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Noticias del Correo Literario de Murcia en el siglo XVIII y Diario de Murcia en el XIX ; relacionadas con Villena


Correo de Murcia, Nº 66, del martes 16-04-1793. 
Capítulo XXII de la Historia de Murcia-El Tratado de Alzmirra

            Con estas nuevas, se convinieron el Rey de Aragón y su yerno en Alzmizra, donde se hallaba el Monarca, y en  los Cabdetes, donde el Infante tenía colocadas sus tierras; en esta vista acompañaron al Rey,  según Zurita[1]y Cascales[2], don Guillén de Moncada, el Maestre de Espital, don Ximen Pérez de Arenos Carroz, señor de Rebolledo, y algunos caballeros de la Casa Real. Al Infante los Maestres del Temple, hoy de Uclés, don Diego López de Haro, Señor de Vizcaya, y otros Ricos-hombres, y Caballeros de Castilla y Galicia.
            Habiéndose visto ambos, y hablado en el campo, el Infante se partió al Real, a fin de ver a la Reyna, lo que consiguió, y después mandó el Rey entregasen a su yerno dicha villa de Almizra y su castillo. El Maestre dee Uclés, y don Diego López de Haroi, que acompañaban a don Alonso, suplicaron al Rey le diese la Villena de Xatiba, pues sabía muy bien la había ofrecido por Dote a su hija la Infanta, en los tratados ajustados por Diego García. A esta súplica respondió de consulta con la Reyna, y los Ricos-hombres, que dixesen al Infantye, que no pensase en tener a Xativa, ni otra cosa de su Señorio, pues nunca prometió nada de esto, y que quando él casó con la Reyna Leonor su tía, no se le dióp con ella tierra ni dinero, y que así no se hallaba obligado a dar en Dote con su hija más de lo que él recibió del Rey de Castilla.

            Insistiendo en esta demanda, se desazonó el Rey, pues las súplicas pasaron a amenazas, y al fin por la mediación de la Reyna, del Maestre, y de don Diego López de Haro, se convinieron el Infante y su Suegro, en que partiesen la tierra conquistada, por los antiguos límites de los Reynos de Valencia y Murcia, entregando a su yerno la Ciudad de Villena, Sax, los Cabdetes y Bugarra, y éste a su suegro a Enguera y a Muxen. La división de los límites fue de este modo, á Murcia se adjudicaron las poblaciones de Almansa, Sazaazul, y el rio de Cabriol, ó Cabriel, y al de Valencia, Castalla, Biar, Relleu, Saxona, Alarch, Finestrach, Torres, Polop, y la Muela cercana a Aiagues, y Altea, con esto quedaron convenidos, partiendo el Rey a Xatiba (que luego la tomó) y el Infante a Murcia.

            Luego que fue llegado a Murcia tubo cartas de su Padre el Rey don Fernando, que se hallaba en el cerco de Sevilla tiempo había, que le pedía socorro. Con cuya novedad se puso en camino, y uniendo sus fuerzas a las que había enviado el Rey don Jayme, y Mahomad Rey de Granada, Vasallo de don Fernando, consiguió el Rey Católico la rendición de Sevilla, y su Alcazar, éste, lunes 23 de Noviembre, y aquella Martes 22 de Diciembre de 1248. Murió el Rey don Fernando en dicha Ciudad a 30 de Mayo de 1252.


Correo literario de Murcia que principió el 1-9-1792 sobre varios asuntos correspondientes a  la política, física, moral, ciencias y artes.
Tomo III que comprende los meses de mayo a agosto.

Correo de Murcia - Correo literario de Murcia, tomo III; sábado 04-05-1793

Nº 71, capítulo XXIII de la Historia de Murcia - Apoyo de don Jayme I

            Recibida que fue la Embaxada del Maestre por el Rey don Jayme, dispuso un numeroso exertico, con el que baxo a la guerra contra los rebeldes de esta Ciudad, para la que el Papa Clement IV concedió Bula de la Cruzada a los que se hallasen en ella, cuya publicación hicieron los Obispos de Tarragona y Valencia. Los Capitanes destinados para el Exercito, fueron los dos Infantes hijos de don Jayme, llamados don Pedro y don Jayme: don Ramón de Cardona, y don Ramón de Moncada; ya por medio de estos o por las negociaciones del Rey, de día en día se iban entregando los rebelados de Villena, Elda, Castillo de Petrel, Nompot y Alicante, pasando de esta Ciudad a la reconquista de Murcia, en cuyo tiempo se hallaba el Rey en compañía de los dos Infantes, y el Obispo de Barcelona; tal eran sus dadibas, que atendidas por los de Elche, como del buen trato, y cariño que mostraba a todos los Pueblos que antes de intimarles se rindiesen, lo hicieron ellos, y sin dar lugar a que se presentase el Exercito entregaron la Torre que llaman de Calahorra, dexando en ella al Obispo para que no talasen la Vega.

De estas inmediaciones pasaron los nuestros a las cercanías de Orihuela, donde se presentó un hijo del Arraez de Crevillente, el que viendo preso a su Padre por el Rey de Castilla, pactó entregar la Villa al Rey don Jaume, y entregarle los Castillos, lo mismo que executó.

Con suavidad y cariño fue reconquistando en breve todos los que se habían rebelado, desde Villena hasta Alicante y Orihuela; permaneció en esta Ciudad como unos ocho días, y en este tiempo se le presentaron dos Almogavares de Lorca a media noche, los que dieron la noticia que los Moros venían por parte del Rey de Granada a socorrer a Murcia con ochocientos Ginetes, y dos mil peones bien armados, y mas, dos mil Acemilas cargadas; los mismos que habían pasado a puestas de Sol por Lorca.

Diario de Murcia, periódico de todo menos política y religión, nº 95, 22-04-1851.

Recuerdos históricos del Rey de Murcia – Acerca del Marqués de Villena
Murcia con el título de “Muy noble y muy leal”

            D. Diego López Pacheco, Marqués de Villena, atizaba el deseo que el rey de Portugal tenía de ceñirse la corona de Castilla y de Leon, que formaba la mitad de la ornaba las sienes de los reyes católicos Dª Isabel y D. Fernando. Para deshacer los temores del portugués, el de Villena lo estimulaba con el deber que tenía de proteger a su sobrina la infanta Dª Juana, hija del rey difunto D. Enrique IV, asegurándolo que la mayor parte de los grandes de Castilla estaban decididos a tomar partido por él, haciéndole al efecto reseña con ellos, como eran el duque de Arevalo, el de Aburquerque, el Maestre de Calatrava, el conde de Benavente, el de Ureña, el arzobispo de Toledo, el duque de Alba, el marqués de Cádiz y otros, con las ciudades de Toledo, Burgos, Leon, Córdoba, Ecija, Jerez y Baeza, y todo lo principal de Andalucía.

            Vistas las instancias repetidas del marqués, el rey de Portugal, que a la sazón se encontraban en Estremoz, reunió consejo para ver el partido que debía tomar. Cada cual opinaba y aconsejaba al rey lo que le parecía más arreglado a sus ideas; los jóvenes, como es natural, y principalmente el príncipe D. Juan, estaban por la guerra, siendo de su opinión la mayor parte. D. Fernando, duque de Berganza,, estaba por la paz, como hombre más pensador y maduro, y porque presentía además las desgraciadas consecuencias de aquella guerra.

            El rey de Portugal optó por la guerra, y se hicieron los aprestos para la campaña.

Todo el reino se hallaba en movimiento; la guerra amenazaba interior y exteriormente.

            Los reyes católicos declararon rebeldes a todos los grandes que apoyaban al de Portugal y muy principalmente al marqués de Villena, autor de aquella sedición. Despacharon correos a varios pueblos para que se alzasen contra el marqués y demás parciales suyos, encargando particularmente a D. Pedro Fajardo, adelantado de Murcia, hiciese la guerra al de Villena.

            Las campaña se abrió por el reino de Valencia, en el marquesado de Villena.

            Los vecinos de Alcaraz se alzaron a nombre del rey y su alcaide, que era vasallo del marqués, no queriendo tomar parte en el alzamiento, se encerró en el castillo al que cercaron, y dieron enseguida aviso al rey de lo ocurrido.

            Conociendo este lo importante que era ocupar su ciudad, despachó en su socorro a D. Alonso de Fonseca con trescientos caballos y al Maestre de Santiago, con otros trescientos caballos e igual número de peones. Sabedor el enemigo de este movimiento, dispuso por su parte que marchasen sobre la ciudad D. Rodrigo Telloz de Girón, Maestre de Calatrava, y el conde Ureña su hermano, y el conde de Cádiz, con gente de toda Andalucía, con la idea de proteger al alcaide.

            Tanta prisa se dieron unos y otros que llegaron a la vista de la plaza al mismo tiempo, por cuya razón estuvieron a punto de dar la pelea, pero como lo que más les importaba era ocupar aquella, suspendieron por entonces las hostilidades.

            El adelantado de Murcia D. Pedro Fajardo con cuatrocientos caballos y gran número de gente de a pie, llegó en esta sazón y a hora en que estaba aposentado ya el ejército por ser después de puesto el sol. Despachó un oficial para que fuese a pedir al Maestre de Santiago le indicase el sitio donde había de alojarse él y sus soldados. Enojado el Maestre por su tardanza, le contestó que lo hiciesen en la ciudad de Alcaraz. Vuelto a presencia del adelantado y dándole esta contestación, dispuso este que desde luego cumpliesen la orden del Maestre.

            La noche extendía ya su manto sobre la naturaleza, su silencio solo era interrumpido por grito de alerta de los centinelas que guardaban el recinto de ambos ejércitos; el intrépido Fajardo y sus briosas huestes aprovechándose de la oscuridad, se encaminaron con gran silencio a los muros de la ciudad, a examinar el punto más a propicio para penetrar en ella. Apenas empezaba a despuntar el alba cuando el escuadrón murciano, apellidando el nombre del rey traspasaba sus murallas y se unía a los vecinos de Alcaraz.

Con este refuerzo pusieron al alcaide en la necesidad de rendir el castillo, que lo hizo por medio de tratados con el Maestre de Santiago y D. Pedro Fajardo, en los que se le concedía la seguridad de su vida.

Este desenlace obligó al enemigo a retirarse, saliendo fuera del marquesado de Villena, y fue principio de una serie de victorias, con las que los reyes católicos aseguraron la paz interior y exterior de su reino, concediendo por tan honrosa jornada, el título de muy noble y muy leal a la ciudad de Murcia, con otras mercedes como se ve en la carta que los mismos reyes escribieron al consejo y demás autoridades de esta ciudad a 10 de abril de 1477.




[1] Libro 3 de los Anales cap.44
[2] Discurso I.cap. 13

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