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Celebración en Alicante del 4º centenario de la Santa Faz, participación de Ruperto Chapí en en certamen de bandas de Alicante y banquete en su honor en el Casino de Alicante 1889


Jurado concurso de bandas en Alicante, 4º centenario Santa Faz

Ha quedado constituido el jurado para el concurso provincial de bandas de música que se realizará en Alicante, en el mes de mayo, con motivo del 4º centenario de la Santa Faz, de la forma siguiente:

Presidente, don Ruperto Chapí
Vocales: don José Altamira, don Luis Pujol, don José García Soler, don Francisco Senante Llaudes, y como secretario don Luis Cánovas.

            Se informó que se ha recibido una carta de don Ruperto Chapí aceptando el cargo de presidente y ofreciéndose a asistir a dicha solemnidad. Esta noticia procede del Diario de Alicante y la publicó el de Orihuela.

            Remisión por parte de la Junta organizadora del 4º aniversario de la Santa Faz del cartel donde se indican las bases del concurso, indicando que el certamen se llevaría a cabo en la plaza de Toros de Alicante, la tarde del 31 de mayo.

El certamen constará de dos partes: la primera consistirá en un concurso de bandas de música y la segunda en presentar una partitura para orquesta y voces, sobre la letra de himno religioso.

Sólo podrán concurrir las bandas civiles de la provincia.

Las bandas deberán ejecutar en el acto de la oposición a los premios, dos obras: 1º la obertura de Cleopatra de Mancinelli (arreglada para banda por don Leopoldo Martín, director de la banda de Alabarderos)  y 2ª una fantasía sobre motivos de ópera o zarzuela, de libre elección.
Los premios serán de 2.500, 1.000 y 500 pesetas respectivamente.

Pasamos a la segunda parte en la que se adjudicará un premio consistente en una medalla de oro conmemorativa del Centenario, al autor de la mejor partitura para orquesta y voces, sobre el himno religioso.

La partitura premiada quedará de propiedad del Cabildo Colegial de la ciudad de Alicante.

  El Alicantino, diario católico, 31-03-1889
  El Diario de Orihuela, 01-04-1889 y 10-04-1889


Medalla conmemorativa de la celebración del 4º Centenario de la Santa Faz


Premios del certamen de bandas de Alicante

Las crónicas enviadas por telégrafo desde Alicante dicen así:

Crónica del día 31. Se ha celebrado el certamen musical en la plaza de toros, presidiendo el maestro Chapí la adjudicación de los premios. Concurrencia extraordinaria.

Crónica del día 1. Anoche a las doce se verificó una manifestación contra el maestro don Ruperto Chapí, según parece porque la distribución de premios, que han aplaudido por justicia los inteligentes, no ha satisfecho a un centenar de apasionados. La opinión pública ha rechazado y condena la inculta y estridente silba de que ha sido objeto el reputo maestro, invitado a presidir el jurado en las fiestas de la Santísima Faz.

Las autoridades disolvieron la manifestación y gracias a su intervención oportuna, se evitaron las desagradables escenas que indudablemente hubieran ocurrido, porque los alicantinos rechazan actos tan opuestos al buen nombre de esta culta población.

El jurado del certamen musical adjudicó el primer premio a la banda primitiva de Alcoy, el segundo a la de Alicante, el tercero a la de Torrevieja y el accésit  a la de Crevillente.

      La Correspondencia de España, 02-06-1889


Banquete en el Casino de Alicante en honor a Chapí

            Se informa de la invitación que ha recibido el director de este periódico para asistir al banquete que dará el Casino de Alicante en honor de don Ruperto Chapí.
            Dicho Casino, en junta general que celebró anteayer tarde, nombró por aclamación socio de mérito al ilustre comprovinciano Ruperto Chapí.

            Crónica del Banquete a Chapí:

            Después del acuerdo con tanta oportunidad como justicia tomado por el Casino de nombrar socio de honor del mismo al ilustre compositor, gloria de España, a quien esta provincia tiene la honra de contarle entre sus hijos, aquella corporación creyó deber significar su profundo respeto, organizando en su honor un banquete que tuvo lugar antes de anoche en el salón principal de dicho centro recreativo.
            A eso de las nueve ocupó su asiento el señor Chapí, acompañado de lo más selecto y distinguido de la sociedad alicantina en número de unos ochenta comensales, representación legítima de cuanto de notable encierra esta ciudad en las artes, ciencia, comercio, en el foro, en una palabra, en todas las clases sociales.
El salón ofrecía un aspecto indescriptible, ataviado con profusión de flores y tapices y el servicio de la comida estuvo a cargo de la acreditada fonda de la Marina (Hotel Reina Victoria).

El menú, estuvo compuesto por una exquisita variedad de platos, que estaban de moda y fue el siguiente:

Hors-d’oeuvre Assorti.- Potage.- Créme Imperial.-Cotteletes pane au petit pois.- Escalopes a la Perigaud.- Poison á la Genovese, sauce anchois.- Poulelets á la Marcelle.- Haricot vert a la Riojana.- Roti: Filets de boeuf.- Jambon de Yorek al Spick.- Plombier de Vainille.- Gelatins belle vue au Chartreuse.
Todo ello estuvo acompañado de los vinos:
Xerez.- Valdepeñas.- Saint Julien.- Chablis y Champagne.

            (Hemos traducido algunos apartados del menú y destacamos los siguientes: surtido de entrantes, chuletas empanadas con guisantes, pescado a la Genovesa, salsa de anchoas, Filete de ternera y  jamón york con judías verdes)

El señor Chapí ocupaba uno de los sitios de honor, teniendo a su derecha al Alcalde de Alicante don Rafael Terol y a su izquierda al presidente del Casino don Blas de Loma Corradi. El otro sitio de honor estaba ocupado por el gobernador civil interino don Francisco Ballesteros y a derecha e izquierda el presidente y Fiscal de la Audiencia don Ramón de Barroeta y don Pascual Ibáñez.


En la terraza inmediata, al salón se encontraban las bandas de música del Regimiento de la Princesa, Primitiva de Alcoy y La Lira de Alicante, que ejecutaron excelentes números durante la comida, mereciendo especial mención la Obertura de Cleopatra interpretada magistralmente por las tres bandas bajo la batuta del director de la del Regimiento, don Luis Pujol.

Momentos antes de terminar la comida, el señor Chapí se dignó dirigir otro número a las mismas bandas reunidas, que valió al insigne maestro una manifestación elocuentísima de frenético entusiasmo.

Por acuerdo de la Junta organizadora de esta fiesta se convino en que solo hablaran a los brindis el Presidente del Casino y las autoridades. Después de destapado el espumoso champagne, hizo uso de la palabra don Blas de Lona y Corradi, quien con la corrección y facundia que le es peculiar, determinó el concepto de aquel acto y lo que él significaba en pro de la cultura de Alicante y del respeto y admiración que siente hacia el talento y genio que forma la aureola del señor Chapí; el señor Ballesteros, el señor Terol, el señor Barroeta y el señor Ibáñez, tuvieron frases muy elocuentes y de gran oportunidad, terminando todos los oradores entre entusiasmas salvas de aplausos. El señor Chapí se levantó el último, como verdadero artista no habló con la cabeza sino con el corazón; conmovido por las emociones que aquel acto le producían, dio gracias por las atenciones de que era objeto, ensalzó el certamen musical, enalteciendo a todas las bandas que en él tomaron parte; formuló sincerísimas protestas de afecto y gratitud hacia el pueblo y terminó asegurando que a los ideales que desde joven había, perseguido, añadía desde hoy uno nuevo: el de ser un día digno de la consideración que Alicante le tributaba y poder corresponder dignamente a ella, cual desde luego se lo proponía. Chapí fue aplaudido, felicitado y abrazado por todos, quedando establecido de esta suerte un vínculo indisoluble de afecto, unión y simpatía entre el egregio maestro y esta siempre culta, siempre noble y siempre digna ciudad de Alicante.

El café se tomó en la terraza, obsequiándose entretanto a los músicos de las tres bandas.

La velada de antes de anoche no se borrará nunca de nuestro corazón ni de ninguno de los alicantinos que asistieron a ella.

Por nuestra parte terminamos esta ligera reseña dando el más entusiasta parabién al Casino, a su Junta Directiva, y a la comisión de esta fiesta, por lo dignamente que han sabido hacer olvidar tristes momentos que todos lamentamos, haciendo renacer la armonía y la satisfacción en todos y colocando a nuestra ciudad querida en el lugar que por su cultura, su nobleza y su hospitalidad le corresponde.

Al día siguiente, 7 de junio, no hubo periódico debido a que la Santa Faz, a primera hora de la mañana, sería devuelta a su santuario.

El Alicantino, 05-06-1889 y 06-06-1889

Transcripción realizada por Joaquín Sánchez 


 Estatua dedicada a Ruperto Chapí en Alicante

Bogarra y Castillo de Caudete


Apuntes sobre la historia de Caudete

Los textos que figuran a continuación pertenecen a los tres libros citados


  • Historia de Caudete y su Virgen de Gracia, por Jesús Sánchez Díaz, 1956

  • Caudete, pérdida de sus fueros del reino de Valencia, escrito por Andrés Bañón Martínez, 1996

  • Historia verdadera de María Santísima de Gracia, escrito por el presbítero caudetano Francisco Díaz Alcover, 1922.




Cuadro del pintor Torres Cotarelo 


Historia de Caudete y su Virgen de Graciapor Jesús Sánchez Díaz, 1956

Caudete fue preco-romano y perteneció al reino de los Tartessos. Lo indica Gaspar Escolano en el libro IX, página 1.285 de su historia. Hallazgo en 1608 de una cavidad con armas y algunas joyas de oro.
En un plano que está en la página 11  figuran las ramblas Honda, San Antón y el Angosto. Las tres desembocan en el término de Villena.
En la página 23 figura un plano con el recorrido del rio Vinalopó desde la Sierra Oliva.
En la dominación visigoda los alanos se asentaron en la cartaginense, a donde pertenecía el territorio de Capdetum (año 409). Luego vinieron los vándalos y después los suevos.
Por el año 414 los visigodos vencieron a los suevos del sureste y Capdetum pasó a formar parte del reino visigodo hasta el año 779 con dos etapas, la arriana hasta Leovigildo y la católica hasta la invasión árabe.
En Caudete hubo un convento benedictino (años 521), contrastado por dos autores.
En la dominación musulmana, entre los años 713 y 1240 tomó el nombre de Capdete.
En 714 se escondieron bajo tierra las imágenes de la Virgen de Gracia y San Blas y no volverían a aparecer hasta 1414. Se ocultó en el monasterio benedictino.
Entre 1240 y 1305 tuvieron lugar los acontecimientos más trascendentales en la historia de la villa, la cual era fronteriza entre los reinos de Valencia y Murcia, así como entre las coronas de Aragón y Castilla. A partir de 1305 Caudete fue teniendo un indiscutible sello aragonés.
En 1240 el castillo de los Capdetes, ocupado por musulmanes, cedió ante el empuje aragonés, dirigido por el comendador de Alcañiz y sus almogávares.
Caudete fue una joya preciada de la corona de Aragón y esto duró más de 450 años.

CAUDETANOS= NOBLEZA BATURRA Y FIRMEZA CATALANA

En la página 53 nos encontramos con el texto del Tratado de Alzmirra, firmado el 26 de marzo de 1244, por el que Villena, Sax, Bugarra y Capdetes pasaron a formar parte del reino de Murcia hasta el 8 de agosto de 1304  y después volvió a Aragón.
En la página 56 se indica que Villena se dio en dote a la infanta doña Constanza, hija de don Jaime, cuando se casó con don Juan Manuel.
La propiedad de la villa  de Villena, su término y señoríos pertenecían de antiguo al infante de Castilla, sin bien la jurisdicción quedó reservada al reino de Aragón.
Como el infante no era vasallo de don Jaime, sino de Castilla, sus herederos recibieron la propiedad y la jurisdicción como legado del infante y de la infanta, y así pasó Villena a Castilla, por costumbre o por negligencia y no por derecho.
Curioso es que Caudete siguiera siendo de Aragón y no pudiera con él la avaricia de Pacheco. Ahora bien, Caudete no pudo evitar el que se les quitara los Alhorines, dejándola reducida a una isla de la Corona de Aragón.
Es significativo destacar que Caudete fue una de las 29 villas del reino de Valencia.
Caudete compró Bogarra (fundada 300 a.C.) y su término a Villena en 1355 y desde entonces la jurisdicción caudetana lindó con Biar y Onteniente, además de hacerlo con Fuente la Higuera, las tres del reino de Valencia.
En 1427 el rey Alfonso V el Magnánimo concedió a Caudete el privilegio llamado DEMANIO, por el que unió a la villa a la corona de Aragón.
Desde su conquista, Caudete perteneció al obispado de Cartagena, pero cuando se eligió sede episcopal en Orihuela (1565), pasó a depender de ella.
La ermita de Santa Bárbara se erigió a 1.150 metros de altitud, para que sirviera de pararrayos y deshiciese las cumbres malignas.
Para pasar de Almansa a Villena y viceversa, había que pagar un importante peaje, de aquí que, en tiempos de Juan Pacheco, los Alhorines se ocuparon por la fuerza. Este hecho fue denunciado por Caudete a los tribunales de justicia en 1482, dando comienzo un pleito, de un Gibraltar caudetano de 50 a 60 Km cuadrados.
Escolano habla en 1696 de una casa pendiente, que dura más de 210 años, entre Capdet, villa de Valencia y la ciudad de Villena, del reino de Castilla. Se recuerdan los documentos que a su favor presentó Caudete en 1482.
En 1622 se ratificó la propiedad de los Alhorines a Villena y con motivo de la guerra de Sucesión se echó tierra al asunto de los Alhorines.
En la página 97 se cita una propuesta interesante: dividir el terreno en dos partes, una para Caudete, a través del margen izquierdo de la carretera que va a Fuente la Higuera y el resto para Villena.
En las páginas 101 y 102 figura como perdió Caudete su independencia municipal por las denuncias que presentó Villena, a raíz de la guerra de Sucesión. Se redujo de villa a aldea y el 11-8-1707 pasó a depender de la jurisdicción de Villena. Dicho cautiverio duró 30 años. El 26-9-1737 se le reintegró los honores de villa, separándola de la jurisdicción de Villena.
Su época murciana estuvo entre 1738 y 1833, año en que pasó a depender de Albacete.
El archivo quedó destruido en el siglo XVIII, faltando documentos relativos a privilegios y títulos concedidos por los soberanos aragoneses y los de la casa de Austria, por lo que empezaron a solicitar copias de los mismos.
Cuando mandó Villena sobre Caudete, les mandó que fomentaran la devoción por Abdón y Senén. Caudete no quiso.  
Las obras del santuario de la virgen de Gracia se iniciaron en septiembre de 1741, contando con la ayuda altruista en 1755 del sacerdote Cristóbal Antonio Marín. La citada casa se consagró en septiembre de 1758.
Caudete siempre se sintió más valenciana que murciana. Seguía usando las medidas valencianas, así como sus costumbres.
(Valencia): barchilla, cántaro, medio cántaro, quartillo.
(Murcia): arroba, fanega, celemín, quarta, vara, libra de 10 y 6 onzas.
Según el R.D. de 30-11-1833, España quedó dividida en 49 provincias y Caudete pasó a Albacete. Lo normal hubiera sido que pasara a Alicante.

En la página 132 se mencionan las guerras carlistas  y citamos los tres periodos:
  De 1833 a 1839 : abrazo de Vergara
  De 1847 a 1849
  De 1872 a 1876
Todo comenzó porque el infante Carlos, tío de Isabel II se negó a reconocerla como reina.
Los carlistas defendían la idea del monarca absolutista y los privilegios de la iglesia. Eran amantes de la tradición, mientras que los isabelinos o liberales pensaban que España debía modernizarse.
Caudete, pueblo de muchos sacerdotes, fue el pueblo más carlista de la provincia de Albacete.

Sobre la desamortización de Mendizábal en 1835, indicar que los Frailes Capuchinos (Convento de la Concepción) y los Carmelitas (San José) fueron despedidos.
Antonio Belmar, de Alpera, compró los capuchinos y regaló a Caudete la fuente de la plaza del Carmen.
La mayoría de edad de la reina Isabel II se produjo en 1843. En 1868 se encontraría sola y sin prestigio. Los partidos se multiplicaron y los bandos progresista y moderado se dividieron en pequeños grupos.
En la página 141 se indica la necesidad de que Caudete debía pasar al parido judicial de Villena y así se trató el 15-12-1861 en una reunión en la que participaron todas las fuerzas vivas de la población. Se nombró una comisión encargada de planificar y solicitar al gobierno de S.M. el traslado a Alicante.

De la Revolución a la Restauración (1868-1874).
La revolución de 1868 aumentó el desconcierto. Nadia sabía qué hacer. Primero se ensayó un gobierno provisional, después se instauró la monarquía de Amadeo I, tras ella la República y finalmente se volvió al camino tradicional, restaurando en el trono a los Borbones en la persona de Alfonso XII, hijo de Isabel II, quién fue proclamado por el general Martínez Campos el 29-12-1874 y reinó hasta 1885.

En 1876 finalizaron las guerras carlistas y don Carlos tuvo que salir de España. No obstante, el tradicionalismo continuó existiendo, primero carlistas, luego jaimistas y así fueron viviendo hasta que en 1936, los que quedaban, se pusieron a favor del Movimiento Nacional.
Caudete fue claramente carlista. Hay que recordar que don Francisco Albalat ocupó puestos importantes en el campo de don Carlos VII.



Caudete, por Pérezgil


En 1879 se construyeron las carreteras de Fuente la Higuera y a Yecla.
A finales del siglo XIX Caudete tenía 5.000 habitantes.
En 1888 se construyó el mercado de abastos y el cuartel de la guardia civil se trasladó al final de la calle El Molino.
En 1893 se acordó la instalación del telégrafo.
El alumbrado público se instaló en 1895, 100 bombillas de 10 bujías, a cargo de la Sociedad eléctrica Caudetana.
En la página 157 se cuenta la trayectoria militar del cabo Olivares, que fue uno de los últimos de Filipinas.

En 1896 la cosecha de uva ascendió a 800.000 arrobas, que producían unas 400.000 de vino, equivalente  a 64.000 hectolitros, cantidad que colocaba a Caudete en el primer lugar absoluto y relativo de la provincia en el aspecto vinícola, incrementándose dicha cantidad con más de 400.000 arrobas de uva que compraron los bodegueros caudetanos a cosecheros de Montealegre y pueblos circunvecinos, subiendo la elaboración de vino a más de 600.000 arrobas o 96.000 hectolitros.
De 1896 a 1900 había 36 bodegas de nueva construcción, 7 fábricas de alcohol y 11 molinos de agua.
En 1898 se construyó el Círculo Deportivo Caudetano.

La página 162 trata de la construcción del barrio de San Francisco con 60 casas y en 1910 la construcción de la plaza de toros con tres pisos y 12.000 asientos, que se redujeron a 8.000 asientos. Después se construyó el chalet de “El Paso” con una extensión de 365 tahúllas. Todo lo realizado fue obra de don Francisco Albalat Navajas, conde de San Carlos y como última gran obra, la iglesia, hoy parroquia de San Francisco, cuya construcción es un  ejemplo de modernismo ecléctico, de influencia bizantina, mudéjar e italiana. Esta iglesia fue construida entre 1907 y 1908, para que sirviera de panteón para el Conde de San Carlos y su primera esposa, la francesa Hélène de Saint Aymour, Baronesa de Caix.
En 1908 se construyó el asilo de San Juan Evangelista.

En la página 164 encontramos varios datos curiosos que destacamos seguidamente:

  Director de la banda: Francisco Serrano Sánchez
  Homenaje a Luis Golf, que logró en 1736 la independencia de Villena.
  Se restableció la feria, desaparecida durante la cautividad de Villena.

Y a continuación unos datos del capítulo “Caudete en la actualidad”, referidos a los años 50 (1955) del siglo XX.
  Caudete dista 107 km de Albacete.
  Linda con Almansa, Yecla y Villena.
  Su extensión superficial es de 143,21 km2 y 8.393 habitantes.
  Villena tiene 337,11 km2 y 20.110 habitantes.

El sur del término es un paraje muy humífero, por tener el suelo formado por arrastres de aguas y que antiguamente iban a  parar a la laguna de Villena y posteriormente al Azarbe o Acequia del Rey, que se construyó para desaguar dicha laguna y que desemboca en el rio Vinalopó.




El Real, por Torres Cotarelo


 “Introducción del libro” Caudete, pérdida de sus fueros del reino de Valencia, escrito por Andrés Bañón Martínez, 1996.

Tras destacar la sucesión de generaciones que escribieron la historia de Caudete, le encantaría abrir un foro en el que pudieran ser oídas las voces de las generaciones caudetanas del siglo XVIII.
La historia de Caudete está íntimamente ligada a la del reino de Valencia. En el siglo XVIII corrió la misma suerte que el reino. Hasta 1707 fueron muchos los logros conseguidos tanto en el reino como en Caudete. La prosperidad municipal como villa real de Valencia fue amada y transmitida de generación en generación desde 1240.

Bañón transcribe las páginas 32,33 y 34 del libro titulado Historia verdadera de María Santísima de Gracia, escrito por el presbítero caudetano Francisco Díaz Alcover y editado en 1922. 

En dichas páginas figuran relatados todos los privilegios que le fueron concedidos a Caudete, remontándose a 1329 y acabando en 1707.
Todos estos fueros formaron, en su conjunto, el cuerpo de Doctrina Privada de la Villa. Por ellos se gobernaban y se resolvían las cuestiones vecinales, herencias, disfrute de riegos, fiestas, etc.…; pero hubo cuatro privilegios fundamentales que destacaron sobre el resto:

INSACULACIÓN, FERIA, VOTO EN CORTES Y EL DEMANIO.

El de “insaculación”  consistía en el nombramiento, por sorteo, de los cargos públicos.
El de “feria por quince días” significó en el siglo XIV una transcendental conquista económica. Caudete ayudó a Pedro IV, rey de Aragón y Valencia en las luchas por la reincorporación del reino de Mallorca entre los años 1339 y 1343 y obtuvo, unos años después, esta recompensa.
Era la única feria por quince días que se celebraba en el largo camino entre Valencia y Murcia.
En 1575 Felipe II concedió el poder realizar mercado semanal todos los viernes.
En 1707 se perdió el privilegio de la “feria”, con motivo del cautiverio de Villena.
A través del “voto en cortes”, a través de un Síndico Procurador General se defendían los intereses caudetanos personalmente en Valencia. Este voto procedía desde que el rey don Jaime I le otorgó el título de villa real, juntamente con las ciudades de Valencia, Játiva, Orihuela y Alicante y otras 29 villas reales.

Acerca de la reconquista de Caudete

            Estos datos los tomamos del libro Historia verdadera de la Virgen de Gracia y en su página 30 dice el autor:

Cupo la restauración de Caudete por 1238, según unos, o por los años 1240 según otros, al ínclito rey don Jaime I de Aragón, llamado el Conquistador, el cual sabiamente dispuso, que el comendador de Alcañiz con otros comendadores de la orden y buena compañía de Almogávares, cayese sobre la villa de Villena (ahora ciudad) y la hiciese pagar caro la resistencia que había manifestado a sus órdenes.
Apenas se aproximaron a ella las valientes tropas del rey don Jaime, cuando hicieron una bastida delante y causaron tanto estrago en los moros, que se vieron precisados a relacionarse por medio de embajadores con el Rey y ofrecerle poner la villa a disposición de sus Comendadores, si era así su real disposición, y constándoles de su expreso mandato, no esperaron a probar los rigores de un conquistador enojado; sí que al punto realizaron su rendición y entrega a los frailes de Calatrava por el infante don Alfonso de Castilla de mano del rey don Jaime. Poco después se rindieron al mismo Sax, Bogarra y los Caudetes.
En el nombre de Caudetes están comprendidos la villa de Caudete, Almizra cerca al pie de la sierra de La Lazara, Oliva sobre la ermita del Rosario, Los Tres Puntos en el collado de San Cristóbal y Santa Ana, Bogarra con una gran torre en el centro de hermosa vega y otro Lugarcillo en la cercanía de la ermita de Nuestra Señora de Gracia. Estos últimos cinco pueblos perecieron por la injuria de los tiempos, pero de todos ellos dan testimonio los antiguos y debajo de su fe antiquísimos escritos.
De todos los cinco era cabeza Caudete, villa tan antigua, que el historiador Escolano la hace existente en tiempos de gentilidad, y aduce en abono de su fundada opinión (Lib. IX, Columna 1285 de su historia).




Ermita de la Virgen de Gracia, por Rafael Requena


Hasta aquí, el resumen que he realizado de los tres libros indicados, cuya finalidad no es otra que conocer algo más la tierra de mis cuatro abuelos caudetanos (ya fallecidos), a quienes les dedico este trabajo:

Joaquín Sánchez Requena
Belén Amorós Pérez
Jaime Huesca Díaz
María Gracia Agulló Bañón


Joaquín Sánchez Huesca

Algunos apuntes tomados del libro "Geografía histórica del territorio de la actual provincia de Murcia desde la Reconquista por D. Jaime de Aragón hasta la época presente", por Abelardo Merino Alvárez, relacionados con Villena


Geografía histórica del territorio de la actual provincia de Murcia desde la Reconquista por D. Jaime de Aragón hasta la época presente, por Abelardo Merino Alvárez. Obra premiada por la Real Sociedad Geográfica en el concurso de 1914 con el premio instituido por el Sr. Marqués de Aledo. Madrid, 1915.

Apuntes tomados de dicho libro y que están relacionados con Villena

 Geografía histórica de la provincia de Murcia desde los días de Alfonso X hasta el final del siglo XV.

La conquista de Murcia por los cristianos introdujo en el antiguo reino hudita un cambio radical muy palpable en cuanto al aspecto geográfico-histórico se refiere.
El fondo árabe subsistió, sin duda alguna, informando las costumbres, especialmente en los campos; pero la religión mahometana fue perdiendo prosélitos, hasta verles desaparecer en absoluto durante el siguiente periodo.
Los castellanos, como los aragoneses, no se cuidaron de aprender el árabe. Así es que desfiguraron completamente las palabras usadas para designar los accidentes geográficos, o se limitaron a dar a estos nombres nuevos, con lo que quedó renovado el mapa del S.E. de la península.
Después de los repartimientos, el nombre de los propietarios pasó a serlo de sus predios, y el de los señores el de los lugares  o castillos sobre que mandaban, y aun dentro de las ciudades sirvieron tales nombres para designar barrios, vías, fuentes, etc. Resulta interesante ojear el Libro de la Montería, de Alfonso XI, y ver las descripciones que figuran en sus páginas.
Precisamente por eso, para marcar la transición entre la época musulmana, de infinita variedad y la de los Reyes austriacos, tan unificadores, es interesante en todos conceptos el estudio geográfico-histórico de Murcia durante el segundo periodo de la Edad Media.

Estudio geográfico-histórico de las fronteras del Reino de Murcia y determinación de las fronteras de Aragón.      
           
La reconquista completa del suelo peninsular por los hispano-cristianos fue cosa prevista con extraordinaria anticipación, y por eso los estados guerreros del Norte, especialmente Aragón y Castilla, tratan desde muy pronto de la forma en que habían de verificar el reparto de lo que ya daban como presa segura.
El Cid sostuvo el pendón de Castilla en diversas poblaciones, entre ellas Villena, por lo cual recibiría un tributo desde Valencia, por parte de D. Alfonso el Batallador.
           
Restauración de la iglesia cartaginense, dándole por sede Cartago-Nova y por rentas las contribuciones de Lorca, Orihuela, Elche y de Murcia. Don Alfonso X determina los límites de la diócesis y Sax y Villena fueron dadas a los Calatravos.

         
Entre Alfonso VIII de Castilla y Alfonso II de Aragón, impusieron una conferencia para fijar los límites de los posibles avances, esta se celebró en Cazola en 20 de marzo de 1179, decidiéndose en ella que todo el Reino de Valencia fuese del señorío del Rey de Aragón y la ciudad de Játiva y Biar, con sus términos, desde el puerto que está allende Biar a esta parte y la ciudad y Reino de Denia, dejando al Rey de Castilla la otra tierra y señorío que está de la otra parte del puerto de Biar, y que así se guardase por ellos y sus sucesores.

El tratado de Cazola fue siempre la base de posteriores repartimientos. A él se atuvieron Fernando III, Alfonso X y D. Jaime I.
El puerto de Biar, el antiguo de Apiarium, y las sierras próximas, prolongándose por las de Onil y la del Carrascal, dejaban para Castilla, Villena más Sax, Elda, Novelda, Catral o Callosa de Segura, Elche, Orihuela y Alicante, mientras el pequeño Estado de Denia incluía, casi íntegramente los actuales partidos de Callosa, Pego, Cocentaina, Villajoyosa y Jijona.
En 1238 el Vizconde de Cardona Ramón Folch y el Vizconde D. Artal de Aragón sitiaron Villena y rechazados, marcharon a Sax.
En 1240 D. Hernando, tío de D. Jaime, volvió a Villena y su alcalde se rindió al Comendador de Alcañiz, D. Lope Marín, para el Rey de Castilla.
Sin embargo, los Calatravos entregaron Villena y Sax al Rey de Aragón, quién se apoderó igualmente de Caudete y de la Bogarra cercana a Caudete, contra todo derecho.
Las diferencias surgidas exigían un pronto arreglo amistoso sino se había de llegar a la guerra declarada. Así lo notaron D. Alfonso y D. Jaime, concertando verse el año 1248 entre Alzmirra y Villena, donde el Rey estaba alojado., y los Cabdetes hoy Caudete, en que el Infante tenía sus tiendas.
Este tratado de Almizra, que es solamente el de Cazola aplicado sobre el terreno, fue la delimitación definitiva de las fronteras.
Los linderos continuaban comprendiendo a Villena, por Venta la Encina, Zafra y Cañada, tocando a Valencia, Campo de Mirra y Biar.
Yecla y Jumilla quedaron para Fernando III, así como Villena, Sax, Elda, Alicante y sus dependencias.
Así continuaron estos límites durante el reinado de Alfonso X, antes y después de la rebelión de los mudéjares y así los aceptó D. Jaime una vez la sublevación fue vencida.
Entre el Reino granadino y Valencia quedaba Murcia, unida a la Corona de los reyes castellanos.

  La frontera con los moros de Granada

      En 1266 determinó el hijo de Fernando III los confines del obispado.

      Figura la siguiente información sobre los calatravos:

Los calatravos aparecen también en los momentos de la reconquista del territorio, pero su papel no es tan brillante como los caballeros de otras órdenes.
En un principio y auxiliados por los aragoneses tomaron Villena, quedándose con ella y con Sax en representación de Castilla. Pero después hicieron tratos con D. Jaime I y le entregaron, no muy lealmente, ambas urbes.
Esto figura en Cáscales: Discurso I, capítulo XIII y a Zurita: libro III, capítulos XXXVII y XLIV.

Los Señoríos en Murcia

      El Señorío o Marquesado de Villena pasó de mano en mano desde los tiempos de Fernando III hasta los de Carlos V, y aún se unió a los dominios reales sin perder por ello su carácter típico de región autónoma.

 El Obispo cartaginense y su territorio 

La primera delimitación abarcaba el reino completo de los huditas, o como dice en el documento en que se ordenó: “Alicante con su término, así como parte con término de la tierra del Rey de Aragón, petrel Sax y Villena en la tierra de Don Manuel, nuestro hermano como parte de la tierra del Rey de Aragón y valle de Ayora hasta Cofrentes.
La frontera, que partía de la costa, algo al sur de Villajoyosa, seguía por el monte Cabezó, sobre Busot y Aguas; por el Maigmó, cerca de Tibi; por el puerto de Biar, entre este pueblo y Villena; por la Venta de la Encina, por el Este de Almansa y de Ayora; por cerca de Cofrentes…
En 1250 el papa Inocencio le concedió a Cartagena el privilegio de exención de Metropolitano la Santa Iglesia de Cartagena, sin reconocer a otro superior que al Papa. Dicho estado de exención acabó en los días mismos de D. Fernando y Dª Isabel. Un obispo de Cartagena, luego de elevado al solio pontificio (Rodrigo Borja, Alejandro VI), creó el arzobispado de Valencia y para más ennoblecerse dilató sus términos, dándolo por de pronto como territorio en 1492 lo de Mallorca, Segorbe, Orihuela y Murcia.
De esa forma, al final de la Edad Media vemos a la insigne silla cartaginense dependiente de otra, cuando en su exención y durante 250 años había sabido conservar la tradición gloriosa de su antiguo puesto.

 Los moros y judíos desde la reconquista hasta el reinado de los Reyes Católicos.

            Resumimos algunos aspectos que hemos considerado interesantes, no sin antes recordar que tras la revuelta de Pelayo en Asturias, los odios sobre los moros impidieron apreciar los beneficios presentes y pasados de aquella gente laboriosa. Ellos hicieron Murcia, llena de encantos y poesía. La obra de los moros estaba patente en muchos aspectos, entre ellos:

                                   Siguieron abriendo acequias e instalando añoras.
                                   La arriería era cosa de moros.
                                   El turbante se convirtió en pañuelo y montera.
                                   La chilaba en capote.
                                   El calzón berberisco en los zaragüelles.
                                   La babucha en alpargate.
Los naranjales y los almíbares
Los alfajores lorquinos y mil otras confituras.
La barraca construida con adobe y hecha por 8 cañizos y albardín.
                                   Mora era la alquería.
La música de las malagueñas murcianas, de las parrandas y de las torras, al son de una  bandurria o guitarra, donde vibraba el corazón y el alma del pueblo.

La expulsión de los judíos se decretó el 31-3-1492 por los Reyes Católicos.
Los judíos eran expertos en tejer tocas y labrar sedas.

El Reino de Murcia en su totalidad 

Refiriéndose a la extensión del Reino de Murcia indica que se tardó más de la cuente en fijar los límites que debían corresponderle, dado que se produjo una fragmentación  medieval en señoríos y dominios especiales, desapareciendo por tanto el concepto de unidad política.
A todo este influyó la creación del Marquesado de Villena, que con lo de Requena, lo de Utiel y lo de la serranía, que nunca fue de Murcia, incorporó finalmente lo de Chinchilla, Albacete, Hellín, Almansa, Villena, Sax, Yecla y Jumilla con sus términos y alfoces.
El Reino de Murcia se encontró reducido a los actuales partidos de la Unión, Murcia, Cartagena, Mula, algo del de Totana y el de Lorca.
Esta era la Murcia real y efectiva de los siglos XIV y XV. De la Murcia histórica y tradicional, extendida hasta Elche y Alicante, hasta el Júcar, hasta los llanos de Ciudad Real, hasta el Yelmo del Segura y hasta la Sangra de Huáscar, quedaba el recuerdo vivo de los límites del Obispado.
El poder central, careciendo de un organismo regional intermedio puesto a sus órdenes, desconocía lo que abarcaba Murcia.
Es importante destacar que, cuando la conquista del Marquesado de Villena, hicieron D. Fernando y Dª Isabel un corregimiento en que Chinchilla, Requena, Villena y Utiel entraban con lo de San Clemente y las 16 villas de su partido que nunca la fueron de Murcia.
Los monarcas encontraron ayuda en algunas ciudades, como fueron: Murcia, Mula, Cartagena, Villena y Jumilla, que solicitaron ni ser enajenadas, ni separadas de la Corona.

Potencia económica desde la Reconquista hasta los días de los Reyes Católicos

Destacamos de Mergelina: Descripción de Villena, incluida en el MS. De Hermosino de la Real Academia de la Historia lo siguiente:

Mergelina refiere que en Villena y su término también se cría seda, aunque no en mucha cantidad, pero se conservan todavía moreras de las primitivas, que según hay noticia, se pusieron por los años 1350 poco más o menos; rectificándole Hermosino que el año que pone de antigüedad que pone a las moreras está en guarismo y que el copiador erró el segundo número que debió decir 1452, que fue el que ciertamente entró en España y en el Reyno de Murcia las moreras y la cría de la seda.
 Esto último figura en el libro de Hermosino Parrilla: Fragmentos históricos eclesiásticos y seculares del Obispado de Cartagena. Ms. De la Real Academia de la Historia, Colección de Vargas Ponce, tomo IX, al referirse a Villena.

            Respecto a los caminos existentes en el Reyno de Murcia, destacamos lo siguiente:
           
De Murcia salía otro camino de cuatro leguas de largo para Orihuela, desde donde se iba por Albatera, distante dos leguas a Elche, para continuar a Monforte, a Elda (dos leguas), a Villena, a la Fuente de la Higuera, a Mogente, a Vallada y a Valencia del Cid.
Desde Villena enlazaba con el camino de Toledo mediante otro, tendido por Yecla, Montealegre, Pétrola y Chinchilla.
Todo este se complementaba con el camino que desde Mogente, en el de Murcia a Valencia, venía por Almansa, el Bonete y el Villar, a Chinchilla.

Respecto al número de vecinos que en pleno siglo XV habían en Murcia: 

Murcia, 3000 vecinos; Chinchilla, 1.500; Cartagena 600; todo ello según el Padrón de los Reyes Católicos 1490, Elche, 999; Alcaraz, 1.400; Villena, 700, Albacete con la Gineta unos 500; Almansa, 400; Yecla, 350.

 Geografía histórica en la provincia de Murcia en la época de la Casa de Austria 
           
            Poco a nada variaron las fronteras del Reino de Murcia mientras se asentaron en el solio español los monarcas austriacos.
            La unión de Castilla con la corona aragonesa, hecha realidad a raíz del casamiento de D. Fernando con Dª Isabel fijó mejor los límites entre Alicante y Murcia o entre Valencia y Villena, y esos límites prosiguieron intangibles hasta que, para premiar a sus más decididos parciales, los cambió un poco el primero de los Borbones.
El enlace de Fernando e Isabel fue muy beneficioso para todas las comarcas de la península. Se efectuó la unificación ansiada: Aragón, Castilla, Granada y Navarro se fundieron en la nacionalidad española y acabaron las luchas inacabables.
La injusta sentencia de Torrellas fragmentó violentamente el Tudmir¸ pero ni fue cumplida ni podía serlo en todas sus cláusulas: Cartagena no dejó de ser Castilla; Villena jamás entró en la jurisdicción de los monarcas aragoneses.
Aparece en el libro una interesante descripción, que comienza indicando que los confines de Murcia no se alteraron en lo más mínimo desde los días de Isabel la Católica hasta los postreros días de Carlos II. Empezando sobre el mar entre la punta del Pinatar y la Torre de la Horadada y de aquí partían al Noroeste, atravesando el campo de Cartagena y cita también la divisoria del Monasterio de las Virtudes.
Además, dentro del Marquesado, entre Villena y Almansa había el enclave de Caudete, que siguió siendo de “La Coronilla”, así consigna textualmente el Atlas de Abraham Ortelio: Teatro del orbe. Mapa de Valencia.
Resulta importante ver el libro: Las cosas ilustres y excelentes de España.- de Lucio Marineo Sículo; Alcalá de Henares 1539.- “De las ciudades y villas de la prouincia Cartaginense”, folios XVIII y siguientes. También se hace una referencia a los Pacheco, Duques de Escalona, indicando que tuvieron todo el Marquesado de Villena hasta los días de los Reyes Católicos. En 8 de marzo de 1480 se concluyó un pacto entre aquellos señores y estos Monarcas, por lo que el Marquesado pasó a ser de la Corona, si bien quedó a los Pachecos la posesión de Belmonte, de Garci-Muñoz con su puerto, de Alarcón, de Alcalá de Rio Júcar con sus aldeas, del estado de Horquera, de Ontur y de Jumilla.

Los Corregimientos del Marquesado de Villena en la actual provincia de Murcia

Arrancado el Marquesado de Villena de mano de los revoltosos Pachecos en los días de los Reyes Católicos, se reintegró a la Corona, tras una campaña rápida y decisiva, y se firmó el nuevo estado de cosas mediante la concordia concluida el 8-3-1480 entre los antes dueños del territorio y los Monarcas, dejando aún estos a aquellos el señorío de Belmonte, Garcí-Muñoz y su puerto, Alarcón, Alcalá del Rio Júcar con Alboreas, Eras y Zumela, lo de Jorquera, Ontur y Jumilla, todo en la forma de dominio que consentía ya la Edad Moderna y que se limitaba a un título de honor, a la cobranza de ciertas rentas y derechos y al nombramiento de unos cuantos oficios públicos.
El Marquesado fue inmediatamente convertido en un vastísimo Corregimiento, en lo civil y judicial, y para los casos de guerra en Capitanía General, encomendada de primera intención a Andrés Matheo de Guardiola y Aragón, caudillo de la frontera de Villena y alcalde del castillo de Jumilla.
El Marquesado, con sus enormes territorios de la meseta interna peninsular, vivió separado de Murcia durante casi todo el siglo XVI, pese a que en la Relación topográfica de Chinchilla hecha en 1576 se dice que es del Reino de Murcia.
Dada la extensión de este Corregimiento se dividió en dos: el de Chinchilla y el de San Clemente. Esta división se realizó en 1586, reinando Felipe II.
Aún era demasiado grande el Corregimiento de Chinchilla y en siglo XVII se desagregaron Utiel y Requena y en 1663 Hellín. Desde aquel año el Corregimiento de Chinchilla comprendió únicamente la capital con Albacete, Tobarra, La Roda, la Fuen-Santa, la Gineta, Villena, Almansa, Sax, Yecla, Alpera, etc. y con las correspondientes aldeas de estos términos. Caudete, que seguía siendo de la Coronilla, formaba con los restos de Bugarra un enclave próximo a la frontera.
Dentro  de la actual provincia de Murcia sólo quedaba en este Corregimiento Yecla, que sita a 4 leguas de Villena y a 13 de Murcia, sumaba 687 vecinos a fines del siglo XVI. En 1512 se construyó allí, sobre una pequeña eminencia, en lo alto del mercado, la iglesia vieja de la Asunción, que en los documentos de aquel tiempo figura con el nombre de Santa María la Mayor, terminándose en pleno siglo XVII el cornisón, el antepecho y el piramidal chapitel de la torre.

 Los moriscos y sus lugares—la expulsión

Tras conquistar el Reino de Granada variaron las consideraciones que se tenían con los moriscos, no sólo en las regiones andaluzas, sino en el resto de España.
La epopeya, comenzada en Covadonga, había sido positiva para la cruz, y a medida que se acercaba el momento del triunfo decisivo aumentaban los fanatismos y las intolerancias, consecuencia lógicas de una guerra siete veces secular plena de venganzas y de odios.
Desde el inicio del siglo XV se nota una recrudescencia en los sentimientos y fervores cristianos, las matanzas de hebreos, las predicaciones de San Vicente Ferrer, engendraron el decreto de expulsión  de los judíos el 31-3-1492 dictado por D. Fernando V y Dª Isabel I. El ideal de unidad religiosa, c complemento de la unidad política excitó a estos monarcas.
Tras años de opresiones, ataques desde Túnez y Argel, guerras de las Alpujarras y una larga sucesión de guerrillas, se acordó la expulsión total, saliendo los de Aragón, Andalucía, Castilla y Murcia (los no mudéjares) en 1610.
Se indica que en Villena y en Jumilla se les persiguió con saña.

 El Obispado 

   Durante los siglos XVI y XVII se produjeron importantes cambios en los límites del Obispado de Cartagena. Se verificó la segregación de lo de Orihuela para hacer otra nueva diócesis.
En 1587 se produjeron cambios en las diócesis de Almería y Guadix, incorporándose a ellos localidades que dependían de Cartagena.
La cuestión de Orihuela tuvo una solución más difícil, puesto que Orihuela, como casi toda la provincia de Alicante, entraba en la época de taifas en el principado de los Beni-Hud. La injusta sentencia de Torrellas fraccionó el antiguo Tudmir entre dos reinos distintos, pero le dejó perteneciendo a la misma mitra.
La dualidad de estados en lo político trajo complicaciones.
El papa Julio II firmó la Bula el 3-5-1510 donde, a instancias de Felipe V erigía en catedral la iglesia oriolense, resolviendo que en ella y en Cartagena hubiese un mismo prelado.
Esta situación provocó muertes y derramamientos de sangre y fue precisa la Bula de Pio IV redactada en Roma en 1564, a petición de Felipe II, creando la nueva sede de Orihuela, siendo su primer obispo Gregorio Gallo. Entre los pueblos dependientes del nuevo obispado destacaremos dos: Caudete y Ayora.
Cabe preguntarse el porqué surgen todos estos líos y el motivo está claro: las haciendas y las recolectas.
Cuando se nombró como Papa a Rodrigo Borja con el nombre de Alejandro VI, creó el Arzobispado de Valencia, dando como términos propios de él en 1492 lo de Cartagena, lo de Mallorca y lo de Segorbe.
Con motivo de la Bula del papa Pio IV de 1564 citado atrás, se acordó que la nueva mitra de Orihuela se agregara como sufragánea a Valencia, mientras que Cartagena había de incorporarse a la de Toledo.
Después de dicha Bula, el primado de las Españas aumentó su territorio, a Toledo, estaban afectos, además de Murcia, Córdoba, Cuenca, Jane, Osma, Segovia, Sigüenza, Valladolid.
Al Arzobispado de Valencia quedaron con Valencia, las diócesis de Mallorca, de Orihuela y de Segorbe.
Detallamos los conventos que se crearon en el Obispado de Cartagena en los siglos XVI y XVII en Villena:

  Convento de Religiosas de la Santísima Trinidad en 1525.
  Franciscos Descalzos, fundóse en 1563 en Extramuros y cambió de sitio en 1607.
  Oratorio de San Felipe Neri en 1651.
  Convento de Nuestra Señora de las Virtudes, de agustinos, erigido en 1526 por la misma ciudad.

Política económica del Reino de Murcia durante los días de la Casa de Austria 

Se citan las Salinas de Villena (Mergelina), quién cita también a Villena como fabricante de turrones.
Se citan como ferias notables las de Lorca, Mula, Chinchilla, Villena y Albacete.
En Villena, Sax y Lorca se cobraba castillería, así como en otras grandes fortalezas, gravando principalmente tal derecho sobre el ganado trashumante.
Los caminos que servían este movimiento eran poco más o menos los de la Edad Media.
Es significativo destacar que a Cartagena se le concedió carácter de base naval para la intervención de Castilla en los asuntos de Turquía, Francia, Italia, África y todo el Mediterráneo.

Los principales sistemas de circulación eran:

  Camino de la Seda, de Cartagena a Toledo. Medía 59 leguas. Empezaba en Toledo y seguía hasta Murcia y de allí a Cartagena.

  El Camino de Murcia a Alicante y Valencia, seguía por Orihuela, Alicante y a Catarroja, lindando el mar.

  El camino de Murcia a Granada iba por Alcantarilla hasta Venta Quemada, Aguas blancas y Beas. Medía 45 leguas.

  El camino de Granada a Valencia hacía cruz con el Cartagena a Toledo, pasaba por Jumilla, Yecla, Caudete, Fuente la Higuera, Mogente, Játiva, Catarroja, Valencia. Medía 75 leguas.

  El camino de Barcelona y Valencia a Sevilla cruzaba igualmente por el de la seda, pero en Chinchilla. Tenía desde la capital de principado catalán a la del Guadalquivir 154 leguas y marcha desde Valencia, por Catarroja, Silla, Algemesí, Játiva, Almansa, Bonete, Villar, Chinchilla, Balazote, Villanueva de Alcaraz, Linares, Andújar, Puente de Alcolea y Córdoba.

  En Chinchilla había otra vía a Alicante que continuaba por Pétrola, la Higuera, Montealegre, Venta de Juan Gil, Yecla, Villena, Elda, Monforte y Alicante.   

  De Murcia salía otro camino a enlazar con el de Valencia a Chinchilla: trazábase por Orihuela, Albatera, Elche, Monforte, Elda y Villena.

  Y luego quedaban otros caminos secundarios y destacamos: de Yecla a Villena.

  Chinchilla y Murcia resultaban los grandes nudos de comunicación: también lo eran, aunque en modo más secundario, Totana, Elche y Alcaraz de la Sierra.

El estado de todas las calzadas, que en general, como derivadas de las de Roma, concuerdan con las aún existentes, era lastimoso. Los Reyes Católicos habían mandado a las justicias y Concejos que hiciesen:

abrir y adobar los carriles por do pasan y suelen pasar y andar las carretas y carros, por manera que sean del ancho que deban, para que buenamente puedan pasar e ir y venir por los caminos y que no consientan que los dichos caminos sean cerrados, ni arados, no dañados, ni ensangostados, so pena de diez mil maravedís a cada uno que lo contrario hiciese”.

         
   Datos de número de habitantes en la época que gobernaron los Monarcas de la Casa de Austria:

Año
Murcia
Cartagena
Chinchilla
Villena

1530
2.595
505
648
629

1587
3.623
1.431
700
780
1591
3.370
1.034
641
828
1646
3.960
800
489
486
1694
5.154
2.447
586
646


-     El nº de vecinos que se indica es de pecheros.
-     En todo el Reino de Murcia se calculaban en 1541: 17.976 familias de pecheros y 1.284 de hidalgos.
-     En 1594 había en la diócesis cartaginense unos 4.396 moriscos.
-     Las notas comparativas de los años 1530,1646 y 1694 están tomadas de libros formados para el encabezamiento de alcabalas y repartimiento de servicio militar. El censo de 1587 es del obispado. El de 1591 lo hicieron los pueblos y ellos estaban interesados en que no hubiese agravio en la distribución. Los de 1646 y 1694 son de notas del repartimiento del servicio militar.
-    En el siglo XVI la ciudad mayor de la Corona era Sevilla y luego seguían Granada, Toledo, Valladolid, Madrid, Jerez, Córdoba, Jaén, Segovia, Baeza, Écija, Úbeda, Salamanca, Murcia, Málaga, Ocaña, Cuenca, Palencia Ávila, Badajoz, Medina del Campo, Utrera, Burgos, Aracena, Alcalá de Henares, Orihuela, Osuna, Alcalá la Real, Toro y Lorca.
-      Al iniciarse el siglo XVIII sólo pasaban de los 2.000 vecinos Murcia, Lorca y Cartagena.

Dos aspectos sociales a resaltar:

            A la sombra del movimiento erudito general, se formaron buenas librerías en los conventos y concurridos estudios de gramática, multiplicándose los aficionados a la poesía.
             La masa popular seguí inculta, con su rusticidad y sus desplantes llenos de franqueza, en los que se escapaban incluso palabras deshonestas.