Itinerarios musicales de Ruperto Chapí - 1878 2ª parte


ROGER DE FLOR

            Se ha verificado en el teatro Real el estreno de esta partitura, acudiendo a presenciarlo lo más distinguido y competente de Madrid. No podemos hoy emitir un juicio completo de una obra que suscita ya encontrados juicios, pero desde luego podemos afirmar que revela, en cuanto al señor Chapí se refiere, grandes adelantos y aprovechados estudios. La sinfonía, de corte wagneriano, está instrumentada con energía y abunda en toques originales y de verdadero genio. El público le ha hecho repetir todas las noches que se ha cantado la ópera, aplaudiéndola sin medida.

También han sido acogidos con entusiasmo el dúo de tiple y bajo del acto primero, o sea la escena entre Miguel Paleologo y María, y el final del mismo acto. Respecto del segundo acto, agrada en totalidad a los partidarios de las nuevas tendencias musicales, mientras para otros ofrece bellezas al lado de defectos propios de la escuela a que el maestro parece afiliado. Del acto tercero citaremos la romanza de tenor, que ha sido muy aplaudida. Para nosotros es indudable que Chapí ha tomado por modelo a Meyerbeer y a Wagner, procurando dar a su obra carácter propio, dentro de la estética hoy a la moda en Alemania.

El libreto, producto de la pluma fecunda del señor Capdepón, está pensado y escrito con meditación y gusto, y demuestra que en España puede haber buenos libretistas. Los coros muy regulares, la orquestra, dirigida por Chapí, perfectamente; y la mise en scene ha demostrado el deseo del señor Robles de contribuir eficaz y positivamente a la creación de la ópera nacional, facilitando la ejecución de las obras de los maestros españoles. La decoración del acto primero, escena I, que hemos reproducido, testifica de nuevo la habilidad del señor Bussato, así como los trajes buen deseo, aunque no acierto, en el hábil sastre señor Paris, cuyo nombre citamos con gusto, recordando que él ha dirigido la construcción de los magníficos trajes que en las pasadas fiestas ostentaron los caballeros en plaza, los pajes de la grandeza y también los ujieres y maceros de la Diputación provincial.

Pronto publicaremos los retratos de los autores del Roger, ópera que indudablemente es un paso avanzado en el camino del teatro lírico nacional, entendiendo por este un camino de óperas, producto exclusivo de ingenios españoles, sea el castellano o el italiano la lengua en que estén escritos los libretos.

La Academia, tomo III, p.95; 15-02-1878


Dos nuevas obras desde Roma: La Muerte de Garcilaso y Vent Creator

En la sesión pública que hoy ha celebrado la real academia de Bellas Artes de San Fernando, se han ejecutado dos composiciones notabilísimas  de don Ruperto Chapí, una instrumental y otra vocal. La primera es el preludio de la ópera española en un acto intitulada La muerte de Garcilaso, letra de don Antonio Arnao, y la segunda un Vent Creator…a voces sola. Ambas obras pertenecen al segundo envio  que como pensionado de número de la academia española de Bellas Artes en Roma, remitió el laureado y joven compositor.

El autor de la música de Roger de Flor, de cuya ópera cada representación se oye con más gusto y entusiasmo por los inteligentes y el público ilustrado e imparcial que asiste al regio coliseo, ha demostrado una vez más que con las producciones que hoy hemos oído y admirado en la academia de Bellas Artes, sus relevantes y extraordinarias cualidades de compositor de genio y de vastos conocimientos en el manejo de la instrumentación y de la armonía.

La Correspondencia de España, 17-02-1878

Sobre la función de la Academia de Bellas Artes en Roma, creada por el gobierno de la República en 1873

Se realiza un repaso de los trabajos de todos los pensionados y nos centramos en nuestro paisano.
Finalmente, don Ruperto Chapí, joven y serio maestro que, si no se equivoca la opinión general, es la esperanza de nuestro arte lírico dramático, como acaba de demostrarlo.
¿Correspondieron estos artistas al fin que los creadores de la Academia se proponían?
Ahí están sus obras, los mejores justificantes.

El Pueblo Español, 22-02-1878

Teatro Real: Roger de Flor

El estreno de una ópera es siempre un acontecimiento; pero este es más importante cuando  el spartito ha brotado de la pluma de un compatriota. Y crece la importancia del acontecimiento, si, como ha sucedido con Roger de Flor, un éxito, y éxito brillantísimo, ha venido a premiar el talento del maestro compositor.

La noche del 11 de febrero de 1878 será memorable, por haberse verificado aquel suceso, por la ovación continuada de que fue objeto don Ruperto Chapí, joven autor de la música de Roger de Flor, y por el lujo inusitado, deslumbrador, que en trajes y decoraciones ha desplegado el Sr. Robles, empresario del Teatro Real, para poner en escena la ópera del maestro español.
La Gaceta Musical de Madrid fue el primer periódico que publicó el argumento y los lectores pueden verlo en el nº 5 de nuestra revista.

No nos proponemos hoy analizar detenidamente la estructura de Roger de Flor y la manera con que se ha revelado el señor Chapí en este nuevo alarde de su genio artístico. Para ello necesitaríamos mucho más espacio del que tenemos, y preferimos aplazar a nuestro número inmediato la grata tarea que en éste comenzamos, detallando aquí solamente las impresiones que durante la primera representación sentimos y el éxito brillante inmenso, que alcanzó tan notable obra del joven español, pensionado en la Academia de Bellas Artes en Roma.

El método de nuestro trabajo exige que insertemos a continuación los nombres de los artistas que han creado en el Teatro Real las personas que figuran en Roger de Flor:

María, princesa de Bulgaria, señora Borghi-Mamo; Irene, dama de honor, señora Flores; Roger de Flor, caudillo de los almogávares, señor Tamberlick; Basila, cortesano griego, señor Padilla; Miguel, emperador de Andrinópolis, señor Nannetti; Andrónico, emperador de Constantinopla, señor Ugalde; Nicéforo, griego, señor Santes.

Capitanes, Almogávares, Guardias aragonesas y catalanas, Pueblo griego, Guerreros turcoples; Masajetas, Romeos, Heraldos, Pajes y noble imperio griego.

La escogida concurrencia que llena todas las noches el Teatro Real, se había dado cita en la del 11 del corriente mes, para pronunciar su fallo respecto a Roger de Flor.

Imponente era el aspecto que presentaban todas las localidades del regio coliseo, más imponente para los que no olvidamos que el público que las ocupa, es severo con exceso, frio por punto general y descontentadizo casi siempre.

Tomó asiento el maestro Vázquez en el sitial destinado al director de orquesta; dio la señal con la batuta, y reinó en el Teatro, durante unos cortos momentos, silencio solemne, que interrumpió el primer acorde de la sinfonía de Roger de Flor.

Lo que esta sinfonía es, lo diremos otro día, puesto que según antes hemos indicado, hoy nos limitamos a ser cronistas del éxito de la ópera del maestro Chapí.

El público, en masa, pidió y obtuvo la repetición de la sinfonía, admirablemente interpretada por la orquesta, como el resto de la ópera, con lo cual han demostrado una vez más los profesores que la componen y el Sr. Vázquez, que los dirigió, sus grandes condiciones artísticas.

También se repitió el final del acto primero.

A la orquesta y a los cantantes, cuyos nombres hemos dado a conocer en otro lugar de este artículo, debe el señor Chapí una parte del brillante éxito que ha alcanzado su ópera, cuyo mérito es indudable, por más que no esté exenta de defectos.

Las muchas veces que fue llamado a la escena, ya solo, ya en unión de los artistas, fueron el justo galardón rendido a su talento de compositor.

La ópera, lo decimos de nuevo, ha sido presentada con mucho lujo; las decoraciones pintadas para ella por los señores Bussato, Bonardi y Valls, son preciosas y dignas de verse; el señor Saper, a cuyo cargo ha estado la dirección de la escena, ha dado una prueba más de su inteligencia, lo mismo que el señor París, por los elegantes trajes que ha confeccionado.

Las representaciones sucesivas de Roger de Flor, a las que asistía siempre una numerosa concurrencia, continúan proporcionando lisonjeros y legítimos triunfos a su autor el señor Chapí, a los artistas que la canta, a la orquesta y a su director el señor Vázquez.

Gaceta Musical de Madrid, 24-02-1878

 Plazas para la Academia de Bellas Artes de Roma

La academia de Bellas Artes de San Fernando ha propuesto para las pensiones de mérito de la academia de España en Roma: en pintura a don Alejo Vera, en escultura a don Manuel Olma y en música a don Ruperto Chapí. Para la de arquitectura no ha habido aspirantes.

Para las pensiones de número se están celebrando actualmente las oposiciones correspondientes y en breve hará su propuesta el jurado, que se compone de los señores Arrieta, Fernández, Inzenga, Zubiaurre, Jimeno, Barbieri y otros que no recordamos.

El Magisterio Español, 30-03-1878

Función regia en el Teatro Real, con motivo de la boda de SS. MM.

Al dar cuenta de esta verdadera solemnidad no vamos a estampar la extensa lista de nombres de las personas que asistieron ni a emitir juicio sobre las obras artísticas que se interpretaron por primera vez. Dado el carácter de convite de la función y las circunstancias de no haber podido asistir todos los que lo deseaban, lo primero valdría tanto como poner de manifiesto olvidos ajenos y desgracias propias, y dada la índole y la importancia de la cantata del maestro Arrieta y de la ópera Roger de Flor, de don Ruperto Chapí, lo segundo sería imposible, que no es dado generalmente emitir con acierto juicio imparcial a la primera audición de las obras musicales, sobre todo si como las que indicamos tienden a los desarrollos modernos del arte, apartándose de los procedimientos antiguos y de las fórmulas sencillas y trilladas. Juzgaremos, pues, en tiempo oportuno.

A las ocho y media ya estaban ocupadas casi todas las localidades del teatro e invadidos el vestíbulo y corredores de una concurrencia que representaba cuanto de notable encierra Madrid en ciencias, letras, banca, política y milicia.

La hermosura ocupaba como siempre el lugar preferente; y si no hacemos mención de ella hasta ahora, es porque cualquiera que sea el sitio en que la coloquemos, siempre ocupará el primero.
La animación en todos los pisos del teatro era extraordinaria; y caso raro por cierto, la conversación era una sola; la etiqueta y sus exigencias. El público, a una, discutía sobre el acierto de algunos diputados la elección del color de la corbata; y sobre todo si éste debía ser el blanco o el negro, individuo hubo que puso a su contrincante de oro y azul.

Jamás el número de espectadores había sido tan grande como el de anoche en el regio coliseo. Para que nuestros lectores puedan formarse cabal idea de aquel bastará decir que a las nueve menos cuarto los guardarropas eran incapaces para contener los abrigos en ellos depositados, y las contraseñas se habían agotado; así que no hubo otro remedio que alfombrar con las capas, rusos y gabanes de los perezosos o rezagados, el foyer y parte de los pasillos, para dar solución al problema, proporcionando a la vez a las señoras que llegaron tarde al teatro, el placer de llegar a sus localidades pisando sobre una doble alfombra, entre cuyos retazos puede ser que alguna reconociera prendas queridas de las de su alma.

La real familia se presentó en el teatro y ocupó el gran palco regio a las nueve y cuarto. Fue recibida con marcha real ejecutada por la orquesta que dirigía el Sr. Vázquez.

Al aparecer SS. MM. Fueron saludados con un viva que fue contestado por todos. Iguales aclamaciones resonaron en el teatro al terminar la orquesta la marcha real, oyéndose entonces un viva a la princesa de Asturias, que fue repetido por los espectadores.

Inmediatamente después el Sr. Vázquez cedió su puesto al maestro Arrieta, autor de la cantata  escrita para solemnizar el matrimonio de S.M. el rey. Alzóse la cortina y apareció una decoración a todo foro, que representaba un intercolumnio griego, y en el fondo una inmensa ciudad. Ocupaban el escenario más de 200 alumnos de las clases de solfeo del Conservatorio, encargado de interpretar la cantata de su insigne director, con los Sres. Gayarre y Ordinas que habían de decir las estrofas escritas por el señor Cárdenas.

La última producción del señor Arrieta es bastante extensa, y según las impresiones que pudimos recoger, agradó mucho.

Sabido es que la etiqueta prohíbe en esta solemnidad hacer todo género de demostraciones en pro o en contra de las obras sometidas al fallo del público; así que a pesar del excelente efecto que la cantata produjo en los espectadores no se aplaudió. Sin embargo, tres o cuatro de los elegidos, es decir de los del paraíso, iniciaron un  aplauso que no tuvo eco. Esto bastó a los dilettanti para caer en la cuenta y cerrar en sus manifestaciones.

Terminada la audición, dio comienzo el intermedio que se prolongó bastante según costumbre en estas fiestas. El golpe de vista que ofrecía el teatro en aquellos momentos es indescriptible, la animación era extraordinaria y la alegría, general. Mientras duró el entreacto el público en su mayor parte, y muchas señoras, permanecieron en pie dando frente al palco regio, en demostración de respetuoso afecto a la familia real que guardaba el siguiente orden de colocación.

A la derecha de SS. MM. La princesa de Asturias y las infantas sus hermanas; a la izquierda S.M. el rey don Francisco, la duquesa de Montpensier, la condesa de París y la infanta doña Cristina, hallándose detrás el duque de Montpensier y el conde de París.

La mesa del Senado y la del Congreso ocupaban los palcos principales de proscenio. El consejo de ministros su palco habitual de diario, y los enviados extraordinarios de las cortes extranjeras para presenciar el regio enlace, ocupaban el palco proscenio que ocupa generalmente la familia real.

Las autoridades y militares de Madrid se hallaban en los palcos de proscenio.

Diose fin al entreacto y empezó la representación de los actos 1º y 2º de la ópera Roger de Flor, de don Ruperto Chapí. En ambas ha demostrado el joven compositor los adelantos que en el difícil arte que se consagra ha hecho durante los años que ha permanecido fuera de España, dedicado a completar sus estudios, y en ambos revela el señor Chapí su gran talento y la atención que le han merecido las obras de los grandes maestros.

El Constitucional, diario liberal de Alicante; 13-04-1878

Fin de los festejos con motivo de la boda de SS. MM.

            El día veintisiete de enero terminaron los festejos anunciados en el programa oficial, con la magnífica serenata que ligeramente hemos descrito; pero aun nos falta ocuparnos de algunos detalles de gran interés, íntimamente relacionados con las regias nupcias a saber de las gracias otorgadas por S.M. el rey con motivo de su casamiento y de la manifestación de trabajo nacional o sea del regalo de boda de Su Majestad la Reina.

He aquí las primeras:
REALES DECRETOS

                        “Queriendo solemnizare el día de mi Regio enlace con mi augusta Prima la Infanta doña María de las Mercedes  y dar al Ejército con tan fausto motivo una prueba de aprecio que me merecen los heroicos esfuerzos que ha empleado para la consolidación de la paz, el valor, disciplina y constancia con que han contribuido en la Península y está contribuyendo en Ultramar al sostenimiento, defensa y gloria de la Monarquía, tomando en consideración lo que me ha propuesto el Ministro de la Guerra, plantea una serie de decretos relacionados con cargos en el ejército…”

Recuerdo de la Retreta

            Al llegar la retreta a Palacio, penetró por el Arco de la Armería en la forma consignada en el programa en los sitios que les estaban designados, y previa la venia de S.M. empezó la retreta, tocando las bandas de los regimientos de la Princesa, Artillería a pie, y primero de Ingenieros, la pieza compuesta al efecto del señor don Leopoldo Martí y dirigida por el Músico Mayor de la Princesa don Joaquín Huget.

            Terminada esta magnífica sonata, que mereció los elogios de todos los inteligentes, se tocó por todas las bandas con acompañamiento de coros el himno a su Majestad la reina doña Mercedes, del señor Ruperto Chapí, dirigido por su autor y otro himno a S.M. el rey.

Después de los honores se tocó el gran pasodoble, compuesto y dirigido también por el señor Chapí, terminando la serenata con la marcha Real por todas las bandas.

El Constitucional, diario liberal de Alicante; 24-04-1878

Concierto de la Sociedad Filarmónica la Lira

            Dentro del programa del concierto que la citada banda iba a dar la noche del uno de agosto de 1878 en el precioso jardín de Isabel II, bajo la dirección de don Pablo Gorjé,  figura la interpretación de la Gran Marcha de don Ruperto Chapí, pieza ejecutada con extraordinario éxito en Madrid y escrita especialmente para la gran retreta militar en el enlace de SS. MM. Y a continuación el Himno marcial coreado y varias piezas del señor Chapí.

El Constitucional, 01-08-1878

Carta de Ruperto Chapí a La Lira y nombramiento de presidente honorario de dicho agrupación musical

            La citada sociedad filarmónica informó que había recibido una atenta y cariñosa carta desde París, en donde en aquel momento residía el comprovinciano don Ruperto Chapí. En la misma les felicitaba con gran entusiasmo por el pensamiento de crear en la capital de su provincia, estas sociedades filarmónicas que también hablan en pro de la cultura de los pueblos. Sentía que su ausencia le impedía tomar parte en los conciertos que celebraban periódicamente en el paseo-jardín de Isabel II. Al mismo tiempo ofrecía su cooperación a la sociedad y les remitió varias piezas musicales, compuestas por él con motivo del regio enlace y cuyas composiciones había solicitado la sociedad para darlas a conocer al público.

            El señor Chapí, autor de notables obras musicales que han llamado la atención del mundo filarmónico, promete en su carta escribir varias piezas a ex profeso para la sociedad de conciertos.
            Los individuos de La Lira acordaron conceder al señor Chapí el título de presidente honorario de la sociedad, como recompensa a la distinción que les había dispensado el notable compositor.

El Constitucional, 02-08-1878

Nuevo concierto de La Lira

            La Lira, sociedad de conciertos bajo la dirección de don Pablo Gorjé, ofrecía periódicamente una serie de conciertos y en el que hacía 16 de la temporada y 6º de abono de la segunda serie de esta sociedad y que se celebró la noche del 22 de agosto en la plaza-jardín de Isabel II; entre el repertorio, figuraba la Serenata Militar, himno coreado dedicado a S.M. el Rey, compuesto por don Ruperto Chapí.

El Graduador, Alicante; 22-08-1878

LA ESCUELA. NACIONAL DE MÚSICA. EL DISCURSO DEL SR. ARRIETA

Se ha verificado, con la solemnidad de costumbre, la apertura del año escolar de 1878-1979, pronunciando con este motivo el señor Arrieta, director del Establecimiento, un sencillo discurso que, según la costumbre establecida por él mismo, es una especie de crónica de los sucesos de más bulto relacionados con la música.

Vamos a dar cuenta, muy sencillamente también, de este discurso que fue oído con mucho gusto por los alumnos y por todas las personas que asistieron al acto.

 Empieza el Sr. Arrieta dedicando un recuerdo a la Reina Mercedes y otro a la Reina Cristina, fundadora del Conservatorio de música y  declamación, hoy convertido en Escuela Nacional de Música: y, naturalmente, se complace en derramar llores sobre la tumba de la que fue esposa de Alfonso XII, y sobre la que, con la fundación del Conservatorio, inició la época de desarrollo y esplendor del arte musical, en que hace algún tiempo hemos entrado.

El Real decreto de creación del Conservatorio tiene la fecha de 15 de Julio de 1830 y está refrendado por el ministro Ballesteros.

 Al aludir, aunque incidentalmente, a las orquestas españolas, lamenta el Sr. Arrieta que no hayan ido al gran certamen de París, y dice lo siguiente, que consignamos sin comentarios:

"Yo he tenido la suerte de asistir a muchas audiciones verificadas en aquel palenque musical, admirando y aplaudiendo no pocas veces el mérito y la ejecución de las obras; pero me ha parecido que éstas no corresponden ó no están á la altura de los inmensos recursos que la nación francesa proporciona a sus maestros compositores, algunos de los cuales se salen del terreno propio de la música escribiendo sinfonías gálicas... idea que equivaldría á hacer en arquitectura un edificio a la Palestrina, ó en pintura un cuadro al óleo Rossiniano.
Nuestros excelentes profesores de orquesta, discípulos en su mayor parte de esta Escuela, dirigidos por uno de los maestros de clara y enérgica batuta que tenemos, hubiera obtenido--¿quién puede dudarlo?—abundante cosecha de aplausos, como los supieron alcanzar los italianos conducidos á la noble lucha por Faccio y Pedrotti.
Antes de la creación del Real Conservatorio de María Cristina, era sumamente difícil, si no imposible, la formación de una orquesta completa, cuando no entraran en ella elementos extranjeros, y esto mismo acontecía en las principales capitales de provincia. Los pianistas eran raros, los compositores rarísimos. Ahora, en cambio, hemos llegado a organizar en Madrid hasta dos grandes orquestas de conciertos a la vez, compuestas exclusivamente de españoles: en Barcelona, Cádiz, Málaga, Valencia y otros puntos, hay también buenas orquestas y directores inteligentes e ilustrados: tenemos excelentes pianistas, sin cuento, y una brillante pléyade de animosos y jóvenes maestros, merecedores de estímulo y protección eficaz. De las clases de canto han salido artistas distinguidos que han brillado y brillan aún en los teatros de primer orden de Europa, y Las clases de declamación han proporcionado á la escena española actores eminentes, honra del Establecimiento.”

Pasa el Sr. Arrieta á ocuparse de la sensible muerte del eminente Eslava y lo hace con frases sentidas, elocuentes y cariñosas, consagrando también un recuerdo al profesor de la Capilla Real don Miguel Carreras, y al maestro que fue de la catedral de Manila don  Apolinar Calahorra.

Entrando en la crónica de Ios sucesos musicales, recuerda el señor Arrieta la cantata compuesta por él para la inauguración de la Exposición de Bellas Artes, cuya letra escribió don Antonio Arnao; las últimas obras de los compositores de provincias señores Espí, Jiménez Pedrell y otros, dignos hermanos de los de Madrid; el éxito de la ópera Roger de Flor del maestro Ruperto Chapí, representada en el teatro Real; el premio de la pensión en la Academia de Bellas Artes de España en Roma que ha obtenido don Cleto Zabala; las obras instrumentales españolas ejecutadas por la Socied.ad de conciertos; la inauguración anual última de los trabajos de la Academia San Fernando; la próxima terminación de las obras del gran salón-teatro del Conservatorio, y los donativos que se han hecho en el año último a la Escuela Nacional de Música.

El señor Arrieta termina su discurso pidiendo á los alumnos laboriosidad constante, y respeto y gratitud a sus dignos maestros y superiores.

 Este solemne acto estuvo amenizado por un concierto vocal é instrumental en el que tomaron parte varios alumnos y alumnas del Establecimiento.

Crónica de la música, 10-10-1878

Don Emilio Arrieta

El semanario La Academia en su ejemplar número 21 de 07-12-1878 indica lo siguiente sobre don Emilio Arrieta:

“En la página 54 del tomo III de nuestra Academia publicamos un artículo biográfico, escrito por la elegante pluma de E. Blasco, de aquel eminente maestro español, a quien tanto debe el divino arte en nuestra patria. Al ofrecer hoy a nuestros lectores la biografía escrita por él mismo, de su predilecto discípulo señor Chapí, publicamos también su retrato, para que vayan unidos en las páginas del periódico los nombres que ya unieron con gloriosos lazos los merecidos lauros del talento y del arte.”

Don Ruperto Chapí

El joven y distinguido compositor don Ruperto Chapí nació en Villena. Muy pronto, al comenzar sus estudios musicales, dio muestras de su aptitud extraordinaria para el arte a que esteba decidido a consagrar su vida. Niño aún, ya pensó en organizar en su mismo pueblo los elementos posibles para ejecutar piezas instrumentales. Hizo sus estudios serios en la Escuela de Música y Declamación, obteniendo por unanimidad los primeros premios en las asignaturas de Composición y Armonía. En los trabajos que merecieron tan señalada distinción en los concursos de la primera de estas importantes y difíciles asignaturas, se advirtieron claramente sus grandes cualidades para el manejo de la orquesta y su elegancia y vigor en las ideas. A los 20 años ganó por oposición la plaza de músico mayor de la banda del tercer Regimiento de Artillería a pié. En el desempeño de este cargo demostró ser un notable director con condiciones de carácter e inteligencia nada comunes. Su batuta es clara, enérgica y de buen gusto en sus movimientos. Después de haber servido dos años, obtuvo la plaza de pensionado de número, en pública oposición, de la Academia de Bellas Artes en Roma.

Las naves de Cortés, especie de cantata, letra de don Antonio Arnao, que sirvió para uno de los ejercicios, se ejecutó en el Teatro Real, mereciendo aplausos generales, llamando la atención de las personas inteligentes algunos rasgos notables de genio.  El preludio y la introducción de esta composición, hecha en tiempo limitado y en completa incomunicación, son notables verdaderamente.

Al siguiente año, se ejecutó La hija de Jefté, ópera española, en un acto, perteneciente al segundo envio, que fue muy aplaudida en el Teatro Real.  Tres años ha durado la pensión, y los trabajos de reglamente remitidos por el señor Chapí han sido siempre calificados con las notas más honrosas, y premiados, por lo tanto, con el aumento de la asignación como pensionado.

La obra más importante de las suyas y que últimamente ha llamado la atención de nuestro público y de los amantes del arte músico es Roger de Flor, cuyas representaciones en el regio coliseo se oyeron con  creciente entusiasmo. Esta ópera en tres actos, compuesta en París, en poco más de dos meses, con objeto de que formara parte del tercero y último envío del pensionado de número, tiene tal importancia por las extraordinarias cualidades del compositor dramático y conocedor profundo del manejo de la instrumentación  que demuestra en ella el joven maestro, que puede asegurarse marca una nueva era en la historia de la música española.

No pensamos hacer un juicio crítico de tan importante producción, que honra tanto, mal que les pese a los pobres de espíritu e inteligencia, a nuestro Chapí, que brillará muy pronto entre los compositores más distinguidos del extranjero; vamos solo a indicar sucintamente las piezas y rasgos que con especialidad han llamado la atención de las personas competentes y del público sensato que acude al teatro a oír para gozar con la música, y no a lucir su gomosa persona de frac y corbata blanca, dándose tono de menospreciar la obra de un español que ha cometido el crimen de trabajar y hacer honor a su patria.

La sinfonía, o mejor dicho obertura, se compone de varios motivos principales de la ópera: una frase delicada del dúo de bajo y triple del primer acto; trozos del coro de catalanes y aragoneses del acto segundo y del final del mismo; el allegro del dúo de tenor y triple del tercero, y el tema que domina en la escena de la conjuración y que circula por toda la obra oportunamente, constituyen los elementos habilísimamente combinados de esta primera pieza de la época, que todas las noches se repitió entre calurosos aplausos. En el primer acto, la plegaria de Roger y coro general, el dúo de bajo y triple, la romanza de barítono y la marcha encierran bellezas notables, y el final, que es la gran escena de los conjurados, puede competir con las mejores piezas del repertorio moderno.

El segundo acto merece nuestro más entusiasta elogio: la romanza, el dúo de barítono y triple; el coro de aragoneses y catalanes, el tercero con coro y el grito de guerra del final, todo es digno de un maestro de genio y de larga experiencia.

En el tercer acto admiramos dos piezas notables; una preciosa romanza de amor y un dúo de tenor y triple: un trozo concertante en que dominan las voces solas, que precede al final de la ópera, y un pasaje de instrumentación cuando se decide Basila a matar a Roger, son también rasgos de gran valor.

Chapí es un eminente compositor dramático: quien como él sabe servir las situaciones del drama y pintar las pasiones y caracterizar los personajes, llega indudablemente a ocupar un honroso puesto entre los pocos que en todo tiempo se distinguen en tan difícil género de composición.

La pasión de la esposa de Roger, lo mismo en las escenas tiernas que en las enérgicas y levantadas, ha sabido expresarlo el joven compositor de un modo admirable. Los almogávares que nos pintan los cronistas de la expedición de aragoneses y catalanes a Oriente, y que, según nos dice García Gutiérrez en su Venganza Catalana, opinaban que:

En la escuela militar
La muralla es para entrar
La puerta para salir;

han tenido en Chapí un intérprete admirable. No cabe nada más propio ni más enérgico que el primer coro del campamento y el final del acto segundo.

Dicen que Chapí es exuberante en sus procedimientos y que huye demasiado de los efectos comunes o vulgares: Roger de Flor es la primera ópera en tres actos que ha compuesto. ¿Qué compositor, aun entre los de más fama, ha presentado una primera obra de tales condiciones, que contenga tantas bellezas como la de nuestro joven compatriota? No lo conocemos.

Chapí tiene genio; sus ideas melódicas son siempre elegantes; es armonista profundo y conoce y dispone la instrumentación magistralmente y siempre cual conviene a las situaciones dramáticas.”
Emilio Arrieta

La Academia, Semanario Ilustrado Universal;  07-12-1878

ITINERARIOS MUSICALES DE RUPERTO CHAPÍ - 1877


Trabajo de los pensionados en Roma

Aunque la exposición de las obras remitidas por los pensionados que, para el estudio de las Bellas Artes y de la música, sostiene en Roma en Ministerio de Estado, ha sido juzgada ya por los aficionados e inteligentes, cumple a los fines que La Academia se propone, recordar el juicio que cada una de ellas en particular mereció del respectivo Jurado, y a la impresión que el conjunto causó en el ánimo del público.
Comienza con pintura, pero donde nos vamos a centrar es en el apartado de MÚSICA:

En 1875, los señores Zubiarre y Chapí consiguieron respectivamente “calificación honrosa”, “cumplió a satisfacción”. En 1876, no comparece el primero, que parece a renunciado a la gracia; más el segundo presenta La muerte de Garcilaso, ópera en dos cuadros, un motete a cuatro voces, y una sinfonía overtura de Escenas de capa y espada, que los maestros aprecian, afirmando que entrañan “mérito realmente extraordinario”. Grande e íntima satisfacción nos produce, como españoles, este resultado, que demuestra la posibilidad de crear la ópera nacional, si con celo e inteligencia se fomentan las aptitudes de nuestros jóvenes compositores, premiando sus méritos, y facilitándoles los medios necesarios para que su genio se desenvuelva, alcanzando la altura del arte.

La Academia, revista de la cultura hispano-portuguesa, latino-americana. Tomo I, p. 7-8; 7-1-1877

Desde Roma, Roger de Flor y una sinfonía

“Ha llegado a Madrid el distinguido maestro compositor don Ruperto Chapí, pensionado en Roma, con la obligación de remitir anualmente un acto de ópera y una sinfonía, el cual ha enviado este año su ópera Roger de Flor, y una sinfonía a semejanza de las clásicas alemanas. El señor Chapí es discípulo sobresaliente del maestro Arrieta, cuyas glorias sigue con entusiasmo y fe.
El señor Chapí es además el designado, según parece, para componer el himno que se cantará en la retreta que darán las músicas de la guarnición en la plaza de la Armería, con motivo del enlace de S.M. el rey.” 

Gaceta Musical de Madrid, 19-12-1877

Características de los pensionados músicos en Roma

            La Academia Española de Bellas Ares en Roma tenía por objeto el fomento de los estudios y conocimientos artísticos, mediante la protección dispensada a sus cultivadores, pensionados por el Estado.
            La Academia se sostenía a expensas del sobrante de los fondos pertenecientes a lugares Píos de Santiago y Montserrat.
            La Academia se componía de un director, de ocho pensionados de número y cuatro de mérito. Los pensionados corresponden a las cuatro secciones de que consta la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando: Pintura, Escultura, Arquitectura y Música.

Gaceta Musical de Madrid, 19-12-1877

Notas sobre Roger de Flor y Arrieta

Se está ensayando Roger de Flor. Obra destinada a las próximas funciones reales. Para representar la citada obra se pintan decoraciones y se hacen trajes costosos, contribuyendo el gobierno con su subsidio a los gastos.
Sobre Arrieta se dice: es activo, madrugador, gastrónomo y soltero, decía un amigo suyo; cuatro condiciones de felicidad.
Fue nombrado profesor del Conservatorio en el año 57 y director el 69, ha dado discípulos que se llaman Aceves, Fernández, Chapí, Bretón. Discípulos a quienes ama como a  hijos, y a quienes alienta sin cesar en su carrera. Chapí será su obra maestra, y el público nos dará pronto la razón, oyendo completa la ópera del aventajadísimo artista.

La Academia, tomo II, p, 379 y tomo III, p. 55; ambos el 30-12-1877

ITINERARIOS MUSICALES DE RUPERTO CHAPÍ - 1876


Un acontecimiento musical: representación de La hija de Jephté en el Teatro Real

Reflejamos la crónica que la Revista Contemporánea, en su tomo IV  correspondiente a los meses de  junio y julio de 1976 indicó sobre el tema:

“Poco más de dos años hará que un joven compositor, recién salido de las aulas del Conservatorio, se dio a conocer por sus producciones musicales, dirigiendo en nuestro primer teatro lírico la obra que destinó al certamen del premio de la Academia de Bellas Artes en Roma, creada por el gobierno de la república, y con la cual alcanzó el honroso puesto que hoy ocupa en la capital de Italia.
Este joven compositor era Chapí; la ópera laureada Las naves de Cortés. Entonces la prensa toda y el mundo dilettandi, preocupado por aquel suceso, vio en este primer paso de la carrera artística del joven alicantino todo un porvenir musical para nuestra patria, tanto más necesitada de su regeneración, cuanto que por desgracia son muy raros los que persiguen con constancia y fe un ideal o cultivan el arte con inteligencia y entusiasmo.
El que esto escribe, al dar cuenta de este suceso, decía entonces en un periódico literario: -Las naves de Cortés descubren en el señor Chapí un pensamiento tan puro, unas miras tan elevadas y un concepto tan perfecto de la misión y parte del arte musical contemporáneo, que faltaríamos a nuestra conciencia si, al trazar estas líneas, no consignásemos aquí todo el valor e importancia de esta producción artística; que ha de formar época seguramente en los anales del drama lírico en España-. Hoy se nos da a conocer Chapí con una nueva producción, y lejos de ver defraudadas nuestras esperanzas, perdidas nuestras ilusiones, sin fundamento los auspicios que entonces se hicieron, La hija de Jephté, estrenada el 12 de mayo último, ha venido a confirmar elocuentemente cuando del joven laureado de Roma dijo la prensa y el público pensó al escuchar su primera partitura, mereciendo asimismo la más favorable acogida y los aplausos de cuantos aman el arte y saben recompensar dignamente a los que le profesan.
He aquí el acontecimiento musical que sirve de epígrafe a nuestro artículo, y cuya transcendental importancia para el arte en España merece meditarse seriamente, ya que por desgracia tan escasos se muestran aquellos en esta como en las demás esferas que el arte pueda manifestarnos.  Tal es el objeto al vamos a consagrar nuestras consideraciones, un tanto inoportunas quizá para despertar interés en nuestros lectores, olvidados ya de La hija de Jephté y hasta de su autor, pero no por esos inconvenientes, tratándose de un asunto que tan directamente afecta a nuestra cultura nacional, ni menos necesaria para dejar sentada como se merece, la reputación de un artista tan modesto como aprovechado, y merced a cuya laboriosidad y talento ha podido conjurar los grandes obstáculos que, desde que llegó a Madrid, se opusieron a la libre manifestación de sus facultades artísticas.
Nuestros lectores habrán leído ya la crítica que toda la prensa ha hecho de la nueva producción del señor Chapí. Tanto por esta como por la impresión que sintió el público en sus dos representaciones en nuestro real coliseo, habrán seguramente deducido el valor musical de La hija de Jephté y formado el juicio más o menos aproximado conforme a estos datos. Atentos hoy nosotros a cuanto en este sentido se ha dicho y se ha escrito, de casi todo lo cual dista mucho el concepto que antes de la representación, en la representación y después de la representación habíamos formado, porque si no veíamos en ella un modelo de arte, veíamos sí sus gérmenes y en estos gérmenes, frutos exuberantes para el porvenir; distantes igualmente en nuestros juicios y apreciaciones, lo mismo de los pesimistas que la censuran con acritud, porque no ven en ellas páginas como las de Meyerbeer o Gounod, que de los apasionados que la consideran intachable o sin defectos, y poniéndonos por último en el punto de vista que juzgamos único y necesario para su recta apreciación, trataremos de esclarecer la verdad poniendo de relieve tanto sus bellezas, como sus defectos, para que así nuestros lectores puedan formar una idea, si no completa y exacta, todo lo justa y aproximada por lo menos que sea posible. La crítica debe ser seria y reflexiva si ha de ilustrar y persuadir; hacerla de otra forma y con otros fines, es oscurecer la verdad y extraviar la opinión.
Entre los múltiples aspectos bajo los cuales puede considerarse La hija de Jephté, aparece como primero y capital a nuestros espíritu el que se refiere al género de composición o sistema musical adoptado por el señor Chapí, aspecto que por ser a nuestro modo de ver en este momento el más importante y a la vez el que más elocuentemente determina el valor artístico de toda la partitura, vamos a darle la preferencia exponiéndole a nuestros lectores antes de analizar el contenido de la composición musical.
Bajo este punto de vista la obra del señor Chapí ha merecido, y con razón, los plácemes, no tan solo de los inteligentes, sino también de los verdaderos aficionados, que ven en aquel otro discípulo más de su escuela predilecta, hoy seguida por la mayor parte de los artistas extranjeros que desean entrar en las corrientes modernas y construir sobre las últimas conquistas de la música las concepciones del porvenir.
De cortas proporciones, aunque superiores sin duda a las de Las naves de Cortés y desarrollada con más amplitud y libertad, la nueva obra que nos ocupa revela ya una tendencia fija y determinada hacia la realización de las teorías de la escuela militante en Europa, cuyas simpatías no trata de ocultar el señor Chapí por más que nuestra inclinación a entrar en las últimas doctrinas musicales. Con este decidido propósito y sin abandonar un momento aquellos procedimientos que usaron los grandes maestros, la obra se desenvuelve y marcha sin decaer un momento dentro precisamente del sistema armónico de la escuela de Meyerbeer, adoptada y consagrada por el diletantismo ilustrado; este sistema que determina hoy el movimiento y el espíritu musical de nuestra época y que, relacionando los dos grandes principios, que desde hace tanto tiempo vienen luchando en el campo de la música, ambos exclusivistas y contrarios en sus teorías, ha dado por resultado un principio superior armónico, merced al cual han venido a desaparecer los dos opuestos ideales de pasados tiempos.
Este carácter predominante de la ópera de Chapí que ha dado motivo a censuras, un tanto ligeras, de la crítica y a injustificadas reconvenciones de ilusos escolásticos, tiene su explicación natural y lógica, y prueba, contra esa misma crítica, que no es la originalidad el deseo que ha animado a nuestro joven compositor al dar forma musical a La hija de Jephté. Chapí se encuentra precisamente en ese periodo crítico de la vida artística, en que la fantasía no obra con absoluta y entera independencia, ni la concepción aparece como propia y libre individualidad: en ese momento en que toda creación tiene que ir revestida necesariamente de un carácter imitativo, como resultado de las circunstancias históricas en que nace y se desenvuelve ante el espíritu. Joven aún, por más que su talento y cultura musical sean todo lo grandes que queramos suponer y los medios de ejecución tan extraordinarios como se puede imaginar, Chapí no debía, ni podía tampoco, sin traspasar las leyes de la vida espiritual, manifestarse en La hija de Jephté con toda la personalidad, con toda la independencia propia y característica de edad y experiencia superiores; ni mucho menos emancipado y libre del que pudiéramos llamar molde y tipo, reconocido y consagrado por el gusto musical contemporáneo. La hija de Jephté, por tanto, más bien como revelación artística del genio personal de su autor, donde veamos fotografiado su propio carácter y su individualidad musical, debe considerarse como el estado actual de su espíritu, como el grado de su organización para la música, con la síntesis, en fin, de su extraordinaria cultura artística. Tal es la situación del discípulo predilecto del señor Arrieta, respecto de su última concepción musical. El artista concibe y desarrolla su obra, cumpliendo con todas las condiciones exigidas por la estética y conforme a los principios del drama lírico moderno. Fundida íntimamente con el asunto o pensamiento poético, esencialmente descriptiva y apropiada a la letra, de la cual no aparta la vista el compositor, llena de dificultades técnicas de todo género, y abundante en bellezas melódicas, rítmicas y orquestales, la música toda nos ofrece un interés vivísimo, siempre creciente, cuyo carácter parece revelarnos el empeño que ha puesto su autor para mostrar, no tanto sus indisputables facultades artísticas en lo que al compositor y al armonista se refiere, cuanto su poderosa intuición musical y decidida aptitud para el arte.
Sin ocultarnos sus instintos y tendencias, sí como su claro concepto de los fines que la ópera debe realizar para llegar al ideal que hoy se presiente, Chapí no pierde jamás de vista el asunto o el pensamiento que motiva la acción dramática. Sabe a dónde va y lo que hace, y como tiene conciencia de ello, no se aparta un punto del camino que se ha trazado, lanzándose por extraviadas sendas, para halagar con efectos de relumbrón al público ligero o distraído, o sacando resortes vulgares, ya gastados y del mal uso en esta época. Más serio que todo eso, más concienzudo y severo consigo mismo, el señor Chapí ha querido prescindir de vanos aplausos en muchas ocasiones y ha sabido sacrificar un gusto, pueril y ridículo después de todo, a la satisfacción real y completa del verdadero artista. Otros harían otra cosa y seguirían otro procedimiento. Chapí cree en la religión del arte y, consecuentemente con sus creencias, profesa sus dogmas y practica sus principios…
Chapí, no hay que dudarlo un momento, tiene verdadero espíritu artístico, posee una instrucción nada común y una noción clarísima del arte que profesa…, el provenir musical de Chapí está sin duda asegurado. Hoy le falta experiencia, es joven y no conoce aún esos resortes escénicos que son, por decirlo así, el gran secreto del artista; está cohibido por mil fuerzas de todo género que no le dejan desenvolver libremente sus concepciones ni desarrollar todo el genio poético y musical que hoy lleva en su espíritu. El día, en que libre de todas estas trabas, siga el espíritu independiente de los grandes maestros, y penetrado de la elevada misión que tiene que cumplir, se deje llevar por su propia inspiración, por su propio genio, ese día, repetimos, que corresponderá al nuevo periodo de la vida artística de Chapí, aparecerá su personalidad, y con su personalidad su carácter y sus propias obras.
Esperemos tranquilos ese día que ha de llegar seguramente, y entre tanto, dejemos meditar a Chapí, como los grandes genios de la música hicieron en los primeros años de su vida; aléntemosle manifestándole los verdaderos ideales del arte, esos ideales que ha producido creaciones como El Profeta y La Africana de Meyerbeer, Lohengrin y Rienzi de Wagner, Fausto y Romeo de Gounod; y estamos seguros que sus creaciones alcanzarán un puesto digno en el porvenir. Chapí, nos consta, trabaja y estudia sin descanso, revolviendo cuánto hay de notable en literatura y arte en los archivos de la capital del orbe católico; sabemos, aunque no nos honramos con su amistad, lo que piensa en materias de arte musical y los estudios a que con preferencia se dedica; vemos en su última partitura cuáles son sus instintos y sus aficiones predilectas en orden a la composición y desarrollo del drama musical, y esto nos basta para esperan con confianza los resultados de su talento.
No se arredre ni se detenga en la senda que ha emprendido, por grandes que sean los inconvenientes que salgan a su paso, e insuperables los obstáculos que se pongan a la libre manifestación de sus aficiones artísticas, que grandes e insuperables los tuvieron también Beethoven, Gluk y Ricardo Wagner, y sin embargo, salieron triunfantes de la reacción y el ultramontanismo musical.
Realizar el arte por el arte mismo, sin miras extensas de ningún género, y cumplir con todos sus principios para elevarse a las últimas regiones de la estética y hasta los más sublimes concepciones de la armonía; relacionar con la música la verdad con la belleza, de tal modo que el pensamiento poético tenga transparencia en el pensamiento musical; llevar a cabo, en fin, el sistema armónico comenzado por el sublime Meyerbeer y desarrollado por Ricardo Wagner en sus teorías sobre el drama lírico en lo que tiene relación o es compatible con los últimos adelantos estéticos; hacer, en una palabra, de la ópera un espectáculo serio, sin otro fin que el que el mismo arte demanda, tal es la sagrada misión del verdadero artista, y el deber que tiene que cumplir con las exigencias de nuestro tiempo.
Inspirado en estos principios, y siguiendo este camino el señor Chapí, no lo dudamos, tendrá que sufrir en nuestra patria las consecuencias que arrostraron y sufrieron aquellos genios que son la admiración de los tiempos presentes, siendo el escándalo en los pasados; pero al realizarlos así en el gran pensamiento que hoy preocupa a la España musical, al llevarlos a la ópera española, quid desiderátum del mundo filarmónico, sin contemporización ni condescendencia de ningún género, hará un servicio al arte, que el arte le premiará en el porvenir, y la historia de nuestra música nacional sabrá consignarlo gloriosamente en sus anales.”
José Estéban y Gómez
17 de Mayo de 1876
Revista Contemporánea, tomo IV, junio y julio de 1876


Ópera española La Hija de Jefté y breve biografía de don Ruperto Chapí acerca de su llegada a Madrid

En la noche de 11 de mayo ofrecía el Teatro Real de Madrid un magnífico espectáculo. Verificábase el estreno de la ópera española en un acto titulada La Hija de Jefté, letra de don Antonio Arnao y música de don Ruperto Chapí, pensionado de número (por oposición) en la Academia de Bellas Artes de Roma, y la concurrencia numerosa y escogida que llenaba el ancho salón del coliseo aplaudía con verdadero entusiasmo la inspirada producción musical del joven y ya distinguido compositor.
En muy humilde cuna nació en Villena don Ruperto Chapí; llegó a Madrid guiado solo por su irresistible vocación artística, para estudiar el arte divino; matriculóse en la Escuela de Música y Declamación, y cursó con notable aprovechamiento la difícil carrera de compositor, aprendiendo la Armonía bajo la dirección de don Miguel Galiana, el Contrapunto con don Tomás Fernández Grajal, y la Composición con el ilustre autor de Marina, don Emilio Arrieta.
Mostró Chapí desde sus primeros estudios grandes dotes y aplicación constante: obtuvo primeros premios en todas las asignaturas que cultivó; por oposición y cuando aún no tenía 19 años y no había terminado la carrera de compositor, ganó la plaza de músico mayor del tercer regimiento de artillería de a pie; por oposición también conquistó dos años después (1878) el puesto de pensionado de número en la Academia de Bellas Artes de Roma.
Las composiciones que ha dado a conocer anteriormente, alguna de ellas importantísima, como Las Naves de Cortés y el éxito sobresaliente que ha alcanzado en la noche del 11 la bella música de La Hija de Jefté, ofrecen seguridad completa de que el señor Chapí, que ha hecho su brillante carrera sufriendo toda clase de privaciones, ha de dar muchos días de gloria, no solo al arte español, sino también al arte de la música europea.
“Las obras de este joven /decía una persona muy ilustrada, en la noche del estreno de la ópera precitada), pasarán las fronteras y se harán honroso lugar entre las más aplaudibles del extranjero”. opinamos lo mismo.
Ahora bien, ¿se ocupará el Gobierno español del porvenir de esta futura gloria del arte? Sería muy laudable; pero si así lo hiciera, ¿no es verdad que tal acto sería también muy nuevo en nuestro país?
La Ilustración Española y Americana, 22-05-1876

Desde París, Escenas de capa y espada y la muerte de Garcilaso

El diario El Graduador, de Alicante; con el título Lo Celebramos publicó la siguiente noticia sobre Chapí:
“En cumplimiento de lo que el reglamento especial dispone, nuestro comprovinciano el maestro compositor musical don Ruperto Chapí ha mandado desde París, donde reside, pensionado por la Academia de Bellas Artes, una sinfonía de género puramente instrumental, titulada Escenas de capa y espada; un motete, género religioso a cuatro voces y sin acompañamiento, sobre el tema Veni orator; y la ópera española en un acto  La muerte de Garcilaso, letra de Arnao, mereciendo que el jurado calificara de extraordinario mérito los trabajos antedichos.
Según hemos leído en nuestro festivo colega El Solfeo, DON Jesús de Monasterio, lleno de noble orgullo al examinar los últimos trabajos de Chapí, al tratarse de su calificación, no encontraba nota que expresara con todo el calor que él deseaba, la bondad de aquellos; y como sus compañeros le manifestaran  que conforme al reglamento, solo podía ser de extraordinario mérito, él por fin vendido, pero no satisfecho, se contentó con decir:
--Pues bien…que se escriba todo con letras mayúsculas—
Orgulloso puede estar el joven compositor, pues cada producción musical que brota de su robusta pluma, es un nuevo florón en la corona que ha conquistado su talento.”

El Graduador, Alicante 07-12-1876

Bellas Artes de Roma

“No podemos dar cuenta también de los trabajos remitidos por los pensionados de la sección de música en la Academia de Roma, porque no se prestan del mismo modo, y por simple exhibición, al juicio público. Parece que los dos pensionados músicos han quedado reducidos a la mitad, o sea a su mínima expresión (al renunciar el señor Zubiaurre la pensión de mérito), no sabemos por qué clase de raquítica economía o por qué nuevo alarde de falta de consideración a la música. Pero, de todos modos, probable es que puedan conocerse en breve algunas de las obras del señor Chapí, que es el único pensionado músico que ha quedado, y entonces probablemente las aplaudiremos, como aplaudimos hace dos años en el teatro Real la partitura del cuadro lírico  Las naves de Cortés, del mismo autor.
Entretanto, viene aquí como de molde consignar el éxito que ha tenido en el teatro de Apolo el cuadro lírico del Sr. Arnao, Guzmán el Bueno, puesto en música por un condiscípulo del señor Chapí, el señor Bretón. Nada hemos de decir del libreto del señor Arnao, tanto el Guzmán el Bueno, como Las naves de Cortés del mismo autor, juzgados están por el público, y por cierto que los lectores de la Revista Europea fueron los primeros en apreciar las bellezas literarias de estas especiales obras. La música del señor Bretón, como la del señor Chapí, y como la de todos los jóvenes que empiezan ahora, con brillantes, verdaderas y propias condiciones, las tareas de la composición musical, inclinase más, mucho más indudablemente, a la escuela de Meyerbeer, el gran regenerador de la música dramática, que a la pura y cada vez más decaída música italiana. Esto hace indudablemente que las concepciones de esos jóvenes compositores no sean tan comprensibles a primera vista para el público como las melodías limpias y escuetas que solo encantan por grandísima e incomparable inspiración; pero en cambio se presentan desde luego con la autoridad de un maestro que conoce bien los timbres de todos y cada uno de los instrumentos, que comprende las necesidades del drama lírico moderno, que practica las grandes combinaciones instrumentales y corales, y domina, en una palabra, la ciencia de la orquestación.
Parécenos que la música de Chapí es algo más melódica que la de Bretón, y que este se acerca un poco más que aquel a algunas de las teorías de Wagner; pero de todos modos, ninguno de los dos se sale de lo que realmente tiene y debe tener del presente la llamada música del provenir; y en ambos se ve la natural influencia de su maestro el señor Arrieta, el autor de Marina, El Grumete y tantas otras obras , el que ha logrado fundir en la turquesa de la más exquisita elegancia la melodía italiana con la melodía que podemos llamar española distinguida, el infatigable profesor cuyas teorías no se estancan, sino que, por el contrario, progresan por el medio del estudio constante. La obertura o preludio sinfónico de Guzmán el Bueno, es una pieza bellísima que por sí sola basta a formar la reputación de un compositor…”

Revista Europea, 10-12-1876

Ruperto Chapí: Preludio de "Música clásica" (1880)

Serenata Mourisca - Ruperto Chapi


Concerto Especial de Primavera 2014 - Teatro Municipal do Funchal | Special Spring Concert 2014 - Funchal Municipal Theatre

FUENTE PLAZA DEL ROLLO

CURIOSIDADES DE MI BARRIO Y ALREDEDORES

Las escaleras que desde la calle Mayor daban a la plaza Vieja, con la decoración que se realizó en septiembre de 1948, para festejar la segunda coronación canónica de Ntra. Sra. de las Virtudes.


Estupenda vista de la calle de la Corredera, en aquel entonces "del Generalísimo" en la que destaca: el primer kiosko de La Paloma, el kiosko del Tio Jaime y al frente, a mano izquierda, la terraza del bar Pere Cafetero.


 Vista del castillo en su cara sureste, con las antiguas cuevas, que eran habitadas por vecinos de Villena.


Nocturno de principio de los años 70. La Corredera, con la casa de La Cadena, en aquel entonces sede de la Falange, O.J.E. y Jefatura Local del Movimiento.


 Unas vistas maravillosas del bar Pere el Cafetero y de la plaza Vieja, con el mercado de abastos al fondo.


 Otra vista de la entonces plaza de Pedro Menor, luego plaza del Rollo, con el mercado de abastos, a la derecha y a la izquierda el Hotel Alicante, en el que se hospedaron los más famosos toreros de aquella época y al lado, el Bar Catalán. La foto se realizó a primero de los años 70.


Este artículo ha sido posible gracias a los archivos compartidos con Paco Domene Milán, villenacuentame.com y veliusycia.

SE PRESENTA "AMIGOS DE SANTA MARÍA"

Todas las personas, sin exclusión alguna, nacemos con un don que es la capacidad de desarrollar actos que junto a los de nuestro prójimo, redundan en beneficio del resto de nuestros congéneres.
Estos objetivos, premeditados y estudiados en profundidad, difíciles de alcanzar en solitario, se convierten en una meta, con menores dificultades, si aunamos nuestros esfuerzos para alcanzar, entre todos el mismo objetivo. Este es el fin que nos guía, conseguir el bien común.
Un grupo de villenenses ha observado el deterioro que sufre el templo de Santa María en distintas zonas  y se ha puesto manos a la obra, para dar pronta solución, en un primer lugar a lo más urgente…. el calamitoso estado de la cubierta.
Con el nombre de “Amigos de Santa María” nos dirigimos a nuestros paisanos para solicitar su colaboración en todo cuanto tenga que ver con este proyecto de restauración, que no hay que demorar por ser de gran urgencia.

 

Cualquier tipo de ayuda será siempre bien recibida y tendrá el agradecimiento de todos y cada uno de los “Amigos de Santa María”, grupo creado para cuidar de éste importante exponente de nuestro patrimonio, LA IGLESIA DE SANTA MARÍA.
Nuestro querido templo se encuentra en tal estado de deterioro que los días de tormenta, recibe sobre sus espléndidas bóvedas de crucería, gran cantidad de agua, llegando a penetrar en el interior del templo en diversas zonas y provocando un deterioro progresivo que de seguir así y no actuar rápidamente, podría llegar a ser irreversible.
Por todos los medios de comunicación a nuestro alcance, daremos amplia información a la ciudadanía de Villena, de esta situación, para solicitar su colaboración con este proyecto que sin ánimos de ser alarmistas es de necesidad extrema.
Gracias POR VUESTRO APOYO

Video... Fran Navarro (Villena, noviembre 2020)