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Banda Sonora documental 'Chapí. La esencia de la zarzuela'


Publicado el 29 abril 2016
Banda Sonora del documental 'Chapí. La esencia de la zarzuela'.

- Orquesta Sinfónica de Alicante (OSA): 'La Revoltosa', 'La patria chica' y 'El tambor de granaderos'. Director: Joan Iborra.
- Coral 'Ambrosio Cotes': Motete 'Veni, creator spiritus'. Director: Isidro Alemañ Sanchís.
- Banda Militar de la Academia General del Aire. 'La corte de Granada'. "Fantasía morisca". Director: José Castelló Manuel Sánchez.
- Alumnos Conservatorio Música de Villena: 'El tambor de granaderos'. Director: Eloy Morente Muñoz.

Villena desde la huerta - Villena 2015


PORTADAS DE LIBROS Y OTRAS PUBLICACIONES CONCERNIENTES CON VILLENA - 5ª PARTE

5ª PARTE:

Distribuidas en varias partes, figuran portadas de libros, revistas, y otras publicaciones, con las siguientes características: en unos casos figuran aspectos relacionados con Villena y en otros, el escritor o pertenece o está vinculado a nuestra ciudad.






















Itinerarios musicales de Ruperto Chapí - 1879


1879
            Estrena la Fantasía Morisca bajo la dirección de Tomás Bretón. Poco después estrena la Sinfonía en re y una Polaca de concierto.

Primer concierto de la sociedad de profesores

Esta tarde a las dos, se verificará en el Teatro y Circo del Príncipe Alfonso, el primer concierto de la sociedad de profesores, que dirige el señor Vázquez.
En la primer parte, en segundo lugar, se interpretarán dos piezas en forma de canon, instrumentadas por don Ruperto Chapí (primera vez), de Schumann.

La mañana, 02-03-1879

LOS CONCIERTOS DE PRIMAVERA -  UNA SINFONÍA DE CHAPÍ: MARCHA EN RE MENOR

El concierto del domingo, penúltimo de la temporada, no fue tan bien recibido por el público como otros, a juzgar por las pocas repeticiones. Nueva injusticia del público.
La única obra repetida fue la Rapsodia húngara de Liszt,  pues aunque se pidió la repetición de la overtura Paragraph tercero, de Juppé, no pudo obtenerse.
 Las demás obras ejecutadas eran el scherzo de la segunda sinfonía de Marqués; la overtura de La part del diable, de, de Auber; el adagio del quinteto en si bemol, de Mendelssohn; la marcha del Profeta, do Meyerbeer, y la sinfonía en re menor, de Chapí.
 De esta última vamos a ocuparnos exclusivamente, a á ocuparnos exclusivamente, porque era la única novedad del concierto.
 A los que creen que Chapí, legítima esperanza hoy, y gloriosa realidad mañana,  sin duda alguna, del arte lírico español, no debe componer sinfonías de corto clásico, por que estas no son de la época moderna; pugnan bastante con las nuevas tendencias del arte y comprimen la inspiración de los jóvenes compositores, cuando deben dejarla volar libremente hasta formar gusto y estilo propios (opinión de que no estamos lejos de participar), se les debe hacer observar en esta ocasión que el señor Chapí ha escrito esta sinfonía porque tenía obligación de hacerlo en el tercer año de su pensión en Roma, y formaba parte de los últimos envíos hechos por la Academia de Bellas Artes de España en aquella capital.
 Nosotros creemos, a pesar del respeto que nos merecen las sinfonías clásicas de los grandes maestros, que la verdadera sinfonía moderna es la sinfonía dramática con solos y coros, escrita sobre un poema cualquiera de los que hoy pueden ser fuentes de inspiración, obra que responda a una idea y que expresa perfectamente los sentimientos que de ella se desprendan. En este concepto veríamos con gusto que Chapí, Bretón, Rubio y los demás jóvenes compositores que forman la base del porvenir musical de España, se dedicasen a escribir sinfonías como la fantástica de Berlioz, como la reciente da Benjamín Godard y como tantas otras, dramáticas, que constituyen la verdadera sinfonía moderna, en vez de consagrar sus grandes dotes a la tortura de procedimientos y fórmulas antiguas, que no se avienen con los desarrollos de la moderna regeneración musical.
La sinfonía, dice un reputado crítico, tal como nació en manos de Haydn hasta llegar á su completo desarrollo y marcar el apogeo del género bajo las inspiraciones titánicas de Beethoven, constituye hoy un verdadero anacronismo artístico.
A pesar de todo esto, hemos de confesar, porque así es la verdad, y no hemos de faltar a ella por nada ni por nadie, que la sinfonía de Chapí que nos ha dado margen a estas consideraciones, es una obra verdaderamente importante, que hace muchísimo honor a su joven maestro, a despecho de todas las indiferencias.
Riqueza do armonía, variedad admirable de timbres, motivos llenos de grandeza, en general, y de originalidad; una inteligencia segura de los efectos instrumentales, dentro de las condiciones del arte sinfónico, toque magistral en la exposición, ingenio sutilísimo en los procedimientos del desarrollo; todo esto, dice el señor Peña y Goñi, con quien estamos en esta ocasión completamente conformes, todo esto, realzado por una hermosa unidad de estilo, son las dotes que el señor Chapí pone de manifiesto en su primera sinfonía, tanto en el primer tiempo, cuyo adagio es un exordio admirable que prepara dignamente a la vista del edificio musical, como en el andante, notable por sus originales frases y múltiples trasformaciones, como en el scherzo y el último tiempo; peroración brillantísima de toda la obra, en la cual la trivialidad aparente de ritmo desaparece entre la riqueza de combinaciones del motivo, tratado a lo Beethoven con maestría especial.
El primer tiempo adagio y allegro apasionato, empieza por una melodía patética, que se resuelve en combinaciones orquestales hechas por los procedimientos beetovianos. Un crescendo parcial prepara un tutti final de gran efecto. Este tiempo ha resultado un poco confuso, sobre todo para los que no tienen en cuenta que toda música seria, requiere más de una y más de dos audiciones.
El segundo tiempo, andante con molto expresivo, empieza por una bellísima melodía pastoril; después tiene unas magníficas frases de marcha en el metal; enseguida una melodía italiana, desarrollada con gran amplitud en los violines; y por último se repiten las frases de marcha como prólogo do un pleno de orquesta de grandísima sonoridad y magnífico efecto, que termina apagándose gradualmente. Este tiempo fue muy aplaudido y valió al señor Chapí una gran ovación con frecuentes llamadas del público.
 El tercer tiempo, scherzo y presto, es muy original, alegre, animado y expresivo, y el cuarto, molto, allegro e vivace,  contiene verdaderos prodigios de instrumentación; es el menos clásico, es el más espontáneo, el más digno de un artista moderno, aunque la trivialidad de su ritmo le haya producido algunas censuras.
En suma, felicitamos de todo corazón al señor Chapí y a su maestro el señor Arrieta, y esperamos nuevas ocasiones en que aplaudir al joven compositor.
E. M.

Crónica de la música, 03-04-1879

LOS CONCIERTOS DE LA UNION ARTÍSTICA

La  misma satisfacción que experimentamos reseñar el primer concierto del señor Bretón, tenemos hoy al consignar, aunque ligeramente, nuestras impresiones sobre el segundo. La concurrencia, que era mucho más numerosa de lo que permitía el anchuroso teatro de Apolo, pues hasta en los pasillos había personas que no habían podido obtener a ningún precio localidades, quedó a su vez, más que complacida, entusiasmada; y la justísima fama que ha adquirido la Unión Artística y su director el señor Bretón, quedó consagrada de la manera más solemne y expresiva…
La segunda parte del concierto se componía de una nueva obra del señor  Chapí, dividida en cinco tiempos y titulada Fantasía morisca, obra que proporcionó a su autor una entusiasta ovación, por la cual le felicitamos, así como a su maestro el señor  Arrieta. Aunque no todo lo que quisiéramos, tenemos que detenernos algo al dar cuenta del éxito de esta obra.
Distínguese especialmente, como es natural, por el carácter árabe sostenido en toda ella y por las ideas elegantes y distinguidas que contiene; circunstancia esta última bastante difícil por cierto en los tiempos que corremos y en este género, más que en otros, por la corrupción que han ido estableciendo tantos cantaores y cantaoras y tanto compositor de flamenco.
 El primer tiempo es elegantísimo, noble y tranquilo. El segundo, marcha al torneo, es el menos importante y más vulgar, pero tiene mucha vida; la glosa de la cuerda pertenece á un género distinto del resto de la obra. Aun en este tiempo revela el autor su peculiar distinción. El tercer tiempo, meditación, constituye una página corta, llena de poesía y de carácter, con giros muy nuevos y siempre distinguidos, que no se repitió por estar unida a la serenata, que es la verdadera pieza capital de la obra. Tiene la serenata ritmos muy picantes, sobre los cuales juguetean dos melodías, una menor en la primera parte y otra mayor en la segunda, con imitaciones sobrias y ricas del mejor efecto. Este tiempo fue aplaudido con entusiasmo, y repetido. El final se compone de la idea de la marcha al torneo y de un crescendo de mucho brío y novedad. El conjunto de toda la obra es bellísima y constituye un trabajo muy notable. La instrumentación es pintoresca, pero demasiado fuerte quizá en general tratándose de un género tan especialísimo.

Crónica de la música, 01-05-1879

Cantata a El Cano, del maestro Arrieta y adaptación de I Marinari de Rossini por Chapí

            Importante bajo más de un concepto ha sido la solemnidad con que la Sociedad geográfica ha querido conmemorar este año el recuerdo de uno de los más ilustres marinos con que se envanece la historia patria, el recuerdo de Juan Sebastián el Cano.
            La última obra relacionada con dicho personaje fue ejecutada el sábado 31 de mayo en el paraninfo de la Universidad en presencia de S.M. el Rey y fue una cantata, poesía del señor Campo Arana, escrita para coro de hombres y orquesta, y dedicada a la memoria de El Cano.
            El redactor de esta nota de prensa felicita muy sinceramente al maestro Arrieta por dicha composición y continua su crónica indicando que en solemnidad del momento, se ejecutó también el dúo I Marinari de Rossini, en cuya instrumentación el señor Chapí había dado nueva prueba de su talento y su pericia.
Se complementó este gran concierto con un coro de Marina, el preludio de Guzmán el bueno del señor Bretón y la marcha de las antorchas nº 3 de Meyerbeer.
            La orquesta estuvo dirigida por el señor Bretón, quien ejecutó perfectamente todas las piezas y en la de la cantata del señor Arrieta, quedó demostrada las notables condiciones de director que tanta reputación le han conquistado.
P.
Crónica de la música, 05-06-1879

Subasta coliseo regio

El jurado calificador de la lista de la compañía que ha de actuar en el Teatro Real y que se compone de los señores Arrieta, director de la escuela nacional de Música, presidente y de los vocales señores Saldoni, presidente de la sección de música de la academia de San Fernando, don Antonio Arnao, don Ruperto Chapí y don Joaquín Espín y Guillén; ha examinado la presentada por el empresario don J. Fernando Rovira y por unanimidad ha declarado que la cláusula tercera del pliego de condiciones bajo el cual se subasta el regio coliseo, ha sido cumplida en todas sus partes, debiendo hacer presente además, en obsequio de la justicia que, respecto del número de ciertos artistas principales y de cuerpo de coros, el señor Rovira ha cumplido con exceso la obligación que tenía contraída.

La Correspondencia de España, 08-09-1879


INAUGURACIÓN DEL GRAN SALÓN DEL CONSERVATORIO

            Detalle del programa de la función que se verificará mañana viernes, con asistencia de SS. MM. AA. a beneficio de las provincias de Levante  y como inauguración del nuevo salón-teatro.
            En la primera parte y como sexta obra a interpretar, figura la serenata y final de La Corte de Granada, fantasía morisca a gran orquesta, del maestro Chapí.
            El programa estaba compuesto por catorce obras y la orquesta sería dirigida por los señores Zubiaurre, Chapí y Bretón.

Crónica de la música, 04-12-1879

Itinerarios musicales de Ruperto Chapí, 1878 - 1ª parte


             Cuando Chapí finalizó la pensión de Roma, fue autorizado a continuar sus estudios en París y no soportando allí el ambiente de envidias e intereses creados, antes de que aumentara la crisis que empezó a atravesar optó por abandonar París y en octubre de 1878 renunció al pensionado, cuya vacante fue ocupada por otro músico español, Tomás Bretón.

En 1878 se estableció definitivamente en Madrid, prestando especial atención al teatro lírico, como era obligado en el ambiente musical que le rodeaba.

Ópera: Roger de Flor

El libreto de esta ópera fue escrito en castellano por don Mariano Capdepón y dedicado al eminente artista don Enrique Tamberlick, fue vertido al idioma italiano, el único propio por su dulzura, para que a él se adapte la música, por el tenor del teatro Real don Ernesto Palermi, quien cultiva con gran éxito la literatura, en cuyo bello ramo del saber posee profundos conocimientos.
Los hechos en que está basado el libreto son históricos y los describe con puntual minuciosidad en su historia don Francisco de Moncada. Ocurren en tiempo del magnánimo rey de Aragón y Sicilia don Fadrique que heredó de su padre don Jaime el Conquistador y de su abuelo don Pedro el Grande, así como la prudencia en el consejo como la heroicidad y valentía que en todos los trances belicosos demostró sobremanera.

“Terminadas las guerras que don Fadrique sostuvo con sus hermanos, quedó sin ocupación muchedumbre de gente de armas, levantisca y desordenada  que ponía en peligro la paz del reino y su prosperidad a grade costa alcanzadas. Tanto por emplear aquellos elementos de fuerza como por echarlos fuera de Sicilia, varios capitanes decidieron emprender una expedición contra los infieles turcos y nombraron jefe de ella a Roger de Flor, de quien dice Moncada que era vicealmirante, poderoso en la mar, valiente y estimado soldado y plático y bien afortunado marinero.
Puestos de acuerdo Roger de Flor y sus subordinados con el emperador griego Andrónico Paleólogo para que librasen de la plaga de turcos que le invadía el reino, estipuló pagarles cuatro onzas cada mes a los hombres de armas, a los caballos ligeros dos y lo mismo a los pilotos y gente de mano de la armada.
La música de esta ópera es de don Ruperto Chapí, que ha estado pensionado en Roma; y con motivo de las fiestas reales, el público del regio coliseo podrá admirar la obra del joven maestro español, que será puesta en escena con inusitado lujo de trajes y decoraciones, para lo cual el empresario señor Robles no escasea gasto alguno.”

Gaceta Musical de Madrid, 17-01-1878

Retreta a S.M. Alfonso XII y María Mercedes

El 23 de febrero  contrajo matrimonio el rey don Alfonso XII con doña María de las Mercedes de Orleans y Borbón, en la real basílica de Atocha en Madrid.

Dentro de los actos que se llevaron a cabo se organizó gran una retreta y serenata, para culminar el coronamiento de los festejos reales y que tuvo lugar el domingo, día 27  a las ocho de la noche, por todas las músicas de la guarnición, reunidas y acompañadas de coros. Tras una detallada exposición de la organización de la misma, vamos al aspecto relacionado con la intervención de don Ruperto Chapí y para ello relatamos la crónica que figura a continuación:
“…Los soldados coristas se encontrarán con los atriles de sus cuerpos con anticipación a la llegada de la retreta y conducidos por un sargento y clases que cada jefe crea necesario; recibirán las órdenes del ayudante de plaza nombrado al efecto, que cuidará se cumplan las que dé el señor don Ruperto Chapí, director de orquesta, para la colocación de aquellos y la de individuos.
Colocados los músicos en sus puestos y recibida la venia de S.M. empezará la retreta, tocando las músicas de los regimientos Princesa, Artillería a pie y primero de Ingenieros, la pieza compuesta por don Leopoldo Martí y dirigida por el músico mayor de la Princesa don Joaquín Huguet.
Terminado, se tocará por todas las bandas, con acompañamiento de coros, el himno a S.M. la reina doña Mercedes, de don Ruperto Chapí y dirigido por su autor, acto seguido el gran pasodoble, compuesto y dirigido por el mismo, concluyendo con la marcha real por toda la orquesta.”

La Correspondencia de España, 26-01-1878

Función regia en el Teatro Real

En la crónica que relata la celebración de un concierto en el Teatro Real, en la tarde del día 25 dedicado a sus majestades los reyes de España. En el aspecto musical  destaca la importancia de la cantata del maestro Arrieta y la ópera Roger de Flor de don Ruperto Chapí.
“Tras el entreacto del concierto, empezó la representación de los actos 1º y 2º de la ópera Roger de Flor de don Ruperto Chapí. En ambas ha demostrado el joven compositor los adelantos en el difícil arte a que se consagra, ha hecho durante los años que ha permanecido fuera de España dedicado a completar sus estudios , y en ambos revela el señor Chapí su gran talento y la atención que le han merecido las obras de los grandes maestros.
El primer acto de la ópera es excesivamente largo. Las condiciones del libro han dejado al señor Chapí ancho campo en que desarrollar las masas corales, y fuerza es convenir en el que el pensionado por la Academia ha sabido aprovecharlo con inteligencia.
La obra tuvo por intérpretes  a los distinguidos artistas Srtas. Borgui-Mamo y Flores, los Sres. Tamberlik, Padilla, Nannotti, Ugalde y Santes, quienes estuvieron a la altura de siempre.
A las doce y media terminaba esta fiesta solemne,  repitiéndose al abandonar el palco SS. MM. Las demostraciones de entusiasmo y de respeto con que habían sido saludados por el público al presentarse en el teatro.”

La Correspondencia de España, edición de la mañana 26-01-1878

Confirmación de la Retreta y Serenata a SS. MM.

Una nueva crónica, idéntica a la interior, da cuenta de la organización de la retreta y serenata a SS. MM. En la noche del domingo 27 de enero.

La Correspondencia de España, 27-01-1878

Crónica de las Fiestas Reales y representación de Roger de Flor

Se inicia el relato comentando la vistosidad de las corridas de toros e indica que en todas las naciones hay grandes fiestas y espectáculos interesantes, pero ésta, esencialmente española, en la que se ha reunido la fiereza del circo romano, lo caballeresco de la Edad Media y la animación moderna. Se rivaliza en lujo, gracia y valor.
Pero vamos a lo que nos ocupa y es que después de los toros, asistió el rey el domingo 27 al concierto que le ofreció la Diputación provincial en el teatro Príncipe Alfonso, donde formaban una vista completamente nueva, sorprendente y agradable las señoras, que con los mismos trajes de maja y mantilla blanca con que habían presenciado las corridas.
El concierto estuvo dirigido por Monasterio y la segunda parte del mismo consistió en dos actos de la ópera del maestro Chapí y letra de Mariano Capdepón, coronel del Estado Mayor, titulada Roger de Flor.

La Academia, tomo III, p.74; 07-02-1878

 Reseña sobre la función de gala en el Teatro Real

Del género musical también fue la función de gala del teatro Real, que constó de dos partes. La cantata del señor Arrieta y la letra del señor Cárdenas, fue ejecutada por las alumnas y alumnos del Conservatorio; presentando un sorprendente golde de vista, que unido al lujo de los espectadores, al brillo de los uniformes y a lo excesivo de la concurrencia, variaba el aspecto ordinario del coliseo de la Plaza de Oriente.
La cantata que ya conocen nuestros lectores, consiste en un recitado que dijo muy correctamente el señor Gayarre; un coro entonando un himno epitalámico; una plegaria de tenor cantada también por Gayarre y un coro final, que es un nuevo himno.
La segunda parte consistió en dos actos de la ópera del maestro Chapí y letra de Mariano Capdepón, coronel del Estado Mayor, titulada Roger de Flor, de la que hemos de ocuparnos oportunamente.
La Academia, Semanario Ilustrado Universal; 07-02-1878

Noticias musicales

            En breve se inaugurarán los trabajos académicos en la de Bellas Artes de San Fernando, ejecutándose en dicho acto dos composiciones musicales del premiado en Roma don Ruperto Chapí.
            En ellas tomarán parte varias alumnas de la Escuela Nacional de Música, el coro de hombres del Teatro Real y una escogida orquesta.

Gaceta Musical de Madrid, revista artístico-literaria; 09-02-1878

Ópera “Roger de Flor” en el Teatro Real

“Se informa de que anoche, lunes 11 de febrero, se cantó en el Teatro Real la ópera española Roger de Flor, música de don Ruperto Chapí y letra de don Mariano Capdepón, traducida al italiano por don Ernesto Palermi. El éxito fue muy lisonjero par el señor Chapí, que tuvo que presentarse muchas veces en el palco escénico a recibir los aplausos del público, y para los artistas, señorita Borgni-Mamo y señores Tamberlick y Padilla, que también fueron llamados a la escena. La pieza culminante de la obra, y la que más ha gustado  es la sinfonía, bellísima obra musical que revela desde luego a un maestro: fue muy aplaudida y repetida.
También llamaron la atención por su estructura y magnífico efecto, la romanza del barítono y el final del primer acto, el final del segundo y la romanza del tenor del tercero. En suma, Roger de Flor es una buena ópera.
La orquesta estuvo superior a todo elogio, bajo la dirección del maestro Vázquez. La escena mal servida y no muy bien dirigida. La concurrencia numerosa.”

La Correspondencia de España. 12-02-1878

La música en las Fiestas Reales y Ópera en el Teatro del Príncipe Alfonso-Teatro Real: Primera representación de la ópera del maestro Chapí.

Resumen de la crónica musical que ofrece la Revista Contemporánea con fecha 15-02-1878 y que resumimos a continuación:

El cronista pasa por alto todo lo que se refiere a la música popular, representada por las comparsas mandadas por las Diputaciones de diversas provincias, cuyas habilidades era la danza característica de aquel lugar, prescinde también de la música religiosa.
Desea fijar su atención en las obras del género sinfónico y dramático, destinado exclusivamente a este acontecimiento y dado a conocer con tal motivo en la función regia del teatro de la Plaza de Oriente y en el Concierto celebrado en el Circo de Rivas por la Sociedad de Profesores.
Para la función regia del Teatro Real se dispuso con toda precipitación, la última obra del aventajado compositor don Ruperto Chapí, Roger de Flor y una Cantata destinada a SS. MM: y compuesta por el distinguido maestro señor Arrieta, fue una verdadera solemnidad, a pesar de haberse presentado incompleta y sin terminar los ensayos la primera. Estas composiciones, aunque pasaron desapercibidas para la aristocrática concurrencia que ocupaba aquella noche las localidades del regio teatro, fueron apreciadas en su valor artístico, por lo que se dignaron escucharlas. La obra del señor Chapí mereció lugar preferente, tuvo que hacerse en dos actos.
La Gran Retreta por todas las bandas de los regimientos de este cantón, estuvo organizada por el Ministerio de la Guerra. Fue una especie de serenata dada a SS. MM., en la cual los músicos mayores, en unión del joven pensionado en Roma, señor Chapí, proporcionaron al público un verdadero concierto instrumental y vocal del mejor efecto. Las obras ejecutadas en ella, aparte de la retreta, por todas las cornetas y clarines de la infantería y caballería, fueron: una sinfonía del músico mayor de alabarderos, señor Martín, una marcha heroica del señor Chapí, el Himno cantado por doscientos soldados con acompañamiento de las nueve bandas de los diferentes cuerpos de la guarnición, y otras marchas.
La marcha heroica de Chapí, particularmente, mereció ser celebrada de cuantos la oyeron, así por la grandeza de concepción y desarrollo instrumental, como por la belleza de su inspirada melodía. Esta fiesta tuvo todos los honores de un gran concierto y ha valido, lo mismo a los músicos mayores que a Chapí, encargado de su dirección, los más justos y merecidos elogios por el acierto que en ella demostraron y el gusto con que supieron organizar un espectáculo tan nuevo y poco conocido entre nosotros.
El cronista dedica también un apartado acerca de la primera representación del drama lírico del joven compositor señor Chapí, titulado Roger de Flor, obra de gran importancia para la historia de nuestro arte nacional.
La obra, tal y como su autor la presentó al teatro, con una magnífica sinfonía, con sus tres actos íntegros y completos; ha sido uno de3 los triunfos más legítimos alcanzados por el joven autor de Las Naves de Cortés, y a la vez un día de gloria para el arte nacional, como de júbilo para los que de corazón se interesan por su mayor engrandecimiento.
Se descubre en esta producción musical una verdadera obra de arte, concebida dentro de las leyes de una rigurosa estética, y desarrollada conforme a principios reconocidos y consagrados por la filosofía del arte. Toda  la composición y los procedimientos en ella empleados obedecen a las leyes que deben presidir a esta manifestación artística, que se llama drama lírico, música dramática. Los resortes que el señor Chapí ha tocado para expresar en el idioma musical el pensamiento del autor del libro, señor Capdepón, el asunto dramático, la acción o hecho histórico, en una palabra, son los que han tocado en sus obras los grandes maestros que, hasta aquí, se les ha considerado como los verdaderos representantes de la ópera, lo que la cultura de nuestra época exige, lo que las condiciones mismas de la música dramática demandan. Roger de Flor  es un verdadero drama musical, con todas las condiciones de tal, en su exposición, en su forma, en su carácter.
Hay en Roger de Flor caracteres y personajes, escenas y situaciones musicales trazados y desenvueltos de una manera, con un sentido y concepto tan elevado del arte, que con dificultad podrían ser rechazados por la crítica más severa y exigente. En toda composición musical se descubre una conciencia tan rígida y un conocimiento tan extraordinario de la ciencia del arte lírico-dramático, que cualquiera pensaría que es una obra de un maestro de gran experiencia y larga trayectoria artística. Se ha dicho que Chapí sigue en su obra las huellas peligrosas de Ricardo Wagner, y que en Roger de Flor se manifiestan las tendencias marcadísimas de este maestro hacia las teorías del ilustre autor de Lohengrin; que en su obra no hay originalidad, que es confusa y de ejecución difícil por el afán que su autor ha mostrado en el empleo de masas formidables en la orquesta y en los coros, acumulando armonías y conjuntos de efecto imposible, y haciendo caso omiso de esos otros elementos, como el cantan te y la melodía, que tan importan y valen acaso más que todos esos laberintos y ruidos estrepitosos, producidos por todas las familias instrumentales.  No ha faltado tampoco quien en esta ópera no ha visto más que una pura imitación, sin originalidad, de los grandes maestros y especialmente de Meyerbeer, Gounod, Wagner y hasta de Verdi, de quienes dicen ha tomado el señor Chapí su manera de hacer música, su estilo y sus procedimientos.
Por fortuna de todos y principalmente de su autor, la ópera Roger de Flor ha alcanzado un éxito que no esperaban muchos y su mérito e importancia es reconocido y confesado de cuantos asisten a escucharla libres de todo prejuicio y pasión, al regio coliseo. La mayor parte de los números de la partitura son aplaudidos con verdadero entusiasmo.
 Finaliza la crónica, felicitando de todo corazón al aventajado maestro por su nuevo triunfo, que lo es al mismo tiempo de nuestro arte español, para lo cual se inicia hoy una nueva época que debe desembocar en lo que desde tiempo acariciamos: la constitución definitiva de nuestra nacionalidad musical.

J. E. Gómez
14 Febrero 1878

Itinerarios musicales de Ruperto Chapí - 1878 2ª parte


ROGER DE FLOR

            Se ha verificado en el teatro Real el estreno de esta partitura, acudiendo a presenciarlo lo más distinguido y competente de Madrid. No podemos hoy emitir un juicio completo de una obra que suscita ya encontrados juicios, pero desde luego podemos afirmar que revela, en cuanto al señor Chapí se refiere, grandes adelantos y aprovechados estudios. La sinfonía, de corte wagneriano, está instrumentada con energía y abunda en toques originales y de verdadero genio. El público le ha hecho repetir todas las noches que se ha cantado la ópera, aplaudiéndola sin medida.

También han sido acogidos con entusiasmo el dúo de tiple y bajo del acto primero, o sea la escena entre Miguel Paleologo y María, y el final del mismo acto. Respecto del segundo acto, agrada en totalidad a los partidarios de las nuevas tendencias musicales, mientras para otros ofrece bellezas al lado de defectos propios de la escuela a que el maestro parece afiliado. Del acto tercero citaremos la romanza de tenor, que ha sido muy aplaudida. Para nosotros es indudable que Chapí ha tomado por modelo a Meyerbeer y a Wagner, procurando dar a su obra carácter propio, dentro de la estética hoy a la moda en Alemania.

El libreto, producto de la pluma fecunda del señor Capdepón, está pensado y escrito con meditación y gusto, y demuestra que en España puede haber buenos libretistas. Los coros muy regulares, la orquestra, dirigida por Chapí, perfectamente; y la mise en scene ha demostrado el deseo del señor Robles de contribuir eficaz y positivamente a la creación de la ópera nacional, facilitando la ejecución de las obras de los maestros españoles. La decoración del acto primero, escena I, que hemos reproducido, testifica de nuevo la habilidad del señor Bussato, así como los trajes buen deseo, aunque no acierto, en el hábil sastre señor Paris, cuyo nombre citamos con gusto, recordando que él ha dirigido la construcción de los magníficos trajes que en las pasadas fiestas ostentaron los caballeros en plaza, los pajes de la grandeza y también los ujieres y maceros de la Diputación provincial.

Pronto publicaremos los retratos de los autores del Roger, ópera que indudablemente es un paso avanzado en el camino del teatro lírico nacional, entendiendo por este un camino de óperas, producto exclusivo de ingenios españoles, sea el castellano o el italiano la lengua en que estén escritos los libretos.

La Academia, tomo III, p.95; 15-02-1878


Dos nuevas obras desde Roma: La Muerte de Garcilaso y Vent Creator

En la sesión pública que hoy ha celebrado la real academia de Bellas Artes de San Fernando, se han ejecutado dos composiciones notabilísimas  de don Ruperto Chapí, una instrumental y otra vocal. La primera es el preludio de la ópera española en un acto intitulada La muerte de Garcilaso, letra de don Antonio Arnao, y la segunda un Vent Creator…a voces sola. Ambas obras pertenecen al segundo envio  que como pensionado de número de la academia española de Bellas Artes en Roma, remitió el laureado y joven compositor.

El autor de la música de Roger de Flor, de cuya ópera cada representación se oye con más gusto y entusiasmo por los inteligentes y el público ilustrado e imparcial que asiste al regio coliseo, ha demostrado una vez más que con las producciones que hoy hemos oído y admirado en la academia de Bellas Artes, sus relevantes y extraordinarias cualidades de compositor de genio y de vastos conocimientos en el manejo de la instrumentación y de la armonía.

La Correspondencia de España, 17-02-1878

Sobre la función de la Academia de Bellas Artes en Roma, creada por el gobierno de la República en 1873

Se realiza un repaso de los trabajos de todos los pensionados y nos centramos en nuestro paisano.
Finalmente, don Ruperto Chapí, joven y serio maestro que, si no se equivoca la opinión general, es la esperanza de nuestro arte lírico dramático, como acaba de demostrarlo.
¿Correspondieron estos artistas al fin que los creadores de la Academia se proponían?
Ahí están sus obras, los mejores justificantes.

El Pueblo Español, 22-02-1878

Teatro Real: Roger de Flor

El estreno de una ópera es siempre un acontecimiento; pero este es más importante cuando  el spartito ha brotado de la pluma de un compatriota. Y crece la importancia del acontecimiento, si, como ha sucedido con Roger de Flor, un éxito, y éxito brillantísimo, ha venido a premiar el talento del maestro compositor.

La noche del 11 de febrero de 1878 será memorable, por haberse verificado aquel suceso, por la ovación continuada de que fue objeto don Ruperto Chapí, joven autor de la música de Roger de Flor, y por el lujo inusitado, deslumbrador, que en trajes y decoraciones ha desplegado el Sr. Robles, empresario del Teatro Real, para poner en escena la ópera del maestro español.
La Gaceta Musical de Madrid fue el primer periódico que publicó el argumento y los lectores pueden verlo en el nº 5 de nuestra revista.

No nos proponemos hoy analizar detenidamente la estructura de Roger de Flor y la manera con que se ha revelado el señor Chapí en este nuevo alarde de su genio artístico. Para ello necesitaríamos mucho más espacio del que tenemos, y preferimos aplazar a nuestro número inmediato la grata tarea que en éste comenzamos, detallando aquí solamente las impresiones que durante la primera representación sentimos y el éxito brillante inmenso, que alcanzó tan notable obra del joven español, pensionado en la Academia de Bellas Artes en Roma.

El método de nuestro trabajo exige que insertemos a continuación los nombres de los artistas que han creado en el Teatro Real las personas que figuran en Roger de Flor:

María, princesa de Bulgaria, señora Borghi-Mamo; Irene, dama de honor, señora Flores; Roger de Flor, caudillo de los almogávares, señor Tamberlick; Basila, cortesano griego, señor Padilla; Miguel, emperador de Andrinópolis, señor Nannetti; Andrónico, emperador de Constantinopla, señor Ugalde; Nicéforo, griego, señor Santes.

Capitanes, Almogávares, Guardias aragonesas y catalanas, Pueblo griego, Guerreros turcoples; Masajetas, Romeos, Heraldos, Pajes y noble imperio griego.

La escogida concurrencia que llena todas las noches el Teatro Real, se había dado cita en la del 11 del corriente mes, para pronunciar su fallo respecto a Roger de Flor.

Imponente era el aspecto que presentaban todas las localidades del regio coliseo, más imponente para los que no olvidamos que el público que las ocupa, es severo con exceso, frio por punto general y descontentadizo casi siempre.

Tomó asiento el maestro Vázquez en el sitial destinado al director de orquesta; dio la señal con la batuta, y reinó en el Teatro, durante unos cortos momentos, silencio solemne, que interrumpió el primer acorde de la sinfonía de Roger de Flor.

Lo que esta sinfonía es, lo diremos otro día, puesto que según antes hemos indicado, hoy nos limitamos a ser cronistas del éxito de la ópera del maestro Chapí.

El público, en masa, pidió y obtuvo la repetición de la sinfonía, admirablemente interpretada por la orquesta, como el resto de la ópera, con lo cual han demostrado una vez más los profesores que la componen y el Sr. Vázquez, que los dirigió, sus grandes condiciones artísticas.

También se repitió el final del acto primero.

A la orquesta y a los cantantes, cuyos nombres hemos dado a conocer en otro lugar de este artículo, debe el señor Chapí una parte del brillante éxito que ha alcanzado su ópera, cuyo mérito es indudable, por más que no esté exenta de defectos.

Las muchas veces que fue llamado a la escena, ya solo, ya en unión de los artistas, fueron el justo galardón rendido a su talento de compositor.

La ópera, lo decimos de nuevo, ha sido presentada con mucho lujo; las decoraciones pintadas para ella por los señores Bussato, Bonardi y Valls, son preciosas y dignas de verse; el señor Saper, a cuyo cargo ha estado la dirección de la escena, ha dado una prueba más de su inteligencia, lo mismo que el señor París, por los elegantes trajes que ha confeccionado.

Las representaciones sucesivas de Roger de Flor, a las que asistía siempre una numerosa concurrencia, continúan proporcionando lisonjeros y legítimos triunfos a su autor el señor Chapí, a los artistas que la canta, a la orquesta y a su director el señor Vázquez.

Gaceta Musical de Madrid, 24-02-1878

 Plazas para la Academia de Bellas Artes de Roma

La academia de Bellas Artes de San Fernando ha propuesto para las pensiones de mérito de la academia de España en Roma: en pintura a don Alejo Vera, en escultura a don Manuel Olma y en música a don Ruperto Chapí. Para la de arquitectura no ha habido aspirantes.

Para las pensiones de número se están celebrando actualmente las oposiciones correspondientes y en breve hará su propuesta el jurado, que se compone de los señores Arrieta, Fernández, Inzenga, Zubiaurre, Jimeno, Barbieri y otros que no recordamos.

El Magisterio Español, 30-03-1878

Función regia en el Teatro Real, con motivo de la boda de SS. MM.

Al dar cuenta de esta verdadera solemnidad no vamos a estampar la extensa lista de nombres de las personas que asistieron ni a emitir juicio sobre las obras artísticas que se interpretaron por primera vez. Dado el carácter de convite de la función y las circunstancias de no haber podido asistir todos los que lo deseaban, lo primero valdría tanto como poner de manifiesto olvidos ajenos y desgracias propias, y dada la índole y la importancia de la cantata del maestro Arrieta y de la ópera Roger de Flor, de don Ruperto Chapí, lo segundo sería imposible, que no es dado generalmente emitir con acierto juicio imparcial a la primera audición de las obras musicales, sobre todo si como las que indicamos tienden a los desarrollos modernos del arte, apartándose de los procedimientos antiguos y de las fórmulas sencillas y trilladas. Juzgaremos, pues, en tiempo oportuno.

A las ocho y media ya estaban ocupadas casi todas las localidades del teatro e invadidos el vestíbulo y corredores de una concurrencia que representaba cuanto de notable encierra Madrid en ciencias, letras, banca, política y milicia.

La hermosura ocupaba como siempre el lugar preferente; y si no hacemos mención de ella hasta ahora, es porque cualquiera que sea el sitio en que la coloquemos, siempre ocupará el primero.
La animación en todos los pisos del teatro era extraordinaria; y caso raro por cierto, la conversación era una sola; la etiqueta y sus exigencias. El público, a una, discutía sobre el acierto de algunos diputados la elección del color de la corbata; y sobre todo si éste debía ser el blanco o el negro, individuo hubo que puso a su contrincante de oro y azul.

Jamás el número de espectadores había sido tan grande como el de anoche en el regio coliseo. Para que nuestros lectores puedan formarse cabal idea de aquel bastará decir que a las nueve menos cuarto los guardarropas eran incapaces para contener los abrigos en ellos depositados, y las contraseñas se habían agotado; así que no hubo otro remedio que alfombrar con las capas, rusos y gabanes de los perezosos o rezagados, el foyer y parte de los pasillos, para dar solución al problema, proporcionando a la vez a las señoras que llegaron tarde al teatro, el placer de llegar a sus localidades pisando sobre una doble alfombra, entre cuyos retazos puede ser que alguna reconociera prendas queridas de las de su alma.

La real familia se presentó en el teatro y ocupó el gran palco regio a las nueve y cuarto. Fue recibida con marcha real ejecutada por la orquesta que dirigía el Sr. Vázquez.

Al aparecer SS. MM. Fueron saludados con un viva que fue contestado por todos. Iguales aclamaciones resonaron en el teatro al terminar la orquesta la marcha real, oyéndose entonces un viva a la princesa de Asturias, que fue repetido por los espectadores.

Inmediatamente después el Sr. Vázquez cedió su puesto al maestro Arrieta, autor de la cantata  escrita para solemnizar el matrimonio de S.M. el rey. Alzóse la cortina y apareció una decoración a todo foro, que representaba un intercolumnio griego, y en el fondo una inmensa ciudad. Ocupaban el escenario más de 200 alumnos de las clases de solfeo del Conservatorio, encargado de interpretar la cantata de su insigne director, con los Sres. Gayarre y Ordinas que habían de decir las estrofas escritas por el señor Cárdenas.

La última producción del señor Arrieta es bastante extensa, y según las impresiones que pudimos recoger, agradó mucho.

Sabido es que la etiqueta prohíbe en esta solemnidad hacer todo género de demostraciones en pro o en contra de las obras sometidas al fallo del público; así que a pesar del excelente efecto que la cantata produjo en los espectadores no se aplaudió. Sin embargo, tres o cuatro de los elegidos, es decir de los del paraíso, iniciaron un  aplauso que no tuvo eco. Esto bastó a los dilettanti para caer en la cuenta y cerrar en sus manifestaciones.

Terminada la audición, dio comienzo el intermedio que se prolongó bastante según costumbre en estas fiestas. El golpe de vista que ofrecía el teatro en aquellos momentos es indescriptible, la animación era extraordinaria y la alegría, general. Mientras duró el entreacto el público en su mayor parte, y muchas señoras, permanecieron en pie dando frente al palco regio, en demostración de respetuoso afecto a la familia real que guardaba el siguiente orden de colocación.

A la derecha de SS. MM. La princesa de Asturias y las infantas sus hermanas; a la izquierda S.M. el rey don Francisco, la duquesa de Montpensier, la condesa de París y la infanta doña Cristina, hallándose detrás el duque de Montpensier y el conde de París.

La mesa del Senado y la del Congreso ocupaban los palcos principales de proscenio. El consejo de ministros su palco habitual de diario, y los enviados extraordinarios de las cortes extranjeras para presenciar el regio enlace, ocupaban el palco proscenio que ocupa generalmente la familia real.

Las autoridades y militares de Madrid se hallaban en los palcos de proscenio.

Diose fin al entreacto y empezó la representación de los actos 1º y 2º de la ópera Roger de Flor, de don Ruperto Chapí. En ambas ha demostrado el joven compositor los adelantos que en el difícil arte que se consagra ha hecho durante los años que ha permanecido fuera de España, dedicado a completar sus estudios, y en ambos revela el señor Chapí su gran talento y la atención que le han merecido las obras de los grandes maestros.

El Constitucional, diario liberal de Alicante; 13-04-1878

Fin de los festejos con motivo de la boda de SS. MM.

            El día veintisiete de enero terminaron los festejos anunciados en el programa oficial, con la magnífica serenata que ligeramente hemos descrito; pero aun nos falta ocuparnos de algunos detalles de gran interés, íntimamente relacionados con las regias nupcias a saber de las gracias otorgadas por S.M. el rey con motivo de su casamiento y de la manifestación de trabajo nacional o sea del regalo de boda de Su Majestad la Reina.

He aquí las primeras:
REALES DECRETOS

                        “Queriendo solemnizare el día de mi Regio enlace con mi augusta Prima la Infanta doña María de las Mercedes  y dar al Ejército con tan fausto motivo una prueba de aprecio que me merecen los heroicos esfuerzos que ha empleado para la consolidación de la paz, el valor, disciplina y constancia con que han contribuido en la Península y está contribuyendo en Ultramar al sostenimiento, defensa y gloria de la Monarquía, tomando en consideración lo que me ha propuesto el Ministro de la Guerra, plantea una serie de decretos relacionados con cargos en el ejército…”

Recuerdo de la Retreta

            Al llegar la retreta a Palacio, penetró por el Arco de la Armería en la forma consignada en el programa en los sitios que les estaban designados, y previa la venia de S.M. empezó la retreta, tocando las bandas de los regimientos de la Princesa, Artillería a pie, y primero de Ingenieros, la pieza compuesta al efecto del señor don Leopoldo Martí y dirigida por el Músico Mayor de la Princesa don Joaquín Huget.

            Terminada esta magnífica sonata, que mereció los elogios de todos los inteligentes, se tocó por todas las bandas con acompañamiento de coros el himno a su Majestad la reina doña Mercedes, del señor Ruperto Chapí, dirigido por su autor y otro himno a S.M. el rey.

Después de los honores se tocó el gran pasodoble, compuesto y dirigido también por el señor Chapí, terminando la serenata con la marcha Real por todas las bandas.

El Constitucional, diario liberal de Alicante; 24-04-1878

Concierto de la Sociedad Filarmónica la Lira

            Dentro del programa del concierto que la citada banda iba a dar la noche del uno de agosto de 1878 en el precioso jardín de Isabel II, bajo la dirección de don Pablo Gorjé,  figura la interpretación de la Gran Marcha de don Ruperto Chapí, pieza ejecutada con extraordinario éxito en Madrid y escrita especialmente para la gran retreta militar en el enlace de SS. MM. Y a continuación el Himno marcial coreado y varias piezas del señor Chapí.

El Constitucional, 01-08-1878

Carta de Ruperto Chapí a La Lira y nombramiento de presidente honorario de dicho agrupación musical

            La citada sociedad filarmónica informó que había recibido una atenta y cariñosa carta desde París, en donde en aquel momento residía el comprovinciano don Ruperto Chapí. En la misma les felicitaba con gran entusiasmo por el pensamiento de crear en la capital de su provincia, estas sociedades filarmónicas que también hablan en pro de la cultura de los pueblos. Sentía que su ausencia le impedía tomar parte en los conciertos que celebraban periódicamente en el paseo-jardín de Isabel II. Al mismo tiempo ofrecía su cooperación a la sociedad y les remitió varias piezas musicales, compuestas por él con motivo del regio enlace y cuyas composiciones había solicitado la sociedad para darlas a conocer al público.

            El señor Chapí, autor de notables obras musicales que han llamado la atención del mundo filarmónico, promete en su carta escribir varias piezas a ex profeso para la sociedad de conciertos.
            Los individuos de La Lira acordaron conceder al señor Chapí el título de presidente honorario de la sociedad, como recompensa a la distinción que les había dispensado el notable compositor.

El Constitucional, 02-08-1878

Nuevo concierto de La Lira

            La Lira, sociedad de conciertos bajo la dirección de don Pablo Gorjé, ofrecía periódicamente una serie de conciertos y en el que hacía 16 de la temporada y 6º de abono de la segunda serie de esta sociedad y que se celebró la noche del 22 de agosto en la plaza-jardín de Isabel II; entre el repertorio, figuraba la Serenata Militar, himno coreado dedicado a S.M. el Rey, compuesto por don Ruperto Chapí.

El Graduador, Alicante; 22-08-1878

LA ESCUELA. NACIONAL DE MÚSICA. EL DISCURSO DEL SR. ARRIETA

Se ha verificado, con la solemnidad de costumbre, la apertura del año escolar de 1878-1979, pronunciando con este motivo el señor Arrieta, director del Establecimiento, un sencillo discurso que, según la costumbre establecida por él mismo, es una especie de crónica de los sucesos de más bulto relacionados con la música.

Vamos a dar cuenta, muy sencillamente también, de este discurso que fue oído con mucho gusto por los alumnos y por todas las personas que asistieron al acto.

 Empieza el Sr. Arrieta dedicando un recuerdo a la Reina Mercedes y otro a la Reina Cristina, fundadora del Conservatorio de música y  declamación, hoy convertido en Escuela Nacional de Música: y, naturalmente, se complace en derramar llores sobre la tumba de la que fue esposa de Alfonso XII, y sobre la que, con la fundación del Conservatorio, inició la época de desarrollo y esplendor del arte musical, en que hace algún tiempo hemos entrado.

El Real decreto de creación del Conservatorio tiene la fecha de 15 de Julio de 1830 y está refrendado por el ministro Ballesteros.

 Al aludir, aunque incidentalmente, a las orquestas españolas, lamenta el Sr. Arrieta que no hayan ido al gran certamen de París, y dice lo siguiente, que consignamos sin comentarios:

"Yo he tenido la suerte de asistir a muchas audiciones verificadas en aquel palenque musical, admirando y aplaudiendo no pocas veces el mérito y la ejecución de las obras; pero me ha parecido que éstas no corresponden ó no están á la altura de los inmensos recursos que la nación francesa proporciona a sus maestros compositores, algunos de los cuales se salen del terreno propio de la música escribiendo sinfonías gálicas... idea que equivaldría á hacer en arquitectura un edificio a la Palestrina, ó en pintura un cuadro al óleo Rossiniano.
Nuestros excelentes profesores de orquesta, discípulos en su mayor parte de esta Escuela, dirigidos por uno de los maestros de clara y enérgica batuta que tenemos, hubiera obtenido--¿quién puede dudarlo?—abundante cosecha de aplausos, como los supieron alcanzar los italianos conducidos á la noble lucha por Faccio y Pedrotti.
Antes de la creación del Real Conservatorio de María Cristina, era sumamente difícil, si no imposible, la formación de una orquesta completa, cuando no entraran en ella elementos extranjeros, y esto mismo acontecía en las principales capitales de provincia. Los pianistas eran raros, los compositores rarísimos. Ahora, en cambio, hemos llegado a organizar en Madrid hasta dos grandes orquestas de conciertos a la vez, compuestas exclusivamente de españoles: en Barcelona, Cádiz, Málaga, Valencia y otros puntos, hay también buenas orquestas y directores inteligentes e ilustrados: tenemos excelentes pianistas, sin cuento, y una brillante pléyade de animosos y jóvenes maestros, merecedores de estímulo y protección eficaz. De las clases de canto han salido artistas distinguidos que han brillado y brillan aún en los teatros de primer orden de Europa, y Las clases de declamación han proporcionado á la escena española actores eminentes, honra del Establecimiento.”

Pasa el Sr. Arrieta á ocuparse de la sensible muerte del eminente Eslava y lo hace con frases sentidas, elocuentes y cariñosas, consagrando también un recuerdo al profesor de la Capilla Real don Miguel Carreras, y al maestro que fue de la catedral de Manila don  Apolinar Calahorra.

Entrando en la crónica de Ios sucesos musicales, recuerda el señor Arrieta la cantata compuesta por él para la inauguración de la Exposición de Bellas Artes, cuya letra escribió don Antonio Arnao; las últimas obras de los compositores de provincias señores Espí, Jiménez Pedrell y otros, dignos hermanos de los de Madrid; el éxito de la ópera Roger de Flor del maestro Ruperto Chapí, representada en el teatro Real; el premio de la pensión en la Academia de Bellas Artes de España en Roma que ha obtenido don Cleto Zabala; las obras instrumentales españolas ejecutadas por la Socied.ad de conciertos; la inauguración anual última de los trabajos de la Academia San Fernando; la próxima terminación de las obras del gran salón-teatro del Conservatorio, y los donativos que se han hecho en el año último a la Escuela Nacional de Música.

El señor Arrieta termina su discurso pidiendo á los alumnos laboriosidad constante, y respeto y gratitud a sus dignos maestros y superiores.

 Este solemne acto estuvo amenizado por un concierto vocal é instrumental en el que tomaron parte varios alumnos y alumnas del Establecimiento.

Crónica de la música, 10-10-1878

Don Emilio Arrieta

El semanario La Academia en su ejemplar número 21 de 07-12-1878 indica lo siguiente sobre don Emilio Arrieta:

“En la página 54 del tomo III de nuestra Academia publicamos un artículo biográfico, escrito por la elegante pluma de E. Blasco, de aquel eminente maestro español, a quien tanto debe el divino arte en nuestra patria. Al ofrecer hoy a nuestros lectores la biografía escrita por él mismo, de su predilecto discípulo señor Chapí, publicamos también su retrato, para que vayan unidos en las páginas del periódico los nombres que ya unieron con gloriosos lazos los merecidos lauros del talento y del arte.”

Don Ruperto Chapí

El joven y distinguido compositor don Ruperto Chapí nació en Villena. Muy pronto, al comenzar sus estudios musicales, dio muestras de su aptitud extraordinaria para el arte a que esteba decidido a consagrar su vida. Niño aún, ya pensó en organizar en su mismo pueblo los elementos posibles para ejecutar piezas instrumentales. Hizo sus estudios serios en la Escuela de Música y Declamación, obteniendo por unanimidad los primeros premios en las asignaturas de Composición y Armonía. En los trabajos que merecieron tan señalada distinción en los concursos de la primera de estas importantes y difíciles asignaturas, se advirtieron claramente sus grandes cualidades para el manejo de la orquesta y su elegancia y vigor en las ideas. A los 20 años ganó por oposición la plaza de músico mayor de la banda del tercer Regimiento de Artillería a pié. En el desempeño de este cargo demostró ser un notable director con condiciones de carácter e inteligencia nada comunes. Su batuta es clara, enérgica y de buen gusto en sus movimientos. Después de haber servido dos años, obtuvo la plaza de pensionado de número, en pública oposición, de la Academia de Bellas Artes en Roma.

Las naves de Cortés, especie de cantata, letra de don Antonio Arnao, que sirvió para uno de los ejercicios, se ejecutó en el Teatro Real, mereciendo aplausos generales, llamando la atención de las personas inteligentes algunos rasgos notables de genio.  El preludio y la introducción de esta composición, hecha en tiempo limitado y en completa incomunicación, son notables verdaderamente.

Al siguiente año, se ejecutó La hija de Jefté, ópera española, en un acto, perteneciente al segundo envio, que fue muy aplaudida en el Teatro Real.  Tres años ha durado la pensión, y los trabajos de reglamente remitidos por el señor Chapí han sido siempre calificados con las notas más honrosas, y premiados, por lo tanto, con el aumento de la asignación como pensionado.

La obra más importante de las suyas y que últimamente ha llamado la atención de nuestro público y de los amantes del arte músico es Roger de Flor, cuyas representaciones en el regio coliseo se oyeron con  creciente entusiasmo. Esta ópera en tres actos, compuesta en París, en poco más de dos meses, con objeto de que formara parte del tercero y último envío del pensionado de número, tiene tal importancia por las extraordinarias cualidades del compositor dramático y conocedor profundo del manejo de la instrumentación  que demuestra en ella el joven maestro, que puede asegurarse marca una nueva era en la historia de la música española.

No pensamos hacer un juicio crítico de tan importante producción, que honra tanto, mal que les pese a los pobres de espíritu e inteligencia, a nuestro Chapí, que brillará muy pronto entre los compositores más distinguidos del extranjero; vamos solo a indicar sucintamente las piezas y rasgos que con especialidad han llamado la atención de las personas competentes y del público sensato que acude al teatro a oír para gozar con la música, y no a lucir su gomosa persona de frac y corbata blanca, dándose tono de menospreciar la obra de un español que ha cometido el crimen de trabajar y hacer honor a su patria.

La sinfonía, o mejor dicho obertura, se compone de varios motivos principales de la ópera: una frase delicada del dúo de bajo y triple del primer acto; trozos del coro de catalanes y aragoneses del acto segundo y del final del mismo; el allegro del dúo de tenor y triple del tercero, y el tema que domina en la escena de la conjuración y que circula por toda la obra oportunamente, constituyen los elementos habilísimamente combinados de esta primera pieza de la época, que todas las noches se repitió entre calurosos aplausos. En el primer acto, la plegaria de Roger y coro general, el dúo de bajo y triple, la romanza de barítono y la marcha encierran bellezas notables, y el final, que es la gran escena de los conjurados, puede competir con las mejores piezas del repertorio moderno.

El segundo acto merece nuestro más entusiasta elogio: la romanza, el dúo de barítono y triple; el coro de aragoneses y catalanes, el tercero con coro y el grito de guerra del final, todo es digno de un maestro de genio y de larga experiencia.

En el tercer acto admiramos dos piezas notables; una preciosa romanza de amor y un dúo de tenor y triple: un trozo concertante en que dominan las voces solas, que precede al final de la ópera, y un pasaje de instrumentación cuando se decide Basila a matar a Roger, son también rasgos de gran valor.

Chapí es un eminente compositor dramático: quien como él sabe servir las situaciones del drama y pintar las pasiones y caracterizar los personajes, llega indudablemente a ocupar un honroso puesto entre los pocos que en todo tiempo se distinguen en tan difícil género de composición.

La pasión de la esposa de Roger, lo mismo en las escenas tiernas que en las enérgicas y levantadas, ha sabido expresarlo el joven compositor de un modo admirable. Los almogávares que nos pintan los cronistas de la expedición de aragoneses y catalanes a Oriente, y que, según nos dice García Gutiérrez en su Venganza Catalana, opinaban que:

En la escuela militar
La muralla es para entrar
La puerta para salir;

han tenido en Chapí un intérprete admirable. No cabe nada más propio ni más enérgico que el primer coro del campamento y el final del acto segundo.

Dicen que Chapí es exuberante en sus procedimientos y que huye demasiado de los efectos comunes o vulgares: Roger de Flor es la primera ópera en tres actos que ha compuesto. ¿Qué compositor, aun entre los de más fama, ha presentado una primera obra de tales condiciones, que contenga tantas bellezas como la de nuestro joven compatriota? No lo conocemos.

Chapí tiene genio; sus ideas melódicas son siempre elegantes; es armonista profundo y conoce y dispone la instrumentación magistralmente y siempre cual conviene a las situaciones dramáticas.”
Emilio Arrieta

La Academia, Semanario Ilustrado Universal;  07-12-1878