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Acerca de dos trabajos que realizó el médico villenense Francisco Cerdán: Historia de la Virgen de las Virtudes 1760 e Historia de Villena 1752


ACERCA DEL TRABAJO REALIZADO POR EL MÉDICO VILLENENSE FRANCISCO CERDÁN SOBRE LA HISTORIA DE VIRGEN DE LAS VIRTUDES EN 1760

Con toda seguridad podemos afirmar que sus nombres serán ignorados para la casi totalidad de los lectores, y también lo serían para que el que estas líneas escribe si el afán insaciable de acumular datos y noticias que puedan el día de mañana aportar alguna luz para la historia de nuestro pueblo, no me hiciera encontrar en la biblioteca de mi difunto tío D. Salvador Avellán, Presbítero (que en paz descanse), una obrita editada en Orihuela en 1760, escrita por el Doctor D. Francisco Cerdán, hijo de nuestra ciudad y médico titular de la misma.
Escribió varias obras, entre ellas una que publicó en 1746 con el título “Naturaleza Triunfante” y otra impresa en 1752 que se titulaba “Discursos Médicos”.
Finalmente, en 1760 publicó la que tenemos en nuestro poder y que es una “Disertación Físico-Médica” sobre las virtudes medicinales, uso y abuso de las aguas termales de la villa de Archena. La obra está dedicada a nuestra Excelsa Patrona la Virgen de las Virtudes y a ella consagra más de veinte páginas narrando su aparición en la Fuente del Chopo y consignando algunos datos sobre nuestro pueblo, que no trasladamos aquí por ser de todos conocidos.
Para la impresión de esta obra encontró un generoso Mecenas en otro ilustre paisano, D. Luis Antonio de Mergelina  y Muñoz, Abad de la Insigne Colegiata de Gerona y Dignidad de aquella Catedral, quién, según se desprende de la dedicatoria de la obra, costeó todos los gastos de la edición…..”.

Gaspar Archent Avellán



Don Gaspar Archent Avellán, canónigo e hijo de Villena


A continuación figura, transcrita literalmente, la historia de Villena escrita por el médico villenense Francisco Cerdán.


DISCURSOS
PHYSICO-MEDICOS
POLÍTICO MORALES
QUE TRATAN SER TODA CALENTURA
Hectica contagiosa, esencia del universal contagio,
Y medios de precarverlo

AÑADESE AL FIN
LA VERDAD VINDICADA
Contra la aparente verdad constante, o modo de
sacar en limpio el grano de la verdad, que ha dado
a luz el Dr. Don Juan Caraballo, Medico
 en la Ciudad de Murcia.
POR

EL DR. D. FRANCISCO CERDÁN
Médico de la Villa de Montealegre, Examinador que ha
 sido por particulares Comisiones del Real y Supremo
Tribunal del Prothomedicato.






EN VALENCIA, M.DCCLII-1752

En la Imprenta de Agustín Laborda, vive en la Bolsería
A  costa de J.A.M. y M.C.C.





A DON FERNANDO
GARCIA, DIAZ DE ALMANSA
D. EN SAGRADA THEOLOGIA,
Beneficiado, y Cura propio de la
Parroquial de Nuestra Señora de la
Asunción, de la muy Noble, e
Ilustre Villa de Tobarra


Señor mío: Claro está, que debiera abatir mis elevadas Alas antes, que permitir este desahogo a mi fineza, para no experimentar (como otro Hicaro) escarmientos de precipicio; teniendo la osadía de rendir en holocausto este pequeño parto de mi rudo entendimiento a un Héroe de tanta magnitud; que le sobran bastantes quilates parea paralelarlo con todo el Heroicismo. Ciertamente mi atrevido pensamiento principia por culpa; pero la benignidad de V.M. perdonara el exceso por finalizar en víctima de mi agradecido reconocimiento; pues es evidentísimo; que las singulares honras, que a V.M. debo, me hicieran pasar por el infame nombre de desagradecido, si por pánicos temores de osado omitiera en este corto obsequio sacrificarme  rendido. No se maraville V.M. elija esta Navecilla su Patrocinio, pues le fuera difícil surcar el anchuroso piélago de la erudición, ni dar fondo en el Puerto de los Literatos, si el sabonio de la sabonio de la protección de V.M. le faltase; pues es evidentísimo, que escudeada por un Sabio, abatirán su altivez los Aristarcos, y Zoilos, legítimos símbolos de la ignorancia y cerviscosidad.

 Es tan antigua esta máxima de dedicar las Obras a los Sabios y Nobles, que las merecen, que trahe su origen desde los Oraciones, Plinios, y Auxonios; realzándose más el Héroe, si a los anteriores dotes se le añade la virtud; aunque según Eurípides, nunca puede encontrase nobleza entre los malos: Vir optimus non utique effe pofsit ignovilis. Con que hallándose en V.M. el complexo de todas estas circunstancias, bien puedo embanecerme encontró esta Obra su proporcionado Mercenas.

Debe V.M. y sus heroicos antecesores la pureza de sangre, que los ilustra, a la muy Noble, a la siempre Leal y nunca bastantemente elogiada Ciudad de Villena, nuestra amada Patria; cuya circunstancia era suficiente para que cesase en anatomizar su Genealogía Ilustre: Parecerá hipérbole a los poco noticiosos; pero para que logren el evidente desengaño, haré un breve diseño de su antigüedad, Nobleza, Heroicidades, Privilegios, Doscientos años antes que nuestro Redentor encarnase, ya estaba esta Nobilísima Ciudad fundada con el nombre de Bigerra, teniendo la honra después del Nacimiento de nuestro Redentor, y Pasión Santísima, de ser de las primeras, que abrazaron su Santísima Ley Evangélica; pues a la celebración del Concilio Iliveritano, anterior a los cuatro Generales, concurrió Sinagio, Obispo Bigerrense, o de dicha Ciudad, indicio evidentísimo, que en dicha población, la Evangélica Ley ya estaba propagada.

Y aunque no han faltado Geógrafos, que a la antigua Bigerra la nombren hoy con el de Vexar, población de Castilla, se convence la falsedad por Miguel Villanovano, Comentador de Ptholomeo, impreso en León, año de 1541, el que al folio 33, pone a Bigerra cerca de Tobarra, y Orihuela a 39 grados de latitud, en los cuales hoy mismo se halla fundada; siendo así, que Ptholomeo escribió noventa y nueve años posterior a el Nacimiento de nuestro Redentor. Convéncese mas por el Calepino, que añadió Paferacio, el que al folio 155, dice: Bigerra…Hispaniae Civitas est, Saetabis contermina; y nadie ha dudado, que Saetabis fue la Xátiva, que hoy llaman San Felipe; la que, o fu Reyno esta contigua a esta ciudad. Pero quien en un todo desenlaza las dudas, es Miguel Antonio Baudrand en su Legicon Geográfico, que imprimió en París año 1670, cuando al folio 117 dize: Bigerra…est ipsa Villena, Marchionatus in Reyno Castellae, ab Alonis, 8 lenc. In occ. A Murcia 12, in Bor. Y al fol. 477 de su segunda parte hallará el curioso. Villena, Bigerra, urbs Castellae. De los cuales se insiere claramente, que Villena es la antigua Bigerra.

En el siglo III, en tiempo del Santo Rey Don Fernando, ganó esta Ciudad a los Moros Frey Don Lope Martin, caballero de la Orden de Calatrava y Comendador de Alcañiz, con otros de esta Orden, a los que desposeyó el Infante Don Alonso, hijo del Santo Rey, alegando ser de la Conquista del Reyno de Murcia, que su Santo Padre ejecutó, quexose la Orden al Papa Inocencio IV, el cual escribió al Infante restituyese aquella Ciudad a dichos Caballeros, después la obtuvieron los Infantes Manueles, apellidos Príncipes de Villena, y otros. Las nobles familias, que la componen no han dexado espacio vacío de sus heroicidades; pues de ellos; y sus antecesores, están llenas las páginas de las Historias, sintiendo nobles inquietudes en su corazón al mirar en tantos escudos de Armas las acciones heroicas, que sus antecesores executaron. Estudiaba entre las Estatuas Romanas (mudas representaciones de los Héroes), Caton, la virtud: y preguntado otro, que como no tenía allí la suya, respondió como él mismo: Más quiero pregunten por qué no la tengo, que por qué la he de tener: dando a entender en esto, que es necesario no nacer con Nobleza, que degenerando de ella, ser su afrenta, cosa que jamás he experimentado entre los Nobles de dicha Ciudad.

Esta Nobilísima Ciudad fue la que el año de 1464 se incorporó al Patrimonio Real, proclamando a sus Catholicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel; habiendo ejecutado antes aquella tan celebérrima, y heroica acción de expeler los Judíos, y nuevamente convertidos, digna de burilarse en láminas de bronces, y de que yo (en honra de mis amados Patricios) la reproduzca.

Dueños de dicha Ciudad de Villena eran en el expresado tiempo los Excelentísimos Reyes Marqueses de este nombre, cuando aun en España se permitían Judíos y Moros; bastantes habitaban aquella Ciudad, los que Patrocinados del Gobernador tiranizaban la República, abatiendo y maltratando las Ilustres Familias, que la componían, las que estimuladas de su noble sangre, no hay duda exclamarían como otro Mathathías, Lib. I, Machab, cap. 2 contra los que Antiocho patrocinaba: Quae gens non hereditavit Regnum eius, regnum eius, non obtinuit spolia-eius? Omnis compositio eius ablata est. Quae erat libera, facta est ancilla, y se esforzarían, como aquellos Nobles Sicilianos, que viéndose opresos por la Nación Francesa, con el auxilio del Rey Don Pedro Tercero, y dirección de Juan Prochita, pasaron a cuchillo a todos los franceses que habitaban aquella isla, así sucedió, pues sublevándose contra los Tiranos, degollaron, destruyeron y desalojaron, cuantos Judíos y Conversos pudieron encontrar. Corre el paralelo tan uniforme en ambas operaciones, que si allá en Sicilia fue la seña para la invasión el toque de campanas a las Vísperas de Pasqua de Resurrección, aquí también lo fue añadir dos toques de campana a las tres, que comúnmente se tocan al tiempo de Alzar a su Divina Majestad en la Misa Mayor, cuya práctica aun se observa en la Parroquial de Santa María de dicha Ciudad.

Podrán acreditarse de limpios, Nobles, Ilustres, heroicos y celosos de la Catholica Religión los que desciendan de aquellas Magnánimas, Leales y antiguas Familias, que concurrieron a dicha acción? Nadie puede dudarlo: Pues de los antecesores de V.M. se enumeran: Juan García de Almania, Alonso García, Bernard García, Lorenzo García, Ginés García de Medina y Pedro García de Medina, Padre de aquel Héroe célebre Don Sancho García de Medina, que habiendo servido al Papa Alejandro VI, bajó a Murcia con la Dignidad de Maestre de Escuelas de la Iglesia de Carthagena, y fundó la Colegiata Arcedianal del Señor Santiago de nuestra amada Patria.

También Fernando Díaz y Francisco Díaz concurrieron a dicha expulsión, como consta de la Real Cédula de perdón, concedida por los Reyes Catholicos Don Fernando, y Doña Isabel en Segovia, a 22 días del mes de agosto de 1466. Y que las Familias de estos apellidos, en especial de los Díaz, han obtenido los honoríficos empleos de Alcaldes, Regidores, &cc. correspondientes a su antigüedad, se evidencia por la información, que a pedimento de Bartolomé Díaz se hizo en dicha Ciudad a 28 de Marzo de 1601 ante Juan Herrero, Alcalde Ordinario, y Alonso de Medina, Escribano, declarándolo así el Capitán Don Pedro Rodríguez de Navarra, Alcayde del Castillo y Alférez Mayor de dicha Ciudad, con otros testigos.

También por ella se deduce, que los Díaz se enlazaron con los Alvárez y Mellinas; estos últimos fueron Patronos de la Capilla mayor de dicha Parroquial de Santiago, de la cual, al trasladar los huesos a la de San Bartolomé se encontraron diversos cuerpos armados a la manera que se enterraban, y entierran los Cavalleros. Asimismo consta de el dicho instrumento, que Alonso Díaz Navarro, descendiente de dicha Ciudad, y vecino de la Murcia, litigó y ganó Executoria de Hijodalgo en la Real Chancillería de Granada el año 1592, lo que confirma Cascales en los discursos históricos de Murcia y su Reyno, fol. 361 añadiendo, que dicho Alonso Díaz fue Procurador en Cortes y juró a Don Felipe III por dicha Ciudad. Finalmente consta que otra Cédula Real, dada en el Castillo de Garci-Muñoz por el Infante Don Manuel a 6 de setiembre del año 1383 que fueron alistados para probar sus Hidalguías Pedro García, Gonzalo García y Alonso García.

No han desmerecido por V.M. sus blasones; pues quanto más antiguos los ha mirado, tanto más ha sido su cuidado el renovarlos, acreditado el enlace, que Don Francisco García Díaz, Alguacil mayor del Santo Oficio de la Inquisición, Hermano de V.M. tuvo con muchas familias de este Reyno, casando primero con Doña Catalina Muñoz, Familia muy Ilustre en la Villa de Yecla; y después con Doña Ana Tomás Avellán y Urrea, de la de Jumilla, hija de Don Francisco Tomás, Cavallero Hijodalgo, descendiente de los primeros pobladores de Murcia; y por los Urreas, de la Ilustre Casa de los Urreas de Aragón; no faltando en este siglo de los Avellanes muchos Ilustres Varones, como lo fueron Don Cosme, Don Juan, Don Pedro, y Don Francisco Avellán, Cavalleros de la Orden de Montesa.

Ya dije en el principio de otra Dedicatoria, que solo con ser naturales de Villena se puede probar la mayor purificación y limpieza de sangre; y no es de admirar cuando a sus habitadores en la misma Cédula de perdón les fue concedido privilegio, para que ni en aquel, ni en otro tiempo fuesen admitidos por vecinos de dicha Ciudad, Moros, Judíos, ni nuevamente convertidos a nuestra Santa Fe, necesitando cualquier que ha de de sentar su vecindad en ella hacer constar su limpieza, para cuyo efecto se nombra un Regidor por dicha Ciudad que informe.
Han brillado, y resplandecido en hazañas y heroicas virtudes, no solo los ascendientes de V.M. si no los que en estos tiempos hemos conocido. Sitiado por el Exercito Imperial se hallaba el Castillo de Villena el año de 1707, cuando después de un intenso fuego, que duró siete días, el Capitán, que con quarenta Militares lo defendía, quiso capitular para su entrega y con la mayor lealtad y animosidad dixeron los Paisanos, que primero habían de perder la vida por nuestro gran monarca el Señor Don Felipe V el Animoso, que entregarlo; en cuyo Castillo, y a esta acción se halló el Padre de V.M. y después acompañó al Eminentísimo Señor Cardenal Belluga a la toma de Onteniente. También Don Fernando Díaz Osa, tío de V.M. Visitador que en tiempo de dicho Eminentísimo Señor Cardenal fue de este Obispado, y Cura de esa Parroquial, acreditó su ilustre ascendencia con lo heroico de sus virtudes, fue propuesto por el Vicario General del Arzobispado de Valencia en tiempo del Señor Rocaborti, y electo de Málaga, que renunció, con ese Curato, retirándose a la Congregación del Señor San Felipe Neri (que es de las primeras fundaciones de España) de nuestra amada Patria, en donde su virtud y exemplo acreditó su justificación. Imítale V.M. en sus operaciones, principalmente en socorrer con tanta repetición y liberalidad a los pobres; pues muchos de esa Villa hubieron perecido a no ser por el ardiente celo de su caridad.

Mucho más pudiera alargar la pluma, si no me contuviera la certeza de irritarle; pues sé, que su modestia y humildad oye estos elogios con tedio; pero debe V.M. estar asegurado, no le adulo, , pues no refiero cosa, que no pueda manifestar con verídicos y autorizados instrumentos; no siendo capaz pincel tan grosero, para delinearlos todos; porque..

Non ergo funt fatis ad tua praeconia laudis
Necmala doce mea, poterunt tua, cuneta referri.

Y así, cesando en tanto abismo, solo suplico a V.M. reciba esta pequeña obra por índice de mi veneración: ella es pequeña, por el Autor de quien nace; pero grande por la persona a quien se dirige, y si lograse grata acogida, yo seré el primero que le embidie tanda dicha.

Dios guarde a V.M. los dilatados años que deseo y he menester.
Montealegre, y Diciembre 10 de 1751.

B.L.M. de V.M.
Su más apasionado
Don Francisco Cerdán




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