Páginas

Tárrega en Villena, recuerdos y anécdotas contadas por don José María Soler García


Con brillantes actos acaba de celebrarse en varios puntos de España el primer centenario del nacimiento del genial guitarrista y compositor villarrealense Francisco Tárrega Eixea.

Hombre sencillo y modesto y de una sensibilidad casi enfermiza, mostró siempre especial predilección por la ciudad de Villena, donde supo encontrar un grupo de amistades singularmente propicio al exquisito mensaje de su prodigioso instrumento. Meses enteros pasaba en nuestra ciudad el insigne músico, fraternalmente acogido a la prócer hospitalidad del farmacéutico don Manuel García, y son muchos años los que recuerdan su venerable al par que desgarbada presencia tísica.

Ante nosotros tenemos una foto del maestro, con dedicatoria autógrafa “A la ideal e insigne pianista Consuelito Soler”, tía paterna de quien esto escribe, fechada en Villena el 15 de mayo de 1894. Aparece en ella con la profunda bóveda de unos ojos miopes y dolientes protegidos por frágiles gafas apoyadas en puntiaguda y levantada nariz, que se asoma a un enorme bigote lacio en acorde con su crecida barba y larga cabellera. Una particularidad fisiológica recuerdan sus amigos: los párpados y pestañas del maestro se volvían rebeldes hacia el interior de sus ojos, procediéndoles terribles molestias, de las que había que librarse con auxilio de unas pequeñas pinzas.

Muchas anécdotas curiosas hemos logrado recoger de labios de quienes le conocieron. Sirvan de muestra las siguientes, reveladoras de otras tantas facetas de su excelente carácter.

En cierta ocasión, según contaba él mismo, tuvo que salir a escondidas de un determinado pueblecillo para protegerse de las iras de sus cazurros vecinos, quienes se llamaron a engaño porque, antes del concierto, les habían asegurado que el maestro haría hablar a la guitarra, cosa que, naturalmente no se produjo.

Uno de los ratos más angustiosos de su vida lo pasó en cierta casa de campo donde se vio obligado a pernoctar. El tremendo perrazo guardián de la finca se introdujo en su habitación y se agazapó a los pies de la cama con actitud amenazadora. El maestro, encogido y aterrorizado, no se atrevía ni a respirar y eso fue lo que le salvó. El suplicio duró hasta que, al amanecer, el animal fue recogido por su dueño, quien no ocultó su extrañeza de que el incidente hubiera alcanzado un final tan satisfactorio.

Su extremada sensibilidad musical se puso de manifiesto en otra ocasión en que una jovencilla maltrataba al piano de considerablemente una fuga de Bach. Saltando por encima de su proverbial timidez y atropellando sus siempre exquisitos modales cerró Tárrega violentamente el libro de la pianista, ante el estupor de los que presenciaban la escena. El arrepentimiento del maestro fue inmediato, y, todo turbado, no sabía luego como hacerse perdonar.

Horas y horas dedicaba el ilustre guitarrista, en casa de don Manuel García, al estudio de algún pasaje difícil, que lograba dominar a fuerza de tesón y voluntad. Una mañana, sorprendieron los dueños de la casa la curiosa escena de que, en lugar de sus cotidianos ejercicios, se hallaba Tárrega tocando unos aires populares para que bailasen las sirvientas, a cuyos ruegos no habían sabido resistirse.

Aparte del retrato ya mencionado, han llegado hasta nosotros, amorosamente conservados por nuestros ascendientes, algunos otros recuerdos del príncipe de la guitarra y, entre ellos, una carta autógrafa, fechada en Barcelona el 28 de diciembre de 1894, cuyo texto íntegro es el siguiente:

“A la ideal Trinidad del D. Juan
Gloria en las alturas y paz en la tierra”

Insignes y adorables amiguitas: jamás honor igual recibí en mi vida artística; las líneas que se han dignado ustedes dirigirme serán el trofeo más preciado de mi existencia. Aunque, inmerecidamente yo acato de rodillas sus inocentes felicitaciones. ¡Ángeles de la tierra, Dios conserve vuestras existencias y os conceda todo el bien que merecéis¡ Mi torpe pluma no puede traducir lo que siente mi alma. Deséolas felicidades sin cuento en año nuevo, así como a sus respectivas familias, haciéndolas presente que aun suenan  en mis oídos las sublimes melodías del inmortal Mozart, tan deliciosamente interpretadas por Vds. Sigan cultivando sus estudios en tan divino arte para delicia de sus buenas familias y admiración de amigos, como el que suscribe, entusiasta de sus virtudes.
Francisco Tárrega
Cuenten con mi promesa de visitarlas en enero.

Conservamos también un folleto musical de 30 páginas, editado en italiano por R. Stabilimento Musicale Ricordi, que contiene: un Ave María de Cherubini; la Preghiuera della Sera, de Haydn; un Christe eleison, de Durante, y un Crucifixus de Palestrina, con dedicatoria asimismo autógrafa  de su “cariñoso y buen amigo, el insigne aficionado compositor don José Parra, autor de la música de la zarzuela Después de la Velada”. Está firmada la dedicatoria en Novelda, el 26 de diciembre de 1890.

Aparte de estos recuerdos estáticos, por decirlo así, ha quedado también la huella dinámica del paso de Tárrega por nuestra ciudad en la persona de su discípulo Quintín Esquembre, notable guitarrista y afamado compositor villenense, algunas de cuyas obras menores  han dado triunfalmente la vuelta al mundo. Del estudio madrileño de este epígono del maestro han salido varios de los intérpretes actuales, felices continuadores de la escuela que el genio de Tárrega supo iniciar.

Sirvan estas breves líneas de cálido homenaje villenense a la memoria del insigne músico y hombre buenísimo, cuyo grato recuerdo no se ha extinguido en aquellos que tuvieron la fortuna de conocerle y gozar de su amistad.
José María Soler García, cronista de Villena

Fuentes consultadas en:
Información, 09-12-1952 y Revista Ritmo 01-1953, Nº 249

No hay comentarios: