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Apuntes biográficos del presbítero villenense don Salvador Avellán García


Apuntes biográficos del presbítero villenense
don Salvador Avellán García


La figura del presbítero villenense don Salvador Avellán García es muy significativa para poder interpretar buena parte de los artículos que nos vamos a encontrar centrados en  principalmente en dos aspectos, uno dedicado a la historia de Villena en diversas facetas y otro, centrado en  la Virgen de las Virtudes. A través de estas líneas conoceremos mejor la gran labor investigadora que realizó don Salvador Avellán, así como su gran personalidad.




            Relatamos seguidamente los primeros datos biográficos que hemos localizado,  publicados en el boletín El Olivo[1]. El artículo describe una extensa reseña biográfica del citado sacerdote y dice así:

“El pasado 29 de julio de 1933 falleció en esta, el venerable sacerdote don Salvador Avellán García, después de cumplir ochenta y tres años y medio de edad.
Su muerte ha sido sentidísima en toda la ciudad, pues era de todos queridísimo por las hermosas virtudes que adornaban su alma y la naturalidad y sencillez que le caracterizaban.
Don Salvador Avellán era una verdadera institución en Villena y, en su muerte nos produce la impresión que desaparece algo que era consustancial con nuestro pueblo, ya que era como la representación viva de nuestras gloriosas tradiciones.
En honor suyo consignamos los siguientes datos biográficos que esperamos serán del agrado de nuestros lectores, confiando en que otra pluma mejor cortada nos dé a conocer más adelante, una biografía completa y detallada.
Nació en Villena el 17 de enero de 1850, siendo hijo de Salvador Avellán e Isabel García, padres que, si fueron pobres, en bienes materiales fueron ricos en moralidad y honradez.
Desde los primeros años manifestó su inclinación al estado eclesiástico. Comenzó sus estudios en el Aula de latinidad de ésta y, previa incorporación de los tres primeros cursos en el Seminario de Murcia, se matriculó en el 4º de latín, siendo su profesor en dicho curso, nuestro ilustre paisano don Juan Chaumel.
En el mencionado Seminario cursó todos los estudios de la carrera eclesiástica, celebrando su primera Misa el 26 de septiembre de 1875.
Inmediatamente  se hizo cargo de la iglesia de San Felipe Neri, llamada La Congregación, y poco tiempo después fue nombrado Beneficiado de la parroquia de Santa María, cargo que ha conservado hasta su muerte.
Nos haríamos interminables si hubiéramos de relatar todas las actividades de su celo sacerdotal, limitándonos a consignar que él fundó la extinguida congregación de los Luises, el Apostolado de la Oración, la Hermandad del Paso de la Caída, la Adoración Nocturna, y dirigió durante toda su vida, la Asociación de Hijas de María, siendo famosísimos los suntuosos novenarios de la Purísima y del Sagrado Corazón de Jesús, que se celebran en La Congregación.
Fue un excelente director de almas. Su asiduidad en el confesionario y su acierto en la moderación de las conciencias, hizo que incontables almas que deseaban avanzar algo en el sendero de la perfección, se confesasen con él. Sobre todo fue el confesor incansable de todas las comunidades religiosas de Villena, a las que ha dirigido durante cincuenta años, como confesor ordinario y extraordinario.
Hay otro aspecto interesante de su vida, que podrá ser ignorado de muchos, pero no lo será ciertamente de los que tuvimos la dicha de ser discípulos suyos.
Nos referimos a sus extensos conocimientos que ocultaban bajo una capa de modestia encantadora. Además de su competencia indiscutible en las materias de la carrera eclesiástica, era un excelente pedagogo, sobre todo para la enseñanza del castellano y del latín que dominaba a la perfección. Era un especialista en Historia lo mismo universal que de España, singularmente en esta última; tenía conocimientos especiales en Epigrafía y Paleografía, hasta el extremo que no había inscripción ni documento antiguo que se le resistiese y, con ligeras interrupciones, explicó durante cerca de cincuenta años, casi todas las asignaturas de de la sección de letras del Grado Bachiller, siendo muy contados los que habiendo cursado estudios de enseñanza superior en Villena no hayan sido discípulos suyos. Enseñó primero en el Aula de Latinidad, luego en el Colegio de San Fernando, más tarde en el de Nuestra Señora de las Virtudes y casi incesantemente tuvo lecciones particulares en su propio domicilio. Estaba ya para cumplir los ochenta años y todavía preparó a dos alumnos de latín que habían sido suspendidos en junio y que, lograron ser aprobados en los exámenes de Septiembre en el Instituto de Alicante.
También hemos de hacer mención de su caridad inagotable. No nos referimos a las limosnas que incesantemente se han repartido en su casa, sino a las limosnas secretaras, dadas a pobres vergonzantes, visitándolos personalmente en su propio domicilio o mandando las limosnas en secreto mediante tercera persona. Al llegar el invierno, solicitaba y obtenía de personas pudientes, donativos especiales en ropas hechas y cuantas sábanas, mantas, camisas, enaguas, etc., no se han repartido en su casa. En aquellos años de verdadera miseria en que los pobres se veían precisados a comer pan de centeno, durante muchos inviernos se repartían en su casa grandes cantidades de harina y de pan amasado de dicho cereal, que personas caritativas le facilitaban. Durante muchísimos años fue el Director de las Conferencias de San Vicente de Paul, impulsando a las señoras asociadas a la práctica de la caridad. Sus frecuentes visitas al Hospital, con motivo de la confesión de las religiosas, le hicieron conocer pacientemente las necesidades de algunos enfermos y en ocasiones mandaba comprar gallinas, en otras enviaba leña, vino y daba dinero para comprar alpargatas para los hijos de algunos enfermos que andaban descalzos. Su encendida caridad se manifestó de un modo especial el año 1885, con motivo de la epidemia del cólera, no sólo por la asistencia espiritual, sino por la asistencia material, atendiendo personalmente a los enfermos, haciendo sus camas, cambiándoles la ropa, obligando a pacientes, que habían abandonado a los enfermos, a que volviesen a asistirles, y en una casa donde habían dos enfermos tendidos en el suelo, se le sorprendió entre ellos de rodillas, machacando almendras en un mortero para hacerles horchata.
En el orden espiritual, sin ser párroco ni coadjutor, hubo día en que él sólo hizo setenta administraciones y así continuó hasta que contrajo por contagio la terrible enfermedad que le puso en trance de muerte. Si Jesucristo ha prometido que un cazo de agua que se dé en su nombre no quedará sin recompensa, cuanta sería la gloria de su alma en el cielo.
Finalmente vamos a terminar diciendo brevísimas palabras sobre los dos grandes amores de su corazón que fueron el amor a nuestra Patrona y el amor a Villena.
La Virgen de Las Virtudes era para él una verdadera obsesión. Siempre pensaba en ella, siempre hablaba de Ella. Conocía como nadie la historia de su imagen, del santuario, de sus alhajas, del origen de sus fiestas y de los actos de culto celebrados en su honor en siglos anteriores. Trabajó incansablemente en la preparación de la Coronación canónica y fue miembro antiquísimo de la Junta de la Virgen. El iba todos los años a traerla el día cinco, o a llevarla el día nueve. Al celebrar las Bodas de Oro de su primera Misa, el 26 de septiembre de 1925, a las nueve de la mañana se celebró Misa solemne en el santuario, en la que actuó como Padrino de Capa su sobrino carnal, el M.I. Doctor don Gaspar Archent, Canónigo de Valencia y de Ministros;  don Francisco Griñán, párroco de Santa María y don José Ramiro, coadjutor de Santiago. Terminada la Misa, se cantó un solemne Te Deum  y a continuación le regaló a la Santísima Virgen de las Virtudes una magnífica casulla blanca que él estrenó aquel día. Murió pensando en ella, quejándose amorosamente  de que no le permitiera ir a despedirse de Ella antes de morir y encargando a los suyos que fueran al Santuario y mandasen celebrar una Misa con la misma casulla que él regaló.
El otro amor grande su alma era Villena, su pueblo querido. Acerca de esto podemos asegurar que no solamente, no fue nunca superado por nadie, más ni siquiera igualado. Desde su juventud se dedicó con ardor a recoger datos para la historia de la su pueblo, revolvió los dos archivos parroquiales y cuando tuvo ocasión y se lo permitieron, también el archivo municipal y judicial; siempre registrando, copiando y escribiendo todo cuanto pudiera ofrecer algún interés para la historia de Villena. De ahí esa valiosa colección de cuadernos escritos de su propia mano y con su letra menuda e inconfundible que constituyen un verdadero arsenal de datos y noticias interesantísimas que suponen una labor de benedictino, labor realizada aun a costa de sacrificios pecuniarios y que solo se explica por su acendrado amor a Villena. Aquí nació, aquí vivió y aquí ha muerto tan santamente como ha vivido.
Que descanse en paz este prelado hijo de Villena, este sacerdote modelo, este ejemplar de todas las virtudes”.
R.I.P.
Un discípulo

Otras informaciones interesantes, relacionadas con don Salvador Avellán García

El libro titulado Bibliografía de Villena y su partido judicial[2] contiene en sus páginas una serie de referencias que hacen alusión a documentos, revistas y otros folletos informativos relacionados con Villena y los pueblos de su partido judicial. Están distribuidos en ocho capítulos: Religión, Ciencias Sociales, Ciencias puras, Ciencias aplicadas, Bellas Artes, Literatura, Geografía e Historia y La Prensa Local.
 La segunda parte de la publicación contiene referencias de Benejama, Biar, Campo de Mirra, Cañada, La Encina, Sax y La Zafra. Se complementa con tres apartados interesantes: una adenda complementaria, un Índice Onomástico y para finalizar,  un índice cronológico de la Prensa Local.
  A lo largo de sus páginas, hemos encontrado diversas referencias relacionadas con escritos y trabajos de investigación de don Salvador, con una observación: en la impresión figura como segundo apellido Martínez, cuando el correcto es García.

En el apartado “Religión” figuran los siguientes artículos:

Discurso que don Salvador pronunció el día 5 de diciembre de 1912 en el Círculo Tradicionalista, del que se informa en El Defensor de Villena de 5-1-1913 y en  El Olivo de 28-7-1934.
Artículo “Las Coronas de la Virgen en el boletín La Corona, 1-9-1921.
Artículo “El Santuario”, en el boletín  La Corona de  1-10-1922.
Apuntes tomados de los manuscritos de don Salvador Abellán, publicados con el título “Villena Religiosa”, publicado en El Olivo, número extraordinario de fecha  5-9-1933.
      En el apartado “Ciencias Sociales” figuran dos artículos que tituló “Las Antiguas Fiestas”  y “Las Fiestas actuales”, publicados ambos en el boletín La Corona el 1-11-1922 y el 1-4-1923, respectivamente.
En el apartado “Geografía e Historia” referido a la Edad Media, figura un artículo titulado “Señorío de Villena. Principado 1248-1360”,  que se publicó en el número extraordinario de Villena Joven el 5-9-1928.

Pasamos a la revista anual Villena de 1971, y  en sus páginas figura un artículo que bajo el título: “Un monumento para la historia de Villena” escribió don Antonio Tovar Llorente, Filólogo, Lingüista, Ensayista Español, licenciado en Derecho y Filosofía y Letras y miembro de la Real Academia Española.
En sus textos, relata como una mañana, por los fines de verano de hacía casi medio siglo, su familia se trasladó a vivir a Villena y llegaron en tren. Continúa la crónica de su estancia en nuestra población con una minuciosa descripción de cómo fueron sus años infantiles, las primeras semanas del curso, como era la feria de entonces, con sus casetas de turrón y los caballitos;  las pascuas con sus cantos y sus “toñas”, y otras curiosidades como eran las fiestas de moros y cristianos, con unas frases referidas especialmente a Biar y a su danza de “las espías”. 
Pero donde más nos vamos a centrar es en la  descripción que hace de don Salvador Avellán, uno de los profesores del Colegio Academia de 2ª Enseñanza de Ntra. Sra. de las Virtudes que dirigía el farmacéutico don Pascual Cortés y ésta es la descripción que hace de sus estudios en Villena:

“En Villena pasé casi todos los años de bachillerato y asistí al colegio que dirigía el farmacéutico don Pascual Cortés. De los profesores que allí tuve me encuentro recordado en el libro de que voy a ocuparme a don Salvador Avellán, un sacerdote alto, severo, de gran manteo que imagino ciceroniano, y que nos enseñaba latín y era capaz de explicar los trozos a veces endiablados (o así nos parecían) del libro de texto de don Vicente García de Diego, ahora mi respetable colega en la Real Academia. Don salvador, después de descifrarnos los secretos del ablativo absoluto y de las oraciones temporales, sabía atraer nuestra atención con las historias de Villena, que él había buscado en los archivos.
En nuestra cabeza de trece años, en aquel destartalado local de la plaza de las Malvas, sonaban los sones de don Enrique de Villena, el que no fue marqués, sino en las historias de brujerías de la cueva de Salamanca, y de los linajudos Pacheco, que sí fueron marqueses, pero perdieron el señorío ante los reyes Fernando e Isabel. Pero todo esto lo supimos muy vagamente pues la complicada historia por la que Villena fue sede en su castillo de don Juan Manuel, uno de los fundadores de nuestra literatura, y educado y hasta principado en manos de los infantiles de Aragón cantados en las coplas de Jorge Manrique, no cabía en nuestras mentes infantiles…”.




En el curso de 1922-1923, don Antonio Tovar realizó el segundo curso de  Bachillerato, obteniendo la calificación de  sobresaliente y matrícula de honor en las asignaturas de Latín, Religión, Geografía y Aritmética. Esta información aparece en un artículo publicado en la revista anual Villena de 1954, cuyo título es “Villena y Antonio Tovar”, en el que se le hace una especial mención, ya que el Sr. Tovar, por aquellas fechas ocupaba el cargo de Rector Magnífico en la universidad de Salamanca, finalizando con el cuadro de máximas calificaciones del curso 1922-1923 en el Colegio de Segunda Enseñanza de Ntra. Sra. de las Virtudes, en el que don Salvador impartía como ya hecho indicado, las clases de Latín, además de otras actividades complementarias relacionadas con la formación de su alumnado.
El Diario Las Provincias, en su edición del viernes 4 de agosto de 1933 publicó una nota referida al fallecimiento de don Salvador Avellán, cuyo texto citamos a continuación:

“En el transcurso de tres días han fallecido en ésta personas de relieve y muy conocidas en esta población.
El reverendo señor don Salvador Avellán García, presbítero, a los 83 años de edad, muy virtuoso, que dedicó más de cincuenta años de su laboriosa vida a la enseñanza, siendo profesor en un colegio de segunda enseñanza, donde explicó con preferencia las asignaturas de Latín, Historia de España y Ética.
Reciban nuestro pésame más sentido sus familiares y en especial su sobrino el muy ilustre señor don Gaspar Archent Avellán, canónigo de la catedral de Valencia.”

El fallecimiento se produjo el día 29 de julio y el solemne funeral se celebró en la parroquia de Santa María el miércoles 2 de agosto a las 9 de la mañana. El rezo del Santo Rosario tuvo lugar en la misma iglesia los días 31 de julio y 1 y 2 de agosto, a las 6 de la tarde.
            Tras esta exposición, basada en la vida y trayectoria de nuestro paisano el reverendo don Salvador Avellán García, me agradaría que el Muy Ilustre Ayuntamiento de nuestra ciudad,  consignara en la lista de villeneros ilustres a tan distinguido villenense, a quién considero merecedor de tal distinción.
  
Joaquín Sánchez Huesca,
 artículo que publiqué en la revista Villena de 2017 


                            


Casulla que utilizó en la Misa de sus Bodas de Oro como sacerdote






      Poesía titulada "La Campanica de la Congregación" dedicada a Salvador Avellán, en recuerdo de sus años de capellán de la citada iglesia de Villena. Se publicó en el boletín nº 14 de El Olivo.

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[1]  Boletín nº 14 publicado en Villena el 13 de agosto de 1933. Era una publicación  quincenal que editaban los antiguos alumnos Salesianos y tenían su  redacción en la Plaza de Santa María nº 13 de Villena.

[2] Dicho libro fue escrito por don José Mª Soler García y publicado en 1958 por la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Alicante.



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