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El Arciprestazgo de Villena, tras su incorporación a la Diócesis de Orihuela-Alicante en 1954


Tras el inicio de los años cincuenta del pasado siglo XX, en la diócesis de Orihuela se produjeron algunos cambios importantes, como fue la nueva denominación que pasó a llamarse “diócesis de Orihuela-Alicante.

 En la década de los años 60  se aplicaron las reformas litúrgicas emanadas del Concilio Vaticano II y en el año 1967 la diócesis celebró un “sínodo”.
En aquel entonces el obispo era don Pablo Barrachina y Estevan, que durante el periodo 1954-1959 fue obispo de Orihuela y en el periodo 1959-1989 obispo de Orihuela-Alicante.
Volvemos a los años cincuenta para destacar la reestructuración territorial de la diócesis que se llevó a cabo. En 1950 la villa de Caudete, perteneciente a la provincia de Albacete pasó a formar parte de la nueva diócesis de Albacete y en 1954, las parroquias de Villena, Sax y La Encina, que pertenecían a la diócesis de Cartagena, pasaron a la diócesis de Orihuela, así como el municipio de Ayora de la provincia de Valencia, que pasó a la diócesis valentina.
Con la nueva denominación de la diócesis de Orihuela-Alicante, la iglesia de Alicante de San Nicolás, obtuvo el rango de concatedral. Posteriormente, en 1968 la Curia y el Obispo se establecieron definitivamente en Alicante, y a continuación se trasladó también a Alicante el Seminario Mayor.
En 1962 se publicó una obra de investigación histórico-religiosa distribuida en dos tomos y titulada Un Obispado español, el de Orihuela-Alicante. La obra fue escrita por el Presbítero don Gonzalo Vidal Tur, natural de Onteniente (1895).



El Tomo I consta de dos partes. En la primera se relata la creación del citado obispado, con un apartado en el que se describe el territorio que abarcaba cuando se creó. Resulta interesantísima la descripción que el autor realiza de los pueblos y ciudades que lo formaban, finalizando con las poblaciones de Caudete y Ayora.
La segunda parte la titula “Episcopologio” y narra las biografías de los obispos que ha tenido la diócesis, comenzando por don Gregorio Gallo de Andrada (1564) y finalizando con don Pablo Barrachina y Estevan (1954).
El Tomo II contempla una descripción geográfica del obispado, complementado con datos históricos, así como una serie de reseñas sobre Orihuela, su catedral, el templo de San Nicolás de Alicante, el seminario, la antigua universidad de Santo Domingo, la Fiesta de Elche y la Santa Faz de Alicante.
Tras lo citado, aparece un minucioso detalle de los catorce arciprestazgos que había en la diócesis cuando se escribió el trabajo.
Seguidamente vamos a centrarnos en el Arciprestazgo de Villena, La Encina y Sax y transcribimos su contenido:

“El Arciprestazgo de Villena está formado por Villena, la pedanía de la Encina y la villa de Sax y lo integran  24.200 almas.
El Concordato de España con la Santa Sede de 1953, estableció la supresión de los enclaves diocesanos, y en su virtud el Arciprestazgo de Ayora, con una sola población de la vecina provincia de Valencia, y una sola parroquia de la diócesis de Orihuela-Alicante pasó, en 1954, al Arzobispado de Valencia, a cambio de Villena, La Encina y Sax, de la diócesis de Cartagena, por ser estas poblaciones de la provincia de Alicante, constituyendo un nuevo Arciprestazgo: el de Villena.
Todo su territorio, de ubérrimas huertas entrelazadas con fértiles campos, ofrece hermosos paisajes de ricos cultivos, los cuales en la huerta se riegan con las abundantes y ricas aguas subterráneas, elevadas mediante pozos abisinios  y artesianos. Cruza además el Arciprestazgo el rio Vinalopó, que recoge las vertientes de los pintorescos montes de San Cristóbal, la Virgen, Peña Rubia y Morrón y humedece las tierras ofreciendo agradables paisajes.
La cebolla, los ajos, el maíz, la zanahoria, la patata y la remolacha son los cultivos predominantes.
El comercio es muy próspero por la mencionada riqueza agrícola.
Todo el Arciprestazgo habla el castellano, por haber pertenecido a Murcia hasta 1836, que se incorporó a la provincia de Alicante; por eso es llamado por algunos la “Murcia Alicantina”.
Geográficamente se encuentra situado al Oeste de la provincia de Alicante, limitado al Norte, con las parroquias de Benejama, Cañada y Biar; las dos primeras del Arciprestazgo de Alcoy y la tercera del de Jijona -posteriormente pasaría a Villena-. Al Este con los mencionados Arciprestazgos; al Sur, con el de Monóvar y al Oeste, con la parroquia de Caudete, del Obispado de Albacete, y otras del de Murcia.
De la partida rural Zaricejo (Villena), desde 1908 baja el canal del nombre de la partida, sin terraplenes y con acueductos cubiertos de metal y cemento armado, en beneficio, aunque escaso, de la huerta de Alicante.
Villena, indiscutiblemente, fue población importante durante la dominación mora. Su historia aparece clara y continuada a partir de su conquista por Jaime I de Aragón, quien por el Tratado de Almizra de 1244, la cedió a la Corona de Castilla. Fernando III el Santo la dio entonces a su hijo Manuel, que luego la transmitió a su famoso hijo Juan Manuel. La nieta de éste, Doña Juana Manuel, Reina de Castilla, la incorporó nuevamente a su Corona. Enrique II, su esposo, en el año 1366, la entregó a los Gandía de Aragón, ya marqueses de Villena, que la conservaron hasta 1445, acabando en manos del favorito Pacheco, maestre de Santiago. El fundador de la Real Academia Española, en el siglo XVIII, fue un Pacheco, y Pachecos fueron los cuatro directores siguientes. Así y todo, a Villena, los Reyes Católicos le concedieron la autonomía municipal, situándola en el Reino de Murcia. Hasta Felipe V, Sax  estuvo incorporada a Villena y corrió todas sus vicisitudes.



Parroquia Arciprestal de Santiago
Es de término, con un cura párroco y dos vicarios, para 12.000 almas. Su templo aparece en la plaza de su nombre, junto al Ayuntamiento, que fue convento de la arquitectónica iglesia edificada en el siglo XV, por el decidido apoyo que le prestó el ilustre hijo de Villena, Don Sancho García de Medina, Protonotario Apostólico en la Roma del Renacimiento.
De ella se ha afirmado que siempre fue Arcedianal y creación de por 1511, mediante concesión del Papa Julio II al mencionado don Sancho de Medina, Canónigo Dignidad de Maestrescuela en la Catedral de Murcia. Sin embargo, lo más probable es que este templo sea más antiguo y que la concesión de Julio II, según se desprende de la Bula, se refiera a la erección de diez beneficios que tuvo su parroquia, cuyos beneficiados venían obligados a regentar cátedras de Latín, Lógica, Moral, Música y Órgano.
Su cura arcediano era de provisión real mediante terna de oposición que el Obispo de Cartagena-Murcia, presentaba al Rey, quien además tenía el patronato del templo.
El estilo de este templo es gótico de los más interesantes del antiguo Reino de Murcia, con edificación robusta de gruesas columnas salomónicas, que sostienen las bóvedas. Una hermosa verja del siglo XVI  cerraba su presbiterio -desaparecida en gran parte en la revolución de 1936-.  La torre campanario, gallarda y cuadrada, ofrece mayor interés que las portadas del exterior, en cuyo N.E. se encuentra la sala capitular, con bellísimo ventanal renacentista, del arquitecto Jerónimo Quijano.
En la guerra de Sucesión, las tropas del austríaco asaltaron este templo, trocando sus capillas en cuadras, a la vez que destruían sus imágenes. Profanaron el Santísimo Sacramento con horrendos sacrilegios, por lo que, el Ayuntamiento, todos los años sufraga, desde entonces, solemnes cultos de desagravios. El archivo parroquial, como el del Ayuntamiento, muy ricos, perdieron entonces interés por la desaparición de gran número de fondos históricos.
De los grandes daños que ocasionó aquella soldadesca, constituida en su mayor parte por extranjeros incultos y protestantes; da testimonio la inscripción de un ladrillo que, en 1904, se extrajo de un muro del Ayuntamiento, junto a la parroquia de Santiago. Dice así:
 “Se empezó a reficar esta casa por haberla quemado los enemigos en el mes de abril de 1707”.
Nuevamente, tras iniciarse la Guerra Civil de 1936,  incendiaron el templo y destruyeron el emporio artístico del mismo. Fue reconstruido con sumo gusto y cuidado por el arquitecto alicantino Don Juan Vidal Ramos.
En su feligresía se encuentra enclavado el colegio de sacerdotes salesianos y el Hospital Municipal; éste, con capellán, que nombra el Prelado, fue fundado por el renombrado Don Sancho de Medina en el siglo XVI.  Hoy tiene para su cuidado una comunidad de Religiosas Siervas de Jesús de la Caridad.





Parroquia de Santa María de la Asunción
Su hermoso templo también corresponde al siglo XVI, y es gótico, como el de Santiago, aunque con portalada barroca. Fue construido a expensas de Doña Catalina de Alarcón, por los años 1551 y siguientes, habiendo gozado esta parroquia de la categoría de Segundo Ascenso, con un cura y seis beneficiados, que formaban Cabildo. Dicho cura era de provisión real, en terna de oposición formada por el Prelado, y al igual que la de Santiago, correspondía al patronato real. En la actualidad la sirven un cura y un vicario y cuenta con una feligresía de 5.500 almas.
Lo mismo que la Arciprestal, su patrimonio artístico reunía considerables valores: el retablo mayor, era de la primera mitad del siglo XVII, con interesantísimas pinturas y esculturas, y hacía gala de una tabla de las Misas de San Gregorio y Juicio Final, del año 1450 y empotrada en otra que completaba los cuatro Novísimos.
Ocurrió a este templo lo mismo que al de Santiago, en 1936, con la agravante de que toda su techumbre se derrumbó, tal vez por no ser tan consistente como la de aquél.

Iglesia de la Trinidad
A la feligresía de Santa María corresponde este templo.
Villena en centurias pasadas tuvo dos conventos: el primero correspondió a los Franciscanos Menores Descalzos; las leyes persecutorias de 1836 lo enajenaron y expulsados los frailes, pasó por 50.000 reales, a ser propiedad particular. El segundo convento responde al de las Monjas Trinitarias Calzadas, servido hoy por un capellán que nombra el Obispo de la Diócesis.

Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados
Constituye un establecimiento benéfico cuyo templo y cuidados espirituales están a cargo de un capellán nombrado por el Prelado.

Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes
La Patrona de Villena es la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de las Virtudes, porque, según la tradición, durante el año 1474, encontrándose la mayor parte de la población en las laderas del Cabezo de la Virgen, quiso elegir a su Santo Patrón, y como no llegasen a un acuerdo, introdujeron diversas advocaciones piadosas en un cántaro; resultando,  con asombro de todos, la advocación de Nuestra Señora de las Virtudes, que a nadie se le ocurrió. Entonces unos insospechados imagineros colocaron la imagen de la Virgen en manos de ellos y prodigiosamente desaparecieron.
Hasta el siglo XlX, junto a este Santuario, hubo un convento de Agustinos Calzados. La expulsión de los mismos en dicho siglo, produjo la ruina del edificio; pero su templo se mantuvo en pie y con esmero cuidado, porque en él se veneraba, como actualmente se venera, como Patrona, la imagen de Nuestra Señora de las Virtudes, a cargo de un capellán con suficiente congrua conseguida de rentas y limosnas.
Hoy los villenenses celebran en honor de esta su Patrona, vistosas fiestas de Moros y Cristianos.
Son sus principales actos la Entrada, los desfiles, la Procesión y las embajadas, seguidas de reñidas batallas. Los festeros, debidamente uniformados, integran dos ejércitos: el moro y el cristiano.
La procesión de traída de la Virgen Patrona, desde su santuario a la iglesia principal, es uno de los actos más atractivos y emotivos de las fiestas. Las embajadas, primero la del moro y luego la del cristiano, son también muy atractivas. La provocada por los de la media luna, tras encarnizada lucha con tiros de arcabuces, vence a los cristianos y los arroja del castillo, que queda en poder de la morisma, para perderlo luego en la segunda embajada y lucha del cristiano.
Dichas embajadas son escenas teatrales que con alusiones históricas particulares de Villena, emocionan el sentimiento popular de los villenenses, que las escuchan con atención y singular emoción. Están  escritas en verso castellano y son dichas admirablemente desde su caballo por el embajador y contestadas desde el castillo por su capitán.
Las escenas de guerra resultan, para los naturales, de popular alegría. En realidad no tienen táctica ni estrategia alguna, sino avances y retiradas en rapidísimo disparar al aire.
En estas fiestas, Villena gasta crecidas cantidades de dinero, son muy caras; y si todos los años se celebran es por el arraigo popular que tienen.

Templo de San Juan Bautista en La Encina
La Encina, que debe su nombre a una venta del término de Villena, es un anejo de la misma, con 1.200 feligreses, casi todos ferroviarios al servicio de la estación de empalme del tren de Valencia con el de Alicante a Madrid. Estación y caserío se encuentran en el rincón de la provincia de Alicante, junto a las de Albacete y Valencia. A dicho templo, con San Juan Bautista por titular, le atiende un vicario con cura de almas”.

Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción en Sax
Aparece a 11 kilómetros de Villena, en las faldas de descarpada roca y junto a la ribera derecha del rio Vinalopó, limitando su feligresía: al N., con las de Villena y Biar; al E., con las de Salinas y Villena. Fértiles campiñas, con abundancia de viñedos, constituyen su principal riqueza, descollando en sus huertas el cultivo de ajos. Felipe V la declaró villa, separándola de Villena. Sus copiosos pozos artesianos abastecen de agua potable a la capital de la provincia.
El templo parroquial es hermoso y aunque del Renacimiento, conserva todavía nervadura gótica. De mitad del siglo XVI es su graciosa portalada lateral. Antes de la revolución marxista de 1936 se encontraba magníficamente decorado, hasta con pinturas firmadas por Claudio Coello y bellas esculturas. Aquella vorágine impetuosa y arrolladora lo destruyó todo con el incendio y la piqueta demoledora. Hace más de un siglo ya era parroquia de Término, servida por un cura de provisión ordinaria y cinco sacerdotes seculares. Además pertenecían a su feligresía dos ermitas dedicadas a San Blas y a San Sebastián. La primera, más antigua que la parroquia, hacía sus veces, hasta que está se fundó.
Son patronos de la población San Blas y la Asunción, y los del Ayuntamiento, Santa Eulalia y Nuestra Señora de los Frutos. En honor de los primeros, celébranse fiestas los días 1 al 4 de febrero y 15 de agosto, y de los segundos, el 12 de febrero y el 8 de septiembre.
Según una inscripción existente en la chimenea de la casa número 13 de la plaza del Hoyo, durante la guerra de la Independencia, las tropas francesas, al mando de un general, fueron dueñas de Sax por espacio de 28 días; dice así la inscripción:

“Día 16 de octubre de este año 1812 se hizo esta chimenea por orden del general francés Barón de Oxt y el 18 se marcharon sus tropas, habiendo permanecido 28 días consecutivos en la villa los que ya no volvieron”.

Anteriormente, este general fue atacado por O’Donnell en Castalla, y ejecutando hábil retirada, causó notables pérdidas a los ejércitos españoles.
En un cuadro que existió hasta hace poco en las Casas Consistoriales de la mencionada Castalla se representaba la tradición de la aparición en término de Sax de Santa Eulalia al valeroso capitán Berenguer en momentos de lucha comprometida con los moros. En dicho cuadro el capitán cristiano aparece arrodillado invocando a la Santa de su devoción, y ésta, entregándole la espada milagrosa con la que en desigual combate el capitán vence a los enemigos de la Cruz. A esta tradición debe su denominación la actual “Colonia de Santa Eulalia”.


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