GRAN COMIENZO "FIESTAS DEL MEDIEVO 2017"

Ha comenzado la XVI edición de Las Fiestas del Medievo. De nuevo las calles han recobrado la pátina que da el tiempo y han vuelto a rememorar, visitas, situaciones y personajes de hace más de 500 años. Han vuelto a visitar Villena Los Reyes Católicos y su corte con toda la pompa y el boato que el acto merece.
Ante el Palacio Municipal y la Iglesia Arciprestal de Santiago, casi a la sombre del Castillo de la Atalaya la comitiva real ha emprendido camino por las intrincadas calles, debidamente engalanadas, hacia la Plaza de Biar, donde ha tenido lugar, El pregón, acto inaugural de la XVI edición de Las Fiestas del Medievo.
El pregonero César López Hurtado, magistral en su enfoque ha sabido extraer la esencia del barrio, recordando vivencias de antaño y datando, como en él es habitual, con exactitud, amplios detalles de las remembranzas. La emoción, contenida por la importancia del acto ha dado al mismo, sin pretenderlo, la solemnidad que el acto merecía.
Tras el Pregón danzas árabes, en la Morería, al son de timbales y chirimías y alquimistas y espectáculos de fuego en la zona del Vivaque, a la puerta del Castillo de La Atalaya han dado vida a Mouxos, Coruxas, Sapos e Bruixas con conjuros y queimadas gallegas para ahuyentar a los malos espíritus.
El Casco Antiguo se ha vestido de gala en este primer día de fiesta y sus calles se han visto desbordadas por un público ansioso de contemplar todo cuando acontecía y al mismo tiempo asombrado por ver pasar junto a ellos personajes arrancados de la propia historia.
A última hora de la noche, muy cerca de las doce, La Trocamba inició un Concierto en la explanada del Castillo, en la Zona el Vivaque. Sones que entremezclados con olores de asados y pitanzas hacían libar a los asistentes.
Fue transcurriendo la noche y poco a poco la zona quedó dormida a la espera del siguiente día.
 ¡Habían comenzado las Fiestas del Medievo!
Texto... Ernesto Pardo Pastor
IMÁGENES DEL PRIMER DÍA 
 Erasmus
 Medios de comunicación
César López y Pepe Cabanes
César López con sus hijos...

  PREGÓN DE LAS “FIESTAS DEL MEDIEVO DE VILLENA 2017”
Señor Alcalde y Corporación Municipal. Asociación de Vecinos del Rabal, Asociación de la Ermita de San José.
Vecinas y vecinos del Barrio del Rabal. Ciudadanas y ciudadanos de Villena.
Amigos y asociaciones que nos honráis con vuestra cortesía al acudir a esta cita.
Mercaderes, artesanos, caballistas, juglares, saltimbanquis, arqueros, cuentacuentos, expertos en cetrería.
Grupos culturales y componentes de los distintos talleres artísticos. Voluntarios que hacéis posible las Fiestas del Medievo. Visitantes que nos distinguís con vuestro interés por conocer nuestro pueblo y nuestras costumbres.
Novios que vais a celebrar vuestro enlace matrimonial en el castillo y fortaleza de Villena.
Os damos de corazón nuestra bienvenida y deseamos que disfrutéis de la hospitalidad que os ofrecemos de corazón en este antiguo barrio y en esta noble ciudad.
Emocionado por la invitación que se me ha hecho a pregonar las “Fiestas del Medievo de Villena”, bien sé que no podré igualar a los pregoneros precedentes en su conocimiento de las costumbres y anécdotas populares expuestas en sus intervenciones, sólo me siento a su altura en el amor al Barrio del Rabal y a Villena.
Si decidí aceptar este honor fue porque se me dijo que el pregonero sólo había de contar su experiencia personal de las “Fiestas del Medievo” o episodios de su historia; y creo que eso sí está a mi alcance.
¡Comencemos, pues!
Se hace saber que el pregonero que os habla, se siente muy orgulloso de haber nacido en este barrio del Rabal; en la plaza de Santa María. Y está muy agradecido de haber sido distinguido, con el honor de anunciar estas Fiestas del Medievo.
También se hace saber la satisfacción que siento de que mis abuelos Hurtado, conocidos por “Faenas”, nacieran y vivieran en la calle de la Rambla. Incluso de que mi bisabuelo, José Hurtado López, fuera alcalde del Barrio de Onil en los años de 1904 y 1910.
Pero no nos hemos reunido aquí para hablar de mi familia sino de lo que son y fueron las Fiestas del Medievo. Fiestas declaradas Bien de Interés Cultural, que este año celebran la décimo sexta edición en su formato moderno.
Digo formato moderno porque las Fiestas del Medievo que hoy disfrutamos, hunden sus raíces en una de las festividades más antiguas que se celebran en Villena, la de San José. Fiesta que dentro de un lustro cumplirá cuatrocientos años. Es decir, desde que el 27 de marzo de 1622 a campana tañida, y por petición de los vecinos, se celebró ayuntamiento general en la plaza pública, para que se votase la fiesta de San José por la devoción que le tenían. Todos los reunidos, junto a los dos alcaldes y regidores y el alguacil mayor, dijeron que en nombre de la ciudad y de los vecinos, votaban que se guardase la fiesta del día de San José como las demás fiestas que se celebraban de guardar en el año.
En el acta capitular correspondiente del ayuntamiento se dice, que en el lugar habría como trescientas personas y que por unanimidad y en voz alta dijeron que el día de San José se hiciera procesión general por los hielos. Los asistentes, además, se ofrecieron y comprometieron en aquel cabildo abierto a guardar la nueva festividad por ellos y por sus sucesores.
Comenzaba una larga historia, que nos ha traído, "gracias a la implicación de toda la población de Villena", el haber conseguido la organización de estas maravillosas Fiestas del Medievo que ahora celebramos, en las que el año pasado nos distinguieron con su visita para disfrutar de ellas, más de cien mil personas.
Aunque quisiera dejar la rigidez de lo escrito en los anales municipales y llanamente hacer memoria desde aquí de mis recuerdos personales, de cómo era la fiesta de San José hace cincuenta o sesenta años, o mejor, como yo las vivía siendo un niño o un adolescente.
Lo que más ha quedado grabado de aquellas fiestas en mí memoria, y sin ninguna duda, creo, en la de los mayores del barrio que vivimos de niños esta fiesta en los años de 1950, son cuatro imágenes: La cucaña. Los gigantes y cabezudos. La hoguera. Y el tío de la charamita.
La imagen “del tío de la charamita”, me resulta imborrable.
Este hombre, un valenciano que se desplazaba a Villena todos los años para anunciar de buena mañana la fiesta de San José por las calles del barrio, era el auténtico protagonista del pasacalle de la víspera.
Acompañado de la chiquillería y unos pocos adultos. Y del calor de las mujeres que, al escuchar el sonido agudo de la charamita, se asomaban a las puertas o a las ventanas de sus casas, para disfrutar del baile de los gigantes y cabezudos, que desfilaban delante de él saltando al son de aquella música inconfundible. Estos bailes de los gigantes y cabezudos llenaban las calles del barrio de alegría y de una estampa llena de colorido.
La cucaña, que se plantaba en el centro de la plaza de Biar, era la atracción preferida y más esperada de la fiesta y aún hoy es de las que más nostalgia trae a los que tuvimos la suerte de disfrutarla en toda su salsa. Los numerosos espectadores que nos agolpábamos en corro alrededor de ella, para vivir de cerca el esfuerzo de los mozalbetes que intentaban con sus envalentonadas acometidas, alcanzar el codiciado premio de un pollo vivo, colgado de las patas y revoloteando en todo lo alto ante sus narices, disfrutábamos a lo grande.
En aquellos años de la posguerra, el premio de un pollo vivo para el que coronase aquel poste, impregnado de varias capas de jabón que hacía casi imposible su ascensión por lo resbaladizo, era un botín muy deseado y apetecible.
Y yo creo que para los participantes que intentaban alcanzar el suculento trofeo, además, suponía una hombrada con tintes de proeza, el saberse vencedor ante los demás jóvenes de la difícil porfía.
Los ganadores que se hacían con la codiciada recompensa del pollo, casi todos los años eran gitanos jóvenes que vivían en la Pedrera y las Faldas del Castillo. Así lo dicen mis recuerdos y los apellidos de los vencedores: Cortés, Santiago, Gorreta, Fernández, Maya... Aunque también es justo no olvidar el nombre de otro vecino del Barrio del Rabal, qué en más de una ocasión, les ganó la partida a los siempre campeones: Plácido Sánchez Navarro “el Zorro”. Si está escuchando el pregón, desde aquí le envío un afectuoso saludo por lo que nos hizo disfrutar a los adolescentes de entonces, con su manera de trepar por la cucaña y ganar. Saludo y recuerdo que hago extensivo también al “Chavea”, otro muchacho que vivía por el Garrofero que asimismo ganó alguna vez.
En la placeta de Biar, también se competía en las carreras de sacos; en las de bicicletas -el que llegaba el último era el ganador-; o en la habilidad, también desde la bicicleta, de acertar con un palillo en la pequeña anilla de una cinta, al final de la cual estaba escrito el nombre del premio conseguido por atinar con puntería. O el juego de la gallina ciega en el que se rompía con un palo un botijo lleno de caramelos o de alguna otra sorpresa o sobresalto.
Los más pequeños se entretenían con la elevación de globos aerostáticos, preparados para el disfrute de los críos en la herrería “del Blanco”, taller que era como el cuartel general de la fiesta. Allí, semanas antes de San José, se acondicionaba y enjabonaba el poste del tendido de la luz que los franceses, dueños de la Electro Harinera, regalaban todos los años para confeccionar la cucaña, a la par que era el almacén de toda la tramoya y artilugios utilizados para la organización de los demás concursos y juegos.
Uno de los momentos más esperados era el encendido de la hoguera a las ocho de la noche de la víspera de la fiesta. Atribución que era privilegio del cura de la parroquia de Santa María. Unos días antes, los chavales del barrio recorrían las calles del Rabal. A su paso los vecinos donaban enseres viejos para quemar en la hoguera, y maderas y sarmientos que recogían y amontonaban en un carro de mano, que conducían a la placeta de Biar para formar la hoguera.
El momento mágico de prender fuego a todos los trastos viejos recogidos, se acompañaba de disparos de cohetes y petardos.
El día de la festividad de San José, se ofrecía en la parroquia de Santa María una misa cantada, y después, a la diez de la mañana, otra misa en la ermita del santo, también cantada por el Coro Parroquial.
Por la tarde tenía lugar la procesión del santo por el siguiente itinerario: calle de San José, calle Palomar, plaza de Santa María, calle Baja, calle la Rulda y plaza de Biar hasta la ermita.
Merecedores de figurar en libro de oro del Barrio del Rabal, por su entrega y contribución a la recuperación de la fiesta de San José en aquellos primeros años son: Joaquín Ferrándiz Company, “el Blanco”, y su esposa Encarnación Hernández, hija del “tío Pepe el Ruso” el de la calle Ancha. Ya que a ellos fue a los que se dirigió hacia el año 1949 el coadjutor de la iglesia de Santa María, don José Díaz Román, en busca de ayuda. Les dijo: «La fiesta de San José está muy decaída, tenéis que haceros cargo vosotros porque esto se hunde».
Joaquín Ferrándiz, aceptó la responsabilidad de reorganizar la fiesta que delegó a su vez en sus hijos Joaquín y Ángel, poniendo a disposición de ellos y de los vecinos que quisieron colaborar -entre los distinguidos se cuenta Ramón “el Machero”-, su casa y su taller de herrería, que no era poco en aquellos años de penuria.
Su mujer, Encarnación, se encargó de hacer los buñuelos, que al mismo tiempo que resucitaron una tradición de antes de la guerra, procuraba a las fiestas de San José un medio muy eficaz de recaudación para poder hacer frente a los gastos que se producían, que si no grandes, sí que suponían un sacrificio económico para las economías del barrio.
Tras unos años organizando la fiesta, traspasaron esta responsabilidad a Manolo García Navarro “el Carujo”, que todavía hoy, casi a sus noventa años, es el custodio de la llave de la ermita desde hace más de veinte. A Antonio Mora, a Isidro Gosálvez Aznar, al “Quebra” el panadero, a Antonio del Rey “el Morica”, a Donat, a José Vicente, a Pepe Cabanes, a José Navarro Montes, a Paco Guardiola, a Andrés Sánchez, a Amado Santa, a Antonio García, a Martín Martínez, a Rafael Bañón Domenech y, entre alguno más, a Andrés Estevan Hernández “Caracoles”.
Quiero aprovechar esta oportunidad para destacar y aplaudir desde aquí a los presidentes que han dirigido la Asociación de vecinos del Rabal desde su fundación:
Jorge Martínez Tomás “Manocana”, Juan López Martínez, Ángel Giner Martínez, Pepe Cabanes Hernández. Y al eterno secretario José Luis Amorós Zapater “el Pavo”.
Al igual, que a los presidentes de la Asociación de la Ermita de San José: Toni Gómez Ibáñez “el Lancero” y Luis Alan Brotons Hernández.
Todos contribuyeron con su esfuerzo y dedicación, junto con los directivos que les respaldaron y les ayudaron en sus respectivas gestiones, a la consecución de las grandiosas Fiestas del Medievo que disfrutamos hoy.
Ya termino. Os invito a derrochar la alegría, pero no la salud; a perder la vergüenza, pero no la cabeza; a ser amables con los paisanos y acogedores con los visitantes; a hacer compatibles la juerga y el respeto; a conservar la esencia de las tradiciones, pero sin quedar con la mirada fija atrás. El Barrio del Rabal debe ser, además de memoria nostálgica del ayer, proyecto de un mañana que recupere al completo el barrio para la ciudad.
Éste es, en fin, el deseo del pregonero, que se ha sentido honradísimo con el encargo que se le hizo en su día, y que, a falta de otras bondades, ha respondido a él poniendo todo el afecto en sus palabras, y toda el alma en su boca. Y ya dijo el poeta que sólo quien actúa con toda el alma no se equivoca nunca. Muchas gracias, y felices Fiestas del Medievo.
10 de marzo de 2017
CÉSAR LÓPEZ HURTADO

Villena y sus fiestas del Medievo

Villena disfruta de una situación geográfica privilegiada. Con un importante cruce de caminos, comenzó siendo límite entre los reinos de Aragón y Castilla, y en la actualidad es portal  fronterizo de tres Comunidades autónomas: la valenciana, la castellano-manchega y la murciana. En la zona norte de su término municipal, lindando con la pedanía de la Encina, se  encuentra la puerta que comunica  la Meseta con el sureste español y por ese trazado, discurre la  autovía que comunica Madrid con Alicante, así como las redes de ferrocarril, tanto la de ancho ibérico como la del  AVE.


Villena cuenta con dos importantes fiestas anuales. La primera se celebra en el mes de marzo, concretamente en los días anteriores a la festividad de San José. Dicha conmemoración tiene lugar en el Barrio del Rabal y sus vecinos participan muy activamente, engalanando calles y plazas al estilo medieval, vistiendo ropajes de dicha época. Estas celebraciones son  denominadas “Fiestas del Medievo”.  Comienzan con la llegada a caballo de los Reyes Católicos, que aprovechan su visita para conceder  a la villa, el  título de ciudad. Tras la  recepción que le dispensa el Ayuntamiento, acompañado de la Nobleza, el Clero y el Campesinado, firman el documento que concede dicho privilegio ante el Alcalde  y como escenario, la puerta de la Casa Consistorial. Acto seguido, don Fernando y Doña Isabel, junto con su séquito, inician la visita a las  distintas dependencias del Mercado Medieval, donde son agasajados por los vecinos. Tras un día lleno de emociones, incluidas el buen comer y beber, sus majestades, algo aturdidas por la exaltación vivida, se retiran a descansar en las dependencias del castillo de la Atalaya, puesto que al día siguiente tienen que partir camino de Orihuela.




Paseando por Villena, recuerdos de nuestra estancia en Villena, mayo de 2016 y anuncio de las Fiestas del Medievo 2017

Con motivo de la celebración, en el barrio del Rabal de Villena, de las Fiestas del Medievo 2017, con el fin de difundir el conocimiento de nuestra ciudad, publicamos una redacción titulada Paseando por Villena y que narra la estancia en Villena de un grupo de Alicante un día del mes de mayo del pasado año.

Paseando por Villena


Villena disfruta de una situación geográfica privilegiada y desde  que en 1858 se inauguró la estación del ferrocarril, cuando se llega por este medio, se para en el mismo centro de la población. La ciudad brinda al viajero una preciosa vista. Tras andar unos metros, encontramos un gran paseo y al fondo, presidiéndolo de forma majestuosa, el Teatro Chapí, que da su nombre a tan grandioso parque. En el centro se encuentra el monumento dedicado al músico  villenense  Ruperto Chapí, y al contemplar esta gran obra del también villenense Antonio Navarro Santafé, nos sumergimos de lleno en la música de zarzuela y unos estribillos llegan a nuestra mente a través de acompasados destellos musicales, sintiendo que por unos instantes, nos trasladamos de época y escenario. Si además, coincidimos con la hora mágica del Ángelus, los sones de campanas de “Felipe y Mari Pepa” nos llevan al Madrid castizo, para revivir una de las obras más famosas del género lírico español, “La Revoltosa” de Chapí.
Las palmeras, en perfecto orden, rinden pleitesía a los recién llegados e invitan a realizar un paseo, que nos conduce envueltos de un idilio mágico a los inicios del corazón de Villena, la calle Luciano López Ferrer, que desemboca en las dos grandes arterias de la población, la avenida del diputado villenense Joaquín María López  y el final de la Corredera, calle emblemática y antaño torera, puesto que por allí  se corrían los toros en el mes de agosto, en los días comprendidos entre las festividades de la Virgen de las Nieves y la Asunción.
Subimos a la Puerta de Almansa y tras dejar a nuestra espalda la gran avenida de San Sebastián, ahora llamada de la Constitución, nos dirigimos, por la calle Ramón y Cajal a la plaza de Santiago, donde la belleza arquitectónica la observamos en grado superlativo: los escudos heráldicos de los Reyes Isabel y Fernando, nos indican que hemos llegado al  templo Arcedianal de Santiago. Entramos por su  puerta lateral y  quedamos atónitos ante sus impresionantes columnas helicoidales, similares a las del baldaquino de la basílica de San Pedro, quedamos también maravillados por los grabados de su pila bautismal, situada en el Altar Mayor, obra de varios alumnos del famoso artista italiano Miguel Ángel. A la salida procedemos a visitar el Palacio Municipal, antiguo hospital, también con esculturas y grabados de dichos discípulos. En dicho edificio confluye una armoniosa combinación del románico, con arcos góticos y portadas renacentistas, su fachada principal está mirando al oeste de la plaza, lugar destacado de la población, en el que se representan los grandes acontecimientos que vive la ciudad.
Pero hay otra visita, digna de contemplar e imposible de olvidar, se divisa tras dar la vuelta al ayuntamiento y mirar al monte. La torre del castillo de la Atalaya se asoma por encima de los tejados de forma majestuosa, invitando a acceder a ella, bien por la calle del Pozo o por la de Beatas Medina. Iniciamos el ascenso y hasta llegar a su explanada, atravesamos bellos  rincones,  a la vez que vamos subiendo escaleras suaves y que tienen un encanto muy peculiar, absorbido por un silencio sepulcral que nos transporta a otra época.
Si bien hemos subido con el cuello estirado, al llegar a  la explanada, este estiramiento se acentúa, queremos verlo todo y no perder ningún detalle de sus muros y almenas. Tras la contemplación, tenemos dos rutas, la primera, visitar el interior del castillo con su grandiosa torre del Homenaje, así como las sorpresas que nos deparan las escaleras de subida, como la mano de Fátima grabada en la pared o la sala donde habitaba doña Constanza. La segunda, por el patio de armas y pasillos interiores. Tras salir al exterior de la fortaleza, hacemos un nuevo recorrido y a través de unos caminos en círculo, nos vamos deleitando con la majestuosidad de sus almenas, a la vez que nos vamos encontrando con unas agradables vistas de callejuelas, protegidas del sol y casas blancas con tejas árabes, que en tiempos pasados estuvieron  habitadas por musulmanes y judíos; se trata del barrio del Rabal.
Llegamos a la placeta Colache y a continuación iniciamos la bajada  por la calle de la Rambla, sin coches ni  aceras, para desembocar en las casas de la Tercia y la iglesia de Santa María, antigua mezquita que tras su conversión en templo cristiano,  tomó la advocación de la Virgen de la Asunción. A poca distancia, observamos que una calle peatonal une dicha iglesia con la de Santiago y a pocos metros, la plaza Mayor, blanca y soleada nos invita a realizar un descanso que podremos regar con vino de la tierra y embutidos variados.
Tras la parada de carácter gastronómico, iniciamos la cuenta atrás de nuestro grato paseo por Villena. Tomamos el camino de regreso a la estación del ferrocarril, pero con itinerario distinto al de subida. Lo iniciamos en la confluencia de la plaza del Rollo con el inicio de la Corredera, pasamos por el  kiosco de la Paloma, conocido antaño por su chocolate con churros; llegamos hasta la fachada del villenense y justo al lado, bajamos por una calle que nos conduce a la plaza de las Malvas, para contemplar la exquisita belleza de la  fachada barroca del Palacio de las Mergelinas. Desde allí, marchamos, por la calle San Francisco, a la parte trasera del Teatro Chapí, para observar los típicos arcos mudéjares con el ladrillo cara vista, que le da al marrón un color muy vivo. Nos adentramos en el paseo de Chapí y tras encontrarnos de nuevo con el monumento dedicado a tan insigne músico, dejamos a nuestra espalda, la fachada del  teatro.
Con sosegado regocijo, tras haber disfrutado de una grata jornada en Villena, llegamos a la estación a esperar la llegada del  talgo procedente de Valencia, que nos lleva de regreso a la capital de la provincia. Cuando arranca, miramos a mano derecha y nos deleitamos con la vista de la frondosa y fértil huerta villenense, para ir adentrándonos, como decía Azorín: “en ese Alicante castizo de zonas montañosas” que nos conduce irremediablemente al mar Mediterráneo.
Alicante, mayo de 2016

Como complemento publicamos el cartel anunciador y el plano de situación de las FIESTAS DEL MEDIEVO DEL BARRIO DEL RABAL DE VILLENA 2017