Santa Lucía en una cuesta;
Y el glorioso San Benito
Que está en medio de la huerta.
           
Particular resonancia adquirían los festejos populares en honor de algunos de sus titulares. Era costumbre, que aún perdura, ingerir al aire libre las clásicas “habas y guijas” cocidas y adobadas con especias incitantes al “bon vino” aludido por Berceo.
La víspera de San Antón todavía se quema todavía ante su ermita una gran hoguera con leña donada por los devotos del Santo, y se subastan pastas y frutas en pintoresca puja. Es costumbre en ese día alimentar a los animales domésticos con “toñas” previamente bendecidas para preservarlos de ciertas enfermedades y especialmente, del “ahogo”. Antiguamente se rifaba también un cerdo, que había sido cebado por los vecinos de las casas en que voluntariamente se introducía el animal.  Muchísimos fieles acuden aún a recibir el contacto de la reliquia del Santo, al igual que se hacía con la de San Blas, venerado en una capilla del desaparecido convento de las Trinitarias. Carreras de sacos, cucañas, bailes y demás diversiones populares animaban extraordinariamente el barrio en que la fiesta se celebraba. Uno de los festejos desaparecidos a principios de este siglo era la “cordá” con que se obsequiaba a San Sebastián el día de su víspera, en la que se hacía un verdadero derroche de -carretillas y cohetes-.”


            A continuación, dedica Soler varios párrafos a comentar las dos romerías anuales al santuario de Ntra. Sra. de las Virtudes “El Voto” (Segundo domingo de Pascua) y “la Esclavitud” (domingo siguiente a la Natividad de la Virgen), con sus correspondientes características históricas.
            Cambiamos de escenario y nos marchamos a las Cruces y el relato dice lo siguiente:
           
“Una de las ermitas actualmente derruidas, la de las Cruces, emplazada en un contrafuerte de la sierra de San Cristóbal, desde el que puede contemplarse un espléndido panorama, albergaba en otro momento las imágenes que animaban las antiguas Procesiones de Semana Santa: San Juan, la Magdalena, Nuestro Padre Jesús, la Samaritana, el Señor de la columna…todas desaparecidas. Aquellos “nazarenos” de antaño, enfundados en túnicas moradas, con capuchones ceñidos a la cabeza y cíngulos multicolores, que constituían
la única señal distintiva de cofradía, han sido sustituidos actualmente por        los encapuchados a estilo andaluz, más vistosos, ciertamente, pero alejados de una peculiaridad dignas, a nuestro modesto entender, de ser conservada. Con la destrucción de la ermita se ha perdido también la costumbre de ascender hacia ella los viernes de Cuaresma rezando el Vía-Crucis, representando a ambos lados del camino en barrocos azulejos. En aquellas tibias tardes primaverales, la animación de la sierra, salpicada aquí y allá de las notas moradas de los “nazarenos”, ofrecía un espectáculo de singular belleza.
                        En nuestra sensibilidad infantil quedaron para siempre grabados la impresionante tristeza de “la Dolorosa”, el ralo bigote de “San Juan”, la exuberante abundancia de dátiles, naranjas y limones con que los cofrades de “la Oración del huerto” adornaban su pintoresco paso y el lúgubre son de la “trompeta de los nazarenos”, a cuya angustiosa llamada respondía la muchedumbre con un imponente –Misericordia…-“



Continua Soler el relato, destacando la verdadera devoción y el auténtico “amor de los amores” que los villenenses tienen por la Morenica, sobrenombre que, de forma sencilla, lleva encerrada toda la veneración que el pueblo siente hacia su Patrona la Virgen de las Virtudes.
            Tras relatar los hechos que acontecieron tras la llegada de la sagrada imagen a Villena a finales del siglo XV, dedica el autor una sentida y emotiva crónica acerca de las Fiestas Patronales en honor de ella, que transcribimos literalmente:

“En honor de su Patrona, celebra anualmente, del 5 al 9 de septiembre, espléndidos festejos, en los que se alternan los suntuosos desfiles de “moros y cristianos” con solemnísimos actos religiosos, entre los que destaca la Procesión que se celebra durante la tarde del día 8, festividad de la Patrona. No dudamos en considerarla como una de las más brillantes que en España se realizan. Inician el desfile las once comparsas que toman parte activa en los festejos, todas lujosamente ataviadas y cada una con su correspondiente Banda de música…Siguen después los devotos alumbrantes, descalzos muchos de ellos, en dos interminables filas, entre los que se intercalan los grupos de niños y niñas que han recibido la primera Comunión durante el año y el nutrido pelotón de los soldados en activo que han logrado el permiso de sus respectivas unidades el permiso para asistir a las fiestas de su Patrona; y aparece, por último, la Imagen de Nuestra Señora de las Virtudes, a hombros de los innumerables fieles que se disputan el honor de sobrellevar tan preciosa carga. Enmarcan la Imagen los representantes de todas las fuerzas vivas de la población y cierran el desfile las Autoridades, que preceden a las tantas veces Laureada Banda Municipal de la ciudad. La duración del desfile, que recorre más de dos kilómetros, excede a las cuatro horas, y forman en él individuos de ambos sexos pertenecientes a las más diversas clases sociales en simpática hermandad.
Conmovedora es también la llegada de la Virgen a las afueras del pueblo en las últimas horas de la tarde del día 5, así como la entrada de la Imagen en el templo de Santiago entre vítores, músicas, juegos de banderas y terrible descarga de arcabucería. El espectáculo es de una grandiosidad inenarrable.
Muchas otras cosas pudiéramos decir de la devoción de los villenenses por su Morenica, que forzosamente hemos de dejar para otra ocasión. Y con ello damos fin a estos breves apuntes divulgatorios de unas costumbres desaparecidas y de otras que se siguen practicando en la actualidad para gloria imperecedera de nuestra Santa Religión.”

José María Soler García
Cronista de la ciudad


Las fotografías expuestas son las que ilustran las páginas de dicho libro dedicadas a Villena.


Trabajo realizado en el mes de julio del año 2017
 por JOAQUÍN  Sánchez huesca

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