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Escritos de Ruperto Chapí y del semanario local "El Invierno" acerca del estreno de "La Bruja" -


Ruperto Chapí y Ramos Carrión estrenan, con un éxito apoteósico la zarzuela La Bruja. La prensa se hace eco de ello y en Villena, los redactores, del semanario festivo El Invierno, envían una carta muy protocolaria, felicitando al insigne maestro por el gran éxito alcanzado. 
El maestro contesta, agradeciendo el escrito en los siguientes términos:


Carta canta”: escrito de Ruperto Chapí al semanario El Invierno

Mis queridos amigos:

Después de una lucha, sorda, agitada y nerviosa como había venido sosteniendo antes del estreno de La Bruja y en las angustiosas horas del fallo definitivo del público, quedé destrozado y abatido y en brazos de una pereza invencible. Así es que agradecí en el alma su telegrama y su carta, aunque esta me pareció de un estilo oficial tan grave…perdónenme ustedes, pero me hizo sonreír, y mi primer impulso fue mandarles lo que me pedían, pero se interpuso la pereza, no lo hice enseguida y ya pasó la oportunidad. No creo que se ofendan ustedes, sobre todo cuando les hablo con esta franqueza. Yo les agradezco mucho sus frases y elogios, pero todavía les agradezco más y muchísimo su cariñoso recuerdo.

Ahora bien, para probarme que no están ustedes ofendidos conmigo, les suplico me hagan el favor de dar las gracias en mi nombre desde las columnas de su periódico a todos los paisanos firmantes de una carta muy cariñosa y entre los cuales están ustedes también, que recibí con gran placer aunque a la verdad me sentí inferior a los merecimientos que tal demostración suponme.

Conste, pues, que acepto tal mensaje solo como acicate para empresas mayores y que me considero obligado a llevar a cabo en el porvenir, para justificar las benevolencias presentes.

En nombre también de mi amigo y compañero señor Ramos Carrión, les doy las gracias más expresivas por su recuerdo y en cuanto a mí, tengan la seguridad de que les quiere como amigo verdadero.
Ruperto Chapí
Madrid 29 de diciembre de 1887

Seguidamente transcribimos la carta de Chapí y la contestación a la misma que le hizo su amigo Pascual M. Estañ, firmando como P. Castañuelas.


            No tienen ningún desperdicio ambos escritos y el segundo, ofrece unos datos interesantísimos de la vida y obra del insigne maestro en sus primeros años.



“Respuesta al canto”, por el director de El Invierno

Cuando las cien trompas de la Fama han enronquecido cantando en todos los tonos tu última y decisiva victoria: cuando tus entusiastas admiradores han llegado en su entusiasmo hasta el delirio y el frenesí: Cuando los revisteros han apurado en loor tuyo los adjetivos más elocuentes de nuestra rico idioma: Cuando tus enemigos se confiesan vencidos, los envidiosos se revuelcan en la hediondez de su miseria, y todos te proclaman como el genio musical de este siglo, y todos se consideran inferiores ante tu gigante inspiración…yo, el más pigmeo de los que en el mundo emborronan cuartillas para el público, pero acaso el más entusiasta del divino arte que, según la frase de un filósofo alemán “es una necesidad del alma”, me dirijo a ti, y con un derecho indisputable, sin mirar mi pequeñez, mucho más pequeña comparada con tu grandeza, empleo para ello mi antigua y consabida fórmula de

Querido Rupertín:

No lo extrañes: Estos buenos chicos de El Invierno que dirijo únicamente por el triste privilegio de mis años, han creído que, al enderezar una epístola de felicitación a una notabilidad, debían emplear el lenguaje serio y grave del asunto que la motivaba, y olvidaron que la amistad no reconoce clases ni categorías.

Yo también fui pecador en este caso, firmando aquella carta: y ya ves como te lo confieso sin reparo alguno. Sé que no te llegarías a incomodar, porque te conozco mucho; y a pesar de que siempre fuiste un cascarrabias de tomo y lomo, nunca llegaron tus rabietas a durar cinco minutos.

Pensaba, mi querido Ruperto, haber publicado algunos apuntes de tu vida que acaso sirvieran al que tu biografía escribiese; pero se me ha adelantado El Globo y doy por terminada mi no comenzada tarea. Sin embargo, al felicitarte por tu triunfo, permíteme el recuerdo de tiempos pasados, para probarte una vez más la verdad de mi entusiasmo y la verdad de mi felicitación.

Retrocedamos 24 años: tú eras un chicuelo que ya tocabas el flautín y otros instrumentos, especialmente el cornetín, pues de tal manera lo meneabas que tu fama se hizo universal lo menos en diez pueblos a la redonda. Eras el orgullo de tu maestro Higinio Marín. Después, cuando este se marchó, tú, el más joven y diminuto de aquellos músicos fuiste nombrado director; y yo te vi dirigir montado en una silla de Vitoria para hacer visible tu batuta. Qué rabietas tomabas por las torpezas de aquellos músicos. Yo he recordado siempre con gusto aquella vez en que amenazaste al pobre Mindango con clavarle la batuta por un lado, y la risotada que se le escapó al oír tu amenaza.

Los partidos políticos tenían la música vieja y la música nueva: la vieja de los liberales: la tuya, o sea la nueva, de los moderados. ¿Recuerdas aquella profunda rabia, no rabieta, que sentías cuando te motejaban “Polaco”? ¿Recuerdas aquellas serenatas de cuatro instrumentos, con piececillas compuestas por ti la misma noche en que había de tocarse?

(Aquí un historiador tuyo se extendería en consideraciones sobre la precocidad de tu talento, etc.)

Después te seguí en la corte: el 68 supe por tu hermano Eduardo tus apuros,  y créeme, amigo Ruperto, tuve intención de nombrarte mi administrador, por aliviarte en algo; pero temí herir tu dignidad de artista y desistí, no solo por esto, sino porque mientras tu andabas a vueltas con la armonía y con el con tra-punto, luchando con tu adversa suerte, pero animado por tu genio, yo, guiado por el mío, daba cada trompazo que cantaba el credo por aquellas suculentas fondas de la calle de Toledo y las famosas judías del tio Lucas. Te lo digo ahora para que me lo agradezcas.

Después te vi al frente de la banda de artillería. Aquel chicuelo, con la visera de su gorra casi apoyada sobre la nariz para resguardar su delicada vista, vistiendo con economía si bien con limpia elegancia y aire de orgulloso, al verle con su uniforme de artillero, me pareció el mas general de todos los generales garbosos y pintureros habidos y por haber.

En aquel mismo verano tocaba tu banda y la de Ingenieros en el Prado: Yo me sentaba en uno de los puestos de agua más próximos a tu tablado, y hubo tarde que por oír mejor, me costaba dos reales.

Después te seguí en tus oposiciones a la pensión de Roma. Luego te contemplé en aquella memorable noche de Las Naves de Cortés. Te vi salir por la estrecha puerta de la orquesta y ascender hasta el sillón desde el cual ibas a dirigir tu obra, temblando tú, joven de 22 años (según confesión tuya) ante aquellos cien profesores todos más viejos que su director, y en medio de una ovación entusiasta y unánime.

No quiero molestarte más: creo que oiremos tu “Bruja” la próxima primavera en el teatro de tu nombre. Tráete a Ramos Carrión: dile que aquí tiene más admiradores y más simpatías desde que su nombre se unió al tuyo…y dile también que aquí le esperan unos gazpachos en la Virgen…a ver si por la golosina tenemos el gusto de ofrecerle el homenaje debido a su fecunda y retozona musa.

Adiós, pues: repito que no quiero molestarte más, pues como dijo el poeta:

Aún no cabe lo que siento
En todo lo que no digo”

Mis afectuosos recuerdos para tu Vicentica, mil besos o los que quieras repartidos entre tus hijos, saluda a tu hermanada Dolores, y veas en esta mal pergeñada epístola la expresión del cariño de tu verdadero amigo.
P. Castañuelas

Publicado en El Invierno, semanario festivo, Director: Pascual M. Estañ (P. Castañuelas), Nº 6, 5 enero 1888.

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