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Algunos apuntes tomados del libro "Geografía histórica del territorio de la actual provincia de Murcia desde la Reconquista por D. Jaime de Aragón hasta la época presente", por Abelardo Merino Alvárez, relacionados con Villena


Geografía histórica del territorio de la actual provincia de Murcia desde la Reconquista por D. Jaime de Aragón hasta la época presente, por Abelardo Merino Alvárez. Obra premiada por la Real Sociedad Geográfica en el concurso de 1914 con el premio instituido por el Sr. Marqués de Aledo. Madrid, 1915.

Apuntes tomados de dicho libro y que están relacionados con Villena

 Geografía histórica de la provincia de Murcia desde los días de Alfonso X hasta el final del siglo XV.

La conquista de Murcia por los cristianos introdujo en el antiguo reino hudita un cambio radical muy palpable en cuanto al aspecto geográfico-histórico se refiere.
El fondo árabe subsistió, sin duda alguna, informando las costumbres, especialmente en los campos; pero la religión mahometana fue perdiendo prosélitos, hasta verles desaparecer en absoluto durante el siguiente periodo.
Los castellanos, como los aragoneses, no se cuidaron de aprender el árabe. Así es que desfiguraron completamente las palabras usadas para designar los accidentes geográficos, o se limitaron a dar a estos nombres nuevos, con lo que quedó renovado el mapa del S.E. de la península.
Después de los repartimientos, el nombre de los propietarios pasó a serlo de sus predios, y el de los señores el de los lugares  o castillos sobre que mandaban, y aun dentro de las ciudades sirvieron tales nombres para designar barrios, vías, fuentes, etc. Resulta interesante ojear el Libro de la Montería, de Alfonso XI, y ver las descripciones que figuran en sus páginas.
Precisamente por eso, para marcar la transición entre la época musulmana, de infinita variedad y la de los Reyes austriacos, tan unificadores, es interesante en todos conceptos el estudio geográfico-histórico de Murcia durante el segundo periodo de la Edad Media.

Estudio geográfico-histórico de las fronteras del Reino de Murcia y determinación de las fronteras de Aragón.      
           
La reconquista completa del suelo peninsular por los hispano-cristianos fue cosa prevista con extraordinaria anticipación, y por eso los estados guerreros del Norte, especialmente Aragón y Castilla, tratan desde muy pronto de la forma en que habían de verificar el reparto de lo que ya daban como presa segura.
El Cid sostuvo el pendón de Castilla en diversas poblaciones, entre ellas Villena, por lo cual recibiría un tributo desde Valencia, por parte de D. Alfonso el Batallador.
           
Restauración de la iglesia cartaginense, dándole por sede Cartago-Nova y por rentas las contribuciones de Lorca, Orihuela, Elche y de Murcia. Don Alfonso X determina los límites de la diócesis y Sax y Villena fueron dadas a los Calatravos.

         
Entre Alfonso VIII de Castilla y Alfonso II de Aragón, impusieron una conferencia para fijar los límites de los posibles avances, esta se celebró en Cazola en 20 de marzo de 1179, decidiéndose en ella que todo el Reino de Valencia fuese del señorío del Rey de Aragón y la ciudad de Játiva y Biar, con sus términos, desde el puerto que está allende Biar a esta parte y la ciudad y Reino de Denia, dejando al Rey de Castilla la otra tierra y señorío que está de la otra parte del puerto de Biar, y que así se guardase por ellos y sus sucesores.

El tratado de Cazola fue siempre la base de posteriores repartimientos. A él se atuvieron Fernando III, Alfonso X y D. Jaime I.
El puerto de Biar, el antiguo de Apiarium, y las sierras próximas, prolongándose por las de Onil y la del Carrascal, dejaban para Castilla, Villena más Sax, Elda, Novelda, Catral o Callosa de Segura, Elche, Orihuela y Alicante, mientras el pequeño Estado de Denia incluía, casi íntegramente los actuales partidos de Callosa, Pego, Cocentaina, Villajoyosa y Jijona.
En 1238 el Vizconde de Cardona Ramón Folch y el Vizconde D. Artal de Aragón sitiaron Villena y rechazados, marcharon a Sax.
En 1240 D. Hernando, tío de D. Jaime, volvió a Villena y su alcalde se rindió al Comendador de Alcañiz, D. Lope Marín, para el Rey de Castilla.
Sin embargo, los Calatravos entregaron Villena y Sax al Rey de Aragón, quién se apoderó igualmente de Caudete y de la Bogarra cercana a Caudete, contra todo derecho.
Las diferencias surgidas exigían un pronto arreglo amistoso sino se había de llegar a la guerra declarada. Así lo notaron D. Alfonso y D. Jaime, concertando verse el año 1248 entre Alzmirra y Villena, donde el Rey estaba alojado., y los Cabdetes hoy Caudete, en que el Infante tenía sus tiendas.
Este tratado de Almizra, que es solamente el de Cazola aplicado sobre el terreno, fue la delimitación definitiva de las fronteras.
Los linderos continuaban comprendiendo a Villena, por Venta la Encina, Zafra y Cañada, tocando a Valencia, Campo de Mirra y Biar.
Yecla y Jumilla quedaron para Fernando III, así como Villena, Sax, Elda, Alicante y sus dependencias.
Así continuaron estos límites durante el reinado de Alfonso X, antes y después de la rebelión de los mudéjares y así los aceptó D. Jaime una vez la sublevación fue vencida.
Entre el Reino granadino y Valencia quedaba Murcia, unida a la Corona de los reyes castellanos.

  La frontera con los moros de Granada

      En 1266 determinó el hijo de Fernando III los confines del obispado.

      Figura la siguiente información sobre los calatravos:

Los calatravos aparecen también en los momentos de la reconquista del territorio, pero su papel no es tan brillante como los caballeros de otras órdenes.
En un principio y auxiliados por los aragoneses tomaron Villena, quedándose con ella y con Sax en representación de Castilla. Pero después hicieron tratos con D. Jaime I y le entregaron, no muy lealmente, ambas urbes.
Esto figura en Cáscales: Discurso I, capítulo XIII y a Zurita: libro III, capítulos XXXVII y XLIV.

Los Señoríos en Murcia

      El Señorío o Marquesado de Villena pasó de mano en mano desde los tiempos de Fernando III hasta los de Carlos V, y aún se unió a los dominios reales sin perder por ello su carácter típico de región autónoma.

 El Obispo cartaginense y su territorio 

La primera delimitación abarcaba el reino completo de los huditas, o como dice en el documento en que se ordenó: “Alicante con su término, así como parte con término de la tierra del Rey de Aragón, petrel Sax y Villena en la tierra de Don Manuel, nuestro hermano como parte de la tierra del Rey de Aragón y valle de Ayora hasta Cofrentes.
La frontera, que partía de la costa, algo al sur de Villajoyosa, seguía por el monte Cabezó, sobre Busot y Aguas; por el Maigmó, cerca de Tibi; por el puerto de Biar, entre este pueblo y Villena; por la Venta de la Encina, por el Este de Almansa y de Ayora; por cerca de Cofrentes…
En 1250 el papa Inocencio le concedió a Cartagena el privilegio de exención de Metropolitano la Santa Iglesia de Cartagena, sin reconocer a otro superior que al Papa. Dicho estado de exención acabó en los días mismos de D. Fernando y Dª Isabel. Un obispo de Cartagena, luego de elevado al solio pontificio (Rodrigo Borja, Alejandro VI), creó el arzobispado de Valencia y para más ennoblecerse dilató sus términos, dándolo por de pronto como territorio en 1492 lo de Mallorca, Segorbe, Orihuela y Murcia.
De esa forma, al final de la Edad Media vemos a la insigne silla cartaginense dependiente de otra, cuando en su exención y durante 250 años había sabido conservar la tradición gloriosa de su antiguo puesto.

 Los moros y judíos desde la reconquista hasta el reinado de los Reyes Católicos.

            Resumimos algunos aspectos que hemos considerado interesantes, no sin antes recordar que tras la revuelta de Pelayo en Asturias, los odios sobre los moros impidieron apreciar los beneficios presentes y pasados de aquella gente laboriosa. Ellos hicieron Murcia, llena de encantos y poesía. La obra de los moros estaba patente en muchos aspectos, entre ellos:

                                   Siguieron abriendo acequias e instalando añoras.
                                   La arriería era cosa de moros.
                                   El turbante se convirtió en pañuelo y montera.
                                   La chilaba en capote.
                                   El calzón berberisco en los zaragüelles.
                                   La babucha en alpargate.
Los naranjales y los almíbares
Los alfajores lorquinos y mil otras confituras.
La barraca construida con adobe y hecha por 8 cañizos y albardín.
                                   Mora era la alquería.
La música de las malagueñas murcianas, de las parrandas y de las torras, al son de una  bandurria o guitarra, donde vibraba el corazón y el alma del pueblo.

La expulsión de los judíos se decretó el 31-3-1492 por los Reyes Católicos.
Los judíos eran expertos en tejer tocas y labrar sedas.

El Reino de Murcia en su totalidad 

Refiriéndose a la extensión del Reino de Murcia indica que se tardó más de la cuente en fijar los límites que debían corresponderle, dado que se produjo una fragmentación  medieval en señoríos y dominios especiales, desapareciendo por tanto el concepto de unidad política.
A todo este influyó la creación del Marquesado de Villena, que con lo de Requena, lo de Utiel y lo de la serranía, que nunca fue de Murcia, incorporó finalmente lo de Chinchilla, Albacete, Hellín, Almansa, Villena, Sax, Yecla y Jumilla con sus términos y alfoces.
El Reino de Murcia se encontró reducido a los actuales partidos de la Unión, Murcia, Cartagena, Mula, algo del de Totana y el de Lorca.
Esta era la Murcia real y efectiva de los siglos XIV y XV. De la Murcia histórica y tradicional, extendida hasta Elche y Alicante, hasta el Júcar, hasta los llanos de Ciudad Real, hasta el Yelmo del Segura y hasta la Sangra de Huáscar, quedaba el recuerdo vivo de los límites del Obispado.
El poder central, careciendo de un organismo regional intermedio puesto a sus órdenes, desconocía lo que abarcaba Murcia.
Es importante destacar que, cuando la conquista del Marquesado de Villena, hicieron D. Fernando y Dª Isabel un corregimiento en que Chinchilla, Requena, Villena y Utiel entraban con lo de San Clemente y las 16 villas de su partido que nunca la fueron de Murcia.
Los monarcas encontraron ayuda en algunas ciudades, como fueron: Murcia, Mula, Cartagena, Villena y Jumilla, que solicitaron ni ser enajenadas, ni separadas de la Corona.

Potencia económica desde la Reconquista hasta los días de los Reyes Católicos

Destacamos de Mergelina: Descripción de Villena, incluida en el MS. De Hermosino de la Real Academia de la Historia lo siguiente:

Mergelina refiere que en Villena y su término también se cría seda, aunque no en mucha cantidad, pero se conservan todavía moreras de las primitivas, que según hay noticia, se pusieron por los años 1350 poco más o menos; rectificándole Hermosino que el año que pone de antigüedad que pone a las moreras está en guarismo y que el copiador erró el segundo número que debió decir 1452, que fue el que ciertamente entró en España y en el Reyno de Murcia las moreras y la cría de la seda.
 Esto último figura en el libro de Hermosino Parrilla: Fragmentos históricos eclesiásticos y seculares del Obispado de Cartagena. Ms. De la Real Academia de la Historia, Colección de Vargas Ponce, tomo IX, al referirse a Villena.

            Respecto a los caminos existentes en el Reyno de Murcia, destacamos lo siguiente:
           
De Murcia salía otro camino de cuatro leguas de largo para Orihuela, desde donde se iba por Albatera, distante dos leguas a Elche, para continuar a Monforte, a Elda (dos leguas), a Villena, a la Fuente de la Higuera, a Mogente, a Vallada y a Valencia del Cid.
Desde Villena enlazaba con el camino de Toledo mediante otro, tendido por Yecla, Montealegre, Pétrola y Chinchilla.
Todo este se complementaba con el camino que desde Mogente, en el de Murcia a Valencia, venía por Almansa, el Bonete y el Villar, a Chinchilla.

Respecto al número de vecinos que en pleno siglo XV habían en Murcia: 

Murcia, 3000 vecinos; Chinchilla, 1.500; Cartagena 600; todo ello según el Padrón de los Reyes Católicos 1490, Elche, 999; Alcaraz, 1.400; Villena, 700, Albacete con la Gineta unos 500; Almansa, 400; Yecla, 350.

 Geografía histórica en la provincia de Murcia en la época de la Casa de Austria 
           
            Poco a nada variaron las fronteras del Reino de Murcia mientras se asentaron en el solio español los monarcas austriacos.
            La unión de Castilla con la corona aragonesa, hecha realidad a raíz del casamiento de D. Fernando con Dª Isabel fijó mejor los límites entre Alicante y Murcia o entre Valencia y Villena, y esos límites prosiguieron intangibles hasta que, para premiar a sus más decididos parciales, los cambió un poco el primero de los Borbones.
El enlace de Fernando e Isabel fue muy beneficioso para todas las comarcas de la península. Se efectuó la unificación ansiada: Aragón, Castilla, Granada y Navarro se fundieron en la nacionalidad española y acabaron las luchas inacabables.
La injusta sentencia de Torrellas fragmentó violentamente el Tudmir¸ pero ni fue cumplida ni podía serlo en todas sus cláusulas: Cartagena no dejó de ser Castilla; Villena jamás entró en la jurisdicción de los monarcas aragoneses.
Aparece en el libro una interesante descripción, que comienza indicando que los confines de Murcia no se alteraron en lo más mínimo desde los días de Isabel la Católica hasta los postreros días de Carlos II. Empezando sobre el mar entre la punta del Pinatar y la Torre de la Horadada y de aquí partían al Noroeste, atravesando el campo de Cartagena y cita también la divisoria del Monasterio de las Virtudes.
Además, dentro del Marquesado, entre Villena y Almansa había el enclave de Caudete, que siguió siendo de “La Coronilla”, así consigna textualmente el Atlas de Abraham Ortelio: Teatro del orbe. Mapa de Valencia.
Resulta importante ver el libro: Las cosas ilustres y excelentes de España.- de Lucio Marineo Sículo; Alcalá de Henares 1539.- “De las ciudades y villas de la prouincia Cartaginense”, folios XVIII y siguientes. También se hace una referencia a los Pacheco, Duques de Escalona, indicando que tuvieron todo el Marquesado de Villena hasta los días de los Reyes Católicos. En 8 de marzo de 1480 se concluyó un pacto entre aquellos señores y estos Monarcas, por lo que el Marquesado pasó a ser de la Corona, si bien quedó a los Pachecos la posesión de Belmonte, de Garci-Muñoz con su puerto, de Alarcón, de Alcalá de Rio Júcar con sus aldeas, del estado de Horquera, de Ontur y de Jumilla.

Los Corregimientos del Marquesado de Villena en la actual provincia de Murcia

Arrancado el Marquesado de Villena de mano de los revoltosos Pachecos en los días de los Reyes Católicos, se reintegró a la Corona, tras una campaña rápida y decisiva, y se firmó el nuevo estado de cosas mediante la concordia concluida el 8-3-1480 entre los antes dueños del territorio y los Monarcas, dejando aún estos a aquellos el señorío de Belmonte, Garcí-Muñoz y su puerto, Alarcón, Alcalá del Rio Júcar con Alboreas, Eras y Zumela, lo de Jorquera, Ontur y Jumilla, todo en la forma de dominio que consentía ya la Edad Moderna y que se limitaba a un título de honor, a la cobranza de ciertas rentas y derechos y al nombramiento de unos cuantos oficios públicos.
El Marquesado fue inmediatamente convertido en un vastísimo Corregimiento, en lo civil y judicial, y para los casos de guerra en Capitanía General, encomendada de primera intención a Andrés Matheo de Guardiola y Aragón, caudillo de la frontera de Villena y alcalde del castillo de Jumilla.
El Marquesado, con sus enormes territorios de la meseta interna peninsular, vivió separado de Murcia durante casi todo el siglo XVI, pese a que en la Relación topográfica de Chinchilla hecha en 1576 se dice que es del Reino de Murcia.
Dada la extensión de este Corregimiento se dividió en dos: el de Chinchilla y el de San Clemente. Esta división se realizó en 1586, reinando Felipe II.
Aún era demasiado grande el Corregimiento de Chinchilla y en siglo XVII se desagregaron Utiel y Requena y en 1663 Hellín. Desde aquel año el Corregimiento de Chinchilla comprendió únicamente la capital con Albacete, Tobarra, La Roda, la Fuen-Santa, la Gineta, Villena, Almansa, Sax, Yecla, Alpera, etc. y con las correspondientes aldeas de estos términos. Caudete, que seguía siendo de la Coronilla, formaba con los restos de Bugarra un enclave próximo a la frontera.
Dentro  de la actual provincia de Murcia sólo quedaba en este Corregimiento Yecla, que sita a 4 leguas de Villena y a 13 de Murcia, sumaba 687 vecinos a fines del siglo XVI. En 1512 se construyó allí, sobre una pequeña eminencia, en lo alto del mercado, la iglesia vieja de la Asunción, que en los documentos de aquel tiempo figura con el nombre de Santa María la Mayor, terminándose en pleno siglo XVII el cornisón, el antepecho y el piramidal chapitel de la torre.

 Los moriscos y sus lugares—la expulsión

Tras conquistar el Reino de Granada variaron las consideraciones que se tenían con los moriscos, no sólo en las regiones andaluzas, sino en el resto de España.
La epopeya, comenzada en Covadonga, había sido positiva para la cruz, y a medida que se acercaba el momento del triunfo decisivo aumentaban los fanatismos y las intolerancias, consecuencia lógicas de una guerra siete veces secular plena de venganzas y de odios.
Desde el inicio del siglo XV se nota una recrudescencia en los sentimientos y fervores cristianos, las matanzas de hebreos, las predicaciones de San Vicente Ferrer, engendraron el decreto de expulsión  de los judíos el 31-3-1492 dictado por D. Fernando V y Dª Isabel I. El ideal de unidad religiosa, c complemento de la unidad política excitó a estos monarcas.
Tras años de opresiones, ataques desde Túnez y Argel, guerras de las Alpujarras y una larga sucesión de guerrillas, se acordó la expulsión total, saliendo los de Aragón, Andalucía, Castilla y Murcia (los no mudéjares) en 1610.
Se indica que en Villena y en Jumilla se les persiguió con saña.

 El Obispado 

   Durante los siglos XVI y XVII se produjeron importantes cambios en los límites del Obispado de Cartagena. Se verificó la segregación de lo de Orihuela para hacer otra nueva diócesis.
En 1587 se produjeron cambios en las diócesis de Almería y Guadix, incorporándose a ellos localidades que dependían de Cartagena.
La cuestión de Orihuela tuvo una solución más difícil, puesto que Orihuela, como casi toda la provincia de Alicante, entraba en la época de taifas en el principado de los Beni-Hud. La injusta sentencia de Torrellas fraccionó el antiguo Tudmir entre dos reinos distintos, pero le dejó perteneciendo a la misma mitra.
La dualidad de estados en lo político trajo complicaciones.
El papa Julio II firmó la Bula el 3-5-1510 donde, a instancias de Felipe V erigía en catedral la iglesia oriolense, resolviendo que en ella y en Cartagena hubiese un mismo prelado.
Esta situación provocó muertes y derramamientos de sangre y fue precisa la Bula de Pio IV redactada en Roma en 1564, a petición de Felipe II, creando la nueva sede de Orihuela, siendo su primer obispo Gregorio Gallo. Entre los pueblos dependientes del nuevo obispado destacaremos dos: Caudete y Ayora.
Cabe preguntarse el porqué surgen todos estos líos y el motivo está claro: las haciendas y las recolectas.
Cuando se nombró como Papa a Rodrigo Borja con el nombre de Alejandro VI, creó el Arzobispado de Valencia, dando como términos propios de él en 1492 lo de Cartagena, lo de Mallorca y lo de Segorbe.
Con motivo de la Bula del papa Pio IV de 1564 citado atrás, se acordó que la nueva mitra de Orihuela se agregara como sufragánea a Valencia, mientras que Cartagena había de incorporarse a la de Toledo.
Después de dicha Bula, el primado de las Españas aumentó su territorio, a Toledo, estaban afectos, además de Murcia, Córdoba, Cuenca, Jane, Osma, Segovia, Sigüenza, Valladolid.
Al Arzobispado de Valencia quedaron con Valencia, las diócesis de Mallorca, de Orihuela y de Segorbe.
Detallamos los conventos que se crearon en el Obispado de Cartagena en los siglos XVI y XVII en Villena:

  Convento de Religiosas de la Santísima Trinidad en 1525.
  Franciscos Descalzos, fundóse en 1563 en Extramuros y cambió de sitio en 1607.
  Oratorio de San Felipe Neri en 1651.
  Convento de Nuestra Señora de las Virtudes, de agustinos, erigido en 1526 por la misma ciudad.

Política económica del Reino de Murcia durante los días de la Casa de Austria 

Se citan las Salinas de Villena (Mergelina), quién cita también a Villena como fabricante de turrones.
Se citan como ferias notables las de Lorca, Mula, Chinchilla, Villena y Albacete.
En Villena, Sax y Lorca se cobraba castillería, así como en otras grandes fortalezas, gravando principalmente tal derecho sobre el ganado trashumante.
Los caminos que servían este movimiento eran poco más o menos los de la Edad Media.
Es significativo destacar que a Cartagena se le concedió carácter de base naval para la intervención de Castilla en los asuntos de Turquía, Francia, Italia, África y todo el Mediterráneo.

Los principales sistemas de circulación eran:

  Camino de la Seda, de Cartagena a Toledo. Medía 59 leguas. Empezaba en Toledo y seguía hasta Murcia y de allí a Cartagena.

  El Camino de Murcia a Alicante y Valencia, seguía por Orihuela, Alicante y a Catarroja, lindando el mar.

  El camino de Murcia a Granada iba por Alcantarilla hasta Venta Quemada, Aguas blancas y Beas. Medía 45 leguas.

  El camino de Granada a Valencia hacía cruz con el Cartagena a Toledo, pasaba por Jumilla, Yecla, Caudete, Fuente la Higuera, Mogente, Játiva, Catarroja, Valencia. Medía 75 leguas.

  El camino de Barcelona y Valencia a Sevilla cruzaba igualmente por el de la seda, pero en Chinchilla. Tenía desde la capital de principado catalán a la del Guadalquivir 154 leguas y marcha desde Valencia, por Catarroja, Silla, Algemesí, Játiva, Almansa, Bonete, Villar, Chinchilla, Balazote, Villanueva de Alcaraz, Linares, Andújar, Puente de Alcolea y Córdoba.

  En Chinchilla había otra vía a Alicante que continuaba por Pétrola, la Higuera, Montealegre, Venta de Juan Gil, Yecla, Villena, Elda, Monforte y Alicante.   

  De Murcia salía otro camino a enlazar con el de Valencia a Chinchilla: trazábase por Orihuela, Albatera, Elche, Monforte, Elda y Villena.

  Y luego quedaban otros caminos secundarios y destacamos: de Yecla a Villena.

  Chinchilla y Murcia resultaban los grandes nudos de comunicación: también lo eran, aunque en modo más secundario, Totana, Elche y Alcaraz de la Sierra.

El estado de todas las calzadas, que en general, como derivadas de las de Roma, concuerdan con las aún existentes, era lastimoso. Los Reyes Católicos habían mandado a las justicias y Concejos que hiciesen:

abrir y adobar los carriles por do pasan y suelen pasar y andar las carretas y carros, por manera que sean del ancho que deban, para que buenamente puedan pasar e ir y venir por los caminos y que no consientan que los dichos caminos sean cerrados, ni arados, no dañados, ni ensangostados, so pena de diez mil maravedís a cada uno que lo contrario hiciese”.

         
   Datos de número de habitantes en la época que gobernaron los Monarcas de la Casa de Austria:

Año
Murcia
Cartagena
Chinchilla
Villena

1530
2.595
505
648
629

1587
3.623
1.431
700
780
1591
3.370
1.034
641
828
1646
3.960
800
489
486
1694
5.154
2.447
586
646


-     El nº de vecinos que se indica es de pecheros.
-     En todo el Reino de Murcia se calculaban en 1541: 17.976 familias de pecheros y 1.284 de hidalgos.
-     En 1594 había en la diócesis cartaginense unos 4.396 moriscos.
-     Las notas comparativas de los años 1530,1646 y 1694 están tomadas de libros formados para el encabezamiento de alcabalas y repartimiento de servicio militar. El censo de 1587 es del obispado. El de 1591 lo hicieron los pueblos y ellos estaban interesados en que no hubiese agravio en la distribución. Los de 1646 y 1694 son de notas del repartimiento del servicio militar.
-    En el siglo XVI la ciudad mayor de la Corona era Sevilla y luego seguían Granada, Toledo, Valladolid, Madrid, Jerez, Córdoba, Jaén, Segovia, Baeza, Écija, Úbeda, Salamanca, Murcia, Málaga, Ocaña, Cuenca, Palencia Ávila, Badajoz, Medina del Campo, Utrera, Burgos, Aracena, Alcalá de Henares, Orihuela, Osuna, Alcalá la Real, Toro y Lorca.
-      Al iniciarse el siglo XVIII sólo pasaban de los 2.000 vecinos Murcia, Lorca y Cartagena.

Dos aspectos sociales a resaltar:

            A la sombra del movimiento erudito general, se formaron buenas librerías en los conventos y concurridos estudios de gramática, multiplicándose los aficionados a la poesía.
             La masa popular seguí inculta, con su rusticidad y sus desplantes llenos de franqueza, en los que se escapaban incluso palabras deshonestas.



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