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Apuntes sobre la historia de Villena, por el médico Francisco Cerdán - 1752

 

DISCURSOS

PHYSICO-MEDICOS

POLÍTICO MORALES

QUE TRATAN SER TODA CALENTURA

Hectica contagiosa, esencia del universal contagio,

Y medios de precarverlo

 

AÑADESE AL FIN

LA VERDAD VINDICADA

Contra la aparente verdad constante, o modo de

sacar en limpio el grano de la verdad, que ha dado

a luz el Dr. Don Juan Caraballo, Medico

 en la Ciudad de Murcia.

POR

 

EL DR. D. FRANCISCO CERDÁN

Médico de la Villa de Montealegre, Examinador que ha

 sido por particulares Comisiones del Real y Supremo

Tribunal del Prothomedicato.

 

 

 

 

 

 

EN VALENCIA, M.DCCLII-1752

 

En la Imprenta de Agustín Laborda, vive en la Bolsería

A  costa de J.A.M. y M.C.C.

 

 

 

 

 

A DON FERNANDO

GARCIA, DIAZ DE ALMANSA

D. EN SAGRADA THEOLOGIA,

Beneficiado, y Cura propio de la

Parroquial de Nuestra Señora de la

Asunción, de la muy Noble, e

Ilustre Villa de Tobarra

 

Señor mío: Claro está, que debiera abatir mis elevadas Alas antes, que permitir este desahogo a mi fineza, para no experimentar (como otro Hicaro) escarmientos de precipicio; teniendo la osadía de rendir en holocausto este pequeño parto de mi rudo entendimiento a un Héroe de tanta magnitud; que le sobran bastantes quilates parea paralelarlo con todo el Heroicismo. Ciertamente mi atrevido pensamiento principia por culpa; pero la benignidad de V.M. perdonara el exceso por finalizar en víctima de mi agradecido reconocimiento; pues es evidentísimo; que las singulares honras, que a V.M. debo, me hicieran pasar por el infame nombre de desagradecido, si por pánicos temores de osado omitiera en este corto obsequio sacrificarme  rendido. No se maraville V.M. elija esta Navecilla su Patrocinio, pues le fuera difícil surcar el anchuroso piélago de la erudición, ni dar fondo en el Puerto de los Literatos, si el sabonio de la sabonio de la protección de V.M. le faltase; pues es evidentísimo, que escudeada por un Sabio, abatirán su altivez los Aristarcos, y Zoilos, legítimos símbolos de la ignorancia y cerviscosidad.

 

 

Es tan antigua esta máxima de dedicar las Obras a los Sabios y Nobles, que las merecen, que trahe su origen desde los Oraciones, Plinios, y Auxonios; realzándose más el Héroe, si a los anteriores dotes se le añade la virtud; aunque según Eurípides, nunca puede encontrase nobleza entre los malos: Vir optimus non utique effe pofsit ignovilis. Con que hallándose en V.M. el complexo de todas estas circunstancias, bien puedo embanecerme encontró esta Obra su proporcionado Mercenas.

Debe V.M. y sus heroicos antecesores la pureza de sangre, que los ilustra, a la muy Noble, a la siempre Leal y nunca bastantemente elogiada Ciudad de Villena, nuestra amada Patria; cuya circunstancia era suficiente para que cesase en anatomizar su Genealogía Ilustre: Parecerá hipérbole a los poco noticiosos; pero para que logren el evidente desengaño, haré un breve diseño de su antigüedad, Nobleza, Heroicidades, Privilegios, Doscientos años antes que nuestro Redentor encarnase, ya estaba esta Nobilísima Ciudad fundada con el nombre de Bigerra, teniendo la honra después del Nacimiento de nuestro Redentor, y Pasión Santísima, de ser de las primeras, que abrazaron su Santísima Ley Evangélica; pues a la celebración del Concilio Iliveritano, anterior a los cuatro Generales, concurrió Sinagio, Obispo Bigerrense, o de dicha Ciudad, indicio evidentísimo, que en dicha población, la Evangélica Ley ya estaba propagada.

Y aunque no han faltado Geógrafos, que a la antigua Bigerra la nombren hoy con el de Vexar, población de Castilla, se convence la falsedad por Miguel Villanovano, Comentador de Ptholomeo, impreso en León, año de 1541, el que al folio 33, pone a Bigerra cerca de Tobarra, y Orihuela a 39 grados de latitud, en los cuales hoy mismo se halla fundada; siendo así, que Ptholomeo escribió noventa y nueve años posterior a el Nacimiento de nuestro Redentor. Convéncese mas por el Calepino, que añadió Paferacio, el que al folio 155, dice: Bigerra…Hispaniae Civitas est, Saetabis contermina; y nadie ha dudado, que Saetabis fue la Xátiva, que hoy llaman San Felipe; la que, o fu Reyno esta contigua a esta ciudad. Pero quien en un todo desenlaza las dudas, es Miguel Antonio Baudrand en su Legicon Geográfico, que imprimió en París año 1670, cuando al folio 117 dize: Bigerra…est ipsa Villena, Marchionatus in Reyno Castellae, ab Alonis, 8 lenc. In occ. A Murcia 12, in Bor. Y al fol. 477 de su segunda parte hallará el curioso. Villena, Bigerra, urbs Castellae. De los cuales se insiere claramente, que Villena es la antigua Bigerra.

En el siglo III, en tiempo del Santo Rey Don Fernando, ganó esta Ciudad a los Moros Frey Don Lope Martin, caballero de la Orden de Calatrava y Comendador de Alcañiz, con otros de esta Orden, a los que desposeyó el Infante Don Alonso, hijo del Santo Rey, alegando ser de la Conquista del Reyno de Murcia, que su Santo Padre ejecutó, quexose la Orden al Papa Inocencio IV, el cual escribió al Infante restituyese aquella Ciudad a dichos Caballeros, después la obtuvieron los Infantes Manueles, apellidos Príncipes de Villena, y otros. Las nobles familias, que la componen no han dexado espacio vacío de sus heroicidades; pues de ellos; y sus antecesores, están llenas las páginas de las Historias, sintiendo nobles inquietudes en su corazón al mirar en tantos escudos de Armas las acciones heroicas, que sus antecesores executaron. Estudiaba entre las Estatuas Romanas (mudas representaciones de los Héroes), Caton, la virtud: y preguntado otro, que como no tenía allí la suya, respondió como él mismo: Más quiero pregunten por qué no la tengo, que por qué la he de tener: dando a entender en esto, que es necesario no nacer con Nobleza, que degenerando de ella, ser su afrenta, cosa que jamás he experimentado entre los Nobles de dicha Ciudad.

Esta Nobilísima Ciudad fue la que el año de 1464 se incorporó al Patrimonio Real, proclamando a sus Catholicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel; habiendo ejecutado antes aquella tan celebérrima, y heroica acción de expeler los Judíos, y nuevamente convertidos, digna de burilarse en láminas de bronces, y de que yo (en honra de mis amados Patricios) la reproduzca.

Dueños de dicha Ciudad de Villena eran en el expresado tiempo los Excelentísimos Reyes Marqueses de este nombre, cuando aun en España se permitían Judíos y Moros; bastantes habitaban aquella Ciudad, los que Patrocinados del Gobernador tiranizaban la República, abatiendo y maltratando las Ilustres Familias, que la componían, las que estimuladas de su noble sangre, no hay duda exclamarían como otro Mathathías, Lib. I, Machab, cap. 2 contra los que Antiocho patrocinaba: Quae gens non hereditavit Regnum eius, regnum eius, non obtinuit spolia-eius? Omnis compositio eius ablata est. Quae erat libera, facta est ancilla, y se esforzarían, como aquellos Nobles Sicilianos, que viéndose opresos por la Nación Francesa, con el auxilio del Rey Don Pedro Tercero, y dirección de Juan Prochita, pasaron a cuchillo a todos los franceses que habitaban aquella isla, así sucedió, pues sublevándose contra los Tiranos, degollaron, destruyeron y desalojaron, cuantos Judíos y Conversos pudieron encontrar. Corre el paralelo tan uniforme en ambas operaciones, que si allá en Sicilia fue la seña para la invasión el toque de campanas a las Vísperas de Pasqua de Resurrección, aquí también lo fue añadir dos toques de campana a las tres, que comúnmente se tocan al tiempo de Alzar a su Divina Majestad en la Misa Mayor, cuya práctica aun se observa en la Parroquial de Santa María de dicha Ciudad.

Podrán acreditarse de limpios, Nobles, Ilustres, heroicos y celosos de la Catholica Religión los que desciendan de aquellas Magnánimas, Leales y antiguas Familias, que concurrieron a dicha acción? Nadie puede dudarlo: Pues de los antecesores de V.M. se enumeran: Juan García de Almania, Alonso García, Bernard García, Lorenzo García, Ginés García de Medina y Pedro García de Medina, Padre de aquel Héroe célebre Don Sancho García de Medina, que habiendo servido al Papa Alejandro VI, bajó a Murcia con la Dignidad de Maestre de Escuelas de la Iglesia de Carthagena, y fundó la Colegiata Arcedianal del Señor Santiago de nuestra amada Patria.

También Fernando Díaz y Francisco Díaz concurrieron a dicha expulsión, como consta de la Real Cédula de perdón, concedida por los Reyes Catholicos Don Fernando, y Doña Isabel en Segovia, a 22 días del mes de agosto de 1466. Y que las Familias de estos apellidos, en especial de los Díaz, han obtenido los honoríficos empleos de Alcaldes, Regidores, &cc. correspondientes a su antigüedad, se evidencia por la información, que a pedimento de Bartolomé Díaz se hizo en dicha Ciudad a 28 de Marzo de 1601 ante Juan Herrero, Alcalde Ordinario, y Alonso de Medina, Escribano, declarándolo así el Capitán Don Pedro Rodríguez de Navarra, Alcayde del Castillo y Alférez Mayor de dicha Ciudad, con otros testigos.

También por ella se deduce, que los Díaz se enlazaron con los Alvárez y Mellinas; estos últimos fueron Patronos de la Capilla mayor de dicha Parroquial de Santiago, de la cual, al trasladar los huesos a la de San Bartolomé se encontraron diversos cuerpos armados a la manera que se enterraban, y entierran los Cavalleros. Asimismo consta de el dicho instrumento, que Alonso Díaz Navarro, descendiente de dicha Ciudad, y vecino de la Murcia, litigó y ganó Executoria de Hijodalgo en la Real Chancillería de Granada el año 1592, lo que confirma Cascales en los discursos históricos de Murcia y su Reyno, fol. 361 añadiendo, que dicho Alonso Díaz fue Procurador en Cortes y juró a Don Felipe III por dicha Ciudad. Finalmente consta que otra Cédula Real, dada en el Castillo de Garci-Muñoz por el Infante Don Manuel a 6 de setiembre del año 1383 que fueron alistados para probar sus Hidalguías Pedro García, Gonzalo García y Alonso García.

No han desmerecido por V.M. sus blasones; pues quanto más antiguos los ha mirado, tanto más ha sido su cuidado el renovarlos, acreditado el enlace, que Don Francisco García Díaz, Alguacil mayor del Santo Oficio de la Inquisición, Hermano de V.M. tuvo con muchas familias de este Reyno, casando primero con Doña Catalina Muñoz, Familia muy Ilustre en la Villa de Yecla; y después con Doña Ana Tomás Avellán y Urrea, de la de Jumilla, hija de Don Francisco Tomás, Cavallero Hijodalgo, descendiente de los primeros pobladores de Murcia; y por los Urreas, de la Ilustre Casa de los Urreas de Aragón; no faltando en este siglo de los Avellanes muchos Ilustres Varones, como lo fueron Don Cosme, Don Juan, Don Pedro, y Don Francisco Avellán, Cavalleros de la Orden de Montesa.

Ya dije en el principio de otra Dedicatoria, que solo con ser naturales de Villena se puede probar la mayor purificación y limpieza de sangre; y no es de admirar cuando a sus habitadores en la misma Cédula de perdón les fue concedido privilegio, para que ni en aquel, ni en otro tiempo fuesen admitidos por vecinos de dicha Ciudad, Moros, Judíos, ni nuevamente convertidos a nuestra Santa Fe, necesitando cualquier que ha de de sentar su vecindad en ella hacer constar su limpieza, para cuyo efecto se nombra un Regidor por dicha Ciudad que informe.

Han brillado, y resplandecido en hazañas y heroicas virtudes, no solo los ascendientes de V.M. si no los que en estos tiempos hemos conocido. Sitiado por el Exercito Imperial se hallaba el Castillo de Villena el año de 1707, cuando después de un intenso fuego, que duró siete días, el Capitán, que con quarenta Militares lo defendía, quiso capitular para su entrega y con la mayor lealtad y animosidad dixeron los Paisanos, que primero habían de perder la vida por nuestro gran monarca el Señor Don Felipe V el Animoso, que entregarlo; en cuyo Castillo, y a esta acción se halló el Padre de V.M. y después acompañó al Eminentísimo Señor Cardenal Belluga a la toma de Onteniente. También Don Fernando Díaz Osa, tío de V.M. Visitador que en tiempo de dicho Eminentísimo Señor Cardenal fue de este Obispado, y Cura de esa Parroquial, acreditó su ilustre ascendencia con lo heroico de sus virtudes, fue propuesto por el Vicario General del Arzobispado de Valencia en tiempo del Señor Rocaborti, y electo de Málaga, que renunció, con ese Curato, retirándose a la Congregación del Señor San Felipe Neri (que es de las primeras fundaciones de España) de nuestra amada Patria, en donde su virtud y exemplo acreditó su justificación. Imítale V.M. en sus operaciones, principalmente en socorrer con tanta repetición y liberalidad a los pobres; pues muchos de esa Villa hubieron perecido a no ser por el ardiente celo de su caridad.

Mucho más pudiera alargar la pluma, si no me contuviera la certeza de irritarle; pues sé, que su modestia y humildad oye estos elogios con tedio; pero debe V.M. estar asegurado, no le adulo, , pues no refiero cosa, que no pueda manifestar con verídicos y autorizados instrumentos; no siendo capaz pincel tan grosero, para delinearlos todos; porque..

 

Non ergo funt fatis ad tua praeconia laudis

Necmala doce mea, poterunt tua, cuneta referri.

 

Y así, cesando en tanto abismo, solo suplico a V.M. reciba esta pequeña obra por índice de mi veneración: ella es pequeña, por el Autor de quien nace; pero grande por la persona a quien se dirige, y si lograse grata acogida, yo seré el primero que le embidie tanda dicha.

Dios guarde a V.M. los dilatados años que deseo y he menester.

Montealegre, y Diciembre 10 de 1751.

 

B.L.M. de V.M.

Su más apasionado

Don Francisco Cerdán

 

LA VIRGEN DE LAS VIRTUDES ESTRENÓ ANDAS Y NUEVO TRONO EN 1752



La Virgen de las Virtudes estrenó Andas y nuevo Trono en 1752

            En el libro titulado Historia de la Imagen de  Ntra. Sra. de las Virtudes escrito por don José Zapater y Ugeda en el año 1884, nos da cuenta su autor de  una importante noticia acontecida en el año 1752. El Cabildo Municipal acordó traer la Virgen de las Virtudes a Villena con el fin de impetrar la salud pública, profundamente amenazada por la peste y para rogar y pedir al cielo la sucesión del monarca Fernando VI.
            Sigue indicando Zapater que, con dicho motivo, se estrenaron unas andas y la Sagrada Imagen fue colocada en un sorprendente trono. Dicho trono, por medio de un ingenioso mecanismo  se va elevando mientras se canta la Salve, de manera que, colocadas las luces sobre el altar en aparente desorden, poco a poco se van ordenando con perfecta simetría, hasta que la Virgen aparece en lo más elevado del trono, donde queda expuesta a la veneración de los fieles.
A continuación iremos relatando los acuerdos y actuaciones que se fueron realizando para preparar la venida de la Virgen. Comenzamos en el mes de enero con los nombramientos de comisarios para festividades, realizados por el Corregidor, don Gaspar Delgado Llanos y Moreda,  y que recayeron en Diego Guerao y Capos y a Diego de Selva y Rojas.
En la reunión del Cabildo Municipal del 27 de marzo, los señores don Pedro Antonio Herrero, don Alonso Rodríguez, don Pedro Phelipe Herrero y don Francisco Cervera, comisarios que fueron nombrados para recoger las limosnas de los vecinos y para hacer fabricar las andas y candeleros para nuestra Patrona, dieron cuenta de haber cumplido su encargo y lo recaudado, tanto en dinero, como en alhajas, lo ponían de presente a  la ciudad para solo sirvan al fin encomendado, que es para las funciones de Ntra. Sra. de las Virtudes. El Ayuntamiento dio las gracias a dichos señores, haciéndolas extensivas al Sr. Corregidor por lo mucho que se interesó en la solicitud de limosnas a los vecinos.
          Se acordó también, realizar un cajón en donde se guarden las andas y los ciento cincuenta candelabros.
          Los párrocos que regían las dos parroquias de la ciudad eran don Juan Fernández Vila en Santiago y don Joseph Martínez Pardo de la Casta en Santa María.

            En la reunión del Cabildo de fecha 15 de mayo, su capitular  don Francisco Cervera, propuso a la ciudad de que, estando los campos del término muy abundantes de sembrado, de lo que se esperaba una colmada cosecha de granos y existiendo un cierto temor por los nublos que iban apareciendo y que podían causar que la piedra destrozase el campo, pidió a la Ciudad el que se acordase traer a la Virgen en rogativa, para pedirle que, por su intersección, se evitara la pérdida de la cosecha, como también para que su Divina Majestad libere a los vecinos de enfermedades, como también para que conceda sucesión a los católicos monarcas, que tan necesaria es para la tranquilidad del mundo cristiano, añadiendo que los gastos del traslado se sufraguen con las limosnas que dieren los vecinos y no los caudales públicos.



            La ciudad dio las gracias a don Francisco Cervera e informó que no teniendo el ayuntamiento dinero para afrontar los gastos y los vecinos pasan una coyuntura muy estrecha, dijeron que sería preferible que la procesión se haga el 7 de septiembre, conduciendo la Sagrada Imagen a esta ciudad con la mayor ostentación y se le de culto en Santiago los nueve días como es de costumbre, nombrando comisarios para ello a don Pedro Antonio Valero y a Pedro Phelipe Herrero, que ya lo fueron en el año 1750, cuando tan solemnemente se trajo. Se acordó avisar a los cabildos de ambas parroquias, aprovechando de paso la ocasión para inaugurar las nuevas andas y candeleros.
            Tras todos estos acuerdos surgieron otros temas de importancia como eran: que el Trono estuviese iluminado de día y de noche desde el día 7 de septiembre, día de llegada al sábado 16 de septiembre, último día del Novenario. Organizar los nueve sermones, así como las Misas cantadas y las Salves correspondientes.
            Los vecinos también tenían que planificar otras actividades, como eran la formación de soldadescas, construcción de castillos de fuegos artificiales, preparar velas  y organizar los alumbrados correspondientes.
            La emoción de los ciudadanos debió de ser impresionante y prueba de ello nos la encontramos en las páginas del libro, al que vamos a referirnos a continuación, en el que el Cura párroco de Santa María don Joseph Martínez Pardo de la Casta nos ofrece una visión general de las Fiestas que Villena celebró en honor de su Patrona, del 7 al 16 de septiembre, así como de la gran oratoria ofrecida por parte de los nueve oradores que intervinieron.
            Pasamos a detallar el  libro que lleva por título: SERMÓN PANEGYRICO, que en las plausibles Fiestas, que la muy Noble y Leal Ciudad de Villena, celebró a la devotísima Imagen de María Santísima de las Virtudes, colocando a esta Divina Señora en unas nuevas Andas y un prodigioso Trono, impetrando la salud pública y la feliz sucesión de nuestros Católicos Monarcas, el día 16 de Septiembre de 1752
Predicó el Doctor don Joseph Martínez Pardo de la Casta,  presidente que fue de Philosophia y Sagrada Theología Escolástica, por la Escuela Thomista en el Seminario del Señor San Fulgencio de la Ciudad de Murcia, y actualmente Beneficiado y cura propio de la Parroquial de la Señora Santa María de la ciudad de Villena, siendo el nono y último de tan solemnes cultos.
Sale a la luz pública por el señor don Gaspar Delgado y Llanos,  corregidor de la ciudad de Villena, a quien, en reconocimiento de su afecto, lo dedica el Orador.
Impreso en Murcia

Dedicatoria
Al Corregidor de Villena don Gaspar Delgado Llanos Moreda y le agradece  que:

“Haya estimulado a este pueblo para labrar esas majestuosas andas y ese regio y suntuoso trono en que se ha visto colocada con la mayor majestad María, Señora Nuestra, logrando nuevos accidentales realces de hermosura…”.

Destaca también su acertado gobierno de este pueblo e indica  que:

“Siendo vuestro mayor tesón el mayor aumento de su culto y el de su Santísima Madrid, es la puntual asistencia a las iglesias, siendo don Gaspar el primero en los Sermones, Procesiones, Comuniones Generales y demás actos en que un juez debe resplandecer con su ejemplo, sirviendo todo esto de un continuo estímulo a todo este pueblo, para la más puntual asistencia”.

Realiza también una descripción de la familia del Corregidor y un recuerdo muy especial a la fidelísima villa de Medina del Campo, lugar de sus antepasados familiares, finalizando con las siguientes palabras:

“Así camina esta población al amparo de V.S. de cuya innata honradez y generosidad, no dudo de la admisión correspondiente a su heroica caridad”.

8 de diciembre de 1752
Doctor Don Joseph Martínez Pardo de la Casta

Aprobación del señor doctor don Juan Fernández Vila, Beneficiado y cura propio de la Parroquial del Señor Santiago de la Ciudad de Villena.

Revisión para la censura del Sermón panegírico que dio el Doctor don Joseph Martínez Pardo de la Casta, Beneficiado y Cura propio de la Parroquial de Santa María de esta ciudad de Villena, dijo en el día nono y último de las Fiestas, que esta expresada ciudad celebró a María Santísima de las Virtudes.

Indica que al finalizar su sermón, fue aprobado con grandes admiraciones por parte de todos los asistentes y finalizó su dictamen solicitando que el señor Gobernador concediera licencia para imprimirlo.
 Villena, y Noviembre 15 de 1752
Doctor don Juan Fernández Vila

Licencia de Ordinario por el doctor don Andrés de Rivera y Casauz, Chantre, Dignidad y Canónigo de la Santa Iglesia de Cartagena, Gobernador provisor y Vicario General en todo su Obispado, Sede Episcopal Vacante.

Indica en su aprobación que da licencia a cualquiera de los impresores de la Ciudad de Murcia, para que se pueda imprimir dicho Sermón Panegyrico, dado que no contiene cosa alguna, que se oponga contra la Fe y loables costumbres y por tanto su contenido será de mucha utilidad y provecho.

Dada en Murcia, en doce días del mes de Diciembre, del año 1752
Doctor Rivera,  por mandato del Señor Gobernador, Provisor y Vicario General




Exordio, que lleva por título JHS.

A lo largo de veintiséis páginas, don Joseph Martínez Pardo escribe  una exordio centrado en las Virtudes de María, entremezclando  aspectos geográficos, religiosos e históricos.
Hemos realizado una selección de dichos textos y vamos a centrarnos en los aspectos que hemos considerado más curiosos y que transcribimos a continuación:

Válgame la Virgen de las Virtudes. Qué singulares y preciosos Tabernáculos de virtudes admiran nuestros ojos este día: Que altares tan aseados de virtudes registro en esta iglesia. En cada Altar de la Iglesia había una Imagen de las Virtudes…”

Continuó haciendo patentes las virtudes de María, con el ilustre título de Virtudes, siendo esta Señora, el Sol de la Iglesia Católica, citando su colocación en unas regias andas y en su nuevo Trono, recordando emocionado la salida de la Casa, la tarde del día 7 de septiembre, para pasear las calles de Villena, destacando la hermosura de su rostro, al contemplarla en hombros de sacerdotes por las puertas de esta ciudad.
Recuerda también el antiguo Trono y comparándolo con el nuevo indica que el que se estrena es más elevado, brillante y aureado; y tuvo unas palabras de elogio para los ocho sabios oradores que le precedieron; quienes demostraron corrientes cristalinas de un portentoso mar de erudiciones.
Resaltó la labor del ayuntamiento, firmando tan justificado Cabildo para la publicación de estas fiestas.
Destacó también a los hijos de Villena, cuando hablando de María de las Virtudes fabrican su idioma con los afectos y lo expresan a raudales con sus ojos.

Señalo varias citas:
“A quien la majestad divina colocó en Villena, una de las ciudades de nuestra España, a la parte Occidental.”

Respecto a Murcia indicó:

“Publíquelo todo este Reino; y principalmente su cabeza, mi amada patria murciana, en cuya ciudad, el Ilustre Cabildo Eclesiástico es tributario de esta Señora, anualmente con parte de sus diezmos, en deuda o satisfacción al beneficio de tener en su poder una de las mangas de su vestido, con la cual se extinguió la peste en dos ocasiones, que la ha padecido aquella Noble Ciudad, a cuya favor agradecida, se obligó con voto perpetuo, para eternizar su memoria en los siglos venideros”.

Realiza también una pequeña crónica de cómo se realizó la aparición de la Sagrada Imagen de la Virtudes y de las Virtudes, indicando lo siguiente:

“Su gloriosa aparición se simboliza en aquella nubecilla  a esa Divina Imagen de las Virtudes, en su aparición o hallazgo, inmediato a esa laguna, o a esa fuente que llamáis del Chopo”.

Continúa el relato, ahora centrado en la Virgen de las Virtudes y en las nuevas andas y trono; dedicando las siguientes palabras:

“Pasemos de la aparición de la Señora, a su colocación en esas aureadas andas y en ese argentado y elevado trono, transformando en otra a esta ciudad y a esta iglesia, cuando de sus andas toma quieta y pacífica posesión. Al ver colocada a esa divina Imagen en su Trono, dice San Juan, que hizo tránsito la tierra. Alude sin violencia este tránsito, al que miramos en Villena de esta Divina Imagen de las Virtudes, haciendo tránsito de un templo a otro; de un trono ceñido a otro más excelso; de unas antiguas andas a estas nuevas, lucidas y vistosas”.

Dedica también un apartado a destacar la figura del Corregidor de Villena, don Gaspar Delgado Llanos Moreda, de quién destaca el afecto que le ilustra y dice:

“Dando tu silencio, no sé qué resplandor a estas glorias, que desde el retiro de su modestia, nos ha hecho ver, en la erección maravillosa de esas regias andas y de ese majestuoso Trono, o que es nativo carácter de su grandeza, desempeñar airoso sus empresas, o que en su afecto excede el desempeño de su grandeza, cuando corren por su cuenta los lucimientos de esta Señora…”

Seguidamente nos vamos a centrar en los elogios que dedica a Villena, como son:

“El nombre de Villena está significado en buen romance, de fuerza llena; luego el nombre de Villena hace una verdadera etimología con el renombre de fortaleza.
Pero aún creo, que no queda mi obligación desempeñada, sino confirmo con las proezas de esta Ciudad, ser V.S. el robusto y fuerte athlante de que habla Benedicto. Y siendo cierto, que pasión no quita conocimiento., permítaseme vocear lo que sin desdoro, mas si con emulación de otros Pueblos conozco, desde que mi fortuna me trasladó (no con poco consuelo mío) a alistarme bajo la sombra de su castillo, Centro de la honra, Taller de la ciencia, Theatro de valor y fortaleza. Tú eres, Ciudad Ilustrísima, aquel árbol, que sombreando las corrientes. Has producido y produces óptimos frutos de celo y fortaleza para la guerra; de virtudes y santidad para la Iglesia.
Méritos tuyos son los realces y privilegios con que los Reyes antiguos y modernos te han ennoblecido; por tu fortaleza mereciste, que el rey don Fernando y doña Isabel, en el año 1476, concediesen el Privilegio de que esta Ciudad no pudiese enajenarse de tu Real Corona, que no pudiese enajenarse de tu Real Corona, que no pudiese ser vecino suyo el que tuviese quarto de moro ó de judío; y que todo vecino se liberase de pagar pechos y portazgos. La lealtad de V.S. estimuló a aquel guerrero Rey don Phelipe Quinto, para honrar a esta ciudad, con hacerla Plaza de Armas de sus tropas, y que sirviese de antemural a los enemigos.
El valeroso denuedo con que V.S. defendió su partido el año de seis, sin haberle advertido, que sujeto alguno en esta Población siguiese el partido contrario a su Majestad, echando de ver sí, que algunos de sus moradores se dejaron quemar vivos, por no apellidar a otro Soberano, impelió al mismo Rey para honrar a V.S. en justificada recompensa con que se llamase el ejemplo de lealtad.  El mismo don Phelipe (honra de nuestra España).
Habiendo visto el valor y fortaleza de V.S. y que solo con cincuenta hombres en ese Castillo, se defendió del enemigo por espacio de ocho días, padeciendo gustosa saqueo y quema por no entregarse. Ilustró a V.S. el año séptimo de este siglo, con los gloriosos timbres de muy Noble, muy Leal y Fidelísima, dando a entender al mundo este animoso Monarca, que a esta fidelísima Ciudad debió por entonces en sus sienes esta Monárquica Española Corona. Esta es Villena, por sus hazañas: que por lo que hoy practica, la octava maravilla merecía; pues nunca más digna de las más eminente gloria, que cuando consagra su Catillo, su León, su Espada, Fuente, Peces, Ala y Pinos, para coronar con el escudo de sus armas el culto y fiestas de María, mi Señora, de las Virtudes. Esta Señora sea el premio, Senado Ilustre, de la benignidad, vizarria y amor con que V.S. se empeña en obsequiarla…”




            Describimos también los elogios que dedica a los feligreses, dada la gran concurrencia de los fieles a ambas parroquias, en dos noches, a hacer las Vistas a la Virgen, a la vez que le ofrecen algunos dones,  indicando lo siguiente:

“Nada menos han mirado y admirado nuestros ojos en el místico Horeb de este Templo, en todo este Novenario; puesto todo este Pueblo y sus contornos han concurrido a porfía; cortejando en esas lucidas vistas, en dos competidos y devotos bandos, con sus dadivas a María, dándole en parte las gracias de haberles  comunicado en todas sus aflicciones regalos de los Cielos.
Oh insignes moradores de Villena, o verdaderos cuanto apasionados de María de las Virtudes. Yo solo me he quedado para daros repetidas gracias por tan magnánima heroica devoción, con que tan a toda costa os habéis esmerado en celebrar las glorias de esta Señora.”

Elogios también, para el Escribano del Ayuntamiento de la Ciudad, debido a que su familia bordó una correa para Nuestra Señora, en terciopelo negro, con sobrepuesto de oro y la regaló a la Virgen, luciéndola en esas fiestas, así como en la actualidad, la cual se le pone en las romerías de traía y llevada a su santuario[1]

Finaliza con un elogio a los oradores que le precedieron en los días anteriores y finaliza con las siguientes palabras:

“Solo diré lo que en estos ocho días hubiese podido aprender de estos sabios y eruditos Preceptores, ingeniosos Oradores que me han precedido; como lo prometo lo veréis: suplicando a V.S. disimule por María de las Virtudes la latitud de mi exordio, que en el Sermón prometo ser tan ligero como un Ave María.”  
       
            Tras este amplio preámbulo, se inicia la crónica de su sermón, en el  cual comienza resaltando la palabra “VIRTUDES”, indicando que consta de ocho letras y continúa relatando  que:

“Ocho son y ocho han sido los sabios y eruditos maestros, que en estos ocho antecedentes días, habéis oído panegirizar las glorias de Esta Señora (refiriéndose a Ntra. Sra. de las Virtudes): Estos mismos son los que me han dado luz para elogiar a María: pues en cada una de las letras del título de Virtudes, veréis a cada predicador dibujado; saliendo de cada letra una idea distinta, contraída con la idea, que cada Orador ha puesto en su respectivo día. Así cumplo lo que en el exordio prometí; así aprendo de estos sabios e ingeniosos maestros, y así también empiezo a discurrir.
La primera letra de Virtudes es V, que quiere decir Vara de Moisés, la segunda es I, que quiere decir Iris de la paz del cielo; la tercera es R, que quiere decir Reparadora de nuestra España; la cuarta letra es T, que quiere decir Tesorera de las gracias y dones celestiales; la quinta es U, que quiere decir Vencedora de Dios, para socorrer al hombre por medio de sus virtudes; la sexta es D, que quiere decir Divina Jardinera de esta Ciudad; las séptima es E, que quiere decir Espejo en donde se miran favorecidos los hijos de Villena; y la última es S, que quiere decir salud eterna y temporal de sus devotos.
El sermón consta de ocho puntos; no se admira V.S. que aunque será todo tan cierto como el Credo lo que diga, no tardaré ocho Credos, en decirlo, empiezo…”

El contenido de dicho sermón queda plasmado en casi veintisiete páginas, centrada en los puntos antes descritos. Si bien dejamos para el final una especial mención al Corregidor de la ciudad, Don Gaspar Delgado, manifestando el Doctor Joseph Martínez su profundo agradecimiento por haber encargado, la primera autoridad local, la realización de un lienzo con la Imagen de Las Virtudes, pintura que calificó de muy primorosa.



Por último, recordar que fueron nueve días de fiestas, y en cada uno de ellos predicó uno de los más distinguidos oradores del momento. El día 8 de septiembre fue el Doctor Don Juan Alfonso Mellinas, Beneficiado Magistral de la Parroquial del Señor Santiago de Villena. El día 9 fue el P. Fray Diego Lillo, Lector Jubilado, Prior que fue del Convento de San Agustín de Murcia; el día 10 le correspondió a M.R.P. Fray Salvador Maura de los Dolores, predicador del Convento de los Franciscanos Descalzos de Villena. En el día 11 intervino el M.R.P. Fray Andrés Sánchez, predicador general del Sagrado Orden de N.P. San Francisco, en su Convento de Observantes de Hellín. El martes día 12 de septiembre le correspondió a M.R.P. Fray Joaquín de la Ollería, lector dos veces de Filosofía y Sagrada Teología, predicador  en su Convento de Capuchinos de Caudete. El día 6º, concretamente el miércoles 13 de septiembre, el orador fue el M.R.P. Fray Julián de Valencia, predicador en su Convento de Capuchinos de Biar. Al día siguiente le correspondió dar el sermón al M.R.P. Fray Joseph Ibáñez Soriano, lector de Filosofía y sagrada Teología, Guardián actual en su Convento de Franciscanos Descalzos de Almansa. El día 8º,  viernes 15 de septiembre, fue para el M. R. P. Fray Antonio Navarro, lector jubilado, Visitador General y Ex provincial de la provincia de Valencia, del Sagrado Orden de San Francisco de Paula.

Para finalizar, el sábado día 16 de septiembre de 1752,  el Doctor Don Joseph Martínez Pardo de la Casta, presidente que fue de Filosofía y Sagrada Teología Escolástica, por la Escuela Tomista en el Seminario de San Fulgencio de la Ciudad de Murcia y actualmente Beneficiado y Cura propio de la Parroquial de la Señora Santa María de la Ciudad de Villena, con su extraordinario panegírico que estuvo centrado en resaltar las virtudes de la Virgen y en el resumen tan acertado que realizó de los ocho oradores sagrados que le antecedieron en dichos días.

Joaquín Sánchez Huesca




[1] No podemos precisar cuál fue, ya que dicho año habían cinco escribanos: Sebastián Calderón López, Joseph Pascual Benito y Vicente, José Antonio García de Mellinas y Vicente Gil de Borrás.