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VILLENA, COMO CIUDAD, EN ESTE AÑO DE 2021, EL DÍA 25 DE FEBRERO CUMPLIRÁ 496 AÑOS

VILLENA, COMO CIUDAD, EN ESTE AÑO DE 2021, EL DÍA 25 DE FEBRERO CUMPLIRÁ 496 AÑOS. Por Joaquín Sánchez Huesca

“Para que de aquí en adelante la villa de Villena se llame ciudad”
Madrid, 25 de febrero de 1525

ANTECEDENTES HISTÓRICOS RELACIONADOS CON VILLENA
Tras la muerte de Enrique IV en 1474, Isabel la Católica, hermana de Enrique IV se autoproclama reina de Castilla derrotando a Juana la Beltraneja, hija de Enrique IV.
Diego López Pacheco, marqués de Villena era favorecedor de Juana y siguió apoyándola tras el alzamiento de Isabel la Católica. Esto provocó un ataque por parte de la reina Isabel. La población del marquesado de Villena aprovechó esta situación para rebelarse por los excesivos impuestos y privilegios del marqués, ayudándose de los reyes Católicos quienes les proporcionaron fuerzas militares y finalmente la victoria.
Los “lugares” del marquesado de Villena corrieron diferente suerte, siguiendo algunos bajo el dominio de Diego López Pacheco y otros muchos perdiéndolos el marqués.
Villena, tras ser primero “Villa” y luego parte del realengo, percibió diversos favores gracias a la oposición al Marqués de Villena don Diego López Pacheco y su apoyo a los Reyes Católicos.
De ahí que le fuese otorgado el título de ciudad por don Carlos I, hijo de doña Juana I de Castilla y nieto de los Reyes Católicos.
CONCESIÓN DEL TÍTULO DE CIUDAD
En el miércoles 25 de febrero del año de 1525, el emperador don Carlos I otorgó a Villena el título de ciudad, en recompensa por los servicios a sus familiares y muy especialmente, a sus abuelos los Reyes Católicos.
Dicho título fue confirmado por el rey don Carlos I y su madre doña Juana, desde Toledo el viernes 6 de noviembre del año de 1525.
Repasando la Biblioteca Virtual Villenense he seleccionado varios textos y artículos relacionados con dicho nombramiento, aparecidos en varias publicaciones locales, así como sus correspondientes documentos y que cito a continuación:
Número extraordinario El Olivo titulado: VILLENA EN FIESTAS, septiembre de 1934
Figura un artículo, sin firma, aunque es fácil deducir que fue realizado por don Gaspar Archent, director de la citada publicación, quien probablemente debió tomar como referencia los archivos históricos de su tío, el presbítero don Salvador Avellán.
Su enunciado es “TÍTULO DE CIUDAD” y dice lo siguiente:
Pocos pueblos españoles podrán gloriarse de poseer el título de ciudad desde fecha tan remota, como Villena.
El rey emperador Carlos I de España y V de Alemania, le concedió esta merced el 25 de febrero de 1525, habiéndose cumplido, por consiguiente, cuatrocientos nueve años desde la fecha de la concesión.
Afortunadamente se conserva en el Archivo Municipal el documento auténtico en muy buen estado todavía, a pesar del tiempo transcurrido.
Dada la importancia de dicho documento y el interés que ofrece para todos los villenenses, hemos creído conveniente darlo a conocer a nuestros lectores, fotografiando, debidamente autorizados, la primera página del texto y dando algunas noticias de su contenido.
En su parte material consta de seis folios de vitela, con cubierta de lo mismo, apareciendo en su portada la siguiente inscripción: “Privilegio de título de Ciudad, de la Cibdad de Villena”.
Las restantes páginas de la cubierta, como también el último folio, están en blanco.
El texto, escrito todo él con letra gótica, empieza en el folio segundo con una magnífica letra inicial, hecha a pluma, así como el escudo de Villena que figura en la parte inferior de la misma. Todos estos detalles pueden apreciarse en el clisé que reproducimos. Al final de todas las páginas está la firma del rey y los folios están cogidos con un cordón de seda de varios colores, bastante deshilachado.
No pudiendo reproducir el texto íntegramente, por su mucha extensión, consignamos los puntos principales:
ENCABEZAMIENTO
“Sepan cuantos esta carta de privilegio e confirmación viesen, como nos Don Carlos, por la divina clemencia Emperador Semper augusto Rey de Alemania, Doña Juana su madre y el mismo Don Carlos, por la gracia de Dios, Reyes de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias...”, etc., etc.
MOTIVOS DE LA CONCESIÓN
“Por Cuanto la villa de Villena y los vecinos y moradores de ella han sido siempre muy leales a nuestra Corona Real y a los Reyes nuestros, progenitores como buenos y fieles súbditos todavía hacen, especialmente a los Reyes Católicos nuestros aboelos y señores, que hayan santa gloria, en la conquista del Reyno de Granada...etc.; y lo que en servicio de nuestra Corona Real siempre hicieron, estobieron y se mostraron en nuestro serbicio en época de las alteraciones pasadas de comunidad que ovo en estos nuestros reynos, como muy buenos y leales súbditos y vasallos nuestros, et nos sirvieron en la reducción de las cibdades de Orihuela y Alicant et Xativa e Alcira, que son en el Reyno de Valencia, y estaban reveladas contra nuestro servicio, en los que murieron algunos vecinos de la dicha villa...”
CONCESIÓN
“...y porque es cosa convenible y justa que los Reyes y príncipes hagan mercedes y ennoblezcan sus villas y vasallos que con lealtad los sirvieren, para que con el ejemplo dellos otros se esfuercen y animen a hacer lo mismo, por ende acatando todo lo susodicho y porque de la lealtad e fidelidad que la dicha villa de Villena ha tenido siempre y tiene a nuestra Corona Real quede memoria y por razón de ella sea más ennoblecida, por la presente la intitulamos y es nuestra merced a voluntad que agora e de oy adelante para siempre jamás se intitule y llame Ciudad...”
FINAL Y DATA
Encarga luego a todas las demás autoridades, tanto “a los que agora son como a los que fueron de oy en adelante e a cada uno e cualquiera dellos en sus jurisdicciones que guarden e cumplan e hagan cumplir esta nuestra carta e título de Ciudad que por ella damos a la dicha villa de Villena e contra ella no vaya ninguno ni consientan ir... etc., etc., con pena de la nuestra moneda de 3 mil maravedises a cada uno que lo contrario hiciese.”
“Dada en la villa de Madrid, a veinte e cinco del mes de Febrero año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo, de mil quinientos y veinte y cinco años. Yo el Rey”.
Siguen después varias otras firmas y al final de ellas el sello con el escudo real.
Nota: A continuación figura el Facsímil del primer folio del documento por el que se concede a Villena el título de ciudad.
En el libro Historia de Villena de José Mª Soler García, se dedica una apartado a la concesión del título de ciudad y ofrecemos una copia del mismo con la firma de don Carlos I.
 
En La Relación de Villena de 1575 de José María Soler García, nos encontramos con los documentos CXXX y CXXXII y que mencionamos seguidamente:
El primero se refiere al otorgamiento a Villena del título de Ciudad, extendido el 25 de febrero de 1525 en la villa de Madrid.
El segundo lleva por título “PRIVILEGIO DE TITVLO DE CIVDAD DE LA CIBDAD DE VILLENA” y fue publicado en Toledo el 6 de noviembre de 1525 y los comienzos de su texto dicen lo siguiente:
“Sepan quantos esta carta de previllegio e confirmación vieren cómmo nos don Carlos, por la divina clemencia .E. emperador semper augusto, Rey de Alemania; doña Juana su madre e el mismo don Carlos, por la gracia de Dios Reyes de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Cecillias, de Hierussalem, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Gallizia, de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Córcega, de Murcia, de Jahén, de los Algarves, de Algezira, de Gibraltar, de las yslas de Canaria, de las Yndias, yslas e tierra firme del mar Océano, Condes de Barcelona, señores de Vizcaya e de Molina, duques de Athenas e de Neopatria, condes de Ruysellón e de Cerdania, marqueses de Oristán e de Gociano, Archiduques de Abstria”.
“E de esto vos mandamos dar e dimos esta nuestra careta de privillegio e confirmación escripta en pargamino de cuero e sellada con nuestro sello de plomo pendiente en filos de seda a colorese librada de los nuestros concertadores e escrivanos mayores de los nuestros privillegios e confirmaciones e otros oficiales de nuestra casa. Dada en la cibdad de Toledo, a seys días del mes de noviembre, año del nascimiento de nuestro saluador Ihu. Xpo de mil e quinientos e veynte e cinco años...”
 
 


 
Estos escudos heráldicos y el conjunto de relieves se encuentran en la fachada de la iglesia arcedianal de Santiago de Villena, que da a la calle Ramón y Cajal. Fueron destruidos durante la guerra civil y en el año 2008 fueron restaurados.
Los escudos fueron encargados por el primer Arcediano de la Iglesia de Santiago, Sancho García de Medina, durante los siglos XV y XVI y representan el emblema de los Reyes Católicos bajo la Corona de Isabel y Fernando, formados por un águila de una sola cabeza, representando a Castilla y León, Aragón, Sicilia y Granada.
Interesantísimo artículo publicado en la revista anual Villena de 1958 y titulado “Villena y el Emperador Carlos I”, que escribió José María Soler García, cronista de la ciudad y en dicho trabajo se da cuenta del comienzo y restauración del histórico Castillo de la Atalaya, uno de los Monumentos Nacionales de la provincia de Alicante.
Finaliza el artículo con el escudo de Villena que figura en la orla del privilegio de confirmación y acaba con las siguientes palabras:
“La reconstrucción del castillo de Villena se ha iniciado, importante señalar la fecha, en este año jubilar de 1958. Nunca hubiera podido soñarse homenaje más condigno a la memoria del Emperador Carlos I en este cuarto centenario de su óbito.
Villena y mayo de 1958”.
El citado artículo figura en la página siguiente:
Corolario:
Y hasta aquí, un pequeño resumen a través de varios artículos publicados en Villena, referidos a la concesión a Villena del título de ciudad, por parte del emperador Carlos V.
Villena, 11 febrero 2021 Joaquín Sánchez Huesca

Inicio de la temporada cinematográfica en el Teatro Chapí de Villena - Septiembre de 1931 - Detalle de las películas a proyectar

La empresa de Galipienzo gestionaba el Teatro Chapí en 1931 y en su deseo de promocionar la asistencia al cine, publicó este folleto explicativo de la gran cartelera de cine que se iba a proyectar  en el cine de dicho teatro.

La confección del programa fue realizado por la imprenta local Suc. Marcos y Vicente
















Los itinerarios musicales de Ruperto Chapí, 1883


Próxima llegada de Ruperto Chapí a Alicante

El Teatro-Circo desea participar a los lectores las más importantes noticias acerca de los espectáculos lírico-dramáticos que se preparan en este coliseo para la próxima semana.
Ya es un hecho la venida a esta capital de nuestro comprovinciano don Ruperto Chapí, quién dirigirá el jueves o viernes próximo La Tempestad.

El Graduador, Alicante, 22-07-1883

Llegada de Ruperto Chapí a Alicante

Ayer, en el tren correo llegó a esta capital don Ruperto Chapí. Fueron a esperarle a la estación gran número de artistas y admiradores del aventajado maestro.
Anoche fue obsequiado con una brillante serenata por los individuos de la banda de Música “La Lira”, de cuya corporación es presidente honorario.
La empresa del Teatro-Circo prepara una solemne función en honor del Maestro, cuyos detalles anunciaremos oportunamente.

El Constitucional dinástico, Alicante, 25-07-1883

Una reunión inolvidable en casa de Carmelo Calvo

El aplaudido maestro y compositor estuvo anteayer en casa de nuestro particular amigo don Carmelo Calvo, en donde se leyeron algunas escenas de una zarzuela escrita por éste y se ejecutaron algunos números de música, original de don Francisco Senante, quedando altamente complacido el señor Chapí de las relevantes cualidades que concurren en el señor Senante como compositor y de la fluida versificación y excelente trabajo de la obra del señor Calvo, la cual sabemos que ha de tener los honores de la representación en el próximo invierno, en uno de los teatros de la corte.
A la agradable reunión asistieron algunos periodistas y amigos del señor Calvo, que hizo los honores de la casa con la amabilidad y cortesía que acostumbra.
Hasta aquí, figura la crónica de La Correspondencia, a continuación vamos a ampliar la crónica con datos publicados en El Eco de la provincia:
Indica que a la citada reunión también acudió don Juan Cantó Francés, gloriosa realidad del arte lírico y primer premio de composición en el conservatorio. Cita también al señor Soler, eminente artista alicantino y al tenor don José Asín, quién cantó una romanza de la composición presentada por el señor Senante. Don Enrique Ravello cantó otra romanza, y a continuación la música restante fue tocada al piano por su autor.
Además de los nombrados, asistieron don Manuel Senante, don Carlos Sánchez Palacio, y los señores Deltell, Aznar, Fó, Such y Martínez Torrejón, entre otros.

El Constitucional dinástico, Alicante, 27-07-1883
El Eco de la provincia, Alicante, 27-07-1883

La Tempestad en el Teatro-Circo de Alicante

Detallamos a continuación las crónicas de los tres periódicos citados al final, ya que están referidas al mismo tema.
El Eco indica que esta noche se representará la Tempestad, en la hará su aparición la tiple señorita Nadal, libre ya de los compromisos que tenía en Valencia. También actuará nuestro paisano Miguel Soler.
El Graduador la califica como función solemne e indica que la orquesta fue dirigida por don Ruperto Chapí.
El Constitucional es el que más se extiende en la crónica y vamos a relatar un amplio contenido de la misma.

“El elegante circo de verano ha tenido la suerte de dar a conocer a Alicante un verdadero acontecimiento musical, dirigido por su autor, hijo distinguido de la vecina ciudad de Villena, el joven maestro Chapí.
Grande era el deseo de aplaudir a Chapí, quien ha sabido ocupar uno de los primeros puestos entre los compositores españoles y cuyas producciones se oyen en los principales centros musicales de Europa. Tras aparecer en su sitial de director de orquesta, el público lo saludó con bravos y palmadas.
La orquesta, notablemente reforzada, hizo oír las inspiradas notas del preludio y se alzó el telón.
Todos los números fueron estrepitosamente aplaudidos, con especialidad los magníficos finales de los actos, primero y segundo que lograron producir en el auditorio un entusiasmo rayando el delirio.
El maestro Chapí tuvo que presentarse varias veces en el palco escénico y la empresa del Teatro Circo le regaló una magnífica escribanía de plata.
Los coros estuvieron inimitables, así como la orquesta que puede decirse con justicia es una de las mejores.
La representación se repitió en la noche del domingo...
Durante la corta estancia del maestro Chapí en Alicante, fue obsequiado por sus innumerables amigos y admiradores.”

El Eco de la provincia, Alicante, 28-07-1883
El Graduador, 29-07-1883
El Constitucional dinástico, 31-07-1883

Villena se prepara para recibir a Chapí

Dice textualmente la crónica que figura en el periódico:
“Se prepara en Villena un digno recibimiento al señor Chapí, hijo de aquella ciudad, a la que debe marchar hoy mismo.”

El Eco de la provincia, 01-08-1883

Chapí visitó Elche

A las nueve de la mañana de anteayer miércoles, salió de esta capital en coche particular y acompañado de varios amigos y admiradores, con destino a la ciudad de Elche, don Ruperto Chapí.
A la entrada de Elche le esperaban: don Honorato Perlasia, secretario del ayuntamiento de Elche y persona estimadísima del señor Chapí; don Camilo Blasco, presidente del Casino; don Rafael y Francisco Buyolo, hijos del director de una de las bandas de música de elche; don Antonio Sánchez, director de la otra banda; y los señores Fernando Antón, José Aznar y los simpáticos hermanos Javaloyes, José y Alfredo, esperanza, el último del arte lírico español.
En el Casino de elche, Chapí escribió en el gabinete de lectura varias cartas y mientras tanto la comitiva fue obsequiada con unos refrescos por el señor Blasco.
Posteriormente se visitó la iglesia de Santa María y sus torres, divisando el palmeral. Maravilloso concierto  el formado por el rumor de las palmas y los ecos de los moradores que llegaban a nuestros oídos con una armonía dulcísima perdida en la inmensidad del espacio. Continuaron la visita al alcázar de la antigua casa de Calahorra, propiedad de los marqueses de Lendinez.
Chapí, durante el viaje no se separó de sus hijas, Vicenta y Cecilia; la primera nacida en Madrid y la segunda en Roma.
La comida se celebró en la fonda de “Juanico”, instalada en el antiguo local que ocupaba la Tadea y reinó la más franca cordialidad, pronunciándose en el momento del champagne, elocuentes brindis en elogio de nuestro querido comprovinciano.
Inició el brindis el artista alicantino Miguel Soler, continuó don Camilo Blasco y continuaron los señores Perlasia, Buyolo, Serrano, Gorgé, Aznar e Irles, consiguiendo que Chapí se emocionara notablemente.
El maestro abandonó la ciudad a las cinco de la tarde, después de visitar varios huertos.
En el tren mixto de ayer, salió para Villena, desde donde se trasladará a Madrid a recoger nuevamente los laureles del genio en aquellos coliseos.

La Unión democrática, 05-08-1883

Itinerarios musicales de Ruperto Chapí - 1882, 2ª parte


Inauguración del Teatro-Circo en Alicante y representación de La Tempestad

El sábado último ha tenido lugar la inauguración del nuevo Teatro-Circo. La empresa compuesta do artistas de la misma compañía, está dispuesta a no perdonar medio ni sacrificio alguno para atraérselas simpatías generales.
El repertorio es de lo más selecto y variado, contando en él algunas obras nuevas de grande espectáculo, y muy especialmente la de gran renombre, La Tempestad, para las que ha tenido que construir magníficas decoraciones, vestuario y attrezzo especiales.
 Además, la empresa artística, de acuerdo con su apreciable maestro señor Gorjé, ha invitado al reputado director, ya conocido de este público, don José Valls, presidente y director de la gran Sociedad de Conciertos de Valencia, el que se ha prestado gustoso a venir a esta capital, con el exclusivo objeto de ensayar y dirigir dicha obra.
 La circunstancia de ser el autor de La Tempestad el señor Chapí, orgullo de sus comprovincianos los alicantinos; y al mismo tiempo, presidente honorario de la Sociedad musical, denominada La Lira, nos hacen prever un día de gloria para los mismos, el en que tengamos el placer de ponerla en escena.

Crónica de la música, 05-07-1882

Interpretación de la Fantasía Morisca en Pamplona

El corresponsal de Pamplona informa de lo siguiente:
Ayer tuvo lugar el segundo concierto matinal de la segunda serie, y bien puede decirse que fue una solemnidad musical…
El último número de la primera lo constituía la Fantasía Morisca, que fue dirigida por su autor don Ruperto Chapí, y escusado es decir que obtuvo una perfecta ejecución.

La Correspondencia de España, 13-07-1882

Teatro-Circo de Alicante, representación de La Tempestad

Destacamos de la crónica publicada, lo siguiente:

La música de La Tempestad, última creación de Chapí ha producido una verdadera tempestad entre los amantes y defensores de la zarzuela. Los compositores todos, sin distinción de clases, así como los eminentes críticos, convienen en que el maestro Chapí ha regenerado este espectáculo, desechando por completo las vulgaridades y monotonías de que adolecía este género mixto, tan preferido y arraigado en el ánimo de los españoles. Chapí, con su nueva pauta, puede decirse que ha hecho lo que Verdi con su inmortal Aida y Echegaray con sus dramas; resucitar el arte lírico español, matando por completo a esa falange de músicos que con sus producciones desprovistas de originalidad y gusto, e imitando el género cómico-bufo-francés, habían avasallado nuestro teatro lírico dramático.
El maestro Chapí, comprendiendo perfectamente el libro, ha dominado los caracteres de los personajes, y sin echar en el olvido el punto donde pasa la acción, ha combinado una partitura especial, donde pone de manifiesto su indiscutible talento musical, fijando nuevos derroteros al género al que pertenece. Quien esto concibe y quien esto llega a realizar, bien merece que se le señale como una estrella de primera magnitud en el firmamento del arte lírico español.
Chapí nos lo ha demostrado con su Tempestad. De quince números se compone la participación que nos ocupa, los que calificamos de notables, por ser innumerables las bellísimas concepciones e inagotables las riquezas melódicas con que se hallan adornados, prescindiendo de los esmaltes primorosos en la armonía y de la no menos  instrumentación que forman el conjunto más acabado y perfecto de una composición de primer orden…”

A continuación, el cronista realiza un extenso comentario de las distintas partes de la obra, comenzando por el preludio y no nos podemos resistir a relatar los últimos párrafos relacionados con la opinión que va exponiendo y dice así:

“…Esto, con permiso sea dicho del crítico cortesano conocido como SOSTENIDO que afirmó y dijo en su revista que La Tempestad rugirá muchas noches en la escena del teatro de la calle Jovellanos, pero no se extenderá de seguro a todos los ámbitos a todos los ámbitos de la nación española.
El tal SOSTENIDO sí que puede amainar y replegar velas como crítico, por no decirle otra cosa.
Para disuadirlo de su apasionado y rencoroso error, le recomendamos la lectura de la prensa justa e imparcial de las poblaciones donde se ha puesto en escena La Tempestad, tales como Málaga, Cartagena, Valencia y Alicante, donde ha arrebatado la última producción  del autor de la Serenata Morisca, Roger de Flor, Serenata, Dos Huérfanas, y otras.
Si nuestra felicitación le satisface, como modestos críticos de provincias, se la enviamos muy cordial y cariñosa, doblemente por honrar a su provincia que es la nuestra, la cual le tiene figurando en la historia de sus más célebres hijos…”
GOÑI
El Eco de la provincia, Alicante, 29-07-1882

Música Clásica

“La concurrencia que acudió anoche a los jardines de la antigua Casa de Caramany, hoy Centro Recreativo, quedó complacida del estreno de la divertida zarzuela del maestro Chapí, Música Clásica, una de las producciones que con más acierto ha escogido la compañía y que presentó anteayer un conjunto acabado. La acción aunque sencilla, sus escenas están salpicadas de chistes y notable vis cómica que mantienen de continuo la atención del auditorio.
Los señores Fuster y Vallmajor como la señora Seuba, caracterizaron bien sus papeles, siendo frecuentes los aplausos que recibieron en distintas escenas y particularmente al concluir el acto.”

El Eco de la provincia de Gerona, 12-08-1882

Crónica desde el Teatro Principal de Alicante

Trata de la temporada 1882-83 y de la Compañía lírica-dramática dirigida por don Rosendo Dalmau.

“La empresa que ha tomado a su cargo este magnífico coliseo, animada de los mejores deseos en pro del género lírico-dramático se propone hasta donde lleguen sus fuerzas, sin desmayar nunca ni por el trabajo ni por los sacrificios pecuniarios, presentar al ilustrado público alicantino, una variedad tal en sus tareas, como no le es dado a otra empresa de España.
Tras realizar el cronista una amplia relación de las obras que tienen previsto representar, indica finalmente que en los primeros días de la temporada, se pondrá en escena la magnífica zarzuela nueva la Tempestad. En esta obra se estrenará una preciosa decoración pintada por los célebres artistas señores Busato y Bonardi.”

Toda esta larga e interesante exposición está fechada el 28 de septiembre de 1882, y figura como representante de la empresa don Manuel Moncayo y como contador don Manuel Almazán.

El Eco de la provincia de Alicante, 08-10-1882
El Graduador, Alicante, 12-10-1882

Una carta de Chapí enviada a la Empresa del Teatro Principal de Alicante

La empresa del teatro Principal ha recibido la siguiente carta del distinguido autor de La Tempestad, que creemos darla a conocer a nuestros lectores.

Dice así:
“Sr. D. Rosendo Dalmau: Mi distinguido amigo: Supongo a V. enterado de que el señor Escrin ha dejado de pertenecer al teatro de la Zarzuela. Esto ha venido a perturbar por el momento la marcha de los trabajos que la Empresa había fijado, y el aplazamiento de las representaciones del Planeta Venus, ha anticipado las de La Tempestad que debía de ir después de aquella obra y que está ya anunciada para mañana.
La empresa había tenido la consideración de no ocuparme hasta ahora en nada que pudiese distraerme de mis trabajos particulares, y en cambio mis compañeros Sres. Vázquez y Nieto, han llenado solos todo el trabajo desde Agosto acá. Pero tratándose de La Tempestad, no exigiendo esta obra ensayos preparatorios y siendo yo el autor, la Empresa me ha encargado su dirección, en tanto que mis compañeros tienen repartidas tienen ya repartidas las obras que han de hacerse en un par de meses. Es decir, que lo único que yo haré en tanto es una dirigir una obra mía que no ha necesitado más que un ensayo general. Por todas estas razones, comprenderá V. la imposibilidad en que me encuentro de cumplir el compromiso contraído con V. para ir a dirigir La Tempestad en esa capital, sin rescindir antes mi contrato con esta Empresa, sacrificio que yo estoy dispuesto a hacer, si así lo exigen los intereses de V.
Deploro que las circunstancias me impidan satisfacer el deseo de V., que era también el mío, por tratarse de hacer al mismo tiempo una visita a mi país, cosa que hace mucho tiempo deseo, y que fatalmente he tenido que aplazar ya algunas veces por causas análogas a esta de ahora.
Comprenderá V. perfectamente que me veo obligado a obrar de este modo, por un deber de delicadeza que usted en mi caso, llenaría como yo.
Comprenderá V. también que mi compañero no juzgue natural ir solo, por lo cual le ruega a V. también que le dispense.
Como ya la prensa de esa localidad anunció nuestra ida, y esto compromete a V. para con el público, le autorizo desde luego a que publique, si así lo cree necesario, las causas que impiden el que V. cumpla lo prometido.
Aseguro a V. que tengo un verdadero sentimiento y que deseo una ocasión cualquiera en qué serle útil y probarle su buena amistad su S.S., Q.B.S.M.”

Ruperto Chapí.
Madrid, 11 Octubre 1882
Su casa: Paseo del Prado, 30-2º izquierda.

El Eco de la provincia de Alicante, 18-10-1882
El Graduador, 18-10-1882


Itinerarios musicales de Ruperto Chapí - 1882, 1ª parte


Música Clásica, Teatro de Apolo

El teatro de Apolo ha abierto sus puestas con una compañía cómico-lírica dirigida por el señor Morales. La noche se divide en dos funciones, como en otra ocasión, y el espectáculo resulta bastante variado. El público aplaude bastante a las señoritas Abril y Casado,  a la señorita Perla y a los señores Carceller, Povedano, etc.
 La zarzuela Música clásica de Chapí, tuvo una ejecución perfecta.

Crónica de la música, 08-03-1882

LA TEMPESTAD: DRAMA LÍRICO EN TRES ACTOS, LIBRO MIGUEL RAMOS CARRIÓN Y MÚSICA DE  RUPERTO CHAPÍ

Al salir del estreno de la nueva zarzuela en el teatro de Apolo, tan esperada por los aficionados hacíamos mentalmente el siguiente resumen de nuestras impresiones:
El libro tiene muy buenas situaciones hábilmente preparadas. En su forma revela desde luego las elegantes condiciones del señor Ramos Carrión. Como obra dramática destinada á la música tiene exageración, amaneramiento y hasta cierto descuido que quita finura al drama para convertirlo en un verdadero melodrama lleno de brochazos de efectos que no siempre resultan. Hasta ha querido el autor ponerle unos ribetes filosóficos de mal gusto, como, por ejemplo, en la balada, o lo que sea, del barítono que por parte del músico ha resultado una bellísima página.
 No merece  pues, el señor  Ramos, por esta vez, la  ovación que se le ha hecho; y lo confesamos con tanta más pena cuanto que figuramos entre los admiradores sinceros de sus obras cuando se limita en estas á seguir los impulsos naturales de sus aficiones y de sus aptitudes. No se empeñe el señor Ramos Carrión en ser escritor dramático porque no lo conseguirá. Preparar con habilidad las escenas y las situaciones lo hará siempre porque tiene talento y mucho conocimiento del teatro; para dar el vigor, el colorido y la expresión dramática bastantes situaciones levantadas, no lo siente el distinguido escritor y no lo puede hacer como no lo hizo en La Marsellesa ni ahora en La Tempestad.
 La música, como inspirada en el libro, se resiente  algo de la exageración de este, y se revela este defecto, pero siempre en menor escala que en libro, en la alta tesitura de las voces que quizá sea causa de que algunos de los artistas no puedan cantar esta obra muchas veces  seguidas, y en cierta brillantez estrepitosa de la instrumentación que no se requiere de un modo absoluto para conseguir la expresión dramática.
Fuera de estos lunares, el Sr. Chapi ha comprendido el asunto mejor que el autor del libro y ha compuesto bellísimas páginas que le presentan como una verdadera esperanza del arte. Elogiamos, pues, pero elogiamos con ciertas reservas que nos impone nuestra misión, la obra del Sr. Chapí. Si la experiencia no nos demostrara el daño que se hace á los artistas con los elogios incondicionales y absolutos como en otras ocasiones los hemos tributado por desdicha, estaríamos entusiasmados como lo estaba el público en masa. Teniendo la conciencia de nuestro deber, nos hemos de limitar a dar al señor Chapí la más cordial enhorabuena y a saludarlo como se saluda al sol que al empezar su carrera diaria no calienta todavía lo bastante, pero promete un hermoso día. Esperemos que se realice esta promesa y que no vengan nubes de ninguna case a defraudar la esperanza.
A quien tenemos que elogiar sin reservas de ninguna clase y de la manera más absoluta, es a don Emilio Arrieta, director del conservatorio. Recuérdese que es el maestro de Chapí, y se comprenderá la justicia y la oportunidad de la observación. Aun en medio de la dirección especial, suya propia, de la inspiración y de la factura de Chapí, se ven por doquier los fundamentos de su personalidad artística, los cimientos de su edificio, y estos cimientos, sólidos y robustos, son las lecciones, los consejos, las obras, los procedimientos, la manera del señor Arrieta. Precisamente los números de La tempestad, en que por la forma de la construcción se ven más esos cimientos, son los más bellos, los más conmovedores, los que no pecan por exceso ni por defecto de desarrollo tratándose de hacer una zarzuela, los que tendrán más legítima popularidad. Nuestra enhorabuena más absoluta, más cordial y más entusiasta al Sr. Arrieta.
 La interpretación buena. La señora Franco de Salas a quien tantas veces hemos censurado merece en esta obra los más sinceros elogios. La señora Cortés y los señores Ferrer, Orejón y Berges, bien…
A LEÓN
Crónica de la Música, 15-03-1882

Ruperto Chapí y La Tempetad

            Ya era hora. Como Diógenes buscaba un hombr4e a la luz de su linterna legendario, como Arquímedes pedía un punto de apoyo para remover el mundo, como Goethe clamaba ansioso luz, mucha luz, en el lecho de muerte donde espiraba apaciblemente el gran pagano, con iguales deseos, con solicitud semejante volvíase el señor Chapó a los poetas madrileños en demanda de un libreto que ofreciese ancho campo a la rica fantasía y al talento, cada vez más sólido y elevado, del joven cuanto aplaudido compositor español.
            Hasta ahora, sus gestiones en el teatro no habían producido, en realidad, muy lisonjeros resultados, y,  fuera de algún ligero escarceo por el sainete musical, tratado de un modo admirable por el autor de Música clásica, producciones de mayor vuelo habían logrado solamente dejar la honra a salvo, a través de poemas desprovistos de vitalidad, que oscurecieran notablemente los méritos del maestro e hicieran olvidar muy pronto relevantísimas dotes puestas al servicio de causas medianas y a veces también detestables.
            Chapí había obtenido un verdadero triunfo en la música instrumental con su deliciosa Fantasía Morisca, cuya serenata alcanzó, sin gran trabajo, las codiciadas alturas de la popularidad. Su primera gran sinfonía, en cuatro tiempos, vino armada de pies a cabeza para librar noble batalla a la moda, y fue vencida por ésta. La hora de la rehabilitación no ha sonado todavía, pero llegará como ha llegado, tarde o temprano, para las obras destinadas a barrer preocupaciones y señalar al criterio público las leyes de la verdad y del buen gusto.
            La Fantasía Morisca y la obertura enérgica y brillantísima de Roger de Flor, escrita en una noche, cálamo currente: he ahí el contingente que Chapí ha dado a nuestra música instrumental. Sus envíos de Roma son, en general, desconocidos y dignos, según la opinión de competentísimas personas, del entendimiento, en verdad excepcional, del joven compositor; pero para nosotros y el público constituye una colección de páginas inéditas, sobre cuyo mérito no podemos emitir apreciación alguna.
            Las dos obras antes citadas, ejecutadas constantemente con entusiasta aplauso en los conciertos, bastan, sin embargo, para acreditar los talentos de un maestro que en los albores de su carrera enriquecía el repertorio de nuestra música instrumental con páginas bellísimas, llenas de carácter nacional y escrito con aplomo y holgura extraordinarios.
            En el estrecho abandonado terreno de nuestro arte religioso, Chapí hizo sus primeras armas ante el público con singular fortuna, y su oratorio Los Ángeles, ejecutado hace pocos años en el gran Salón-teatro de la Escuela Nacional de Música y Declamación, fue un triunfo completo, señaló una nueva fase de aquella inteligencia privilegiada, que con exquisita ductilidad sabía plegarse a las convenientes de cada género y ponerse al nivel de su naturaleza propia.
            Las naves de Cortés, la hija de Jefté y Roger de Flor, óperas en uno tres actos, habían revelado antes los vuelos dramáticos y el vigoroso temperamento del maestro, por más que aquellas producciones primeras dejaran campo a la controversia; pero el germen se manifestaba visible3, denotando que las cualidades latentes de Chapí, abandonas a su natural impulso, no necesitaban más que tiempo y ocasión propicia para manifestarse en toda su lozanía, en toda su plenitud.
            De la ópera, Chapí volvió hacia la zarzuela. Sus mayores éxitos hasta entonces le habían proporcionado honra suma; pero no bastaban para llenar las imperiosas necesidades de la vida. Casado desde muy joven y componiendo música con acompañamiento de sendos chiquitines en las rodillas, Chapí contaba con tres protecciones: la de su talento, protección espiritual; la de su familia y la de su maestro. El cariño de una esposa virtuosísima y de una prole adorada; el afecto paternal, ilimitado, absoluto, digámoslo de una vez, el afecto conmovedor del eminente autor de Marina, fortificaban los desfallecimientos del espíritu, las luchas y decepciones del artista, con dulces consuelos del hogar doméstico, con los vehementes estímulos y amparo constante de la amistad que se ofrecían al hombre.
            No es mi ánimo mortificar a nadie, pero los poetas que vinieron en auxilio de Chapí para llevar a cabo su entrada en la zarzuela, faltos, en general, de acierto, o desconocedores de la entidad artística tan acusa, sin embargo, del joven compositor español, no lograron, a pesar de loables esfuerzos, que Chapí conquistara desde luego el puesto que le correspondía.
            Es cierto que el talento del maestro no pasó jamás desapercibido para el público, antes, al contrario, la opinión unánime de deploró sinceramente aquellos frutos del ingenio musical, gastados inútilmente en poemas sin consistencia; pero, consuelo menguado en aquellas circunstancias, es lo cierto que Chapí veía derrumbarse sus ilusiones y perdido por completo el fruto de tantas vigilias, de tanto trabajo.
            La chispeante Música clásica, de Estremera, vino tan sólo a descubrir las singulares aptitudes de Chapí para el género cómico, y a envolver a los dos autores en una entusiasta y unánime ovación. La Serenata, de los mismos, estrenada el pasado otoño en el Teatro de Apolo, fue un triunfo para Chapí. Estremera no salió tan bien librado. Los ejecutantes, en general, sufrieron un justo descalabro. ¿Es obra muerta? Nada de eso; el aplaudido libretista de Música clásica, autor de chispeantes comedias justamente celebradas, lo sabe perfectamente y no tardará en demostrarlo. Y si la Serenata vuelve a ejecutarse con las debidas correcciones en el poema, no ha de faltarle mucho para formar un magnífico pendant a Música clásica. Al tiempo.
            Los lectores han podido ver las líneas precedentes, que constituyen un  breve resumen de los trabajos de Chapí, las etapas y vicisitudes que ha recorrido hasta este momento el distinguido maestro en su corta pero brillante y accidentada carrera.
            Vencedor en los conciertos, en el oratorio y en el género cómico y ligero, objeto de general consideración y aprecio en sus primeros ensayos de ópera, buscaba presuroso el complemento de su fama creciente, en una obra destinada a nuestro único teatro nacional y cantada en nuestro idioma; en una obra que pudiera, a la vez que consolidar su nombre, dándole cabida definitiva en la historia de la zarzuela, es decir, en la historia más genuina, más íntima y familiar, por decirlo así, de nuestro arte, ofrecerle la justa compensación material a que los trabajos considerables de la composición musical, fuera de lo que al talento se deben son aquí y en todas partes acreedores.
Ese día tan anhelado para todos los artistas ha llegado, al fin, para Chapí. Esa obra está compuesta. Tardío, pero seguro, el maestro ha dado con el poeta, y del choque de esas dos inteligencias afines ha nacido La Tempestad, de Ramos Carrión y Chapí, estrenada en el Teatro de la Zarzuela en la noche de 11 de marzo de 1882. Escribo la fecha en detalle, no por Ramos Carrión, que las cuenta numerosas en su envidiable y fructuosa carrera, sino por Chapí. En la historia del reputado maestro español, la fecha citada es de esas fechas que quedan.
            Melodrama lírico llama Ramos Carrión a su última obra. El título está justificado; melodrama, en efecto, reñido, en general, con las reglas de la lógica y de la verosimilitud, dentro, bajo todos los conceptos, de las leyes convenciones que siempre han amparado los defectos considerables del género, Ramos Carrión ha dado, sin embargo, una nueva prueba de su discreción y su talento, arreglando para la escena española la conmovedora leyenda bretona que Chapí ha enriquecido con los encantos de su música.
            La obra está hecha para Chapí: el poeta ha tenido por objetivo el compositor, durante los actos primero y segundo se nota la solicitud y el tacto, se nota, sobre todo, la inteligencia de Ramos, atento siempre a preparar para el maestro las situaciones más adecuadas a su talento, a sus inclinaciones, a su naturaleza.
            La Tempestad conmueve, interesa y entretiene; está cuajada de esas filigranas poéticas donde la fluidez y la delicadeza del autor de Esperanza se manifiestan en bellísimos conceptos. La balada del acto segundo es una obra maestra. Hay en ella un trasunto de Heine, que ha inspirado a Chapí la pieza más característica y hermosa de toda la partitura. Es, en suma, el libro de La Tempestad un verdadero tour de forcé, llevado discretísimamente a cabo por Ramos Carrión…
            ¿Representa La Tempestad algo nuevo, alfo original e inusitado dentro del género a que los compositores españoles han rendido preferente culto? ¿Implica la partitura de Chapí un cambio o una transformación de las leyes fundamentales por que hasta ahora se había regido la zarzuela? ¿Es el estilo del maestro norte de nuevas aspiraciones, esperanza de porvenir halagüeño para nuestro arte lírico nacional?
            En cuanto a esto último, creo firmemente que sí. Después de la etapa de lo bufo, la zarzuela atravesaba una crisis lamentable y, fuera de algunas obras importantes que, como últimos dones, ofrecían los que a su mayor brillo contribuyeron en días mejores, el género había decaído considerablemente.
            Únicamente Fernández Caballero con el Salto de Pasiego, su obra más completa y pensada al parecer, había venido a galvanizar aquel cadáver profanado por más de un compositor indigno de tal nombre…
            Para llegar a este fin, para introducir en la zarzuela esos importantes elementos que debían ponerla en contacto con el presente, Chapí no ha necesitado nada más que dejar correr su pluma.
            Todas las obras anteriores del joven compositor español manifestaban paladinamente sus ideas, denotaban su firme propósito de marchar con la época fuera de perniciosas compañías que atraen a los incautos como la luz atrae a las mariposas para ocasionarlas muerte.
Chapí, con su Tempestad, no ha venido por tanto, a entonar un nuevo Credo, no ha venido a sentar plaza de reformador, en la acepción más amplia de la palabra. No es un iconoclasta feroz, no es un Erostrato ni un Marat. Y el mérito principal de su última obra está precisamente en eso, está en que sin expresar procedimientos, ni derribar ídolos, ha conseguido colocar de un golpe la zarzuela don, desde hace algunos años, debiera haber estado colocado.
            Para esto le ha bastado con ensanchar el cuadro, le ha bastado con importar al género los elementos que hace tiempo reclamaba, respetando, sin embargo, la naturaleza de la zarzuela. Las vestiduras antiguas, ajadas en gran parte, que cubrían su cuerpo, constituían una incalificable incuria, la habían desfigurado, la habían empobrecido.
            Chapí le ha construido un traje nuevo y flamante, confeccionado con el último figurín a la vista, pero sin que la exuberancia de adornos o la seriedad extremada prestaran aires de gran señora, de encopetada dama o aristócrata linajuda a quien bastaron siempre ropajes bien hechos, discretos y en relación con sus formas y estatura para captarse las voluntades y tener millares de amantes prendados de sus gracias y rendidos a sus pies.
Chapí ha respetado las líneas convencionales, pero en cambio el interés de las voces, la riqueza de los ritmos y sobre todo, el poder y la expresión del elemento instrumentan  aparecen como insólito aliciente, ofreciendo los caracteres de una verdadera novedad.
            Por eso el público ha acogido con tanto aplauso La Tempestad. Ha visto ese paso al frente, tan vigoroso y decidido, que venía a presentarle su género predilecto, agrandado, embellecido, idealizado por el riquísimo contingente de los adelantos modernos, y ha batido palmas ante el maestro victorioso.
            Entretanto, séanos permitido saludar con júbilo la bellísima Tempestad  de Chapí, que viene, en momentos críticos, a refrescar la atmósfera de nuestra música y a disipar los miasmas deletéreos que la invadían traidoramente.
             Cuando se pagan centenares de reales por admirar en un dúo o en una romanza a un distinguido tenor italiano o a una aplaudida triple polaca; cuando la gente emigra al extranjero, volviéndonos, como siempre, las espaldas, una victoria nuestra, el triunfo alcanzado dentro del hogar doméstico debe regocijarnos, debe envanecernos más en ésta que en otra ocasión cualquiera.
Por mucho menos se toca y canta por ahí el himno de Riego.
Antonio Peña y Goñi.
18 marzo 1882
Revista Contemporánea, Volumen II, año 8º tomo XXXVIII, 30-03-1882

Concierto en el Teatro de Apolo en admiración a Chapí

Para rendir un tributo de admiración al Sr. Chapí, que se encuentra entre nosotros con motivo del estreno de su última zarzuela La Tempestad, se ha verificado en el teatro de Apolo un brillante concierto que ha dejado gratísimos recuerdos.
En la primera parto se ejecutó la graciosa Polonesa de concierto, la Serenata núm. 1, ya conocida y juzgada favorablemente por el público, y la Marcha religiosa, obras de nuestro paisano señor Espí, que revelan en su autor profundos conocimientos del arte que con tanto provecho cultiva.
La última de estas obras nos era desconocida, y se puede decir, sin género alguno de duda, que es acabada y correcta, y que caracteriza perfectamente su género.
 La segunda parte la componían el Ultimo Adío, melodía para cuerda sola; Elegía á Rossini, Recuerdos del sarao y la popular Nit d' Albaes, composiciones debidas al director de nuestro Conservatorio, señor Giner.
  La tercera parte se componía de la fantasía morisca de Chapí dirigida por éste. Es Una obra originalísima acerca de la cual nada debo decir porque ya está juzgada en todas partes.
 La introducción se desliza con suavidad de tintas y variedad de matices, sirviendo de preparación al tema de la Marcha al torneo, que le sigue con grandes efectos de sonoridad, de amplia frase y elegante forma. 
  El núm. 3° La Meditación, forma contraste con los números anteriores. Lánguido y lleno de poesía se inicia el motivo y con exquisito gusto  se desarrolla hasta el núm. 4º; La serenata, en donde no sabemos qué admirar más, si la originalidad de este pezzo y su modo característico, o la clase de modulaciones y variedad que dentro de su completa unidad se emplean.
El núm. 5°, Final, corona tan preciosa página musical. El tema de la inducción se reproduce con el de la Marcha, y a manera que los motivos se suceden y enlazan, aumentan el interés y fuerza, siempre en crescendo, hasta que un atrevido y vigoroso tiempo en donde los efectos aparecen con extraordinaria rapidez, cierra el plan general de la obra, rica en detalles de instrumentación.
 El público saludó los últimos compases con bravos y aplausos continuados, hasta que el Sr. Chapí, que también había repetido el número anterior, hizo lo propio con el final, siendo de nuevo aplaudido con verdadero y justo entusiasmo.
 Los tres maestros dirigieron sus obras con acierto, y la orquesta, obediente á su batuta, sacó notables efectos.
Crónica de la música, 03-05-1882

Poema sinfónico Don Quijote

El laureada maestro Chapí está terminando un poema sinfónico titulado Don Quijote, el cual será estrenado en los conciertos internacionales que en el próximo verano se verificarán en Verona (Italia).
Las Provincias de Levante, 04-05-1892

Chapí dirige Fantasía Morisca en el teatro de la Zarzuela

Se ha verificado en el teatro de la Zarzuela una función a beneficio de la Asociación de escritores y artistas. El tercer acto de Marina fue perfectamente interpretado por la señora Cortés y los señores  Berges, Ferrer, Subirá, Fuentes y coro.
Las señoras  Mendoza Tenorio y Valverde y los señores  Valero, Oltra, Maza, Fernández y Zamacois ejecutaron después admirablemente La comedia nueva ó el café de Moratiu.
La señora Franco de Salas cantó la preciosa melodía La pecadora, y la se- ñera Cortés el vals del señor  García Cabrero que intercalaba en Barcelona en Los Mosqueteros grises.
La gran novedad de la función era que la Sociedad de conciertos que dirige el maestro Vázquez se presentó dirigida por el Sr. Chapí para ejecutar la Fantasía morisca de este último.
Esto podrá no significar nada porque es costumbre que un artista ceda la dirección a otro para ejecutar obras propias. Pero quizá signifique algo para el porvenir.

Crónica de la música, 31-05-1882