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Los primeros partidos de fútbol y carreras de bicicletas en los días de Fiestas de septiembre - VILLENA, 1920 - 1935


Los primeros partidos de fútbol y carreras de bicicletas en los días de Fiestas de septiembre en Villena

1920 - 1935


La primera vez que aparece el fútbol en los programas de Fiestas es en el año 1920 y dice así:

Día 7: A las tres de la tarde gran partido de foot-ball entre el primer equipo de los AA. Salesianos de Alicante y el F.C. Imperial Villenense.

Año 1921

Día 8: A las tres de la tarde, en el patio de los PP Salesianos gran partido de foot-ball entre el Rotiza F.C. Alicante y el F.C. Imperial Villenense.

Año 1923

Día 7, viernes: gran partido de foot-ball a las 4 de la tarde en el patio del colegio.

Año 1925

Día 8, martes: a las 4,30 gran partido de foot-ball en el campo del Grec.

Año 1929

Día 8, domingo: A las 12 gran carrera de bicicletas, saliendo de la calle Joaquín Mª López a Biar y regreso.

Año 1932

Día 6, martes: a las 4,30 gran partido de fut-bol.



Año 1933

Día 6, a las 9 gran carrera ciclista organizada por el club deportivo de esta ciudad FUTBOL-CLUB. Villena, Biar, Castalla, Sax y Villena.
A las 4,30 de ese mismo día, gran partido de fut-bol en el campo del Rubial entre el equipo de 1ª categoría IMPERIAL F.C. de Murcia y el VILLENA F.C.

Año 1934

Día 6, a las 4,15 en el campo del Rubial, formidable partido de fut-bol entre el MURCIA F.C., campeón regional de todas las categorías y el VILLENA F.C.
Día 8, a las 4,15 partido de fut-bol en el campo del Rubial, entre el equipo de 1ª categoría ALICANTE F.C. y el VILLENA F.C.

Año 1935

Día 6, viernes, a las 4,30 extraordinario partido de fut-bol entre el HÉRCULES F.C. de Alicante (campeón de la 2ª división de Liga en la pasada temporada y favorito de la 1ª división en el próxima) y el VILLENA F.C.

Día 8, domingo, a las 4 de la tarde sensacional contienda futbolística entre el VALENCIA F.C. y el VILLENA F.C.

Nota final:

 Los textos se han transcrito literalmente de los que figuran en los distintos programas de Fiestas de Moros y Cristianos de los años citados. 

Joaquín Sánchez Huesca

GUÍA GENERAL DE LAS PROVINCIAS DE ALICANTE Y MURCIA 1887


GUÍA GENERAL DE LAS PROVINCIAS DE
ALICANTE Y MURCIA PARA EL AÑO DE 1887

Año primero de su publicación
Alicante-1886

Realizada en el establecimiento tipográfico de Costa y Mira, Calle San Francisco nº 28 de Alicante.
Dicha guía es propiedad de sus autores Nicolás Almiñana y Eduardo Oarrichena y a efectos de la Ley de Propiedad Intelectual, fue presentada el 26-02-1887 por Antonio Carratalá Samper en representación de sus propietarios.
Consta de 1.125 páginas, primero figura Alicante y después Murcia.
En la presentación de la obra, sus autores destacan  lo siguiente:

Presentación

Terminada la impresión de este libro, los editores cumplen con un deber muy grato a su conciencia, dando públicamente un testimonio de gratitud al comercio y a la industria en general, por el eficaz concurso que han prestado al pensamiento que concebimos de reunir en un volumen las noticias de más interés referentes a las provincias de Alicante y Murcia, donde el banquero, el artista, el colono, el fabricante y cuantos viven del tráfico comercial, pueden hallar los datos y antecedentes necesarios a sus respectivas ocupaciones.
Algunas dificultades hemos tenido que vencer hasta llegar al cumplimiento de nuestro deseo y a ellas se debe que la Guía no haya sido repartida en la época anunciada; pero, en cambio; hemos podido consagrar más espacio a asuntos de verdadero interés para la producción.
¿Hemos acertado confeccionando un libro de consulta indispensable en todas las dependencias oficiales y particulares?
El público ha pronunciado su fallo otorgándonos incondicional apoyo y alentándonos para otras empresas.
Sean para él nuestras sentidas frases de consideración y de afecto.”

LOS EDITORES



Transcripción realizada por Joaquín Sánchez Huesca 

    Seguidamente detallamos el apartado dedicado a Villena:  


“Este partido judicial de entrada, ocupa una de las comarcas más privilegiadas de nuestra provincia. Su clima sano y temperatura bastante fría, reúne un suelo feraz con abundantes aguas, al que se le da un esmeradísimo cultivo.
Sus cosechas consisten en abundante cantidad de cereales, aceite, legumbres, frutas y verduras de todas clases; y sobre todo, en fabulosa cantidad de vino, tanto para la exportación, como de pasto. Todos sus productos son superiores y todos, no tan solo aceptados bien en los mercados en que se presentan, si no solicitados con preferencia a los de otras procedencias.
Sus montes más notables son el Agullent, Biar, Cabezó, Reconcó, Cantel y otros, de los que se extraen hermosos mármoles.
Sus principales poblaciones, Villena, ciudad situada en una extensa llanura, goza de clima frío y muy saludable, hay que admirar en ella el variado orden en la construcción de sus edificios, que la dan un carácter especial, y que en nada se parecen a los de los demás pueblos, sus calles muy regulares y espaciosas, y los paseos y jardines que la adornan, así como el casino, los cafés, teatro y otros centros, dan el aspecto de una capital de provincia.
Hoy, hay algo más que llama la atención. Las magníficas bodegas construidas para depositar las inmensas cantidades de vino que su comercio extrae para los mercados extranjeros.
Situada no junto, si no sobre la vía férrea de Madrid a Alicante, con una carretera que conduce a Alcoy y con estación de ferrocarril de Alcoy a Yecla, se ha convertido Villena, a más de un pueblo eminentemente agrícola, en plaza comercial de primer orden, respecto de vinos y comisiones y tránsitos, por lo que a otras mercaderías corresponde, sin que debamos olvidar su movimiento en cereales, legumbres secas, aceite, anís y otra gran variedad de artículos. Son estrechos los límites que su objeto traza a nuestro libro para ocuparnos, con la extensión que merece, de la floreciente Villena.
La industria no menos importante que su comercio, está dedicada a más de la elaboración de vinos y aceites a la fabricación de aguardientes, harinas, alpargatería, tonelería y se encuentran talleres para la construcción de carruajes, de carpintería, herrería, cerrajería y de todos los demás oficios.
Hay administración subalterna de renta y estación telegráfica y es cabeza de línea de la G.C.
Dista de la capital 50 km y se comunica con ella por el ferrocarril de Madrid y la carretera de Ocaña, Biar, Benejama y Sax, con pueblos importantes de este partido, por las ricas producciones de su suelo, dando un vino muy superior, y los aceites de los dos primeros, son sin duda alguna de los mejores que en España se elaboran.
Su clima frio, pero muy saludable y el aspecto respectivo de ellos muy agradable.
Los pequeños pueblos Campo de Mirra y Cañada, son los demás del partido, que nada ofrecen  de particular, a parte de la bondad de su clima y de los productos del suelo.”

Tribunales:

Juez de Instrucción de 1ª Instancia: Ignacio Valor.
Escribanos: Juan Blanes, secretario de gobierno y Lutgardo Delgado.
Juez Municipal: José María Pujalte; suplente: Elías Pelayo.
Fiscal: Francisco Herrero; suplente: José Palao; secretario: Joaquín Cervera.
Abogados: Juan Bellod, Ricardo García, José María Pujalte, Miguel Fernández y Tomás Sanchis.
Procuradores: Juan José López, Antonio González, Juan Esteve.
Notarios: Joaquín Candel, Francisco Antonio Pujalte, Bonifacio Pérez, Timoteo Montón.
Registrador de la Propiedad: Manuel Ritas.



Nota de quien realiza la transcripción:

            Con respecto a las localidades del partido, se nota claramente que la redacción es incompleta, puesto que el partido judicial de Villena estaba formado, además de Villena, por las localidades de Benejama, Biar, Campo de Mirra, Cañada y Sax y esta formación procede de las Reales Órdenes del Ministerio de la Gobernación de fecha 9 y 10 de septiembre de 1836, en las que se produjeron rectificaciones de límites de provincias y arreglos de partidos judiciales y  tras la incorporación de Villena a la provincia de Alicante y el punto 2º dice así:

“…Que se forme un nuevo partido judicial, cuya capital sería Villena, perteneciente ahora al partido de Almansa, en la provincia de Albacete, que comprenda a Sax, del partido de Yecla en Murcia; Biar, del de Jijona; y Benejama, del de Alcoy, en la provincia de Alicante.”


Transcripción realizada por Joaquín Sánchez Huesca



Anunciantes

Figuran  en dos apartados. Por una parte en un conjunto de 16 páginas, están en forma de anuncios y en otro apartado figura un índice por profesiones, que es el que vamos a citar seguidamente:

Alpargatas
José Gilabert Sansano;  C/Sancho Medina
Barberías
Salvador Puche y Miralles;  Corredera nº 28
Carpinterías y tonelerías
Agustín Lorente; C/Sancho Medina
Ángel Esquembre Español; Pl. del Rollo, 10
Confiterías y pastelerías
J. Marco Soriano; Puerta de Almansa, 22
Consignaciones y transportes
José María Soler
Coloniales
Hijos de José Camarasa; Almansa, 17
Comisionistas
Tomás Hernández Hernández; C/San Sebastián
Calzado (fábricas de)
Clemente Sáez e hijo; Puerta de Almansa, 19
Droguerías
José García Ripoll; C/Mayor, 12
Ebanistería
Antonio Valiente; Plaza de Santiago, 3
Establecimientos de Enseñanza
Colegio de San Fernando; de Hernán Cunqueiro Mariño
Farmacias
Manuel G. Estasio (antigua de Carrasco)
Juan Ramón García; Santiago, 10
Fondas
Del Alcoyano; Manuel Santonja –Paseo de la Estación, 32
Ferreterías
José García Ripoll; C/Mayor, 12
Francisco Madrid; C/San Sebastián, 11
Herreros y Cerrajeros
Rafael Román Mollá; Plaza del Rollo, 14
Agustín Michavila; C/Sancho Medina
José Mª Botella; C/Parrales, 8
Juan Fuentes y Maciá; C/Zarralama, 31
Joaquín Díaz Muñoz; C/Cervantes, 7 y 9
Rafael Román Niñoles; C/Corredera, 18
Hojalaterías y Lampisterías
Ramón Martínez; Santiago, 14
José Martínez Bollo
Notarios
Joaquín Candel
Francisco Antonio Pujalte; C/del Raso
Paños (tiendas de)
Vicente Poquet; Constitución, 10
Quincalla
Francisco Navarro Castaños; C/Mayor, 16
Relojerías
José Zapata Beltrán; Corredera, 19
Sastrerías
Francisco Javier Gil; Corredera, 27
Sillas (fábricas de)
Emilio Puche Miralles; Puerta de Almansa, 10
Antonio Valiente, Santiago, 3
José de Pedro E. Miralles e hijo; C/Doña Isabel, 13
Tejidos (tiendas de)
Vda. de G. Hernández Martínez; C/Mayor, 7
Jorge y Martínez (la Esperanza); Mayor, 4
Vda. de Lorenzo Carrera (y sombrerería); Constitución, 3
Antonio Esclapés; Puerta de Almansa
Tejas y Baldosines (depósitos de)
José Sánchez López; C/Sancho Medina

Ultramarinos (tiendas de)
Francisco Navarro Castaño; Mayor, 16
Vinos (cosecheros, elaboradores y negociantes de)
Cristóbal Rodríguez Navarro, negociante; C/Trinidad, 8
Francisco Hernández Hurtado, cosechero; Pl. de Juan Ros, 5
Joaquín Ortuño; Zarralama, 57
Bodega Bonastre
J. Valiente Díaz, comisionista
Francisco Hurtado de Andrés, fábrica de aguardiente; Pl. Santa María, 7
Miguel Ferriz Ferriz; Puerta de Almansa
Blas Seller Navarro
José Tomás Requena, comisionista; C/Trinidad, 4
Enrique Tarruella, fabricante; Puerta de Almansa, 18
Tomás Hernández y Hernández, comisionista; C/San Sebastián


















Al terminar el siglo XIX. Apuntes de viaje por Sinesio Delgado, 1897-1900



Sinesio Delgado comenzó sus relatos de visitas a provincias por orden alfabético, de ahí que la provincia de Alicante figure en el libro en tercer lugar, tras Álava y Albacete.
            Se detalla a continuación la crónica que realizó acerca de su estancia en Villena y que figura en las páginas 39,40 y 41 del citado libro.

Transcripción realizada
 por
 Joaquín Sánchez Huesca

Tras dejar Sax entramos en Villena a eso de las seis, completamente de noche, y como la estación está en la población misma, no hay vehículo alguno a disposición de los viajeros.
Por el gusto de intentar una calaverada, desoímos las tentadoras voces del mozo de la fonda, y nos lanzamos entre la oscuridad a buscar a tientas alojamiento. Suerte fue y no pequeña, que la hospedería del Alcoyano estuviera a dos pasos del andén y a mí se me antojara fijarme en el anuncio de la fachada, porque de no haber sido así, a estas horas andaríamos todavía vagando como almas en pena ¿Qué por qué?, Ay, porque no saben ustedes bien lo que es Villena por la noche.
Después de la comida, amenizada por un famoso orador de mesa redonda, que tronó contra el Círculo de la Unión Mercantil por entregarse demasiado a la política, salimos a practicar un reconocimiento con las debidas precauciones. Eran las ocho en punto y no había un alma por las calles, lo que se dice ni un alma. Unos cuantos faroles de petróleo, excesivamente distanciados, servían para hacer creer que los charcos eran terreno firme, puertas y ventanas estaban cerradas a piedra y lodo, y no se oía una voz, ni un ruido, ni el aleteo de un murciélago en aquella negrura pavorosa.
Únicamente estaba abierto, frente a nuestra fonda, el Círculo del Comercio, donde por recurso tomamos café, y donde hubiéramos estado solos a no ser por los viajantes, nuestros compañeros de alojamiento.
Imitando a los habitantes de Villena, cuyas morigeradas costumbres son de alabar, nos retiramos a las nueve.
Al entrar en nuestro cuarto estaba todo, naturalmente como yo la había dejado: las cuartillas en que trabajé mientras llegaba la hora de la comida, el tintero, las cajas de placas fotográficas, la lámpara de tubo rojo…, pero, oh, sorpresa; sobre la silla en que me había sentado yacía un servicio de café. Sin café, pero con cucharilla, servicio que yo no había puesto allí ni del cual tenía la menor noticia.
Aquello ponía los pelos de punta, porque es de advertir que al salir habíamos cerrado la puerta con llave.
¡Cielos ¿si la sombra del marqués de Villena, aquel a quien tuvieron por brujo y encantador sus contemporáneos, se entretendrá en hacer jugarretas a los que vienen a visitar sus antiguos dominios?
Por de pronto esta noche voy a soñar con la redoma.
Y a volver a dirigirme a la Providencia parodiando al personaje de Ibsen:
¡Madre, el sol ¡el sol para mañana, que si no no voy a poder hacer fotografías.
Y efectivamente, bajo un sol esplendoroso y rutilante se nos apareció al día siguiente un Villena distinto del que habíamos podido imaginarnos entre las sombras. Alegre, animado, lleno de vida, contrastaba notablemente con el pueblo muerto encontrado a la llegada.
Los trabajadores villenenses con sus trajes de día de fiesta, las muchachas guapas con sus trapitos nuevos, los señores de la burguesía tomando el sol en la plaza, o en la calle de la Estación, o en la Corredera, los mercados concurridísimos, las calles todas bullendo de gente que iba y venía de la iglesia.
Se nos ofreció espontáneamente por guía nada menos que Simón Bocanegra, un mozo que limpia las botas al que se lo permite y, además engancha viajeros para la hospedería del Alcoyano. Como era de temer, Bocanegra no estaba muy enterado de historia, ni de heráldica, ni de geografía t hasta confundía lastimosamente el correo con el telégrafo, pero conocía perfectamente todos los escondrijos del castillo, que era lo interesante.
Además y por si no fueran bastante sus escasos conocimientos, pronto se nos unieron, al olorcillo de la máquina fotográfica, ocho o diez muchachuelos sin ocupaciones perentorias, que nos escoltaron toda la mañana alegremente.
Con tan lucido acompañamiento recorrimos las principales vías de la población, admiramos la notabilísima fachada del Consistorio, dimos un paseo entre los vendedores de fruta y hortalizas en la plaza de las Malvas, oímos misa en la iglesia de Santiago, de orden gótico con enormes columnas salomónicas y subimos al histórico castillo, resbalando y cayendo por empinadísimas callejuelas.
Consérvase este monumento en bastante buen estado y mejor estaría aún si los franceses, no hubieron tenido la malhadada idea de volar las bóvedas de dos pisos en la torres del homenaje.
Se lleva hasta las almenas de esta torre por una serie de escaleras angostas y oscuras labradas en el mismo muro, y desde lo alto se ve, muellemente reclinada a los pies de la fortaleza, la populosa ciudad, con sus calles laberínticas y sus dos pequeñas torres.
Allá, a lo lejos, se extiende una vega pintoresca y feraz, hasta el límite de la provincia por la parte de Albacete, y hasta la cordillera por la de Alicante.
Está casi intacto su gran patio de armas con torreones en los ángulos y escaleras de piedra que permiten el libre acceso a la muralla. Tiene el castillo un no sé qué que infunde placidez al espíritu y no produce la impresión de terror de otras construcciones de esta clase. Tal vez depende esto de la subida fácil y de la familiaridad con que trataban a los venerables restos los simpáticos capitalistas nuestros acompañantes, que corrían y saltaba por todos lados, peleándose por enseñarnos cuanto sabían, que no era cosa mayor, desgraciadamente.
-Mire usted, aquí dormían los moros.
-Aquí se ponía el centinela de los moros.
-Allí, en aquel agujero, se ven unas tablas que son de la caja donde enterraron a un capitán moro.
¡Siempre los moros.
-Aquellas aberturas redondas que se ven allá arriba, dice uno, eran para los cañones.
-Justo-añade otro,-y las rendijas que tenían encima eran para el gatillo.
En fin, que no dejó de ser instructivo y ameno el paseo por aquellas alturas.
A la bajada presenciamos la salida de la misa de doce, llamándonos la atención el tocado de las mujeres, que consiste en una mantilla de franela blanca como la nieve.
Y después de comer, acompañados ya por personas mayores, visitamos la parte alta del Círculo Comercial, donde habíamos tomado café la noche anterior, casi sin saberlo, y todas las dependencias del Casino Villenense, decorado con lujo y que tiene a disposición de los socios una biblioteca en la que figuran los mejores libros de literatura moderna: colecciones completas de la obra de Galdós, Pereda, Campoamor, Valera, Clarín, Alarcón, etc.; de viajes, de historia, de geografía…en fin, pruebas palpables de que ha presidido en su formación exquisito gusto.
Pero lo que no debe de visitar el curioso que pase por Villena son los manantiales.
En el patio de una casa particular, al mismo nivel del suelo, y formando un estanque, brota tal cantidad de agua cristalina que viven en ella, coleando muy a su gusto, centenares de barbos casi domesticados por el trato de gentes y algunos de ellos muy respetables y muy dignos de figurar en cualquier banquete.
Se da salida al agua por una pequeña alcantarilla que horada los muros de la casa y forma a la entrada del mercado un no muy grande remanso que llaman la fuente de los burros.
Por una poterna abierta al lado de la fuente de Alfonso XII, situada en la plaza del mercado, se penetra en una gran cueva donde se ve salir a borbotones de los peñascos un verdadero rio que por filtración viene, indudablemente, de las montañas próximas. El espectáculo bajo aquellas bóvedas oscuras es tan raro y sorprendente que, según cuenta, cuando D. Emilio Castelar estuvo en Villena, hace años, se sintió tan entusiasmado al ver aquello, que lo dedicó, ante sus escasos acompañantes, uno de sus más arrebatadores discursos.
Deploro yo no tener la maravillosa brillantez de estilo de nuestro gran tribuno; pero más lo sentirán ustedes, que tienen que contentarse con esta relación breve y sucinta.
No es todo agua en Villena, también hay mucho vino y muy excelente.
Sin ir más lejos, en las grandes bodegas de Conesa, y en infinidad de departamentos repletos de conos, pipas y vasijos, se almacenan muchos millares de arrobas. Una poderosa máquina aspira impelente, movida a vapor, hace los trasiegos necesarios por medio de una complicada tubería que serpentea en giros caprichosos por todas partes.
No hay para qué decir que probamos diferentes clases de caldos, elaborados en la casa, de exquisito sabor y aroma confortante; ni que a la salida el cielo cárdeno, las montañas plomizas y hasta el incierto porvenir nos parecían de color de rosa.
En el pueblo natal de D. Ruperto Chapí, el insigne y fecundo compositor, honra de España, no podía faltar música.
Y música tuvimos, y buena, y admirablemente interpretada al piano por una lindísima señorita villenense, en una velada improvisada en obsequio nuestro, que se prolongó hasta la una de la madrugada. La pianista hizo primores de ejecución, se recitaron versos de todas clases, nos honraron con su compañía algunas muchachas bonitas y todos los aficionados a las bellas artes, que son muchos; los dueños de la casa hicieron los honores con exquisita galantería, y nosotros…creo que nosotros no estuvimos a la altura de las circunstancias con nuestros atalajes de marcha y nuestra cortedad nativa.
Lo cual no me ha de impedir declarar urbi et orbe que Villena es uno de los pueblos más hospitalarios de la nación, y sus habitantes los más cariñosos y atentos de la tierra.
Llaman la chicharra al tren que recorre el trayecto entre Villena y Bocairente, porque la locomotora pita de una manera especial estridente y ronda.
Pues bien, en esta chicharra, que corre sobre vía estrecha y tiene unos coches muy cómodos, llegamos a Bañeras, después de cruzar  los términos de unos cuantos pueblos, cada uno con su castillo correspondiente, de la misma época y estilo que el de Villena.    

Transcripción realizada
 por
 Joaquín Sánchez Huesca






Escaneos realizados por Pedro Villar y Joaquín Sánchez