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Dos músicos villenenses en el "Diccionario de Efemérides de Músicos Españoles, 1881": RUPERTO CHAPÍ Y ANTONIO PALAO






Los itinerarios musicales de Ruperto Chapí, 1883


Próxima llegada de Ruperto Chapí a Alicante

El Teatro-Circo desea participar a los lectores las más importantes noticias acerca de los espectáculos lírico-dramáticos que se preparan en este coliseo para la próxima semana.
Ya es un hecho la venida a esta capital de nuestro comprovinciano don Ruperto Chapí, quién dirigirá el jueves o viernes próximo La Tempestad.

El Graduador, Alicante, 22-07-1883

Llegada de Ruperto Chapí a Alicante

Ayer, en el tren correo llegó a esta capital don Ruperto Chapí. Fueron a esperarle a la estación gran número de artistas y admiradores del aventajado maestro.
Anoche fue obsequiado con una brillante serenata por los individuos de la banda de Música “La Lira”, de cuya corporación es presidente honorario.
La empresa del Teatro-Circo prepara una solemne función en honor del Maestro, cuyos detalles anunciaremos oportunamente.

El Constitucional dinástico, Alicante, 25-07-1883

Una reunión inolvidable en casa de Carmelo Calvo

El aplaudido maestro y compositor estuvo anteayer en casa de nuestro particular amigo don Carmelo Calvo, en donde se leyeron algunas escenas de una zarzuela escrita por éste y se ejecutaron algunos números de música, original de don Francisco Senante, quedando altamente complacido el señor Chapí de las relevantes cualidades que concurren en el señor Senante como compositor y de la fluida versificación y excelente trabajo de la obra del señor Calvo, la cual sabemos que ha de tener los honores de la representación en el próximo invierno, en uno de los teatros de la corte.
A la agradable reunión asistieron algunos periodistas y amigos del señor Calvo, que hizo los honores de la casa con la amabilidad y cortesía que acostumbra.
Hasta aquí, figura la crónica de La Correspondencia, a continuación vamos a ampliar la crónica con datos publicados en El Eco de la provincia:
Indica que a la citada reunión también acudió don Juan Cantó Francés, gloriosa realidad del arte lírico y primer premio de composición en el conservatorio. Cita también al señor Soler, eminente artista alicantino y al tenor don José Asín, quién cantó una romanza de la composición presentada por el señor Senante. Don Enrique Ravello cantó otra romanza, y a continuación la música restante fue tocada al piano por su autor.
Además de los nombrados, asistieron don Manuel Senante, don Carlos Sánchez Palacio, y los señores Deltell, Aznar, Fó, Such y Martínez Torrejón, entre otros.

El Constitucional dinástico, Alicante, 27-07-1883
El Eco de la provincia, Alicante, 27-07-1883

La Tempestad en el Teatro-Circo de Alicante

Detallamos a continuación las crónicas de los tres periódicos citados al final, ya que están referidas al mismo tema.
El Eco indica que esta noche se representará la Tempestad, en la hará su aparición la tiple señorita Nadal, libre ya de los compromisos que tenía en Valencia. También actuará nuestro paisano Miguel Soler.
El Graduador la califica como función solemne e indica que la orquesta fue dirigida por don Ruperto Chapí.
El Constitucional es el que más se extiende en la crónica y vamos a relatar un amplio contenido de la misma.

“El elegante circo de verano ha tenido la suerte de dar a conocer a Alicante un verdadero acontecimiento musical, dirigido por su autor, hijo distinguido de la vecina ciudad de Villena, el joven maestro Chapí.
Grande era el deseo de aplaudir a Chapí, quien ha sabido ocupar uno de los primeros puestos entre los compositores españoles y cuyas producciones se oyen en los principales centros musicales de Europa. Tras aparecer en su sitial de director de orquesta, el público lo saludó con bravos y palmadas.
La orquesta, notablemente reforzada, hizo oír las inspiradas notas del preludio y se alzó el telón.
Todos los números fueron estrepitosamente aplaudidos, con especialidad los magníficos finales de los actos, primero y segundo que lograron producir en el auditorio un entusiasmo rayando el delirio.
El maestro Chapí tuvo que presentarse varias veces en el palco escénico y la empresa del Teatro Circo le regaló una magnífica escribanía de plata.
Los coros estuvieron inimitables, así como la orquesta que puede decirse con justicia es una de las mejores.
La representación se repitió en la noche del domingo...
Durante la corta estancia del maestro Chapí en Alicante, fue obsequiado por sus innumerables amigos y admiradores.”

El Eco de la provincia, Alicante, 28-07-1883
El Graduador, 29-07-1883
El Constitucional dinástico, 31-07-1883

Villena se prepara para recibir a Chapí

Dice textualmente la crónica que figura en el periódico:
“Se prepara en Villena un digno recibimiento al señor Chapí, hijo de aquella ciudad, a la que debe marchar hoy mismo.”

El Eco de la provincia, 01-08-1883

Chapí visitó Elche

A las nueve de la mañana de anteayer miércoles, salió de esta capital en coche particular y acompañado de varios amigos y admiradores, con destino a la ciudad de Elche, don Ruperto Chapí.
A la entrada de Elche le esperaban: don Honorato Perlasia, secretario del ayuntamiento de Elche y persona estimadísima del señor Chapí; don Camilo Blasco, presidente del Casino; don Rafael y Francisco Buyolo, hijos del director de una de las bandas de música de elche; don Antonio Sánchez, director de la otra banda; y los señores Fernando Antón, José Aznar y los simpáticos hermanos Javaloyes, José y Alfredo, esperanza, el último del arte lírico español.
En el Casino de elche, Chapí escribió en el gabinete de lectura varias cartas y mientras tanto la comitiva fue obsequiada con unos refrescos por el señor Blasco.
Posteriormente se visitó la iglesia de Santa María y sus torres, divisando el palmeral. Maravilloso concierto  el formado por el rumor de las palmas y los ecos de los moradores que llegaban a nuestros oídos con una armonía dulcísima perdida en la inmensidad del espacio. Continuaron la visita al alcázar de la antigua casa de Calahorra, propiedad de los marqueses de Lendinez.
Chapí, durante el viaje no se separó de sus hijas, Vicenta y Cecilia; la primera nacida en Madrid y la segunda en Roma.
La comida se celebró en la fonda de “Juanico”, instalada en el antiguo local que ocupaba la Tadea y reinó la más franca cordialidad, pronunciándose en el momento del champagne, elocuentes brindis en elogio de nuestro querido comprovinciano.
Inició el brindis el artista alicantino Miguel Soler, continuó don Camilo Blasco y continuaron los señores Perlasia, Buyolo, Serrano, Gorgé, Aznar e Irles, consiguiendo que Chapí se emocionara notablemente.
El maestro abandonó la ciudad a las cinco de la tarde, después de visitar varios huertos.
En el tren mixto de ayer, salió para Villena, desde donde se trasladará a Madrid a recoger nuevamente los laureles del genio en aquellos coliseos.

La Unión democrática, 05-08-1883

1972 "PARA UN CATÁLOGO DE PINTORES VILLENENSES", por Adrián Espí Valdés


A José María Soler, un estudioso de Villena, y querido amigo.
por Adrián ESPI VALDES, académico de la Real de Bellas Artes de S. Carlos de Valencia. Profesor de Historia  del Arte del CEU de Alicante.

Artículo muy interesante sobre los "pintores villenenses" que fue publicado en la revista anual Villena de 1972. Cuenta con un final muy interesante, en el que apunta la necesidad de crear un Diccionario bibliográfico de pintores villenenses."

Dice así:

Al intentar una aproximación —llamémosle catalogación— del arte plástico alicantino, forzosamente tenemos que desembocar ante la presencia —poderosísima tantas veces— de los pueblos que integran la actual provincia, autores las más de la veces de obras y realizaciones de excepcional importancia e interés: Elche, Orihuela, Aspe, Novelda, Denia, Alcoy, Villena...

El inventario artístico provincial —empresa que está actualmente reclamando todos nuestros esfuerzos, mancomunados a ser posible— nos tiene que acercar a la contemplación de monumentos tan singulares como el Alcázar de Cocentaina, la Alcudia de Elche, Santo Domingo de Orihuela, la seudomodernista Magdalena de Novelda, los castillos de Biar, Sax, Cox, Castalla o Jijona —por citar únicamente unos ejemplos—, la extraordinaria fábrica pétrea villenense del más puro goticismo, felizmente estudiada por M.ª Belén Portillo (1)... Y, ahí están, en la propia ciudad de Villena, su famoso castillo de los Pacheco o la portada renacentista de su palacio municipal, dos obras arquitectónicas de primera magnitud.

Si en el campo de la escultura centrarnos la atención, es fácil adivinar que entre todos los maestros es necesario destacar la figura del polopense neoclasicista José Ginés (2), la labor alicantinista de Juan Bautista Borja, el inventario de realizaciones de Moltó y Such, Lorenzo Ridaura, Vicente Bañuls (3), y otros muchos cultivadores del arte de Fidias.

La pintura aporta al acervo cultural provincial, regional e incluso de alcance nacional, firmas de primerísima línea, y junto a un José Aparicio, un Lorenzo Casanova, un Antonio Gisbert, junto a un Heliodoro Guillén, un Francisco Jover, un Vicente Albarranch o un Mariano Antón, hoy están Juana Francés, Arcadio Blasco, Ramón Castañer, Eusebio Sempere, Manolo Baeza, «Vigreyos» o Saura, herederos en cierta forma todos ellos de un padre Borrás o un Jerónimo Jacinto de Espinosa.

Y nos choca, esta es la verdad, al manejar datos en torno a la pintura alicantina, el no encontrar en una serie de obras que —con errores y ausencias— hoy podemos tener como precisas y hasta «clásicas», tales como el Orellana (4), el Ossorio (5) o el valenciano Barón de Alcalí (6) al que se suma más recientemente el Dr. Aldana Fernández (7), ninguna nota biográfica y bibliográfica referida a pintor alguno de Villena. ¿Podemos ante este sensible silencio pensar que en Villena no ha surgido el artista del pincel y la paleta durante los siglos XVII, XVIII, XIX e incluso en nuestra centuria actual (8); pintor de cierto nombre al menos en un ámbito local y regional? ¿Es que en esas importantes manifestaciones plásticas que fueron las exposiciones nacionales de bellas artes iniciadas en 1856 gracias al interés personal de Isabel II, como en esas otras exhibiciones montadas por los organismos locales o por la Sociedad Económica de Amigos del País, ningún villenense tuvo su arte y su parte? Son estas preguntas que reclaman la respuesta exacta e imparcial, examinando las motivaciones y las posibles razones.

Si bien desconocemos, de momento, esos nombres, creemos que Villena ha tenido sus pintores. Un testimonio válido nos lo dan —aunque muy lacónicamente— Ceán Bermúdez (9) y Ponz (10), cuando nos hablan de fray Ginés Díaz, pintor natural de Villena, en torno a 1750. En el famoso «Viaje de España» del erudito valenciano se nos asegura que el tal fraile era cartujo en la casa que la orden tenía en Portaceli de Valencia, en cuya sala capitular existían varios cuadros suyos, todos ellos narrativos de algunos aspectos de la vida de San Bruno.

En esta misma publicación (11) han aparecido con cierta periodicidad algunos fotograbados reproduciendo pinturas de José Cortés, Ladislao Jareño —primera medalla en la exposición de la Diputación de Alicante en el año 1944—, Javier Serrano, Antonio Cernuda; Mención aparte merece el nombre y la obra de Luis García Ferriz (12) en alguna ocasión considerado el «patriarca de los pintores villenenses», y del que ya en otro comentario nos ocupamos, aunque de una manera muy epidérmica (13).

Cabría en esta aproximación al quehacer plástico y pictórico de Villena, que en un sentido retrospectivo fijáramos la atención en cuatro artistas que de alguna manera tienen que ser considerados representantes de esa pléyade de pintores villenenses que nos interesa detectar prontamente. En primer lugar, y por derecho propio, Luis García Ferriz, nacido en 1888, estudiante de bellas artes en San Carlos de Valencia, en cuyo centro obtiene el profesorado en dibujo siendo discípulo del pintor enguerino Isidoro Garnelo Fillol, pasando más tarde a la escuela superior de San Fernando, y asistiendo como alumno particular a las clases que imparte José Garnelo Alda, también pintor nacido en Enguera.

Luis García Ferriz gana segunda medalla en la Exposición Internacional de Zaragoza de 1908, otorgado por un bello «Desnudo». Al celebrarse un año después la exhibición regional valenciana García Ferriz, villenense y valenciano, acude a ella con auténtica ilusión; el jurado le otorga otra segunda recompensa por un «Retrato de Niña». Nueva medalla de segunda clase en 1910 con ocasión de la magna exposición nacional de la ciudad del Turia. Y mientras esto ocurre, el artista va compaginando la pintura con la labor fotográfica a la que se entrega como auténtico profesional y muy honrada llamada vocacional.

García Ferriz es de los hombres que está reclamando el estudio biográfico y crítico de su vida y su obra. La dimensión humana del pintor y su concepción estética bien merecen la atención del estudioso, y, desde luego, que su nombre figure, aparezca reflejado en los anales de la pintura de Alicante y su provincia, al lado de otros artistas. Profesor de la academia local de bellas artes y expositor en 1950 en la exhibición provincial organizada por el ayuntamiento, fallece en 4 de abril de 1959 dejando en su tierra nativa y pueblos circundantes buena muestra de su honradez plástica: paisajes, retratos y composiciones diversas, de entre los que cabe reseñar: «Descanso en el campo», «El mendigo», «Dédalo-Icaro», y un precioso retrato del compositor Ruperto Chapí, propiedad del ayuntamiento villenense.

En octubre de 1928 y en el Salón de Otoño de Madrid, figuran cuatro firmas alicantinas: Albert, de Pinoso; Mercet, de Villajoyosa; E. Verdú, de Alicante; y Adolfo Pelayo, de Villena. Ha nacido Pelayo Pons en 20 de septiembre de 1893 hijo de un médico-escritor ilicitano. Joven, adolescente, se traslada a Madrid, en cuya capital estudia dibujo con Carlos Vergel y colorido y composición con el ilustre José María López Mezquita, quienes le preparan para su ingreso en la Escuela Superior de San Fernando, establecimiento en el que tiene que cursar toda la carrera hasta la obtención del título.

Adolfo Pelayo Pons, y a muy temprana edad, comienza a celebrar exposiciones individuales. Así en 1919 en el norte de España, concretamente Santander y Bilbao; un año más tarde en el Ateneo de Madrid con sesenta obras —óleos, dibujos y carboncillos—, siendo en tal ocasión avalado por Adolfo Bonilla San Martín y Francisco Rodríguez Marín. En el Liceo de América, de Madrid, expone en 1922 y en 1924, año en que acude al Salón de Otoño antes indicado, exhibiendo cuarenta óleos y algunos carbones en el matritense y nacional palacio de Biblioteca y Museos, siendo entonces acogido favorablemente por la crítica.

Otras exposiciones suyas son de 1928 y 1929, y después otras muestras itinerantes por provincias peninsulares hasta llegar a Alicante, en cuyo Casino aparece en una «colectiva» con otros destacados autores. Figurativo y tradicional, querernos resaltar algunos de sus títulos, tal vez los más representativos: «Bellezas mediterráneas», «Nocturno», «Dama española», «Verbena», «Dama en azul».

Del alumnado de García Ferriz sale también el dibujante y pintor José Cortés Camarasa, nacido en 1908. Caricaturista premiado con el primer galardón en la exposición provincial villenense de 1945, profesor de la academia «Joaquín María López», y de la academia de Formación Profesional de la propia ciudad, sus plumillas y dibujos son muestra exacta de su «garra» y auténtico oficio, que conoce a la perfección y cultiva con amoroso empeño. «Su cada vez más acusado dominio de la técnica así como su visión personalísima de los tipos antiguos y del ambiente que les rodea, hacen de sus cuadritos verdaderas joyas de pintura localista» (14).

Acabaremos esta breve glosa trayendo a colación el nombre de Vicente Catalá Martínez, artista contemporáneo —nace en 1912— que ha exhibido su obra en distintas exposiciones locales, algunas de ellas de carácter provincial —III y IV de la Diputación Provincial—, habiendo igualmente concurrido al premio Condado San Jorge. Vicente Catalá ha sabido respirar la atmósfera artística y conceptual de su época e incorporar a su «hacer» plástico tendencias y maneras, con sinceridad y honestidad, con realismo y expresión inteligible.
Villena tiene sus pintores. Nos dejamos bastantes en el tintero, aguardando una nueva ocasión. No hace mucho, prácticamente un año, leíamos una nota en el periódico «Información» de Alicante (15), y en ella se decía que dieciséis artistas con una amplia gama temática y técnica se asomaban a la sala exhibidora. La verdad es que no todos eran villenenses —M. González Santana, Pau Lau—, pero allí figuraron firmas que hoy son dignas no solamente de mención, sino ya de estudio y análisis: Virtudes Navarro, Vicente Rodes Amorós, Miguel Flor, etc.

La invitación de este modesto articulista al concluir tan lacónico trabajo no es otra que el exhortar al estudioso de Villena a la confección del catálogo, el inventario, la puesta al día de una nómina de artistas plásticos. En cierta manera el «Diccionario bibliográfico» de sus pintores. Creemos, con sinceridad auténtica, que vale la pena, y que nos encontraríamos con muchas y agradables sorpresas.






(1) PORTILLO, M.ª Belén. «Santiago, de Villena y el barroquismo gótico en el Reino de Valencia, Valencia, Colegio Oficial de Arquitectos de Valencia, 1967.
(2) IGUAL UBEDA, Antonio. «Escultores valencianos del siglo XVIII en Madrid». Valencia, Institución «Alfonso el Magnánimo», 1968.
(3) ESPI VALDES, Adrián. «Tres escultores: Molió, Ridaura y Bañuls». Alicante, «Información», 21 de mayo de 1970.
(4) ORELLANA, Marcos Antonio de. «Biografía pictórica valentina o vida de los pintores, arquitectos, escultores y grabadores valencianos». Edición preparada por el Dr. Xavier d.de SALAS. Valencia, Ayuntamiento de Valencia, 1967.
(5) OSSORIO Y BERNARD, M. «Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX». Madrid, Imprenta de Moreno y Rojas, 1883-1884.
(6) ALCAHALI, Barón de. «Diccionario biográfico de artistas valencianos. Valencia, Imp. Federico Domenech, 1897.
(7) ALDANA FERNANDEZ, Salvador. «Guía abreviada de artistas valencianos». Valencia, Ayuntamiento de Valencia, 1970.
(8) ARMENGOT FERNANDEZ, Feo. y CIA MARTINEZ, José. «XXV años de pintura alicantina (1933-1958)». Alicante, IDEA, 1958.
(9) CEAN BERMUDEZ, J. A. «Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes en España». Madrid, 1800. Vid. también CONDE DELA VIÑAZA, «Adiciones al Diccionario histórico...». Madrid, 1894.
(10) PONZ PIQUER, Antonio. «Viaje de España». Madrid, M. Aguilar, 1947.
(11) Revista «Villena», 1952 y 1953.
(12) Revista «Villena», 1961.
(13) ESPI VALDES, Adrián. «Algunos pintores de la ilustre ciudad de Villena». Alicante, «Información», 6 de septiembre de 1970.
(14) Revista «Villena», 1952.
(15) NOTICIA: «Villena: gran interés por la «Expo» de pintura local». Alicante, «Información», 6 de septiembre de 1970. “

Pintores villenenses que figuran en la página web: alicantinos.wordpress.com


DICCIONARIO DE PINTORES ALICANTINOS


Pintores de Villena que figuran en dicha página:

·         García de Villena, Pedro –Pedrucho-
·         Juan Hurtado Oliva
·         Miguel Hurtado
·         Rafael Hernández García
·         Isidro Gosálbez Rios
·         Vicente Molina Pardo
·         Francisco José Ugeda Sánchez
·         Jesús Tarruella González
·         Ceferino Moreno Sandoval
·         Restituto López Hernández
·         José Hernández Martínez
·         Domingo Gimeno Fuster
·         Juan Bosco García Salguero


"Pintores Alicantinos 1900 - 2000" - Relación de pintores villenenses





Son dos tomos editados por la Diputación Provincial de Alicante en el año 2001, con textos de Adrián Espí y Dionisio Gázquez. Era presidente Julio de España y diputado de Cultura Miguel Valor.

Tras una exposición acerca de la pintura alicantina, figuran por orden alfabético una serie de pintores alicantinos.

Destacamos los de Villena, que son:

Lorena Amorós Blasco
José Cortés Camarasa
Andrés Esteban Francés
Francisco García Beneyto
Juan Bosco García Salguero
Domingo Gimeno Fuster
Isidro Gosálbez Ríos
Rafael Hernández García
José Hernández Martínez
Juan Hurtado Oliva
Pedro Marco Hernández
Ceferino Moreno Sandoval
Miguel Ángel Navarro Escoín
Adolfo Pelayo Pons
Esteban Pí Figuerola
Vicente Rodes Pérez
Antonio Ruiz Cerdán  -Chispes-
Juan Salguero (ojo, está también Juan Bosco García Salguero)
Jesús Tarruella González
Francisco José Ugeda Sánchez
Pedro de Villena –Pedrucho-

Figuran también dos pintores alicantinos que pasaron parte de su vida en Villena:

Humberto Inga Gutiérrez
Pau Lau Brinkent
Antonio Cernuda Juan
Manuel González Santana
Ricardo Gómez Soria
José Navarro Ferrero
Pedro Pérez Gimeno

Algunos datos curiosos:

En las fiestas de junio de Alicante, a iniciativa de la “Gaceta de Alicante” y bajo el auspicio de las nuevas autoridades, se celebró la pretenciosa “Exposición de Dibujo, Pintura y Escultura” organizada por el ayuntamiento y celebrada en el Casino de Alicante.

Participaron 35 artistas con cerca de 500 trabajos, entre ellos: González Santana, Pons Pelayo, Helidoro Guillén y Pérezgil, entre otros.

Los casinos volvieron a ser centros de encuentro de actividades sociales.

En 1944 la Diputación Provincial empezó a convocar “Exposiciones Provinciales de Bellas Artes. La primera fue en enero de dicho año y la segunda en junio de 1946. Entre otros, participaron Cernuda y Santana.

Ceferino participó en la Bienal de Sao Paulo de 1971.

Entre 1971 y 1975 aparecieron una serie de pintores, unos denominados de “nueva figuración”, entre los que estaba Pedro Marco y otros, atraídos por la “abstracción”, como fueron Ceferino y Vicente Rodes. Otros, sin embargo, continuaron fieles a sus estilos personales, como fue el caso de Santana.

Pintores Villenenses en el "Diccionario de Artistas Valencianos del Siglo XX - Valencia 1999







Dicho diccionario se compone de tres tomos. Lo realizó el doctor, académico y crítico de arte Francisco Agramunt Lacruz en el año 1999.

En sus páginas se citan algunos artistas villenenses y de la comarca, con sus correspondientes biografías.

Seguidamente indicamos cuales son las biografías publicadas:

·                     Sara Gimeno Fuster
·                     Domingo Gimeno Fuster
·                     Adolfo Pelayo Pons  (es Pons Pelayo)
·                     Luis García Ferriz
·                     Antonio Navarro Santafé
·                     Vicente Rodes Pérez
·                     Tomás Navarro
·                     Vicente Molina
·                     Miguel Hurtado
·                     Juan Hurtado Oliva
·                     Pedro de Villena (Pedrucho)
·                     Ugeda  ( es Francisco José Ugeda Sánchez)
·                     Jesús Tarruella González
·                     Antonio Ruiz Cerdán (Chispes)
·                     Esteban Pi Figuerola
·                     Francisco Pardo Domenech
·                     Pedro Marco Hernández
·                     Resti López Hernández  (Restituto)
·                     José Hernández Martínez
·                     Isidro Gosálbez Rios
·                     José Navarro Ferrero (Benejama)
·                     Pedro Pérez Gimeno (Biar)


COSTUMBRES VALENCIANAS - MOROS Y CRISTIANOS - LAS FIESTAS DE BIAR , LA MAHOMA Y EL ORIGEN DE LAS FIESTAS DE MOROS Y CRISTIANOS DE VILLENA


COSTUMBRES VALENCIANAS – MOROS Y CRISTIANOS -- LAS FIESTAS DE BIAR

Introducción

Seguidamente damos cuenta del citado artículo, publicado  en el número nº 18 de fecha 5 de mayo de 1839 del SEMANARIO PINTORESCO ESPAÑOLcompuesto de ocho páginas.
Dicho semanario fue fundado por Mesonero Romanos en 1836 y estuvo publicándose entre el 1 de abril de 1836 y el 20 de diciembre de 1857.
 Se organizaba en unas secciones fijas  como eran: Costumbres, España pintores, Bellas, Artes, etc.…, de ahí que el artículo que nos ocupa lleva como título inicial Costumbres Valencianas y como segundo Moros y Cristianos.

El texto de dicho artículo, que seguidamente vamos a reflejar, está  centrado en las fiestas de Moros y Cristianos de Biar. Con una gran  meticulosidad, su autor, realiza una minuciosa descripción, primero de los preparativos de fiestas, para pasar a describir el desarrollo de los distintos actos que, en honor de la patrona de la villa, la Virgen de Gracia, dan comienzo el diez de mayo.  Al día siguiente, tiene lugar la toma del castillo cristiano, por parte de los moros  y al otro sucede al contrario; los cristianos recobran el castillo y tras la lucha con los moros, se produce un segundo ataque en el que participan los vecinos de Villena y Castalla, llevándose los de Villena los restos de la efigie de Mahoma. Dicho día finaliza con el regreso de la patrona a la ermita.        

Texto del citado artículo

“La reconquista de España dejó impresa en el alma de nuestros antepasados una idea de gloria, que se ha transmitido a nosotros con la misma fuerza y entusiasmo con que la adquirieron aquellos testigos oculares de las mayores proezas. Muchas poblaciones celebran con pública alegría el momento feliz en que las banderas cristianas triunfaron de las moriscas, y les devolvieron la deseada libertad; pero entre todas, ninguna se entrega con mayor placer a estos recuerdos que varias de las valencianas. Alcoy, Onil, Benejama y otras muchas solemnizan el célebre día con fiestas anuales a que dan el nombre de Moros y Cristianos; pero ninguna sobresale, ninguna se esmera tanto como la pequeña villa de Biar, famosa en la provincia de Alicante, más aún que por la riqueza e industria y aplicación de sus habitantes, por la fiesta que vamos a describir.
            Es inexplicable el júbilo con que el económico y laborioso valenciano se entrega a ella, y la generosidad con que consume en tres días los ahorros de una anualidad de trabajo: más bien puede decirse que esta fiesta es la más propia de su carácter, y que durante ella vive en su centro, porque verdaderamente los valencianos nacieron para el bullicio y la agitación.
            El mes de mayo se aproxima, y ahora, en este mismo instante en que escribimos, el vecino de Biar ya se atormenta en discurrir sobre la fiesta venidera; ya registra el pesado arcabuz, encarga al polvorista la mecha, compra las municiones, forja los cartuchos, visita los pueblos comarcanos, convida a los amigos, va y viene a la alfarería a ver construir la cabeza de Mahoma, y espera con indecible ansiedad la llegada del diez de mayo. Las valencianas igualmente agitadas, componen sus preciosos trajes, compran las blancas y bien tejidas alpargatas, o las trabajan con sus manos, las adornan con cintas correspondientes, y al mismo tiempo preparan la cal, blanquean su curiosa morada, y para obsequiar a los futuros huéspedes hacen orejetas, almojavanas, sequillos y otros dulces caseros y tuestan cañamones y garbanzos, o los compran de los que ejercen este ramo de industria.
            Entre estas fatigas los alcanza el tiempo, y la campana de la iglesia parroquial anuncia que el momento ha llegado; la fiesta va a principiar y el vecindario dividido en dos bandos forman comparsas de moros y cristianos; cada partido elige sus jefes entre los jóvenes de las familias más notables, y la bandera de Aragón se ostenta en los balcones de la casa del capitán de cristianos, ínterin el pabellón morisco distingue la que habita el capitán sarraceno. La comparsa de árabes viste regularmente a la africana; la de cristianos usa del traje de día, llevando por toda distinción un ramo de flores en el sombrero: el alférez y el sargento visten casaca y sombrero de tres picos, distinguiéndose por vistosas bandas de seda, y el capitán se adorna con un magnífico traje a la antigua española. El primer día de fiestas es poca la concurrencia de forasteros. El clero y el ayuntamiento de Biar, seguidos del vecindario marchan a la preciosa ermita que a corta distancia del pueblo tienen dedicada a la Virgen de Gracia, patrona de la villa, y conducen la imagen en devota procesión a la iglesia parroquial. Durante la carrera las comparsas de moros y cristianos hacen salvas repetidas, disparando por parejas los sonoros arcabuces, secundados por los jefes, que llevando dos cargadores, cuyo oficio es presentarles el arcabuz ya montado, disparan continuamente. La procesión se termina, y una vistosa función de pólvora da fin a la diversión del día.
            Al amanecer del siguiente todo el pueblo se pone en movimiento. Las afanosas valencianas no descansan un instante, y apenas tienen tiempo para cumplimentar a los huéspedes que llegan, y disponerles la comida y la morada. La mañana la pasan en estas ocupaciones, al tiempo mismo que los hombres asisten a una magnífica función de iglesia, y los moros y los cristianos se divierten en pasear por las calles haciendo fuego, precedida cada comparsa de un niño vestido de ángel, que con una pequeña rodela en la mano sirve de blanco a los tiros de los jefes, dando una vuelta ligera apenas ve disparado el arcabuz. A las tres de la tarde principia la verdadera fiesta.
En medio de la plaza se levanta un castillo de madera. El pabellón aragonés tremola sobre sus almenas y la comparsa de cristianos lo guarnece para defenderlo. El numeroso concurso de vecinos y forasteros yace en el mayor silencio, y espera con afán el sonido de un clarín anuncio de la llegada del ejército morisco. Se oye por fin, y aparece un grupo de espías vestidos del modo más ridículo y asqueroso, conduciendo un compás y un telescopio, con los que aparentan practicar un reconocimiento. Los ademanes y contorsiones raras y extraordinarias de estos graciosos de la fiesta, producen en el vulgo una risa descompasada, pero en medio de ella es notable la seriedad de los espías, que trabajando por hacer reír nunca se ríen, graves hasta lo sumo trabajando por el placer ajeno, ellos se atormentan por no gozarlo.
A esta farsa de payasos sigue el alférez morisco. Montado sobre un brioso caballo y con los ojos vendados llega hasta los muros del fuerte y entrega al capitán español un pliego intimidándole la rendición. El valiente cristiano lo lee, se irrita, lo rompe y lo arroja al portador; este vuelve desesperado, y con sus ademanes de furor pone fin al primer acto.
Suena de nuevo el clarín, y el capitán sarraceno aparece en un caballo escoltado con alguna tropa: pide una conferencia al gobernador del castillo y recita en alta voz una mal forjada relación a que se da el nombre de embajada. Blasfema repetidas veces del nombre de la virgen, y concluye ordenando la rendición de la plaza. El valeroso cristiano le responde de un modo análogo, y proclama con frecuencia el nombre de María, que el pueblo repite lleno de entusiasmo. Los españoles no quieren rendirse, el moro se irrita y ordena el asalto. La plaza se inunda de guerreros; los cristianos son vencidos, el castillo es tomado y abatida la bandera de la cruz, se levanta en su lugar la triunfante media luna. El fuego cesa, y los árabes se complacen en la victoria, entregándose los espías a los gozos de la embriaguez.
Más el árabe feroz aun no está satisfecho; ha vencido a los cristianos, quiere insultar al cristianismo, Mahoma va a ser conducido a la plaza expugnada, y la comparsa morisca marcha en su busca. Se oye una desagradable música, y en un carro de triunfo llega Mahoma festejado por los espías. El célebre profeta viene representado por un viejo pantalón y una desgarrada chaqueta henchida de paja; su cabeza que es de barro va llena de pólvora llevando en la boca un cigarro, que debe servir para terminar la función del día siguiente. Mahoma es subido al castillo entre las más ridículas demostraciones de alegría, y atado a un palo queda patente el pueblo en una de sus almenas.
Terminada la escena, el pueblo se divide para entregarse a los bailes, y vista por la noche una fiesta de pólvora se preparada con el descanso para las diversiones del día siguiente.
Llegado este se pasa la mañana en las mismas ocupaciones que la anterior; pero a las tres de la tarde la escena pasa de un modo enteramente contrario. Los árabes guarnecen el fuerte; el concurso es el mismo, pero los vecinos de cada pueblo ocupan un lugar diferente. Los de Biar y algunos otros se esparcen indistintamente por los costados de la plaza; los de Villena se colocan a la derecha del castillo, la izquierda está ocupada por los de Castalla. El ejército español da el ataque; su capitán recita la embajada recopilando las glorias del país, y resistiéndose a los moros a la entrega, se ordena el asalto. El castillo es vencido; sus defensores huyen, y los jefes de ambos bandos se baten cuerpo a cuerpo en la última plaza.  Ínterin cristianos rinden a los moros, uno de los espías enciende el cigarro que Mahoma tenía en la boca, y todo el concurso volviendo la espalda al castillo, bajando la cabeza, y presentando las asentaderas al profeta, espera temeroso el momento fatal. El fuego del cigarro comunica a la pólvora, la cabeza reviente con el mayor estrépito, y los casos vuelan causando algunas desgracias.
Inmediatamente sufre el castillo un segundo ataque, los vecinos de Villena y Castalla se arrojan a él; desatan los restos de Mahoma, y asidos a ellos se disputan la honra de llevárselo. Vencen los de Villena, así por su mayor número, como por la protección que les dispensan los de Biar, y llenos de gozo arrastran los restos del profeta por el camino de su pueblo. Biar, entre tanto, varía de aspecto, y el pueblo devoto se reúne en la iglesia para conducir a su ermita la imagen de la patrona entre las salvas de los moros y cristianos, y se ve con alegría la última diversión de pólvora, que le avisa el fin de fiestas, y le condena a la fatiga y al trabajo.
Las graciosas valencianas, limpias cual siempre lo fueron, y hermosas como las georgianas, son en tales días el adorno principal de las bulliciosas fiestas. El tamboril y la dulzaina las llama a sus placeres propios, y entre el entusiasmo de las danzas, solo piensan en hacerse amables a sus amantes, y en alguna de ellas con poco miramiento de su religión cristiana en complacer y agradar a un feroz y barbudo moro.”
N.B.S.

Conclusión tras su lectura

El artículo está escrito el 5-5-1839, lo que se cuenta debe corresponder, como mínimo al año de antes, o sea 1838.
Nos dice que suben los de Villena y los de Castalla; y que son los de Villena los que se llevan los restos que quedan de la efigie de Mahoma.
¿Para qué se los llevan?, imagino que para hacer fiestas de moros y cristianos en Villena. 
Por consiguiente, si eso era así, llegamos a la conclusión numérica de que, por lo menos, en 1838  los de Villena, en mayo ya subían a Biar, lo que nos hace pensar que en Villena en 1837 ya se realizaba este tipo de fiestas.

           Deduzco por tanto, que la celebración de las fiestas de Moros y Cristianos en Villena tiene una antigüedad mínima de 179 años.

Villena, a 22 de mayo de 2017
Joaquín Sánchez Huesca