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Título de "VILLENA, CIUDAD FIDELÍSIMA"


VILLENA, CIUDAD FIDELÍSIMA

Había muerto el último de los austrias, Carlos II el Hechizado; su testamento significaba el triunfo de la monarquía francesa sobre la Casa de Austria. El ambicioso Luis XIV, al colocar en el trono español a su nieto Felipe de Anjou, conseguía lo que anhelaba, que Francia se sobrepusiera a las demás naciones europeas. Austria no podía tolerar que viniese a España un príncipe francés; las otras naciones se oponían por fines políticos y económicos. La lucha fue inevitable, y comenzó en 1702 la llamada guerra de Sucesión, que tanta sangre costó a nuestra pobre Patria, ya decadente.

Austriacos e ingleses vinieron á la Península a defender los derechos de don Carlos de Austria; y aunque tuvieron triunfos señalados, sin embargo, después de la batalla de Almansa, la victoria fue para las armas franco-españolas.

Villena defendió con tesón y bizarría, aun a costa de su sangre, a Felipe de Anjou, demostrando una vez más ser raza de héroes, pueblo de titanes.

En el mes de febrero de 1707, desembarcaron los ingleses en Alicante; bien pronto se apoderaron de Jijona, Ibi y de la Hoya de Castalla. Villena mandó sus tropas a Cartagena y recuperó muchos lugares sublevados del reino de Valencia, mas, no pudo evitar, por falta de fuerzas, que los austriacos entrasen en la población, quemando la casa del Ayuntamiento, robando sus pósitos e iglesias, arrasando sus cosechas, llevando por todas partes los horrores de la guerra. Pocos días después, se daba la memorable batalla de Almansa (25 de abril de 1707).

Cuando después de aquella desolación del mes de abril, se reúne el Cabildo, el día 23 de mayo del mismo año, se nombra a don Cristóbal Mergelina y Mota y a don José de Cervera y Gasque, comisarios para pedir a don Felipe V, gracias y mercedes por los daños causados por los enemigos del Rey. Los comisarios, para apoyar sus peticiones, formaron un Memorial que, impreso fue presentado a Felipe V. El Rey, considerándose bien servido por la ciudad de Villena, concedió entre otros privilegios, el título de Fidelísima ciudad, que solo tenían los pueblos con voto en Cortes, y confirmó los de Muy Noble y Muy Leal, de que gozaba por habérselos otorgado la Reina Católica el primero, y el de Muy Leal don Carlos V el Emperador.

Tácito
Villena Joven, nº 8; 26-07-1914

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