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1972 "PARA UN CATÁLOGO DE PINTORES VILLENENSES", por Adrián Espí Valdés


A José María Soler, un estudioso de Villena, y querido amigo.
por Adrián ESPI VALDES, académico de la Real de Bellas Artes de S. Carlos de Valencia. Profesor de Historia  del Arte del CEU de Alicante.

Artículo muy interesante sobre los "pintores villenenses" que fue publicado en la revista anual Villena de 1972. Cuenta con un final muy interesante, en el que apunta la necesidad de crear un Diccionario bibliográfico de pintores villenenses."

Dice así:

Al intentar una aproximación —llamémosle catalogación— del arte plástico alicantino, forzosamente tenemos que desembocar ante la presencia —poderosísima tantas veces— de los pueblos que integran la actual provincia, autores las más de la veces de obras y realizaciones de excepcional importancia e interés: Elche, Orihuela, Aspe, Novelda, Denia, Alcoy, Villena...

El inventario artístico provincial —empresa que está actualmente reclamando todos nuestros esfuerzos, mancomunados a ser posible— nos tiene que acercar a la contemplación de monumentos tan singulares como el Alcázar de Cocentaina, la Alcudia de Elche, Santo Domingo de Orihuela, la seudomodernista Magdalena de Novelda, los castillos de Biar, Sax, Cox, Castalla o Jijona —por citar únicamente unos ejemplos—, la extraordinaria fábrica pétrea villenense del más puro goticismo, felizmente estudiada por M.ª Belén Portillo (1)... Y, ahí están, en la propia ciudad de Villena, su famoso castillo de los Pacheco o la portada renacentista de su palacio municipal, dos obras arquitectónicas de primera magnitud.

Si en el campo de la escultura centrarnos la atención, es fácil adivinar que entre todos los maestros es necesario destacar la figura del polopense neoclasicista José Ginés (2), la labor alicantinista de Juan Bautista Borja, el inventario de realizaciones de Moltó y Such, Lorenzo Ridaura, Vicente Bañuls (3), y otros muchos cultivadores del arte de Fidias.

La pintura aporta al acervo cultural provincial, regional e incluso de alcance nacional, firmas de primerísima línea, y junto a un José Aparicio, un Lorenzo Casanova, un Antonio Gisbert, junto a un Heliodoro Guillén, un Francisco Jover, un Vicente Albarranch o un Mariano Antón, hoy están Juana Francés, Arcadio Blasco, Ramón Castañer, Eusebio Sempere, Manolo Baeza, «Vigreyos» o Saura, herederos en cierta forma todos ellos de un padre Borrás o un Jerónimo Jacinto de Espinosa.

Y nos choca, esta es la verdad, al manejar datos en torno a la pintura alicantina, el no encontrar en una serie de obras que —con errores y ausencias— hoy podemos tener como precisas y hasta «clásicas», tales como el Orellana (4), el Ossorio (5) o el valenciano Barón de Alcalí (6) al que se suma más recientemente el Dr. Aldana Fernández (7), ninguna nota biográfica y bibliográfica referida a pintor alguno de Villena. ¿Podemos ante este sensible silencio pensar que en Villena no ha surgido el artista del pincel y la paleta durante los siglos XVII, XVIII, XIX e incluso en nuestra centuria actual (8); pintor de cierto nombre al menos en un ámbito local y regional? ¿Es que en esas importantes manifestaciones plásticas que fueron las exposiciones nacionales de bellas artes iniciadas en 1856 gracias al interés personal de Isabel II, como en esas otras exhibiciones montadas por los organismos locales o por la Sociedad Económica de Amigos del País, ningún villenense tuvo su arte y su parte? Son estas preguntas que reclaman la respuesta exacta e imparcial, examinando las motivaciones y las posibles razones.

Si bien desconocemos, de momento, esos nombres, creemos que Villena ha tenido sus pintores. Un testimonio válido nos lo dan —aunque muy lacónicamente— Ceán Bermúdez (9) y Ponz (10), cuando nos hablan de fray Ginés Díaz, pintor natural de Villena, en torno a 1750. En el famoso «Viaje de España» del erudito valenciano se nos asegura que el tal fraile era cartujo en la casa que la orden tenía en Portaceli de Valencia, en cuya sala capitular existían varios cuadros suyos, todos ellos narrativos de algunos aspectos de la vida de San Bruno.

En esta misma publicación (11) han aparecido con cierta periodicidad algunos fotograbados reproduciendo pinturas de José Cortés, Ladislao Jareño —primera medalla en la exposición de la Diputación de Alicante en el año 1944—, Javier Serrano, Antonio Cernuda; Mención aparte merece el nombre y la obra de Luis García Ferriz (12) en alguna ocasión considerado el «patriarca de los pintores villenenses», y del que ya en otro comentario nos ocupamos, aunque de una manera muy epidérmica (13).

Cabría en esta aproximación al quehacer plástico y pictórico de Villena, que en un sentido retrospectivo fijáramos la atención en cuatro artistas que de alguna manera tienen que ser considerados representantes de esa pléyade de pintores villenenses que nos interesa detectar prontamente. En primer lugar, y por derecho propio, Luis García Ferriz, nacido en 1888, estudiante de bellas artes en San Carlos de Valencia, en cuyo centro obtiene el profesorado en dibujo siendo discípulo del pintor enguerino Isidoro Garnelo Fillol, pasando más tarde a la escuela superior de San Fernando, y asistiendo como alumno particular a las clases que imparte José Garnelo Alda, también pintor nacido en Enguera.

Luis García Ferriz gana segunda medalla en la Exposición Internacional de Zaragoza de 1908, otorgado por un bello «Desnudo». Al celebrarse un año después la exhibición regional valenciana García Ferriz, villenense y valenciano, acude a ella con auténtica ilusión; el jurado le otorga otra segunda recompensa por un «Retrato de Niña». Nueva medalla de segunda clase en 1910 con ocasión de la magna exposición nacional de la ciudad del Turia. Y mientras esto ocurre, el artista va compaginando la pintura con la labor fotográfica a la que se entrega como auténtico profesional y muy honrada llamada vocacional.

García Ferriz es de los hombres que está reclamando el estudio biográfico y crítico de su vida y su obra. La dimensión humana del pintor y su concepción estética bien merecen la atención del estudioso, y, desde luego, que su nombre figure, aparezca reflejado en los anales de la pintura de Alicante y su provincia, al lado de otros artistas. Profesor de la academia local de bellas artes y expositor en 1950 en la exhibición provincial organizada por el ayuntamiento, fallece en 4 de abril de 1959 dejando en su tierra nativa y pueblos circundantes buena muestra de su honradez plástica: paisajes, retratos y composiciones diversas, de entre los que cabe reseñar: «Descanso en el campo», «El mendigo», «Dédalo-Icaro», y un precioso retrato del compositor Ruperto Chapí, propiedad del ayuntamiento villenense.

En octubre de 1928 y en el Salón de Otoño de Madrid, figuran cuatro firmas alicantinas: Albert, de Pinoso; Mercet, de Villajoyosa; E. Verdú, de Alicante; y Adolfo Pelayo, de Villena. Ha nacido Pelayo Pons en 20 de septiembre de 1893 hijo de un médico-escritor ilicitano. Joven, adolescente, se traslada a Madrid, en cuya capital estudia dibujo con Carlos Vergel y colorido y composición con el ilustre José María López Mezquita, quienes le preparan para su ingreso en la Escuela Superior de San Fernando, establecimiento en el que tiene que cursar toda la carrera hasta la obtención del título.

Adolfo Pelayo Pons, y a muy temprana edad, comienza a celebrar exposiciones individuales. Así en 1919 en el norte de España, concretamente Santander y Bilbao; un año más tarde en el Ateneo de Madrid con sesenta obras —óleos, dibujos y carboncillos—, siendo en tal ocasión avalado por Adolfo Bonilla San Martín y Francisco Rodríguez Marín. En el Liceo de América, de Madrid, expone en 1922 y en 1924, año en que acude al Salón de Otoño antes indicado, exhibiendo cuarenta óleos y algunos carbones en el matritense y nacional palacio de Biblioteca y Museos, siendo entonces acogido favorablemente por la crítica.

Otras exposiciones suyas son de 1928 y 1929, y después otras muestras itinerantes por provincias peninsulares hasta llegar a Alicante, en cuyo Casino aparece en una «colectiva» con otros destacados autores. Figurativo y tradicional, querernos resaltar algunos de sus títulos, tal vez los más representativos: «Bellezas mediterráneas», «Nocturno», «Dama española», «Verbena», «Dama en azul».

Del alumnado de García Ferriz sale también el dibujante y pintor José Cortés Camarasa, nacido en 1908. Caricaturista premiado con el primer galardón en la exposición provincial villenense de 1945, profesor de la academia «Joaquín María López», y de la academia de Formación Profesional de la propia ciudad, sus plumillas y dibujos son muestra exacta de su «garra» y auténtico oficio, que conoce a la perfección y cultiva con amoroso empeño. «Su cada vez más acusado dominio de la técnica así como su visión personalísima de los tipos antiguos y del ambiente que les rodea, hacen de sus cuadritos verdaderas joyas de pintura localista» (14).

Acabaremos esta breve glosa trayendo a colación el nombre de Vicente Catalá Martínez, artista contemporáneo —nace en 1912— que ha exhibido su obra en distintas exposiciones locales, algunas de ellas de carácter provincial —III y IV de la Diputación Provincial—, habiendo igualmente concurrido al premio Condado San Jorge. Vicente Catalá ha sabido respirar la atmósfera artística y conceptual de su época e incorporar a su «hacer» plástico tendencias y maneras, con sinceridad y honestidad, con realismo y expresión inteligible.
Villena tiene sus pintores. Nos dejamos bastantes en el tintero, aguardando una nueva ocasión. No hace mucho, prácticamente un año, leíamos una nota en el periódico «Información» de Alicante (15), y en ella se decía que dieciséis artistas con una amplia gama temática y técnica se asomaban a la sala exhibidora. La verdad es que no todos eran villenenses —M. González Santana, Pau Lau—, pero allí figuraron firmas que hoy son dignas no solamente de mención, sino ya de estudio y análisis: Virtudes Navarro, Vicente Rodes Amorós, Miguel Flor, etc.

La invitación de este modesto articulista al concluir tan lacónico trabajo no es otra que el exhortar al estudioso de Villena a la confección del catálogo, el inventario, la puesta al día de una nómina de artistas plásticos. En cierta manera el «Diccionario bibliográfico» de sus pintores. Creemos, con sinceridad auténtica, que vale la pena, y que nos encontraríamos con muchas y agradables sorpresas.






(1) PORTILLO, M.ª Belén. «Santiago, de Villena y el barroquismo gótico en el Reino de Valencia, Valencia, Colegio Oficial de Arquitectos de Valencia, 1967.
(2) IGUAL UBEDA, Antonio. «Escultores valencianos del siglo XVIII en Madrid». Valencia, Institución «Alfonso el Magnánimo», 1968.
(3) ESPI VALDES, Adrián. «Tres escultores: Molió, Ridaura y Bañuls». Alicante, «Información», 21 de mayo de 1970.
(4) ORELLANA, Marcos Antonio de. «Biografía pictórica valentina o vida de los pintores, arquitectos, escultores y grabadores valencianos». Edición preparada por el Dr. Xavier d.de SALAS. Valencia, Ayuntamiento de Valencia, 1967.
(5) OSSORIO Y BERNARD, M. «Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX». Madrid, Imprenta de Moreno y Rojas, 1883-1884.
(6) ALCAHALI, Barón de. «Diccionario biográfico de artistas valencianos. Valencia, Imp. Federico Domenech, 1897.
(7) ALDANA FERNANDEZ, Salvador. «Guía abreviada de artistas valencianos». Valencia, Ayuntamiento de Valencia, 1970.
(8) ARMENGOT FERNANDEZ, Feo. y CIA MARTINEZ, José. «XXV años de pintura alicantina (1933-1958)». Alicante, IDEA, 1958.
(9) CEAN BERMUDEZ, J. A. «Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes en España». Madrid, 1800. Vid. también CONDE DELA VIÑAZA, «Adiciones al Diccionario histórico...». Madrid, 1894.
(10) PONZ PIQUER, Antonio. «Viaje de España». Madrid, M. Aguilar, 1947.
(11) Revista «Villena», 1952 y 1953.
(12) Revista «Villena», 1961.
(13) ESPI VALDES, Adrián. «Algunos pintores de la ilustre ciudad de Villena». Alicante, «Información», 6 de septiembre de 1970.
(14) Revista «Villena», 1952.
(15) NOTICIA: «Villena: gran interés por la «Expo» de pintura local». Alicante, «Información», 6 de septiembre de 1970. “

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