Páginas

Crónica de Villena, 12 noviembre 1882 – Año I nº 2 - “Villena, su pasado” y “La fuente de los burros”


Crónica de Villena, 12 noviembre 1882 – Año I nº 2, se publica los domingos.

Se trata de una de las publicaciones que se editaron en Villena en el siglo XIX

Artículos: “Villena, su pasado” y “La fuente de los burros”

“Villena, su pasado”

   Retrocedamos medio siglo: lo creemos necesario para llegar al presente. Una rápida ojeada nos bastará.

    ¿Qué era Villena hace cincuenta años...? Por todas partes hallaremos testigos irrecusables que nos lo digan; por todas partes y por todos sitios encontraremos pruebas patentes que lo justifiquen, sin necesidad de apelar a los pocos vivientes de aquella remota época (remota con relación a la vida).

    Concentrada la propiedad en corto número de individuos, la agricultura estaba reducida a las labores puramente precisas. Como las necesidades de aquel tiempo eran pocas, los propietarios se encerraban en un, acaso, inconsciente egoísmo y bastaba cubrir sus atenciones para creer que todos las tenían cubiertas también. De ahí el que viesen algunos ricos en haciendas, pero en realidad pobres de dinero y que yaciesen perdidas y yermas muchas tierras.

    No culpamos a los hombres de entonces, la culpa era de aquellos tiempos, de aquellas costumbres y de aquellas leyes. Y como en un país esencialmente agrícola, por más fértil y rico que este sea, no puede brotar la riqueza por sí misma si la mano inteligente y laboriosa del hombre no la extrae, y como ya hemos dicho, los grandes propietarios solo se ocupaban de sí mismos, resultaba que Villena era un pueblo de inmensa riqueza por su suelo fértil y fecundo, pero pueblo de muy pocos ricos y muchísimos pobres.

    Y como donde no hay riqueza agrícola no puede haberla comercial (excepto en los puntos exclusivamente comerciales y fabriles como Alcoy y otros), el comercio era en Villena casi nulo, apenas existía, y en cambio la clase proletaria era tan grande como la miseria que la envolvía.

    Esto era natural y lógico, por donde quiera se tendía la vista resaltaban las fincas sin cultivar, fincas que se dejaban improductibles para los ganados de este o del otro propietario, o porque perteneciendo a este o al otro mayorazgo, se dejaba al inmediato sucesor el trabajo de hacerla productiva.

    Muchas consideraciones podríamos hacer al tratar este asunto, si la índole de nuestra publicación nos lo permitiera, pero las suspendemos y callamos, ciñéndonos a relatar lo que ni pertenece a escuela alguna, ni a doctrinas ni creencias, sino totalmente a la verdad histórica de los hechos.

    Muerta la agricultura, casi nulo el comercio, en la mayor miseria la clase proletaria, Villena era un pueblo de escaso vecindario, orgulloso con sus títulos y blasones y cuyos señores se destrozaban mutuamente en continua lucha por empuñar el bastón de mando, sin que jamás se ocupasen de mejorar la situación económica, ni realizar adelantos, ni proyectare reformas en bien del pueblo en general y de ellos mismos en particular.

    Más que nosotros pudiéramos decir, expresarán los datos estadísticos que publicaremos como resumen de estos estudios, datos comparativos que probarán plenamente el pasado de Villena y se verá cuan pobre y raquítico era en aquel tiempo, y cuán grande y fuerte es en el presente, probando además toda la grandeza e importancia que debía alcanzar, sin un espíritu emprendedor y un poco de amor patrio quisieran como pueden, anticipar el porvenir.

“La fuente de los burros”

Se trata de un extracto del capítulo primero de una novela titulada Los Misterios de Villena, desconociendo si se escribió el resto.

   Con este nombre se conoce el abundante manantial de ricas aguas que se encuentra en el centro de Villena, sin duda por servir de abrevadero público desde los tiempos más remotos.

    Este manantial, que es una verdadera maravilla, presta fecundo riego a una dilatada vega cuyo suelo, de excelente calidad, cultivado por manos inteligentes y expertas, le hacen uno de los más ricos y feraces de España.

    Sus aguas están repartidas en diferentes ramales para facilitar el riego de las huertas, uno de estos sirve de lavadero público y allí se ven gran número de pobres mujeres entregadas a esta faena, en la que ganan un miserable jornal, tras muchas horas de trabajo.
  

No hay comentarios: