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"Garrincho", el pintoresco rincón del campo que inspiró a Ruperto Chapí para la composición de la obra "Margarita la Tornera" - Monóvar


En la  carretera de Monóvar a Pinoso, durante la madrugada y entre el oro nuevecito del sol. Un viento furibundo pretende parar los diez caballos anónimos del auto. El coche enhebra, rápido, el paisaje por los ojos de las portezuelas. Se suceden a ambos lados los amplios viñedos y las tierras de pan llevar; los festones de álamos y los liños de algarrobos e higueras. El pino y el olivo—árboles frioleros— se visten de verde y de plata; colores hasta cierto punto táuricos. Los demás árboles nos muestran sus esqueletos grises entre los cuervos de las cepas. Junto al eriazo—improductivo y haragán—el dilatado y laborioso bancal de viña. El barbecho—hogaño «parado» y antaño trabajador—pone la nota ecléctica entre uno y otro, y adquiere un sentido social de bancal huelguista. Todos unificados en la parda matriz de la tierra.
El coche es ahora un avión que roza las nubes terrestres de los olivos. Y van quedando atrás, raudamente, esfumados en la lejanía, los caseríos de Chinorla, Mañán, Chinorlet y Culebrón. Cambiamos la carretera jalde por un camino moreno, y el coche lo devora presto con los colmillos de los faros. Aprisiona el paisaje ahora la bambalina de los montes. Podría servir de escenario a La Malquerida o a un drama de Víctor Cátala; una de esas tragedias rurales sin complicaciones escenográficas rusas. Cruzamos por Úbeda—una Úbeda alicantina, sin cerros ni acento, llana por partida doble—, donde las casas yacen torradas por el sol, porque a todas «les está pequeña» la gorra del tejado. En algunas fachadas las típicas ristras de bermejos pimientos diagnostican las héticas bocas de las ventanas. El paisaje, desnudo y gris, sufre ahora—al dejar atrás Úbeda—un cambio brusco. Una inmensa alcatifa verde se tiende ante nuestros ojos. Pasamos bajo el palio rumoroso de un pinar. Ya estamos en «Garrincho», la deliciosa finca levantina que cobijó dos meses al egregio Chapí. Pinos, muchos pinos apretados en la Sierra suave y muelle, rodeando una casa cuyo clisé hay que buscarlo en las páginas camperas de Antonio Azorín.




CON EL DUEÑO DE LA FINCA

Departimos unos minutos la charla con el culto y amable propietario de «Garrincho», don Amador Hurtado Sanz. El señor Hurtado Sanz, íntimo amigo del que fue en vida decano del Colegio de Abogados de Alicante, don José García Soler, se vio sorprendido un día por una petición de éste. El maestro Chapí—que era como un hermano para el señor García Soler—anhelaba terminar una obra en un lugar apartado y silencioso. «Garrincho» podría ser muy bien ese lugar. Don Amador Hurtado, honrado con la proposición de albergar en su finca a tan ilustre huésped, accedió muy gustoso.
 —Una mañana—nos dice—llegaba Chapí a la estación de Monóvar, procedente de la capital de España. Tomamos chocolate en mi casa Chapí, García Soler y yo, después de las presentaciones de rúbrica, y nos encaminamos a visitar a la eminente tiple Dolores Cortés, que vivía a la sazón—ya retirada-—en el pueblo. La Cortés, intérprete gloriosa de la música chapiniana, fue, según don Ruperto decía, la mejor tiple de su época. Ella estrenó en Madrid La tempestad con éxito insuperable.
—Sería emocionante el encuentro de ambos grandes artistas—apostillamos nosotros.
 —En grado sumo—continúa don Amador—a brazados Chapí y la Cortés, lloraban de emoción y alegría, y nos hacían llorar también a los presentes.
 Reconstruimos in mente el momento. — « ¡Ruperto! ¡Dolores!»—en una escena que ellos tantas veces habrían musicado e interpretado.
 —Aquella misma mañana—sigue diciéndonos don Amador—^montamos en una galera, que era el coche distinguido de entonces, y marchamos a «Garrincho».
 — ¿Recuerda el año? —Creo que era en Julio de 1905. Chapí había comenzado en Madrid una obra, y, por lo visto, los ruidos urbanos molestaban al gran compositor. Quería soledad y silencio.
— ¿Qué carácter tenía don Ruperto?
 —Era la amabilidad personificada y un hombre muy jovial. Don José García Soler y yo le acompañábamos con frecuencia en sus excursiones campestres. ¡Qué campechanía la de don Ruperto! A lo mejor, entre bromas y chistes —le gustaban mucho los cuentecillos verdes—, quedaba abstraído, sacaba un cuaderno y apuntaba unas notas. Otras veces regresaba al punto a casa y se ponía a escribir. A toda hora tenía la pluma dispuesta. En la mesita de su cuarto no faltaban nunca pluma ni papel, pues despertaba muchas noches—para gloria de la música hispana—y escribía horas y horas incesantemente, febrilmente.
 — ¿Qué vida hacía aquí don Ruperto?
 —Esta podrá informarle sobre el particular—nos indica el señor Hurtado, señalándonos a una mujer enlutada y sarmentosa, que se acerca a nuestro grupo.




 BREVE CHARLA CON DOLORES DAVÓ, I.A ANTIGUA CASERA DE «GARRINCHO»

 Tras esta alternativa verbal, nos disponemos a interviuvar a la antigua servidora de Chapí. La tía  Dolores, como decimos por Levante, es una mujer zuloaguesca. Enjuta y fuerte, con el rostro surcado por la mancera de los años. Tras explicarle a la tía  Dolores nuestra misión, accede gustosa, y con una condición, a nuestro interrogatorio: la de enviarle la «gaceta» una vez hechos los retratos. Se lo prometemos formalmente, y comenzamos las preguntas:
 —Era muy madrugador. A las seis ya estaba levantado. Se encerraba en una sala, y con la idea de «eso que llevaba en la cabeza», no bajaba a comer hasta las dos. Otras veces en lugar de quedarse en casa, marchaba a la Sierra a pasear. O hacía que le llevara yo una mesa y se ponía a escribir en el «pozo de Franseso». (El «pozo de Franseso» constituía el sitio predilecto de Chapí. Situado en una hondonada de la Sierra, y oculto por la espesura de los árboles, resultaba un verdadero lugar paradisíaco)
¿Tenía costumbre don Ruperto de dormir después de comer, Dolores?

 —Nunca. No dormía la siesta jamás. ¡Qué hombre más bueno y más afable era!—evoca la vieja casera con emoción. Siempre tan sonriente y tan bien portado. Únicamente le sabía mal una cosa: que cantaran los muleros y mayorales. A mí también me lo decía cuando no me daba cuenta y chillaba yo un poquito entre mi faena: «Dolores, no cante.» ¡Y me lo decía con una dolzor...! También suplicó a los muleros que les quitaran las campanillas a las colleras de las mulas. No podía con el ruido.
­­--¿Tenía algún piano en la finca?
—No, señor; ni ningún otro instrumento.
Eso puede usted decirlo. Don Ruperto no tenía aquí más que pluma y mucho papel. Mucho, muchísimo. Cuando marchó se llevó lo menos dos fardos.
Y parece que tiembla en nuestros ojos—amigo lector—una «furtiva lágrima» al recordar esos dos fardos de papel pautado que Chapí escribió en «Garrincho» y que eran, nada menos, la partitura de Margarita la Tornera.




COLOFÓN

 Apretones de manos calientes y cordiales. Cuando enfilamos el coche, rumbo a la carretera, la luna se reboza en una nube. También puede ser una bufanda internacional de sonetos. El inmenso tintero de la noche se derramaba ya sobre el campo. Sentíamos una veneración profunda por aquellos pinos de «Garrincho» que inspiraron al glorioso autor de La bruja. Y pensábamos que, a veces, apartados de las rutas oficiales turísticas, hay rincones pintorescos, como este de «Garrincho», donde Chapí, sin ayuda de ningún instrumento musical, escribió una de sus mejores páginas,

Mundo Gráfico, 22-02-1933

 JOSÉ ALFONSO





Los primeros partidos de fútbol y carreras de bicicletas en los días de Fiestas de septiembre, 1921 - 1935


La primera vez que aparece el fútbol en los programas de Fiestas es en el año 1920 y dice así:

Día 7: A las tres de la tarde gran partido de foot-ball entre el primer equipo de los AA. Salesianos de Alicante y el F.C. Imperial Villenense.

Año 1921

Día 8: A las tres de la tarde, en el patio de los PP Salesianos gran partido de foot-ball entre el Rotiza F.C. Alicante y el F.C. Imperial Villenense.

Año 1923

Día 7, viernes: gran partido de foot-ball a las 4 de la tarde en el patio del colegio.

Año 1925

Día 8, martes: a las 4,30 gran partido de foot-ball en el campo del Grec.

Año 1929

Día 8, domingo: A las 12 gran carreras de bicicletas, saliendo de la calle Joaquín Mª López a Biar y regreso.

Año 1932

Día 6, martes: a las 4,30 gran partido de fut-bol.


Año 1933

Día 6, a las 9 gran carrera ciclista organizada por el club deportivo de esta ciudad FÚTBOL-CLUB. Villena, Biar, Castalla, Sax y Villena.
A las 4,30 gran partido de fut-bol en el campo del Rubial entre el equipo de 1ª categoría IMPERIAL F.C. de Murcia y el VILLENA F.C.

 Año 1934

Día 6, a las 4,15 en el campo del Rubial, formidable partido de fut-bol entre el MURCIA F.C., capeón regional de todas las categorías y el VILLENA F.C.
Día 8, a las 4,15 partido de fut-bol en el campo del Rubial, entre 1ª categoría ALICANTE F.C. y el VILLENA F.C.

Año 1935

Día 6, viernes, a las 4,30 extraordinario partido de fut-bol entre el HÉRCULES F.C. de Alicante (campeón de la 2ª división de Liga en la pasada temporada y favorito de la 1ª división en el próxima y el VILLENA F.C.

Día 8, domingo, a las 4 de la tarde sensacional contienda futbolística entre el VALENCIA F.C. y el VILLENA F.C.



Joaquín Sánchez Huesca





El fútbol villenense en la revista anual Villena - 1967

Interesante artículo que figura en las páginas de la revista anual Villena, publicada en el año 1967 con motivo de la celebración de las fiestas patronales.





El VILLENA C.de F. en la temporada 1951-1952

Artículo que figura en la revista anual Villena, que se publicó en 1952 con motivo de la celebración de las fiestas patronales.

En  el texto se da cumplida cuenta de la excelente temporada que llevó a cabo el equipo de fútbol villenense, que en aquel entonces se denominaba VILLENA C. de F.



UN POCO DE HISTORIA SOBRE VILLENA


Bastitania y Contestania
           
Surgieron unos 300 años adC
Asdrúbal fundó Cartagena 222 adC
Dos regiones con dos subalternas: Mavitania y Deitania.
Se ignora la capital de Contestania (probablemente Cocentaina)
Sin embargo, Bastitania, que abrazaba gran parte de Andalucía con el reino de Murcia, su capital era Baza.
Mavitania estaba subiendo Lorca y Murcia.
El límite oriental de Bastitania era el occidental de Contestania.
Bajando por la parte meridional del Xúcar.
El límite oriental de Contestania bajaba desde la Vila al cabo de Palos.
Bigerra y Túrbula fueron ciudades sepultadas por la tierra.




Edad Media o Medievo

            Periodo entre los siglos V y XV. Sus inicios se sitúan en el 476, año de la caída del imperio romano de Occidente.
El fin se fija en 1492 o en 1453 con la caída del Imperio bizantino, fecha que coincide con la invención de la imprenta y con el fin de la Guerra de los 100 años.
La Edad Media se divide en dos periodos:
ALTA: Del siglo V al X
BAJA: Del siglo XI al XV

En la Alta destacan los Nobles (castillo), el Clero (en el Monasterio) y el campesino (en la aldea). Se trata de una sociedad feudal.
En la Baja, pasa a ser una sociedad estamental con cuatro grandes estamentos: Nobleza, Clero, Campesinos y Burgueses, empiezan a surgir las ciudades.
En la Baja Edad Media se dan dos etapas:

1ª: el crecimiento en los siglos XII y XIII
2ª: la crisis del siglo XIV con las malas cosechas, la peste que procedía de Oriente, hay un fuerte descenso en la valores y surge una nueva religiosidad.

La Baja Edad Media se caracteriza por:

-         Los cambios políticos (aparecen los parlamentos)
-         La expansión de la cristiandad (cruzadas)
-         Desarrollo de las ciudades, con la aparición de gremios, fomento del comercio a través de ferias y mercados y nacimiento de las catedrales y universidades.



Juan II de Aragón

Nació en 1267 (s XIII) en Valencia
Falleció en 1327 (s XIV)
Fue rey de Aragón, Valencia, Murcia, Cerdeña y Conde de Barcelona.
Integró a las comarcas meridionales de Alicante.
Fundó la primera universidad.
Amplió la corona hasta Atenas.
Vivió los años finales de plenitud medieval.
Fue un rey muy viajero.
En tiempos de su reinado, los estilos románicos y lombardo catalán dieron paso al gótico.




Religiosidad Medieval

Acompañaba a la persona desde su nacimiento a la sepultura.
La filosofía de la historia del Medievo propició un sistema de valores espirituales y morales que configuraron el futuro de occidente.
En el siglo XIX el Romanticismo intentó recuperar el Medievo.
El ritmo de vida lo marcaba la luz. El sol marcaba las horas.
Desde el siglo XIII el reloj sustituyó a la campana.
En el siglo XIV aparecieron los relojes en las catedrales y en las casas consistoriales.



En el siglo XV aparecieron relojes para uso personal.
Por la noche la gente se recluía en sus casas. Las puertas de las murallas se cerraban. No era aconsejable ir por la calle. La noche representaba lo desconocido, lo mágico, lo misterioso. Por la noche se producían las fermentaciones del pan, vino y cerveza.
La iglesia afirmaba su autoridad sobre toda cuestión relativa a la salvación del hombre.
El domingo se vivía con excepción, se solía cazar y salir al monte.
La Navidad y Semana Santa aportaban obligaciones de culto y penitencia.
Dado que los gremios y cofradías tenían sus patronos, había fiesta especial el día de la onomástica.
La fiesta del Corpus era la más emblemática del mundo artesano en la E.M.
El momento de la transfiguración milagrosa del pan y del vino en la misa se fijó en el siglo XIII. La hostia se convertía en el cuerpo de Cristo. De ahí que se elevara en la consagración.
La fiesta de la Eucaristía se generalizó en 1317 con un decreto de Clemente V. Su éxito en la E.M. se vinculó a las procesiones y a las cofradías dedicadas al Santísimo Sacramento.

Las horas canónicas eran:

-         Maitines (entre medianoche y amanecer)
-         Laudes (nona)
-         Tercia (completas)
-         Ora prima (vísperas)
-         Hora Santa ( entre las 11 y 12 del jueves al viernes)
-         Vísperas (al atardecer)




El Señorío de Villena

            Fue creado por Alfonso X a mediados del siglo XIII (entre 1252 y 1256) a favor de don Manuel. (Fernando III falleció en 1252).
            Don Manuel falleció en 1283 y en 1294 don Juan Manuel asumió el señorío.
En 1333 Alfonso IV le otorgó el rango de principado.
A raíz de las luchas entre Castilla y Aragón, el Señorío perderá el valle medio y sur del Vinalopó.
D. Juan Manuel falleció en 1348 y poco después su hijo, por lo que el linaje castellano pasa de “Los Manuel” a D. Alfonso de Aragón, nieto de Jaime II.
En 1366 D. Alfonso se convertirá en el primer marqués de Villena.

Ducado de Villena

            Título nobiliario español de carácter histórico. Se creó en 1420 por Juan II rey de Castila a favor de su primo y cuñado Enrique de Trastámara, infante de Aragón.

Los Marquesados de Villena

El primer marquesado fue creado por Pedro IV de Aragón.
1366 a 1371: Alfonso de Aragón.
1371 a 1385: Pedro de Aragón

El segundo marquesado fue creado por Enrique IV de Castilla.
1445-1474: Juan Pacheco Girón
1474-1529: Diego López Pacheco y Portocarrero
1529-1566: Diego López Pacheco y Enríquez

Las cinco campanadas de Santa María tuvieron lugar en 1476 y hasta 1480 duró la guerra con los Pacheco. Tras su finalización, quedó fraccionado el poderoso estado de Villena de 13.500 Km2, gobernados bajo una misma familia.
Al constituirse los pueblos en jurisdicciones independientes surgieron muchos problemas, por ejemplo en el uso de pastos y en los recursos naturales.
De ahí, se pasó a la gobernación del marquesado que duró de 1480 a 1586, finalizando con el desdoblamiento en dos gobernaciones: Arriba (San Clemente) y Abajo (Chinchilla, Villena y las 9 villas).



  
Fechas de interés histórico de acontecimientos surgidos en las Españas

1179
Se firma el Tratado de Cazorla, que fue suscrito el 20 de marzo de 1179 por Alfonso II de Aragón y Alfonso VIII de Castilla, en el lugar que algunos investigadores sitúan en la calzada de Medinaceli a Ariza, en el llamado Corral de Cacala en Soria.
1212
Batalla de las Navas de Tolosa
1230
Reunificación de los reinos de Castilla y León por Fernando III el Santo.
1238
Se funda el reino de Granada y se instaura la dinastía nazarí.
1240
Jaime I conquista Villena a los musulmanes, al mando del Comendador de Alcañiz, con ayuda de los almogávares.
1243
Pacto de Alcaraz: Entrega por parte de los musulmanes del reino de Murcia a Castilla.
1244
Tratado de Alzmirra entre don Jaime I y su yerno el Infante Alfonso, futuro rey Alfonso X el Sabio.
Villena y Sax pasaron a pertenecer al reino de Castilla.
1250
Se reinstauró la diócesis de Cartagena.
1264
Revuelta de los mudéjares del reino de Murcia por incumplimiento del Pacto de Alcaraz por la corona de Castilla. Alfonso X reclamó la ayuda de su suegro. Villena fue rescatada por Jaime I y se la dio a D. Manuel.
1265
Alfonso X el Sabio le dio Villena en señorío a su hermano el infante don Manuel.
1266
Jaime I conquistó Murcia y devolvió la soberanía del territorio a Castilla y convirtió al culto a la mezquita mayor de Murcia, pasando a ser la catedral de Santa María.
La huerta se repartió a castellanos y aragoneses y los musulmanes se fueron a Granada.
El estado nazarí constituyó el último bastión de la península ibérica.
El rey Jaime II violó el acuerdo del Tratado de Alzmirra y atacó al reino castellano de Murcia a finales del siglo XIII. Los aragoneses conquistaron entre 1296 y 1302 Alicante, Elx, Oriola, Guardamar del Segura,  Murcia y Cartagena.
De ahí surgió el Pacto de Torrellas.


1283
El señorío de Villena fue heredado por su hijo el Príncipe don Juan Manuel
1304
Tratado de Torrellas entre Fernando IV y Jaime II y suponía la devolución del reino de Murcia a Castilla, salvo las plazas de Cartagena, Oriola, Elx y Alacant, que pasaban a Aragón.
1305
Tratado de Elche por el que Castilla recuperó Murcia y Cartagena.
Se acordó también que Villena, Caudete y Jumilla pasaran a Aragón.
1369
Hasta dicho año, Villena perteneció a la corona de Aragón.
1833-1836
En dicho año, a raíz de la división provincial de 1833, se realizó la adscripción de Villena a la provincia de Albacete (partido de Almansa) y de Sax a la provincia de Murcia (partido de Yecla). Tres años después, en 1836, se decidió incorporar ambos municipios a la provincia de Alicante, y por tanto pasaron a formar parte de la región valenciana.


Fotografías de Joaquín Sánchez Huesca




LA VIRGEN DE LAS VIRTUDES ESTRENÓ ANDAS Y NUEVO TRONO EN 1752



La Virgen de las Virtudes estrenó Andas y nuevo Trono en 1752

            En el libro titulado Historia de la Imagen de  Ntra. Sra. de las Virtudes escrito por don José Zapater y Ugeda en el año 1884, nos da cuenta su autor de  una importante noticia acontecida en el año 1752. El Cabildo Municipal acordó traer la Virgen de las Virtudes a Villena con el fin de impetrar la salud pública, profundamente amenazada por la peste y para rogar y pedir al cielo la sucesión del monarca Fernando VI.
            Sigue indicando Zapater que, con dicho motivo, se estrenaron unas andas y la Sagrada Imagen fue colocada en un sorprendente trono. Dicho trono, por medio de un ingenioso mecanismo  se va elevando mientras se canta la Salve, de manera que, colocadas las luces sobre el altar en aparente desorden, poco a poco se van ordenando con perfecta simetría, hasta que la Virgen aparece en lo más elevado del trono, donde queda expuesta a la veneración de los fieles.
A continuación iremos relatando los acuerdos y actuaciones que se fueron realizando para preparar la venida de la Virgen. Comenzamos en el mes de enero con los nombramientos de comisarios para festividades, realizados por el Corregidor, don Gaspar Delgado Llanos y Moreda,  y que recayeron en Diego Guerao y Capos y a Diego de Selva y Rojas.
En la reunión del Cabildo Municipal del 27 de marzo, los señores don Pedro Antonio Herrero, don Alonso Rodríguez, don Pedro Phelipe Herrero y don Francisco Cervera, comisarios que fueron nombrados para recoger las limosnas de los vecinos y para hacer fabricar las andas y candeleros para nuestra Patrona, dieron cuenta de haber cumplido su encargo y lo recaudado, tanto en dinero, como en alhajas, lo ponían de presente a  la ciudad para solo sirvan al fin encomendado, que es para las funciones de Ntra. Sra. de las Virtudes. El Ayuntamiento dio las gracias a dichos señores, haciéndolas extensivas al Sr. Corregidor por lo mucho que se interesó en la solicitud de limosnas a los vecinos.
          Se acordó también, realizar un cajón en donde se guarden las andas y los ciento cincuenta candelabros.
          Los párrocos que regían las dos parroquias de la ciudad eran don Juan Fernández Vila en Santiago y don Joseph Martínez Pardo de la Casta en Santa María.

            En la reunión del Cabildo de fecha 15 de mayo, su capitular  don Francisco Cervera, propuso a la ciudad de que, estando los campos del término muy abundantes de sembrado, de lo que se esperaba una colmada cosecha de granos y existiendo un cierto temor por los nublos que iban apareciendo y que podían causar que la piedra destrozase el campo, pidió a la Ciudad el que se acordase traer a la Virgen en rogativa, para pedirle que, por su intersección, se evitara la pérdida de la cosecha, como también para que su Divina Majestad libere a los vecinos de enfermedades, como también para que conceda sucesión a los católicos monarcas, que tan necesaria es para la tranquilidad del mundo cristiano, añadiendo que los gastos del traslado se sufraguen con las limosnas que dieren los vecinos y no los caudales públicos.



            La ciudad dio las gracias a don Francisco Cervera e informó que no teniendo el ayuntamiento dinero para afrontar los gastos y los vecinos pasan una coyuntura muy estrecha, dijeron que sería preferible que la procesión se haga el 7 de septiembre, conduciendo la Sagrada Imagen a esta ciudad con la mayor ostentación y se le de culto en Santiago los nueve días como es de costumbre, nombrando comisarios para ello a don Pedro Antonio Valero y a Pedro Phelipe Herrero, que ya lo fueron en el año 1750, cuando tan solemnemente se trajo. Se acordó avisar a los cabildos de ambas parroquias, aprovechando de paso la ocasión para inaugurar las nuevas andas y candeleros.
            Tras todos estos acuerdos surgieron otros temas de importancia como eran: que el Trono estuviese iluminado de día y de noche desde el día 7 de septiembre, día de llegada al sábado 16 de septiembre, último día del Novenario. Organizar los nueve sermones, así como las Misas cantadas y las Salves correspondientes.
            Los vecinos también tenían que planificar otras actividades, como eran la formación de soldadescas, construcción de castillos de fuegos artificiales, preparar velas  y organizar los alumbrados correspondientes.
            La emoción de los ciudadanos debió de ser impresionante y prueba de ello nos la encontramos en las páginas del libro, al que vamos a referirnos a continuación, en el que el Cura párroco de Santa María don Joseph Martínez Pardo de la Casta nos ofrece una visión general de las Fiestas que Villena celebró en honor de su Patrona, del 7 al 16 de septiembre, así como de la gran oratoria ofrecida por parte de los nueve oradores que intervinieron.
            Pasamos a detallar el  libro que lleva por título: SERMÓN PANEGYRICO, que en las plausibles Fiestas, que la muy Noble y Leal Ciudad de Villena, celebró a la devotísima Imagen de María Santísima de las Virtudes, colocando a esta Divina Señora en unas nuevas Andas y un prodigioso Trono, impetrando la salud pública y la feliz sucesión de nuestros Católicos Monarcas, el día 16 de Septiembre de 1752
Predicó el Doctor don Joseph Martínez Pardo de la Casta,  presidente que fue de Philosophia y Sagrada Theología Escolástica, por la Escuela Thomista en el Seminario del Señor San Fulgencio de la Ciudad de Murcia, y actualmente Beneficiado y cura propio de la Parroquial de la Señora Santa María de la ciudad de Villena, siendo el nono y último de tan solemnes cultos.
Sale a la luz pública por el señor don Gaspar Delgado y Llanos,  corregidor de la ciudad de Villena, a quien, en reconocimiento de su afecto, lo dedica el Orador.
Impreso en Murcia

Dedicatoria
Al Corregidor de Villena don Gaspar Delgado Llanos Moreda y le agradece  que:
“Haya estimulado a este pueblo para labrar esas majestuosas andas y ese regio y suntuoso trono en que se ha visto colocada con la mayor majestad María, Señora Nuestra, logrando nuevos accidentales realces de hermosura…”.
Destaca también su acertado gobierno de este pueblo e indica  que:
“Siendo vuestro mayor tesón el mayor aumento de su culto y el de su Santísima Madrid, es la puntual asistencia a las iglesias, siendo don Gaspar el primero en los Sermones, Procesiones, Comuniones Generales y demás actos en que un juez debe resplandecer con su ejemplo, sirviendo todo esto de un continuo estímulo a todo este pueblo, para la más puntual asistencia”.
Realiza también una descripción de la familia del Corregidor y un recuerdo muy especial a la fidelísima villa de Medina del Campo, lugar de sus antepasados familiares, finalizando con las siguientes palabras:
“Así camina esta población al amparo de V.S. de cuya innata honradez y generosidad, no dudo de la admisión correspondiente a su heroica caridad”.
8 de diciembre de 1752
Doctor Don Joseph Martínez Pardo de la Casta

Aprobación del señor doctor don Juan Fernández Vila, Beneficiado y cura propio de la Parroquial del Señor Santiago de la Ciudad de Villena.
Revisión para la censura del Sermón panegírico que dio el Doctor don Joseph Martínez Pardo de la Casta, Beneficiado y Cura propio de la Parroquial de Santa María de esta ciudad de Villena, dijo en el día nono y último de las Fiestas, que esta expresada ciudad celebró a María Santísima de las Virtudes.
Indica que al finalizar su sermón, fue aprobado con grandes admiraciones por parte de todos los asistentes y finalizó su dictamen solicitando que el señor Gobernador concediera licencia para imprimirlo.
 Villena, y Noviembre 15 de 1752
Doctor don Juan Fernández Vila

Licencia de Ordinario por el doctor don Andrés de Rivera y Casauz, Chantre, Dignidad y Canónigo de la Santa Iglesia de Cartagena, Gobernador provisor y Vicario General en todo su Obispado, Sede Episcopal Vacante.
Indica en su aprobación que da licencia a cualquiera de los impresores de la Ciudad de Murcia, para que se pueda imprimir dicho Sermón Panegyrico, dado que no contiene cosa alguna, que se oponga contra la Fe y loables costumbres y por tanto su contenido será de mucha utilidad y provecho.
Dada en Murcia, en doce días del mes de Diciembre, del año 1752
Doctor Rivera,  por mandato del Señor Gobernador, Provisor y Vicario General




Exordio, que lleva por título JHS.

A lo largo de veintiséis páginas, don Joseph Martínez Pardo escribe  una exordio centrado en las Virtudes de María, entremezclando  aspectos geográficos, religiosos e históricos.
Hemos realizado una selección de dichos textos y vamos a centrarnos en los aspectos que hemos considerado más curiosos y que transcribimos a continuación:
Válgame la Virgen de las Virtudes. Qué singulares y preciosos Tabernáculos de virtudes admiran nuestros ojos este día: Que altares tan aseados de virtudes registro en esta iglesia. En cada Altar de la Iglesia había una Imagen de las Virtudes…”
Continuó haciendo patentes las virtudes de María, con el ilustre título de Virtudes, siendo esta Señora, el Sol de la Iglesia Católica, citando su colocación en unas regias andas y en su nuevo Trono, recordando emocionado la salida de la Casa, la tarde del día 7 de septiembre, para pasear las calles de Villena, destacando la hermosura de su rostro, al contemplarla en hombros de sacerdotes por las puertas de esta ciudad.
Recuerda también el antiguo Trono y comparándolo con el nuevo indica que el que se estrena es más elevado, brillante y aureado; y tuvo unas palabras de elogio para los ocho sabios oradores que le precedieron; quienes demostraron corrientes cristalinas de un portentoso mar de erudiciones.
Resaltó la labor del ayuntamiento, firmando tan justificado Cabildo para la publicación de estas fiestas.
Destacó también a los hijos de Villena, cuando hablando de María de las Virtudes fabrican su idioma con los afectos y lo expresan a raudales con sus ojos.

Señalo varias citas:
“A quien la majestad divina colocó en Villena, una de las ciudades de nuestra España, a la parte Occidental.”

Respecto a Murcia indicó:
“Publíquelo todo este Reino; y principalmente su cabeza, mi amada patria murciana, en cuya ciudad, el Ilustre Cabildo Eclesiástico es tributario de esta Señora, anualmente con parte de sus diezmos, en deuda o satisfacción al beneficio de tener en su poder una de las mangas de su vestido, con la cual se extinguió la peste en dos ocasiones, que la ha padecido aquella Noble Ciudad, a cuya favor agradecida, se obligó con voto perpetuo, para eternizar su memoria en los siglos venideros”.
Realiza también una pequeña crónica de cómo se realizó la aparición de la Sagrada Imagen de la Virtudes y de las Virtudes, indicando lo siguiente:
“Su gloriosa aparición se simboliza en aquella nubecilla  a esa Divina Imagen de las Virtudes, en su aparición o hallazgo, inmediato a esa laguna, o a esa fuente que llamáis del Chopo”.
Continúa el relato, ahora centrado en la Virgen de las Virtudes y en las nuevas andas y trono; dedicando las siguientes palabras:
“Pasemos de la aparición de la Señora, a su colocación en esas aureadas andas y en ese argentado y elevado trono, transformando en otra a esta ciudad y a esta iglesia, cuando de sus andas toma quieta y pacífica posesión. Al ver colocada a esa divina Imagen en su Trono, dice San Juan, que hizo tránsito la tierra. Alude sin violencia este tránsito, al que miramos en Villena de esta Divina Imagen de las Virtudes, haciendo tránsito de un templo a otro; de un trono ceñido a otro más excelso; de unas antiguas andas a estas nuevas, lucidas y vistosas”.
Dedica también un apartado a destacar la figura del Corregidor de Villena, don Gaspar Delgado Llanos Moreda, de quién destaca el afecto que le ilustra y dice:
“Dando tu silencio, no sé qué resplandor a estas glorias, que desde el retiro de su modestia, nos ha hecho ver, en la erección maravillosa de esas regias andas y de ese majestuoso Trono, o que es nativo carácter de su grandeza, desempeñar airoso sus empresas, o que en su afecto excede el desempeño de su grandeza, cuando corren por su cuenta los lucimientos de esta Señora…”
Seguidamente nos vamos a centrar en los elogios que dedica a Villena, como son:
“El nombre de Villena está significado en buen romance, de fuerza llena; luego el nombre de Villena hace una verdadera etimología con el renombre de fortaleza.
Pero aún creo, que no queda mi obligación desempeñada, sino confirmo con las proezas de esta Ciudad, ser V.S. el robusto y fuerte athlante de que habla Benedicto. Y siendo cierto, que pasión no quita conocimiento., permítaseme vocear lo que sin desdoro, mas si con emulación de otros Pueblos conozco, desde que mi fortuna me trasladó (no con poco consuelo mío) a alistarme bajo la sombra de su castillo, Centro de la honra, Taller de la ciencia, Theatro de valor y fortaleza. Tú eres, Ciudad Ilustrísima, aquel árbol, que sombreando las corrientes. Has producido y produces óptimos frutos de celo y fortaleza para la guerra; de virtudes y santidad para la Iglesia.
Méritos tuyos son los realces y privilegios con que los Reyes antiguos y modernos te han ennoblecido; por tu fortaleza mereciste, que el rey don Fernando y doña Isabel, en el año 1476, concediesen el Privilegio de que esta Ciudad no pudiese enajenarse de tu Real Corona, que no pudiese enajenarse de tu Real Corona, que no pudiese ser vecino suyo el que tuviese quarto de moro ó de judío; y que todo vecino se liberase de pagar pechos y portazgos. La lealtad de V.S. estimuló a aquel guerrero Rey don Phelipe Quinto, para honrar a esta ciudad, con hacerla Plaza de Armas de sus tropas, y que sirviese de antemural a los enemigos.
El valeroso denuedo con que V.S. defendió su partido el año de seis, sin haberle advertido, que sujeto alguno en esta Población siguiese el partido contrario a su Majestad, echando de ver sí, que algunos de sus moradores se dejaron quemar vivos, por no apellidar a otro Soberano, impelió al mismo Rey para honrar a V.S. en justificada recompensa con que se llamase el ejemplo de lealtad.  El mismo don Phelipe (honra de nuestra España).
Habiendo visto el valor y fortaleza de V.S. y que solo con cincuenta hombres en ese Castillo, se defendió del enemigo por espacio de ocho días, padeciendo gustosa saqueo y quema por no entregarse. Ilustró a V.S. el año séptimo de este siglo, con los gloriosos timbres de muy Noble, muy Leal y Fidelísima, dando a entender al mundo este animoso Monarca, que a esta fidelísima Ciudad debió por entonces en sus sienes esta Monárquica Española Corona. Esta es Villena, por sus hazañas: que por lo que hoy practica, la octava maravilla merecía; pues nunca más digna de las más eminente gloria, que cuando consagra su Catillo, su León, su Espada, Fuente, Peces, Ala y Pinos, para coronar con el escudo de sus armas el culto y fiestas de María, mi Señora, de las Virtudes. Esta Señora sea el premio, Senado Ilustre, de la benignidad, vizarria y amor con que V.S. se empeña en obsequiarla…”




            Describimos también los elogios que dedica a los feligreses, dada la gran concurrencia de los fieles a ambas parroquias, en dos noches, a hacer las Vistas a la Virgen, a la vez que le ofrecen algunos dones,  indicando lo siguiente:

“Nada menos han mirado y admirado nuestros ojos en el místico Horeb de este Templo, en todo este Novenario; puesto todo este Pueblo y sus contornos han concurrido a porfía; cortejando en esas lucidas vistas, en dos competidos y devotos bandos, con sus dadivas a María, dándole en parte las gracias de haberles  comunicado en todas sus aflicciones regalos de los Cielos.
Oh insignes moradores de Villena, o verdaderos cuanto apasionados de María de las Virtudes. Yo solo me he quedado para daros repetidas gracias por tan magnánima heroica devoción, con que tan a toda costa os habéis esmerado en celebrar las glorias de esta Señora.”

Elogios también, para el Escribano del Ayuntamiento de la Ciudad, debido a que su familia bordó una correa para Nuestra Señora, en terciopelo negro, con sobrepuesto de oro y la regaló a la Virgen, luciéndola en esas fiestas, así como en la actualidad, la cual se le pone en las romerías de traía y llevada a su santuario[1]

Finaliza con un elogio a los oradores que le precedieron en los días anteriores y finaliza con las siguientes palabras:

“Solo diré lo que en estos ocho días hubiese podido aprender de estos sabios y eruditos Preceptores, ingeniosos Oradores que me han precedido; como lo prometo lo veréis: suplicando a V.S. disimule por María de las Virtudes la latitud de mi exordio, que en el Sermón prometo ser tan ligero como un Ave María.”  
       
            Tras este amplio preámbulo, se inicia la crónica de su sermón, en el  cual comienza resaltando la palabra “VIRTUDES”, indicando que consta de ocho letras y continúa relatando  que:

“Ocho son y ocho han sido los sabios y eruditos maestros, que en estos ocho antecedentes días, habéis oído panegirizar las glorias de Esta Señora (refiriéndose a Ntra. Sra. de las Virtudes): Estos mismos son los que me han dado luz para elogiar a María: pues en cada una de las letras del título de Virtudes, veréis a cada predicador dibujado; saliendo de cada letra una idea distinta, contraída con la idea, que cada Orador ha puesto en su respectivo día. Así cumplo lo que en el exordio prometí; así aprendo de estos sabios e ingeniosos maestros, y así también empiezo a discurrir.
La primera letra de Virtudes es V, que quiere decir Vara de Moisés, la segunda es I, que quiere decir Iris de la paz del cielo; la tercera es R, que quiere decir Reparadora de nuestra España; la cuarta letra es T, que quiere decir Tesorera de las gracias y dones celestiales; la quinta es U, que quiere decir Vencedora de Dios, para socorrer al hombre por medio de sus virtudes; la sexta es D, que quiere decir Divina Jardinera de esta Ciudad; las séptima es E, que quiere decir Espejo en donde se miran favorecidos los hijos de Villena; y la última es S, que quiere decir salud eterna y temporal de sus devotos.
El sermón consta de ocho puntos; no se admira V.S. que aunque será todo tan cierto como el Credo lo que diga, no tardaré ocho Credos, en decirlo, empiezo…”

El contenido de dicho sermón queda plasmado en casi veintisiete páginas, centrada en los puntos antes descritos. Si bien dejamos para el final una especial mención al Corregidor de la ciudad, Don Gaspar Delgado, manifestando el Doctor Joseph Martínez su profundo agradecimiento por haber encargado, la primera autoridad local, la realización de un lienzo con la Imagen de Las Virtudes, pintura que calificó de muy primorosa.



Por último, recordar que fueron nueve días de fiestas, y en cada uno de ellos predicó uno de los más distinguidos oradores del momento. El día 8 de septiembre fue el Doctor Don Juan Alfonso Mellinas, Beneficiado Magistral de la Parroquial del Señor Santiago de Villena. El día 9 fue el P. Fray Diego Lillo, Lector Jubilado, Prior que fue del Convento de San Agustín de Murcia; el día 10 le correspondió a M.R.P. Fray Salvador Maura de los Dolores, predicador del Convento de los Franciscanos Descalzos de Villena. En el día 11 intervino el M.R.P. Fray Andrés Sánchez, predicador general del Sagrado Orden de N.P. San Francisco, en su Convento de Observantes de Hellín. El martes día 12 de septiembre le correspondió a M.R.P. Fray Joaquín de la Ollería, lector dos veces de Filosofía y Sagrada Teología, predicador  en su Convento de Capuchinos de Caudete. El día 6º, concretamente el miércoles 13 de septiembre, el orador fue el M.R.P. Fray Julián de Valencia, predicador en su Convento de Capuchinos de Biar. Al día siguiente le correspondió dar el sermón al M.R.P. Fray Joseph Ibáñez Soriano, lector de Filosofía y sagrada Teología, Guardián actual en su Convento de Franciscanos Descalzos de Almansa. El día 8º,  viernes 15 de septiembre, fue para el M. R. P. Fray Antonio Navarro, lector jubilado, Visitador General y Ex provincial de la provincia de Valencia, del Sagrado Orden de San Francisco de Paula.

Para finalizar, el sábado día 16 de septiembre de 1752,  el Doctor Don Joseph Martínez Pardo de la Casta, presidente que fue de Filosofía y Sagrada Teología Escolástica, por la Escuela Tomista en el Seminario de San Fulgencio de la Ciudad de Murcia y actualmente Beneficiado y Cura propio de la Parroquial de la Señora Santa María de la Ciudad de Villena, con su extraordinario panegírico que estuvo centrado en resaltar las virtudes de la Virgen y en el resumen tan acertado que realizó de los ocho oradores sagrados que le antecedieron en dichos días.

Joaquín Sánchez Huesca




[1] No podemos precisar cuál fue, ya que dicho año habían cinco escribanos: Sebastián Calderón López, Joseph Pascual Benito y Vicente, José Antonio García de Mellinas y Vicente Gil de Borrás.