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Programa de Fiestas Villena 1949 - Artículo “Personas y paisajes” - Autor: Eduardo Solano Candel


            Nuestros tradicionales festejos traen causa milenaria. Su honda raigambre es levadura histórica: canjilones de una noria movida desde la Reconquista.
Pero las comparsas tienen emotividad y el gracejo de sus componentes. Desde “Clavel” el “moro nuevo” hasta el “arrastrao” de “Chínales", siempre herido en la refriega, transportado en su camilla con la tez embadurnada de rojo y arrojado violentamente al paso de la Fuente de los Burros, hasta el “Cachano” y, más recientemente, el influjo de los “Estudiantes”, la decadencia de los “Romanos” y la incrustación de nuevas comparsas que no habían traído causa de antigüedad histórica, cuantas emociones en lo que llevamos de siglo. Villena se transforma. En lo político Salvador Amorós suprime las capeas en la Corredera; Pepín Hernández emprende la ingente tarea del Teatro Chapí en pro del Santo Hospital de Villena, y ahí queda la obra; Alfonso Arenas entabla la contienda del “tritón” y la “rana” del Parterre y coopera a su mejora. José Candel trae al aviador Garnier, que hace los primeros prodigios del aire en el campo de Galeno; Emilio actúa de alcalde en la coronación de la Santísima Virgen de las Virtudes; África encuentra el alma de Villena en el sacrificio de su preclaro hijo Ángel Hernández Menor. Por este tiempo la juventud sueña ya con disciplina; a primeros de siglo el Batallón Infantil, con su coronel, vida truncada –oh destino- por una imprudencia que corta el tallo de la vida de Paquito Fernández Moscoso; más tarde, los exploradores, con su capitán José Amorós Cerdán, impecable en su uniforme, en su bondad, en su corrección.
Lo social no va en zaga. Dígalo la rebotica de García Estasio con los conciertos del eminente guitarrista Francisco Tárrega; con las visitas del anti taurófilo Eugenio Noel. Las tertulias de D. Pascasio; el hondo y multiforme saber enciclopedista de Arturo Vitoria; las tómbolas benéficas de las Srtas. De Arenas; de Filomena Candel, en pro del hospital. Las veladas del “Villenense” prócer, vestido en terciopelo rojo. El refuerzo cultural de José Serra, de José Gómez (con su palmeta), de Pascual Cortés. El angelical y extraordinario poeta Antonio Marín, el gran Chaumel…y tantos otros, todos recientes y todos pasados, idos en nuestra generación y nuestro conocimiento, calle Ancha, San Sebastián –reposo de responso- y cipreses del cementerio. Después, rosarios y misas. Más tarde…olvido. A esta pléyade de “villeneros”, que han sido en nuestras tareas de vida ejemplo y amistad, rendimos tributo.
Veamos, al propio tiempo, que ha pasado con nuestro paisaje. Perdido en parte el valor humano, hase perdido también en parte el medio escenográfico en que estas personas se movieron. Dígalo la desnudez de nuestra Corredera, la de la placeta de las Malvas; la del paseo de Chapí… plátanos, acacias, árboles frondosísimos sucumbieron. La bancada de piedra y verja de hierro que circundaban el Paseo fuéronse también. “Parterre”, paseo y “martillo” quedaron fusionados. La Fuente de los Burros quedó sepultada. La Posada del Sol sufrió la brecha de más amplios horizontes urbanos. San Sebastián quedó demolido. El antiguo Artístico fue definitivamente transformado: sus billares, encuentros de jueces, registradores y notarios, con su piso de madera y su arcaico “cine” de las películas de series y de las avanzadísimas de “Judex” y de la Bertini, también desaparecieron. El café de la “Sardina” perdió su auge. El trotar de los caballos que, procedentes de la Colonia, ponían notas de aristocracia en nuestra Corredera, asimismo se fue. El prócer Rafael Selva, que salía en grupo para la caza de galgos, faltó un día. Después, de su casona desapareció el escudo. Las “Fuentes”, jardín romántico, perdieron verdor, lozanía y hasta el encanto de la añoranza…
Villena, Villena. Has de rehacerte a ti misma y no deben renovarse tus canjilones históricos y señoriales. Porque es tu historia vida, desde Santiago a Santa María, desde la Losilla a las Eras, al Arrabal, a las Cruces, a la Cañada… Cuanta emoción y cuanto recuerdo; cuanta niñez anida en nuestras almas cuando, estando fuera de este pueblo, llegas a él para ver las Fiestas y recuerdas recuerdos y sueños…en los que se fueron.
Envio: A Francisco Lozano, genio en el Arte, como en lo didáctico lo fue D. José Serra, ambos no hijos de Villena. Si este último modeló una generación de almas, a ti, Paco Lozano, te toca la ingente labor de hacer frondoso el suelo que albergó, como has leído, Historia y Arte.
Eduardo Solano Candel

















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